DESGRACIADO SUCESO EN CARTAGO — MARTA PICADO
Iban de paseo. De Cartago salió la alegre cabalgata, en tropel, como temerosa de que se le escapara el placer en pos del cual iban al pueblo pintoresco: El Paraíso. ¡Grupo feliz! Ni las saetas del sol abrasador, ni las escabrosidades del camino, eran bastantes á contener las emociones tan gratas que de aquellos juveniles pechos salían desbordantes, convertidas en cascada de frases halagadoras que, ellas, las lindas compañeras, escuchaban embebidas, saboreaban con deleite. En tanto que avanzaban la alegría iba en crescendo. Y ¡cómo no, si el Amor iba con ellos!
Hay en la cercanía del pueblo un abismo profundo, á cuya sima va á derramarse como espumante champaña, un promontorio de aguas irisadas que en elegante comba de aquella altísima cima se desborda. Es un espectáculo que embarga el ánimo, un cuadro panorámico esplendente!
¡Hacia allí se acercaban los paseantes y avanzaban, y avanzaban: atrayente es el abismo!
Cuando llegaron á la orilla por donde tenían que pasar, parece que el caballo que montaba MARTA PICADO, una linda cartaginesa hija de estimable familia, resbaló, tambaleó sobre la abrupta roca; hizo esfuerzos por pararse, se desquició la piedra en que apoyaba las patas traseras, quedaron éstas en el vacío y rodó... rodó al abismo llevándose consigo á Marta que fué á estrellarse allá en los peñascos de la hondura, hasta donde debieron haber llegado también, los gritos despavoridos de sus compañeras.
Un joven (no sabemos su nombre) que iba el más próximo á la desgraciada niña, quiso asirla, sacó hacia el abismo el cuerpo, perdió el equilibrio, y rodó también; pero en su descenso, la rama de un árbol prendió el pantalón y así quedó suspenso.
Los otros dos valerosos compañeros, Carlos Peralta y un joven Alvarado, asiéndose de las rocas como Dios les ayudaba, rodando aquí y levantándose allá, corriendo un peligro inminentísimo, bajaron al fondo y, ¡horror! allá estaba Marta, á algunos metros distante de su caballo aplastado; ella, completamente la cabeza pegada á la columna vertebral, con una pierna como cortada á sierra y con el pecho completamente destrozado!...
En medio de todas las dificultades imaginables subieron el cadáver y la niña gentil que en la mañana saliera alegre, el alma llena de ilusiones de rosa, volvía mutilada, inconcebible en medio de un silencio de muerte y estremecimientos de terror!...
Nuestro Director está en Cartago y con acopio de más pormenores que allá recogerá dará cuenta al público, otra vez, de este desgraciado suceso.
Mientras: vayan á los apesarados padres de MARTA, las protestas de nuestro doloroso sentimiento.
Referencia: El Heraldo de Costa Rica. (4 de febrero de 1897). Desgraciado suceso en Cartago: Marta Picado. El Heraldo de Costa Rica: Diario del Comercio, Año VII(1.504), p. 2.
https://www.sinabi.go.cr/ver//biblioteca%20digital/periodicos/el%20heraldo/el%20heraldo%201897/bd-El%20Heraldo%20de%20Costa%20Rica_4%20feb_1897.pdf
Desgracia horrible. — Muy horrible es en verdad la desgracia que antes de ayer ocurrió cerca de Cartago: varias familias amigas iban de paseo á una catarata que se encuentra hacia Ujarrás, por lugares en que la senda bordea las orillas de profundo precipicio y allí fué donde tuvo lugar la desgracia de que hablamos: el caballo que montaba la señorita Martiniana Picado dió un paso en falso, no pudo pisar en firme, á pesar de sus esfuerzos y rodó al abismo con su ginete ante el horror y la impotencia desesperada de las personas que con ella iban. Por la noche, y con mil dificultades, fué sacado el cadáver, que como era de suponerse estaba hecho pedazos. La señorita Picado contaba apenas 18 años y era la prometida de un joven que llora ahora con espanto esa horrible catástrofe.
Referencia: La República. (1897, 4 de febrero). Desgracia horrible. La República: Diario de la Mañana, Año XI(3.019), p. 3. https://www.sinabi.go.cr/ver//biblioteca%20digital/periodicos/la%20republica/La%20Republica%201897/bd-La%20Republica_4%20feb%201897.pdf
MARTA PICADO.
