La carreta sin bueyes
La Carreta sin Bueyes. Cuando Escazú todavía se llamaba Itzkatzú, cuando era un lugar de descanso para los indígenas que iban hacia Pacaca y más allá, cuando las gentes todavía eran sencillas y llevaderas, en esos tiempos primeros de nuestro terruño vivía cerca de la villa una mujer que según los decires del común del pueblo, era una bruja temida y respetada. La llamaban Sindulfa y era su inseparable compañero un indito renegrido llamado Agatón. Por su fama y sus cuestiones, Sindulfa era muy visitada por algunos de los moradores de la villa, de esos que llamaban los más creyenceros. La gente llegaba buscando diversos sortilegios para hacer cambiar su suerte en cuestiones de amores, fortuna, cosechas, enfermedades y hasta para combatir maleficios como el mal de ojo y los mentados entierros, cochinadas tan comunes en esos días, que según el decir de más de uno, de viaje los tenían arruinados y postrados ante la vida. Como todas las rinconadas del nue...