La anciana sin rostro
La anciana sin rostro No mires por la ventana después de medianoche, sentenciaban las abuelas, entre muchas otras supersticiones. El presente relato —a pesar de su alta dosis de exageración— está inspirado en una de esas leyendas modernas de apariciones que se contaban como reales entre los vecinos de Santa Rosa, Turrialba. Es más, la historia central nos la contó una prima, quien asegura haberla sufrido en carne propia mientras vivió a un costado de la antigua plaza, razón por la que decidieron mudarse a otro barrio. Desde entonces no volví a caminar por esa zona sin la presencia del sol, por si acaso. Es posible que, ante la aparente jubilación de los espantos tradicionales como la Segua, el Cadejos o la Llorona, hayan surgido otros entes sin problemas de fotofobia y con más tolerancia al asfalto, a la civilización y a la tecnología. Con la esperanza de exorcizar ese fantasma de infancia me di a la tarea de crear este remedo de cuento. Los nombres de los protagonistas han sido cambia...