Los gritos de la montaña


Ilustración por Javier Mena Fuentes (Alfaro, p. 61).


Los gritos de la montaña

Bebedero es un pueblito de Escazú situado al sur oeste de San Antonio, al pie de los cerros. Aún se aprecian sus trapiches y hortalizas; y hasta hay una que cultiva con abono orgánico. Es allí donde vive Gildar Sandí, campesino que cultiva hortalizas para llevarlas al mercado.

En una amplia cocina de campo, con una gran mesa rectangular rodeada de bancas, las llamas juguetean mientras consumen lentamente la leña que da el calor necesario para chorrear el rico café de la tarde. Mientras Licha, esposa de Gildar, hace el café, él narra su historia así:


Testimonio # 1

— Esto me pasó más o menos hace como un mes. Yo tengo la costumbre de levantarme siempre a las dos de la mañana, aunque me haya acostado a las diez u once. Ese día ocurrió lo mismo. A eso de las dos de la mañana me levanté de la cama, fui al servicio, volví al cuarto, me puse un abrigo, y me alisté para salir al patio, donde estaban los carros cargados.

A eso de un cuarto para las tres de la mañana se oyó algo muy raro. Yo creo que era un susto. Duró poco tiempo, pero se escuchó un increíble estruendo en una fila de las montañas. Fue algo espantoso y nunca me habia pasado antes. Yo pensé que se trataba de otro terremoto, pero el suelo no se movió. Empezó a sonar como un trueno, como cuando va a llover, pero luego el ruido no tenía comparación. Duró como diez segundos y me dejó como aturdido; el ruido se me metió tan feo en los oídos que se me paró el pelo. A pesar de que andaba con abrigo, sentí mucho frío y miedo de abrir los portones.

Primero abrí el portón de la cochera, luego el de la calle y saqué el carro. Después de desayunar, me fui para el mercado con las hortalizas, pero no tenía voluntad, iba como aturdido y llegué al mercado asustado. Le pregunté a varios vecinos y a mis hijos, y ellos lo oyeron también.

Dicen que esos sonidos son lastimeros y horribles, y que pareciera que la montaña clama para que la defiendan de la destrucción total.


Testimonio #2

En el campo, cuando una chancha va a tener su cría, se le pone cuidado, se le hace su nido bajo techo, en un galerón o chiquero. Pero hubo un caso en que una chanchita andaba suelta, correteaba por el potrero, las cañas o el patio. A pesar de que se le alistó el nido, se fue donde ella quiso. Entonces, mi mamá me dijo:

— Hijo, ¿alistaste el nido para la chancha en el galerón?

— Claro, ya está listo desde temprano.

— Andá fijate a ver si ya parió.

— No, mamá, la chancha no está aquí, seguro se fue para el cañal. 

— Mirá hijo, llevate un saco para echar los chanchitos y los ponés en el nido del galerón, no vaya a ser que se los coma el coyote.

Cogí el saco, caminé hasta la cerca y pasé el cañal. Eran como las diez de la noche, estaba claritico, la luna alumbraba mucho y casi no se necesitaba el foco. Los chanchitos hacían ruido con su ño, ño, ño, ya querían correr. Esos animalillos apenas nacen salen corriendo y es difícil cogerlos después.

Ya en el cañal seguí el ruidillo y los encontré, me puse coge aquí, coge allá, y los echaba al saco; de pronto, salió de la montaña un ruido tan extraño y feo como un grito, quejido, llanto o lamento; algo inexplicable, horrible, espantoso. Los perros aullaban, se quebró el silencio de la noche; los lamentos montañeros llegaron hasta debajo de la ermita del Carmen porque vecinos de ese lugar dicen haberlos escuchado espantados. Dicen que pareciera que la montaña se queja de los destrozos que le hacen.


Testimonio #3

Otro día, al comentar lo que sucede en estos cerros, una extranjera quiso también contar su experiencia.

— Me encontraba sentada en el corredor de mi casa, cuando oí algo terrible que salía de las montañas; era como si fuesen las almas más tristes del infierno; se escuchaba horroroso, el ruido se alejaba y se acercaba. Yo estaba tan asombrada, parecía que hubiera un lugar donde mataban animales para comer, o un lugar donde recogían todos los animales para matarlos. Pero no, esto fue aquí directo, en esta gran roca llamada Piedra Blanca.

Pensé que era el viento que traía los ruidos del otro lado de la montaña. Eso lo escuché como cuatro veces más, siempre en día domingo, tempranito. Es una cosa horrorosa, como lamentos que al principio parecen humanos, pero que luego parecen de animales sufriendo (*). No se podía distinguir, era como oír gallinas, cabras, leones, perros y gatos. Yo no tengo ni pizca de superstición, para cada superstición que yo escucho tengo que encontrarle una explicación científica o realista, pero eso sí me asustó, y hasta hoy no le he encontrado una explicación. Estas montañas son misteriosas.

Aparte de estos ruidos, gritos y lamentos, son muchas las experiencias de los diferentes habitantes relacionados con retumbos que se oyen dentro del suelo; algunas veces se oye como el rodar de enormes piedras dentro de la tierra. Esto sucede aún en nuestros días.


Nota:

Como dato curioso, el libro incluye testimonios de gente que asegura haber escuchado sonidos de (mas no visto) animales, música y personas hablando en estos cerros, especialmente cerca de la Piedra de Aserrí o Piedra Blanca, algunos incluso afirman haber avistado un "pueblo típico" que, o no logran reconocer y suele desvanecerse, o asemeja una maqueta hecha de piedra. 

Todo esto trae a la mente el desenlace de una de las leyendas más famosas sobre la Piedra de Aserrí, que menciona que La Bruja Zárate convirtió a un pueblo en esa piedra y a sus habitantes en animales.


Fuente: Alfaro-Miranda, E. (2000). Los encantos de la Piedra Blanca, 1 ed., pp. 62-65. San José, Costa Rica: CODECE.

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