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Cru cra, mam bu, machiti culata

Antiguamente, cuando los Huetares cazaban algún ave la mataban, la desplumaban, la cortaban y limpiaban, luego la ponían sobre el fuego, contaban el   número de brazas (N)   que se pegaban a la carne y decían: —  "Cru cra, mam bu, machiti culata (1): N [nombre del ave]". Se creía que el número de brazas representaba el número de aves que cazarían la próxima vez. (Quesada, p. 150-153). Según Alfaro, esto lo hacían para invocar al espíritu del  "Dueño de la Chirrascuá"  (o del ave que cazaran) para pedirle abundancia de perdices para cazar en la trampa  tureca (2)  al día siguiente. También colgaban  calaveras y patas  de aves o venados sobre el fogón para que les repararan cacería al día siguiente, aunque el ritual mencionado solamente lo realizaban al cazar aves. (Alfaro, p. 238-239) Notas: 1]  El informante declara desconocer el significado de esta frase. (Quesada, p. 152) 2] Tureca:  trampa elaborada con varillas rollizas, atadas ...

Los polvos de cuyeo (amarre)

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Castillo Camacho, X. (2011). En Á. F. Picado Picado, Leyendas del Valle II (p. 72). A. F. Picado P. Los polvos de cuyeo Los polvos de cuyeo son un agüizote del folklore mágico costarricense elaborado a partir del corazón de un cuyeo ( Nyctidromus albicollis ). Tradicionalmente se ha usado como «amarre» amoroso destinado a despertar pasiones, garantizar la fidelidad o ligar la voluntad de una persona. Asimismo, se les han atribuido propiedades para permitir «el amor clandestino sin ningún peligro de una engordada dispareja». Se mencionan varios procedimientos para su elaboración; el más detallado nos lo da Federico Mora, y consiste en capturar al ave en los cafetales durante la medianoche, y someterla a un encierro de veinticuatro horas en una jaula cubierta con telas negras y rodeada con huesos de muerto prendidos en todos sus lados, periodo en el cual se realizan visajes con las manos, cánticos y rezos en una lengua extraña. Al cumplirse el tiempo, se usa una  vértebra de serpient...

Cuatro pasajes literarios relacionados al cuyeo

Cuyeos y majafierros Muy poco hace caminaba yo para mi casa por un camino pedregoso y polvoriento, á tranco torpe, con el ánimo oprimido por hondas melancolías que las llevaba clavadas en el corazón como un manojo de agudas espinas. Iban conmigo agradables compañeros: el pensativo silencio, la divina noche y la luna creciente que abrigada en una tenue colcha de nubes, hacía su viaje de reina por el cielo difundiendo sobre el mundo una triste media luz. Tal vez nunca como entonces sentí con más gusto la apacible hermandad del silencio, que sin abandonarme un instante se deslizaba de puntillas por encima de las cosas como para no despertar á su paso las alimañas de la tierra. Solamente los grillos en vigilia, con la única vibración sosegada y metálica que ellos producen, interrumpían el blando avance del silencio. El fresco aliento de la divina noche, como lo haría un ala de seda, de cuando en cuando me acariciaba el rostro encendido; esta caricia me complacía muchísimo! A ambos lados de...

Brujerías

BRUJERIAS Información de contexto Menuda lección daría el Licenciado Don Enrique de Águila, vecino de la ciudad de León de Nicaragua, nombrado asesor letrado para la causa que se siguió en Cartago contra las "brujas" María Francisca Portuguesa y Petronila Quesada en los años que iban de 1775 a 1777. Y por aquello de "te lo digo Juan para que lo oiga Pedro", a más del Capitán Don José Romualdo de Oreamuno, Juez de la dicha causa, debían poner su barba en remojo buena parte de los poco avisados vecinos de Cartago, amigos todos de ciertos chismecillos y creencias, que maldita la falta que hacían a católicos de tan firmes convicciones como se creían y decían, aquellos nuestros antepasados. En honor a la verdad, debemos hacer dos excepciones: La primera corresponde al Gobernador que por aquellos días que lo era Don Juan Fernández de Bobadilla, de cuyo pronunciamiento sobre el asunto de maleficios y hechicerías no ha quedado constancia debido tal vez, más que a su incredu...