Poemas selectos de "Duemevela" de Lilly Guardia
Poemas selectos de "Duemevela" de Lilly Guardia
PROLOGO
Cuando la poesía sólo expresa los símbolos o los mitos que la tradición impone, no es auténtica, no entraña en sí misma singularidad.
La poesía de Lilly Guardia afirma su autonomía; trasciende la mera descripción de fenómenos visibles prolongando su propio universo donde gravitan leyes inmutables y peculiares.
Lilly Guardia le impone a su poesía un ritmo que corresponde totalmente al modo de su expresión íntima. Ella sabe, y así lo afirma en su obra, que cuando la poesía ha alcanzado cierto grado de soberanía no importa quién la escriba, importa que sea y exista.
Fiel a la más absoluta verdad estética, Lilly Guardia entiende que la poesía es un modo de vida irrenunciable del ser, pues el arte, no es resultado de condiciones externas, sino aceptación estética de la propia interioridad.
La poesía de Lilly Guardia es verdadera por auténtica. Rompe con la costumbre y con la rutina; explora en las emociones del alma y del misterio. Es clara y exigente.
En todo arte el artista parte de la realidad, de su realidad estética-psicológica y; sólo a la vista de lo emancipado se puede ver lo primero que vio el artista en el proceso de su experiencia. Para lograr una correcta ubicación en el análisis del proceso que está involucrado en cualquier arte y para tratar de determinar su naturaleza clásica o romántica, es necesario adoptar una actitud mental que fije la variabilidad de emociones que fluyen en una obra de arte.
La adhesión intuitiva de Lilly Guardia a todo lo que vive y a todo siempre— con lo romántica. Partiendo de su realidad estética creando poesía romántica, cristalizándola alrededor de las metáforas del vuelo. La fantasía dentro del discurrir cotidiano somete su poesía a un mundo de magia apasionada.
Hay en su poesía un canto de universal humanidad. Todo acto humano es para ella motivo de atracción sincera y ya sabemos que la poesía como cosa cierta es esencialmente sincera.
Algo más: Lilly Guardia tiene la facultad de ver las cosas como realmente son, pero además, la adecuada concentración mental para lograr la expresión cabal de lo que ve. Así, su poesía, no es la mera descripción de lo esencial y anímicos, sino la formulación de lo esencial y sus contornos. Le preocupa más en lo que ve y en lo que siente, no la posible poesía, sino lo imposible en la poesía.
CARLOS FRANCK
(Atenas—noviembre 22, 1976)
(Guardia 1982, 9, 11)
I
Voy con el naufragio
hacia el fuego de las luces.
Te espero
cadavérica y juncal
en la estepa luminosa
de una orilla acantilada.
Ven.
Voy con el naufragio
hacia el fuego de las luces.
(Guardia 1982, 15)
II
A la Poesía
Ahora viajo por tus sueños.
Ahora sueño con mis sueños.
Tú le has dado a mi vida
un sentido nuevo
de las cosas.
(Guardia 1982, 16)
III
Soy momento.
Tú
la espera.
Soy el paso,
¡caminante!
Sueño
que
no
espera.
(Guardia 1982, 17)
IV
Estoy
amanecida de brisa
con el mar
de duermevela
metido en un costado;
un camino
de pétalos blancos
en los ojos
y en la piel
unas gotas de sonrisa
se deslizan
a mis pies.
Un adiós
en un recodo
que se va.
En los poros
un recuerdo
que se clava
en los sueños
de aguamiel.
(Guardia 1982, 18, 19)
VIII
El mar ha vuelto
sereno.
Es el mismo
esta noche
en el tiempo.
Ha vuelto enredado
en verde maraña
con rayos de luz
en la frente;
con tibio rumor
de verano
en el hoyo perfecto
del pie por la senda
olvidada en el viento.
El mar ha vuelto
sereno.
Es el mismo
esta noche
en el tiempo.
(Guardia 1982, 27, 28)
XI
De golpe
venía
viniendo
por las venas
un quieto río
de rojo fango,
avalancha
sin reparos
en la piedra
al medio día.
Así
llega
el dedo
a la llaga
por el ojo
de una pena
que de golpe
oprime
el corazón.
(Guardia 1982, 32, 33)
XIV
La playa es liturgia licenciosa
de muslos morenos reclinados
sin cabeza.
Es húmeda tristeza,
nostalgia de olas que regresan
al mismo sitio adonde vuelve
el ritmo que pulsa el universo.
La playa es vientre cósmico
vibrando con las voces del vacío
con el paso peregrino del tiempo
sin principio.
(Guardia 1982, 38)
XXIII
Te dejé cortar mis cabellos.
Al mundo mostrarás
mi cabeza
de siglos atormentados.
Verterás sobre el polvo
sangre de moros-indios
de abuelas-buenas
y de abuelos que-tocan-piano.
Te ha sido dado
rasgar guitarras
de un gran pasado
de luces y oscuras noches.
Te ha sido dado
entre algunos otros
verter mi sangre
sobre el camino.
(Guardia 1982, 55, 56)
XXIV
Sola voy al mar.
Sola quiero verte
de nuevo amanecer.
Quiero tu sal, tu sol
oh mar
quiero tu arena en beso
tu voz, tu virtud
en los huesos.
(Guardia 1982, 57)
XXX
Puedes irte
puedes quedarte;
ya casi te has ido.
La tormenta
se ha convertido
en guirnalda
de lejanos perros
en vela.
(Guardia 1982, 66)
XXXI
Soy madre
soy muelle
en espera
en vigilia
de siglos.
Soy cráter
soy lago
y
apenas vislumbro
los rostros
los labios
de hombres
en marcha.
(Guardia 1982, 67)
XXXIII
Salvaje,
frágil palabra
porque viene
de selva
de salva
un paraje
un pasaje
una fuga
sin regreso.
Un juego
una vida
simplemente
salvaje.
(Guardia 1982, 71)
XXXIV
Te espero
bajo el Arco de Adriano.
Te espero
en el paisaje
de aceituna,
en la hoja dorada
de otoño maduro.
Te espero
en el tiempo
deshilado
bajo el Arco de Adriano.
Atenas-noviembre 22, 1976
(Guardia 1982, 72)
XXXV
Odiseo dijo
volveré.
No dijo día
no dijo dónde.
No puso límite
al impulso
que mueve
una aventura.
Odiseo volverá
como luz
semilla
y esperanza.
Iré con Odiseo
en la nave
que me trajo
que me lleva
como el mar.
(Guardia 1982, 73, 74)
XXXVI
A Juan Benítez
Me arrolla apasionada
la resaca.
Me hunde
y me rescata
de espumas y de arena.
La lengua ardiente
del sol
devora la flor
dormida
en el tiempo.
Crecen hilos de sangre
en tu piel
y en mi piel
tiñendo de inocencia
tus auroras y las mías.
Desde el fondo del mar
llama la voz ancestral
del caracol:
Heraldo mítico
de la negra nave
de Odiseo.
14/XI/80
(Guardia 1982, 75, 76)
XXXVIII
A Ana Griselda Hine
Una sarta
de corales
traía en las manos
el viento.
Pequeños caracoles
anillaban los dedos
de la lluvia
inundando lentamente
los ojos tristes
de la tierra.
Cirios y velas
cubrieron los pies
de la noche con inquietante pureza.
Sonajas y timbales
ritmaron el momento
de la entrega
relámpago y retumbo
estremecieron los párpados
de un nuevo amanecer.
(Guardia 1982, 80, 81)
Referencia bibliográfica:
Guardia, Lilly. 1982. Duermevela. San José: Editorial Costa Rica.
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