El martes último dejó de existir esta estimable señorita en los barrancos de Ujarrás, á donde había ido de paseo con varias personas.
La sociedad de Cartago está consternada con tan terrible desgracia. La pobre niña iba alegre en su caballo por aquellas alturas, y cuando menos lo pensaba, rodó con todo y cabalgadura por aquellos precipicios.
Sentimos mucho tal desgracia, y acompañamos á la familia en su triste pesar.
Referencia: El Diarito. (6 de febrero de 1897). Marta Picado. El Diarito: Periódico Independiente, Año IV(856), p. 1.
https://www.sinabi.go.cr/ver/biblioteca%20digital/periodicos/el%20diarito/el%20diarito%201897/be-El%20Diarito_6%20feb_1897.PDF
NOTAS
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Martiriana Picado L.
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"Cinco años ha, que este modelo de virtudes voló allá, á donde tienen asiento las vírgenes... los mártires!! El que esto escribe, fuertemente impresionado ante ayer noche, de paso por aquel sitio tenebroso, donde la inmensa profundidad de aquellas negras cavernas hacen trepidar tanto al hombre como á las bestias; allí donde sólo se escucha el imponente ruido del agua que choca contra las rocas, acompañado del grito gemebundo del cuyéo y el melancólico susurro del helado viento, en altas horas de la noche en aquella espantosa soledad... todo, todo ésto hace consternar de pavor al corazón más varonil.
Extraña coincidencia! La noche estaba oscura, llovía fuertemente; mi alma estaba poseída de un terror pánico... Cuando de repente, la misteriosa luz de un relámpago iluminó aquel lúgubre recinto. ¡Una cruz de piedra apareció á mi derecha mientras una tórtola gemía en la profundidad! Era que la sangre de Martiriana me exigía un suspiro; era que su alma pura, me imploraba una plegaria.
La Providencia tiene decretos terribles. Ella dispuso que el martirio de la criatura, fuera en el fondo de un abismo. Se cumplió! ¡¡Paz á sus cenizas!!
R..... Cartago, febrero 2 de 1902."
Referencia: R..... (2 de febrero de 1902). Notas: Martiriana Picado L. El Día, 2. https://www.sinabi.go.cr/ver/biblioteca%20digital/periodicos/el%20dia/el%20dia%201902/bb-2%20de%20febrero.pdf
REMINISCENCIAS
LA VILLA DEL PARAÍSO
Con rumbo al Este y á una legua de Cartago, se encuentra la famosa villa del Paraíso. No sabemos á qué debe su nombre tan poco conforme con su modo de ser. Juzgamos que los naturales que antes habitaban Ujarrás Viejo, plagado de calenturas, al fundar la nueva villa se sintieron de veras en el Paraíso. Porque nada tiene de paradisíaco el barro amarillo infernal que á poco andar se adhiere á vuestros zapatos con tanta fijeza, que cuesta despegarlo. Hoy tiene el Paraíso una buena iglesia y una elegante casa Municipal, adelanto debido á los últimos ocho años.
Su casa escolar puede lucir en cualquier ciudad de las principales.
¿Qué nos produce el Paraíso? ¡sólo plátanos!
A esto se reduce su comercio, jueves y domingos en Cartago. Decíame el P. Moisés Ramírez, que de cabal salud goce, que los lugares donde la tierra es estéril, se producen buenas cabezas, y en este caso le sobra razón y sinó que lo digan el Licenciado don Isidro Marín Calderón y el Dr. don Teodoro Picado, ambos hijos de este lugar.
Hubo una época en que Cartago estuvo dominado por paraiseños. Del Paraíso era su Gobernador, el Dr. Dn. Lúcas Alvarado, del Paraíso el Comandante don Florencio Sojo, el Juez Civil, don Francisco Meza, el Sr. Cura Prsb. Acuña, es decir, las cuatro primeras autoridades de la provincia.
Paraíso tiene, pués, sus plátanos y sus hombres. ¿Qué otra cosa hay digna de mención en la villa?
