Los Alàrbulu



Ilustración por José Calvo



Ubicación de la quebrada "Bë́di" (¿quebrada Ernesto?). Mapa tomado de Palmer, Mayorga & Sánchez, p. 15.


Su nombre se traduce literalmente como "jefes de los niños" [2, p. 168]. Estos espíritus, también son conocidos con los nombres aLaLbLu', aLabLu, kbèpa, y "Alàr/aLan", este último término se debe a su apariencia de niños [3, p. 92], que consecuentemente es la causa de que al río Lari también se le conozca como Laardi (laar: niño; di: agua) [5, p. 69].

Son descritos como seres muy pequeños, con cabello de color amarillo [3, p. 92]. En el principio vivían en Sö̀tki (Salitre de Buenos Aires) por encargo de Sibö̀ [4, p. 7], pero ahora su hábitat es asociado particularmente con la "quebrada de los duendes" o Bë́di [6, p. 32], así como con el subsuelo [2, p. 168; 3, p. 91].




En el esquema de Marcos Guevara Berger se identifica al último nivel subterráneo como el mundo de los espíritus malignos. Fuente: González-Cháves, A., González-Vásquez, F. (1989). La casa cósmica talamanqueña y sus simbolismos, 1 ed., p. 154. San José, Costa Rica: EUNED.


En cuanto a su comportamiento, se les suele ver jugando y bailando en la montaña, y dejando huellas en el lodo, así como rajando tallos de banano y arrancando racimos de pejibaye [5, p. 69]; tiran fuego por la boca y, mediante su canto, dejan los árboles lisos y hacen que las personas pierdan el sentido y se extravíen en el bosque [3, p. 72].

Estos espíritus también son dueños de animales pequeños como las guatusas y los monos, y los cazadores deben pedirles permiso para poder cazar estos animales [2, p. 168; 3, p. 91]. Sin embargo, son sumamente peligrosos: se llevan a los perros, a los pollos y hasta a los niños si los encuentran solos [6, p. 32]. Con los niños son particularmente crueles, alzándolos de un dedo para dejarlos caer desde los árboles e introduciéndoles semillas de la tsra' (palmera biscoyol) en la garganta [5, p. 69].

Su método de secuestro es astuto, ya que toman la forma de personas conocidas para engañar a sus víctimas y llevarlas a un lugar remoto. Una vez que la persona se da cuenta del engaño, ya no puede escapar, y si la víctima no aparece en tres días, se la da por muerta. A diferencia de los secuestrados por Duarö (el Dueño de los Animales), las víctimas de los alàrbulu no suelen ser devueltas. Las pocas víctimas que sobreviven un secuestro de estos espíritus a menudo quedan en un estado de locura y deben ser atadas con una cuerda porque no reconocen a nadie, y deben ser curadas mediante un ritual especial por el awà (curandero) [5, p. 69].

Se alimentan de sangre humana, que les gusta porque la perciben como chocolate, y se encuentran entre los espíritus que viven con Tmì̱, (otro nombre para el Dueño de los Animales), quien solo les permite dañar a los cazadores que no dan una muerte rápida o hacen sufrir demasiado a sus presas [3, p. 92].

En la mitología de la creación, se dice que fueron creados por el dios Sibö̀ con el propósito de limpiar las tierras (creando las sabanas) [4, p. 7], para lo que los dejó pequeñitos, y les dio permiso de ir a cantar a cualquier cerro o montaña, y de llevarse a las personas que vieran para que los acompañaran a cantar [3, p. 72]. Además, durante la formación del universo los alàrbulu fueron quienes trajeron las serpientes utilizadas para amarrar la casa cósmica; los bigotes de estas serpientes se convirtieron en una porción de las estrellas [1, p. 67]. 

Su relación con otros espíritus es tensa; por ejemplo, el espíritu del trueno Tkerma nos protege de los "kbèpa" después de que estos mataron a uno de los së̀rkëpa (Espíritus de las Tormentas), quienes son sus sobrinos nietos. [3, p. 85].


Finalmente, se les menciona al final del poema "Semillas del Lari":

 

Sibú se lanza al vientre de la tierra.

Los duendes cantan bajo la tierra.

"Sibú-SuLà no volverá.

Los Bribris reinarán sobre la tierra".

Resbala en la hierba la Bocaracá.

 

Y el grupo de rock "Abäk", en su nuevo álbum "Abya Yala", le dedicó una canción a estos espíritus: ARABRÜ



Referencias

1.  -  Bonatti, J. (1998). Una interpretación etnoastronómica y etnobiológica del mito de la mujer que se convirtió en mar. En M. E. Bozzoli de Wille (Ed.), I Congreso Científico sobre Pueblos Indígenas de Costa Rica y sus Fronteras: memoria (p. 67). Editorial Universidad Estatal a Distancia. Consultado el 20 de septiembre de 2025 de https://www.google.co.cr/books/edition/I_Congreso_Cient%C3%ADfico_sobre_Pueblos_Ind/Fr-BCqhajtsC?hl=es-419&gbpv=1&dq=bozzoli+traen+serpientes+o+estrellas&pg=PA67&printsec=frontcover

 

2.  -   Bozzoli, M. E. (1977a). Narraciones bribris. Vínculos, 2(2), 168-170.

 

3.  -   Bozzoli, M. E. (1977b). Narraciones bribris. Vínculos, 3(1-2), 72, 85, 91-92.

 

4.  -   Jara, C. V., García Segura, A., & Sánchez Avendaño, C. (2003). Diccionario de mitología bribri. Editorial de la Universidad de Costa Rica. Consultado el 20 de septiembre de 2025 de https://www.lenguabribri.com/diccionario-de-mitolog%C3%ADa-bribri

 

5.  -   Palacios, E. (narradora) (1982). Tradición oral indígena costarricense. Escuela de Antropología y Sociología, Departamento de Antropología, Vicerrectoría de Acción Social, Universidad de Costa Rica.

 

6.  -   Palmer, P., Mayorga, G., & Sánchez, J. (1993). Vías de extinción/Vías de supervivencia: testimonios del pueblo indígena de la Reserva KéköLdi, Costa Rica. Editorial Universidad de Costa Rica.


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