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Leyendas de San José Cabécar

  LA TRADICION ORAL INDIGENA Refiriéndose a San José, el patrono de Orosi, don Eladio Prado, en su libro sobre la Orden Franciscana, nos cuenta esta leyenda: “En el pueblo de Orosi, a unos mil metros de la iglesia, en la calle real que conduce al barrio de Bejuco, a las fincas de Purisil, Tapantí, etc., nace, junto a la calle, una fuente termal de aguas sulfurosas. Cuando los recoletos vinieron a Orosi con los indios talamancas, traían en hombros la imagen de San José, en procesión o romería, cantando salmos y tocando la campanilla de plata que aún se conserva en la iglesia. Los indios infieles habían quemado la iglesia de San José en Cabécar y los padres se vieron precisados a huir, llevándose la imagen, acompañados de unos pocos indios fieles. Por entre las montañas, llegaron hasta el hervidero, o fuente termal, que atravesaron y, a poco caminar, ¡cosa extraña! la campana no quiso sonar más y discurrieron que en ese propio lugar debía edificarse la iglesia, como se hizo en segu...

Talamanca (poema)

 Talamanca la vieja, memoria de los ancestros. Talamanca la grande, joroba de piedra entre mares. Talamanca la mística, umbral entre mundos de luz y oscuridad. Talamanca la inconquistada, de selvas indómitas, resistencia y peligros. Talamanca la rica, que engendras minerales, vidas y agua. Talamanca la testigo, de vidas que pisaron tu espalda. Talamanca la secreta, cantora de historias primordiales. Talamanca la misteriosa, portadora de secretos ignotos. Talamanca la oscura, donde miedo e imaginación conciben leyendas. Talamanca la bella, mar de azul y verde sembrado de joyas.

Manuel Tucurrique

El Cacique Tucurrique Ramón Castro Castro Desde el río Naranjo (que baja laderas desde su nacimiento en el Cerro de las Cruces, tributando sus aguas al Reventazón hasta su colega el Pejivalle, tributario también del gran río), se extienden, entre llanos, laderas y montes, desde la margen derecha del Reventazón hasta las cumbres de los cerros Pisirrí, el Humo, el Duan y pequeñas colinas, los dominios del gran cacique Tucurrique. De tez y cuerpo bronceados, ancho de espaldas, mirada de águila, alto y esbelto, el más valiente entre todos los del contorno, tenía su palenque a una distancia prudente del río, donde hoy se asienta la coqueta y hospitalaria población de Tucurrique. Bastante cacería hay y el río, inagotable: millares de millares de bobos, sabrosos postudos, puede decirse, sin espinas. También hay unas matas de maíz para la chicha, plátanos para ayudar en los fermentos y comidas. La tribu del cacique Tucurrique vivía feliz y tranquila dentro del rectángulo que la naturaleza sabi...