Su maravillosa catarata. El Río "Pais" se despeña dando un salto como de ochenta metros. Aquí sucedió uno de los dramas más espeluznantes en las crónicas de Cartago. Martiriana Picado era una de esas bellas que atraen por su belleza y más aún por la bondad infinita que las acompaña. En Cartago, en su época era la reina de las festividades. En el salón de baile, en el teatro, en el paseo al lado de la cama de un enfermo dondequiera brillaba Martiriana, por su infinita bondad, por su infinita dulzura.
Un día de tantos se organiza una alegre cabalgata, entre otros puntos debía visitar la célebre catarata. ¡Cómo no contar con Martiriana que era la reina de toda fiesta!
Parte alegre en medio de una docena de amigas, y parte para no volver.
Al subir la catarata por estrecho sendero, se encabrita el caballo que ella montaba. En vez de soltarle la rienda, la acorta y al mismo tiempo sacude un latigazo en el cuello del caballo. Este, asustado se lanza al espacio llevando á Martiriana consigo.
Una masa informe fué lo único que se pudo extraer del fondo del abismo.
De entonces acá ninguna señorita sube á caballo el tortuoso sendero. Acordate de Martiriana, dicen con tono lastimero y echan pié á tierra para efectuar el ascenso.
Martiriana Picado, la flor del Molino, como amistosamente le decían los amigos; que tus manes inspiren terror á tus compañeras para que nunca se aventuren á caballo por el sendero, en que tu fuiste la víctima escogida.
F. J. KURZE.
Puntarenas oct. 1909.
Referencia: Kurze, F. J. (7 de octubre de 1909). Reminiscencias: La Villa del Paraíso. El Pacífico, 1. https://www.sinabi.go.cr/ver/biblioteca%20digital/periodicos/el%20pacifico/el%20pacifico%201909/jg-7%20de%20octubre.pdf
EL SALTO DE CACHI — ESCENARIO DE LEYENDAS
Desde el camino que conduce de Paraíso a Cachí, a doscientos metros de profundidad, por las noches se asegura ver a los monjes de la antigua ermita de Ujarráz.
Por desilusiones íntimas, Jesús Ramírez se lanzó a la sima espantosa, muriendo antes de estrellarse contra el suelo, sobre los playones del Reventazón.
LA PRIMERA VICTIMA FUE MARTILIANA PICADO, CUYA MUERTE EN 1887 RECUERDA UNA HUMILDE CRUZ DE PIEDRA, A LA VERA DE LA RUTA TRAGICA.
Hace muchos años, en ese mismo sitio de tragedia, asaltaban a los viajeros desprevenidos....
UN DIALOGO
— Señor redactor de LA HORA: ¿nunca ha tenido Ud. el gusto de hablar personalmente con un fantasma auténtico?.
— Nunca. Y le aseguro que estoy interesadísimo en preguntarle a alguno de ellos lo que le pasa a un caballero después de muerto. Ud. comprenderá fácilmente que si llevo a mi periódico una entrevista con un fantasma auténtico me aumentan el sueldo inmediatamente.
— ¿Que tanto por ciento me ofrece de ese aumento semanal si le presento a varios fantasmas?.
— Tendría que ver la clase de fantasmas que me ofrece Ud.... Un trato de tal naturaleza exige algunas condiciones preliminares.
— ¿Cuáles condiciones exige Ud.?.
— Autenticidad, veracidad. Que sean legítimos. Y si son fantasmas mujeres que sean bonitas. ¡Ah! Y que no le tengan miedo a la publicidad.....
— Pues véngase conmigo al Salto de Cachí.
EL SALTO DE CACHI, ESCENARIO DE LEYENDAS
El camino entre Cachí y Paraíso se va aluengando lentamente hasta caer de bruces en la bajura del Reventazón. Hay un trecho de mil varas donde el sendero bordea una peña. A los pies del redactor cae el despeñadero, doscientos metros abajo, a los playones del río blanco y sonoro de espumas bullangueras. El chofer detiene el carro y hacen ostensibles manifestaciones de no seguir adelante.
— ¿Se imagina Ud. querido amigo, lo que le pasa a uno si se resbala en esta sima?
Nos asomamos. Bruscamente se corta el camino a la vera izquierda. Es como si con una monumental cuchilla hubiesen dado un tajo a la montaña, hundiéndose la herida, entre cascajales y guindos, doscientos metros.
