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La carreta sin bueyes

La Carreta sin Bueyes.    Cuando Escazú todavía se llamaba Itzkatzú, cuando era un lugar de descanso para los indígenas que iban hacia Pacaca y más allá, cuando las gentes todavía eran sencillas y llevaderas, en esos tiempos primeros de nuestro terruño vivía cerca de la villa una mujer que según los decires del común del pueblo, era una bruja temida y respetada. La llamaban Sindulfa y era su inseparable compañero un indito renegrido llamado Agatón.    Por su fama y sus cuestiones, Sindulfa era muy visitada por algunos de los moradores de la villa, de esos que llamaban los más creyenceros. La gente llegaba buscando diversos sortilegios para hacer cambiar su suerte en cuestiones de amores, fortuna, cosechas, enfermedades y hasta para combatir maleficios como el mal de ojo y los mentados entierros, cochinadas tan comunes en esos días, que según el decir de más de uno, de viaje los tenían arruinados y postrados ante la vida.    Como todas las rinconadas del nue...

Leyendas de San José Cabécar

  LA TRADICION ORAL INDIGENA Refiriéndose a San José, el patrono de Orosi, don Eladio Prado, en su libro sobre la Orden Franciscana, nos cuenta esta leyenda: “En el pueblo de Orosi, a unos mil metros de la iglesia, en la calle real que conduce al barrio de Bejuco, a las fincas de Purisil, Tapantí, etc., nace, junto a la calle, una fuente termal de aguas sulfurosas. Cuando los recoletos vinieron a Orosi con los indios talamancas, traían en hombros la imagen de San José, en procesión o romería, cantando salmos y tocando la campanilla de plata que aún se conserva en la iglesia. Los indios infieles habían quemado la iglesia de San José en Cabécar y los padres se vieron precisados a huir, llevándose la imagen, acompañados de unos pocos indios fieles. Por entre las montañas, llegaron hasta el hervidero, o fuente termal, que atravesaron y, a poco caminar, ¡cosa extraña! la campana no quiso sonar más y discurrieron que en ese propio lugar debía edificarse la iglesia, como se hizo en segu...

Talamanca (poema)

 Talamanca la vieja, memoria de los ancestros. Talamanca la grande, joroba de piedra entre mares. Talamanca la mística, umbral entre mundos de luz y oscuridad. Talamanca la inconquistada, de selvas indómitas, resistencia y peligros. Talamanca la rica, que engendras minerales, vidas y agua. Talamanca la testigo, de vidas que pisaron tu espalda. Talamanca la secreta, cantora de historias primordiales. Talamanca la misteriosa, portadora de secretos ignotos. Talamanca la oscura, donde miedo e imaginación conciben leyendas. Talamanca la bella, mar de azul y verde sembrado de joyas.

Manuel Tucurrique

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Imagen con fines ilustrativos. Representa a Tatica Cuasrán, personaje de la tradición brunka, y se incluye por las semejanzas entre ambas tradiciones.  Fuente: Díaz Briones, Ángela, y Elena M. Florian Rivero. 2016. Fortaleciendo capacidades de negociación, integración y representatividad en los procesos de la estrategia REDD+ para el pueblo brunka en Costa Rica , p. 25. Ilustración: Luis Gutiérrez. San José, Costa Rica: UICN, CONABIO, Proyecto Proforco. El Cacique Tucurrique Ramón Castro Castro Desde el río Naranjo (que baja laderas desde su nacimiento en el Cerro de las Cruces, tributando sus aguas al Reventazón hasta su colega el Pejivalle, tributario también del gran río), se extienden, entre llanos, laderas y montes, desde la margen derecha del Reventazón hasta las cumbres de los cerros Pisirrí, el Humo, el Duan y pequeñas colinas, los dominios del gran cacique Tucurrique. De tez y cuerpo bronceados, ancho de espaldas, mirada de águila, alto y esbelto, el más valiente entre tod...