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La pena capital en la Costa Rica de antaño

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62 personas recibieron la pena de muerte en Costa Rica entre 1802 y 1878 El presidente Tomás Guardia fue quien abolió para siempre el mortal castigo En la obra “San Lucas, una historia sin fin”, Domingo Abarca Vásquez describe una escena que nos cuesta asociar con Costa Rica. “Santana Porras, soldado de las milicias costarricenses, vivía en concubinato con María Josefa (Picado) siendo (ella) casada con Manuel Alpízar (y) decidieron quitarse aquel estorbo y le pagaron al destazador de cerdos Ventura Marín para que lo aniquilara. Una vez descuartizado arrojaron el cuerpo al río Torres. “Luego de las investigaciones, y al comprobarse los hechos, los tres fueron pasados por las armas en la sabana de la Mata Redonda, llevando los presos vestidos (hechos) con un saco que ostentaba las pinturas de un gallo, un mono, una culebra y un perro...”. Eso ocurrió en 1836, cuando el país tenía apenas quince años de vida independiente y la ejecución se llevó a cabo donde está hoy el parque La Sabana. A...

Cuidadores de Keköldi

Cuidadores de Keköldi   José Roberto Saravia   T alamanca Recuerdo que hace algunos años, al conversar con un amigo sobre una profesora de la universidad, nuestra plática tomó un rumbo caprichoso hacia lo inexplicable. Yo, para ser honesto, nunca creí en las historias eran nada más invenciones de las mentes crédulas y poco científicas, atizadas por la sugestión, por supuesto. No obstante, él me dijo que, paradójicamente, la docente sí creía. Incluso le había relatado una historia así a él. Quise saber más. Ella, quien fácilmente duplicaría mi edad y cuya experiencia y nivel académico se hallaban diez veces por encima de mí, además, se dedicaba a la investigación. Yo admiraba a esa mujer de cabello ya gris porque siempre se comportaba de acuerdo con un agudo sentido crítico. Cada vez que la encontraba, ella cargaba pesados libros que usaba para sus proyectos. ¡Me era muy difícil asociar su imagen con cuentos paranormales! —Déjeme que le repita lo que ella me contó y luego juzgu...

Kobistakara - ko

  Kobistakara - ko (El que vende alegres cosas, en lengua aborigen) Aunque mi nombre no es "Kativo", así era conocido antiguamente en la zona Atlántica. Las gentes de Limón a La Estrella así me llamaban quizás debido a mi cuerpo larguirucho y recto como una palmera o uno de esos árboles. Kativo es palabra indígena; así llamaban los indios un árbol abundante en esos litorales que les servía para hacer cabañas y construir sus pequeñas embarcaciones. En cambio, dentro de los numerosos núcleos aborígenes selva adentro de La Estrella hasta el Sixaola y sus valles feraces que la Compañía Bananera abrió en parte a la industria del banano, a mí se me llamaba "Kobistakara-Ko", que en lengua aborigen quiere decir: "El que vende alegres cosas". El motivo es que para aquellos benditos tiempos del 1926 al 32, yo me dedicaba al negocio de vender baratijas en toda la zona del Atlántico. Yo adquiría en la capital una bonita joyería de similar, espejitos, peinetas, horquil...

El ojo de Pacriquí - León Fernández Guardia

El ojo de Pacriquí A mi distinguido amigo don Manuel A. Quirós —Ustedes creen que todo el territorio de Talamanca ha sido explorado, que todas las tribus indias han sido sometidas y que nada nuevo existe allí; pero yo, que he vivido veintidós años entre esos indios; yo, que conozco los once dialectos que hablan; yo, que empujado por mi amor a la ciencia no he temido aventurarme en esas selvas inmensas en donde jamás se ha posado otro pie europeo; en fin, yo, que he penetrado los misterios más recónditos de su religión y para quien son un libro abierto las inscripciones que adornan sus vasijas y sus piedras talladas, les aseguro que Talamanca es una región aún más misteriosa que la India y que el África Central. El que hablaba era el modesto y sabio explorador von Reschar . Llegado al país durante la administración de Soto, solicitó permiso para explorar la remota región del Suroeste, que nuestros mapas señalan con el nombre de Talamanca. Durante algunos meses se tuvo noticias de vez en...