ACURRUCAMIENTO DE LA TIERRA
En el fondo se extiende un valle florecido de aguas y de pájaros. Parece que una primavera norteña ha venido a buscar asilo al fondo de esta sima. Por un lado la frescura alba del río Reventazón, cantando su canción de piedra. Por otro lado el cafetal uniforme y brillante bajo el sol cascabelero de esta mañanita de domingo. Y por el aire un cielo de añil con copos de nubes que viajan alocadas de inmensidad.
SOLEDAD
Hay una dulce soledad de cosa muerta. Para encontrar una casa se debe caminar más de cinco kilómetros. Allá a los lejos, sin embargo, se ve blanquear la techumbre de una casita, enclavada en plena montaña solitaria. No hay habitantes [...] en ella. De vez en cuando el cuidandero de unos sembradíos viene a pasar días allí. Después queda sola. Por las noches tenebrosos vuelos de murciélagos manchan con “tizne” la escena albeada al claro de luna.
LAS RUINAS DE UJARRAZ
En ese valle están las ruinas de la iglesia de Nuestra Señora de Ujarráz, la Primera Patrona de Costa Rica. Cuando la iglesia se levantaba enhiesta y arrogante, allá por el 600, era visitada continuamente por romeros y peregrinos. El gobernador don Juan López de la Flor y su mujer, doña Margarita de Vatecaut, organizaron, después de 1666, una romería con todo el vecindario de Cartago, en acción de gracias por haber salvado a la Muy Noble y Leal Ciudad de las ambiciones líricas y aventureras de Mansfield y Morgan. Las ruinas arden hoy al fuego del sol. Por las enredaderas que cubren las rocas envejecidas, corretean extrañas lagartijas.
Las piedras tienen un color [...] de siglos.....
FANTASMAS
Lo aseguran los que han pasado de noche por el alto del Salto de Cachí. Lo aseguran y nos lo aseguran a nosotros: jurando por lo más sagrado, desde arriba, en las noches de luna, se ven extrañas formas de fantasmas alrededor de las ruinas. Dicen que son los monjes del antiguo santuario. Hay un viejito en Cachí que asegura haberlos visto, cierta noche en que regresaba ya oscurecido, a su casa.
SON TRES
Y dice que son tres. Dos monjes ancianos y uno joven. Apenas oscurece, si hay luna, dan vueltas a las ruinas, y a la media hora se pierden entre nubes de incienso, a la orilla del río. La leyenda, con eco de cuento agorero, hace todavía temblar al viejito, cuando recuerda la emoción que sintió viendo a los tres monjes, mustios y taciturnos, caminar lentamente al pie del Salto de Cachí.
ATRACOS
Hace años —tantos que el reportero canoso aún no había nacido— pasar de Cachí a Paraíso era una empresa de altos vuelos, sólo realizada por gentes de ánimo resuelto y pelo en pecho. Más de siete veces, los peregrinos fueron asaltados por una cuadrilla de bandidos que hicieron su refugio entre las rocas vivas del Salto. Hasta que al fin, las autoridades y los vecinos los batieron en toda línea, terminándose desde entonces con la guarida de atracadores. Pero no por eso el Salto dejó de ser escenario de tragedias y leyendas.
UNA MUERTE TERRIBLE
Fue en Febrero de 1887. Un grupo de muchachos y muchachas habían organizado un paseo. Entre ellas lucía su esplendorosa belleza la señorita Martiliana Picado. Montaba un brioso caballo. En determinado momento el corcel se encabritó al pasar por el sendero cortado bruscamente, y bajo sus patas sintió el vacío.
Rodó la cabalgadura con la jinete doscientos metros, hasta caer a los playones del río.
Una cruz de piedra recuerda a los viajeros que hace medio siglo murió trágicamente, en aquel sitio, Martiliana Picado.
UN SUICIDIO
Y en nuestros tiempos —el redactor ya hablaba— ocurrió en el propio Salto un suicidio espeluznante: Jesús Ramírez, por razones íntimas que a nadie quiso confesar, se lanzó al vacío.
Cuando recogieron el cadáver, en el fondo, se le encontraron las manos crispadas. Todavía apretaba, entre los dedos hierbas y terrones que arrancó al sentirse rodar por el despeñadero.
