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Tres poemas a Limón

La perla caribeña Limón, la perla caribeña, son tus divas vaivén de caderas, lindas y hermosas como palmeras; el hechizo que sonríe y sueña. El parque Vargas iluminado coliseo donde la brisa disemina cabelleras; capullo de enamorados en primaveras, el vergel embrujado de deseo. De tus arenosas playas y calladas la historia habla de barcos piratas, que en apuestas de veleros y regatas; tus mujeres quedaron obsesionadas. Las aguas del coloso mar atlántico cuna y refugio de navegantes, donde encontraron amor romántico; los músicos, los poetas y los almirantes. (Fonseca Bonilla, 1991, p. 30) Murales limonenses Llevamos en la visión los murales y la tristeza es signo latente; caminemos por las zonas rurales, y veamos lo que hay en la vertiente. Los relucientes hacha y machete son símbolos del humilde labrador; a la cima llega el agua con ariete, y el campesino se vuelve conquistador. El hombre y la naturaleza; comúnmente viven la obra y adheridos los valles y la maleza, salvan la caricia de...

Yamileth Carranza Esquivel. Martes 20 de Junio de 1978.

Yamileth Carranza Esquivel. Martes 20 de Junio de 1978. Pensar que tenía que ver cómo se esfuma la vida; hoy mismo debía acontecer; algo terrible que no se olvida. Preciosa rubia era la niña: que al cielo voló muy temprano; Yamileth que dormida sueña; de un corazón muy humano. Se fue sin despedirse para sumarse al coro de ángeles; hubo sacrificio al entregarse para vestirse de mantos celestiales. Un ángel más en el cielo y una alumna menos en la escuela; como alabastro será su velo, y negro el lazo de toda la escuela. Cinco estrofas para recordar; a quien la vida entregó de repente, jamás debemos de olvidar, que el peligro acecha eternamente. Fonseca Bonilla, A. (1991). Yamileth Carranza Esquivel. En Cuando el destino trilla los caminos (p. 51). Zúñiga y Cabal.  No te la Lleves Porque te llevas, parca invisible, esta flor de los verdes campos, sus labios no han sido mancillados; y su alma está libre de pecados. Su cabellera rubia y ondulante es el ulular de ramas en movimiento, y s...

Fábula del bosque (teatro)

Fábula del bosque (adaptación para teatro, 2006) Origen Tierras de pasto, bosques, arroyos murmurantes, dormidas lagunas, densa niebla descendiendo a humedecer el valle ¡Montes lejanos de mi infancia!  Yo tenía nueve años. Vagaba por colinas y praderas cercadas de pinares donde pacían vacas de amplia ubre y ojos mansos,  inquietos ternerillos y toros paternales. Un niño apacentaba los ganados.  Cierto día, descubrí un pinar maravilloso, como esos de los cuentos nórdicos:  alfombra de hojas húmedas y musgos, invernal frescura y esa luz imprecisa de los sueños...  Pájaros venidos de lejos traían su mensaje de música y marchaban de súbito, presurosos por llenar la tierra de canciones.  Aves madres, de silencio y ternura hacían su nido.  En delgados senderos, las hormigas cargaban su cruz, deteniéndose a cada paso para comunicarse.  Lentos gusanos, milímetro a milímetro medían superficies de hojas y flores.  Narraba una fuente historias de ríos p...

Fábula del Bosque

Fábula del bosque de Fernando Centeno Güell, 1974 (este texto fue tomado de la segunda edición publicada en 1976) UNAS FABULAS * Fernando Centeno ha escrito unas fábulas, y esto no es frecuente en estos días. La fábula ha perdido prestigio desde que comenzó a confundírsela, y llegó a ser sinónimo de una moralización elemental, pueril y majadera.  Pero son fábulas, si por fábula entendemos una interpretación personificada de la vida de la naturaleza. Y si a esto se agrega que la interpretación de Centeno es además poética, profundamente poética, resultará que no hay más que pedir.  Fernando Centeno se ha introducido en el bosque con el ojo atento y el oído avizor. Se ha introducido en él sin ideas preconcebidas, no a demostrar cosas, sino a captarlas poéticamente para trasmitírnoslas. Y ha encontrado lo que un poeta tenía que encontrar: un bosque lleno de poesía, o sea un bosque real y verdadero. Porque lo poético es lo más verdadero y lo más real que hay.  Conforme nos de...