EL TRATO
Confiesa el amigo del reportero que no pudo ganarse el tanto por ciento que le ofrecieron si le presentaba al periodista algunos fantasmas. Parece ser que no quisieron que con ellos se hicieran informaciones truculentas. Además, ellos saben que por lo general hay que hacer luego aclaraciones a los reportajes que hacen los redactores de periódico, y ellos, francamente, no tienen tiempo de estar visitando ni telefoneando a las redacciones de San José. Por todas estas razones, prefirieron esconderse cuando los fuimos a buscar. Nos han prometido, sin embargo, irnos a buscar la próxima noche de luna llena. Ya le avisamos a Roa para ver si puede tomar algunas fotografías para LA HORA.
EL REDACTOR PEREZ
Referencia: Pérez (Redactor). (27 de mayo de 1938). El Salto de Cachí — Escenario de leyendas. La Hora, p. 3. https://www.sinabi.go.cr/ver//biblioteca%20digital/periodicos/la%20hora/la%20hora%201938/LA%20HORA_27%20MAY%201938_Parte1.pdf
Remembranzas de Cartago
El salto de la novia
—Juan de Dios Trejos
DE las campiñas patrias, talvez ninguna esté más bellamente inmersa en la bruma dorada de la maravilla y la leyenda, que nuestro valle de Ujarrás. Allí, más de una vez, ha batido sus alas el ángel del milagro, confundiendo mentes doctas y estremeciendo de fervor el alma sencilla del campesino ignaro.
Por el efluvio, misterioso de oraciones dentro de aquellas ruinas, otrora iglesia misionera, aventureros desalmados miraron ejércitos poderosos sobre las nubes, y huyeron despavoridos al eco múltiple de un solo disparo.
También allí, un fuego volcánico que hacía temblar el cerro de Santa Lucía, convirtióse en cuatro fuentes cristalinas, al conjuro del agua bendita, de la Santa Cruz y de la plegaria del Padre guardián y de los fieles en solemne procesión. Y allí, un misterioso repique de campanas, desde lo alto del vetusto torreón colonial, dio oportuno aviso a las gentes sobre el peligro de una gran inundación que bajaba estrepitosa y destructiva, por los cauces del río Paz.
Esta depresión de Ujarrás, que da comienzo al valle de Orosi, es abrupta a un costado de la catarata del río Paz y alcanza una profundidad que llega a los cien metros. Científicos como el profesor alemán Sapper, que hizo estudios sobre el volcán Irazú, se han ocupado de ella.
Se dice que, una noche estrellada de un mes de febrero, una cabalgata nupcial se dirigía de Cartago a Orosi, acompañando a un matrimonio que disfrutaría su luna de miel en la acogedora villa. Un ex-novio de la recién casada, celoso y frustrado, los acompañaba, después de haber sugerido que el camino por Ujarrás, es más corto para llegar a Orosi que el camino común por el Paraíso. Al pasar junto al abismo, el celoso se las ingenió para asustar al caballo en que iba la novia. Un grito desgarrador estremeció la noche, y una boca negra, infernal y profunda se tragó el brioso corcel y la bella jinete. El salto de la novia; salto a la muerte!!!
Esto dice la leyenda popular. La historia dice lo siguiente: entre las mujeres bellas de la Cartago de fines del siglo XIX, se distinguía, por su esbeltez, prestancia y cultura, la señorita Martiriana Picado, de gran familia cartaginesa, prima hermana de nuestro hombre de ciencia Clorito Picado.
La mañana luminosa del domingo 2 de febrero de 1897, salía de Cartago un grupo juvenil de jinetes con el fin de pasear a Orosi y, de regreso, disfrutar de las fiestas de la Candelaria en el Paraíso, acortando la ruta por Ujarrás; el grupo iba adornado por la presencia de Martiriana cuya jovialidad y simpatía eran como música en el camino. El caballo que montaba Martiriana, era inquieto y brioso, mucho para un jinete femenino.
Al pasar junto al precipicio la cabalgadura comenzó a corcovear; los compañeros de paseo, más de uno, en vista del peligro, se bajó de su caballo en la intención de sostener el ímpetu de la inquieta bestia pero fue tarde... Ante el espanto y clamor angustiado de los paseantes, el caballo, con su preciosa carga, se precipitó al abismo."
Referencia: Trejos, J. de D. (19 de abril de 1986). Remembranzas de Cartago: El salto de la novia. La República, 2B. https://www.sinabi.go.cr/ver//biblioteca%20digital/periodicos/la%20republica/la%20republica%201986/La%20Republica_19_2%20abril%201986.pdf
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