La primera locomotora tica
Referencia: Calvo Sánchez, F. (1951-2025). LIMÓN No. 1 [Cromoxilografía]. Fotografía de R. Zumbado Ruíz (2014). Publicado por M. Alvarez Rojas el 1 de agosto de 2025 en Facebook. Limón N1
LA PRIMERA LOCOMOTORA TICA
Apuntes históricos de: FEDERICO MORA C.
Al iniciarse la alborada del viernes 9 de febrero de 1872, se notaba un movimiento extraordinario en la ciudad de Alajuela. La gente corría hacia la entrada de la carretera a Puntarenas, para observar un monstruo de hierro nunca visto en Tiquicia. Era la llegada de la primera locomotora para el Ferrocarril de Costa Rica cuya vía férrea se iba a tender primeramente de Alajuela a San José.
Aquella locomotora de veinte toneladas de peso, más tarde fué bautizada con el nombre de Limón, llevando el número uno. Fué desembarcada y traída de Puntarenas por el carretero Juan Solano, el Gigante de los Carreteros; héroe que, después de muchos cálculos y contratiempos, se había hecho cargo del transporte de aquel monstruo, hasta la ciudad de Alajuela.
Para transportar aquella locomotora con su tender, fué necesaria la construcción de una cureña especial, reforzar muchos puentes y alcantarillas, lastrar ciertas secciones de la carretera, y emplear cerca de ochenta yuntas de bueyes con sus conductores; las del frente para halar el monstruo, y las posteriores para operar como breque en los descensos.
En medio de una delirante ovación llegó la locomotora Limón hasta la esquina de la Plaza de Alajuela. La multitud, unos con horror y otros con suma curiosidad, veían y revelan aquel monstruo de hierro. Los más ignorantes aseguraban que traía en sus entrañas muchos, muchísimos caballos desconocidos que se alimentaban con fuego.
Al día siguiente de la llegada de la locomotora, es decir el 10 de febrero, fué conducida desde la Plaza hasta el galerón de la proyectada estación ferrocarrilera, en la misma ciudad de Alajuela. Las bandas militares de Alajuela y Heredia ejecutaban alegres piezas, la gente lanzaba gritos de júbilo y los chiquillos trataban de montarse en el monstruo para descubrir los establos donde estaban los mitológicos caballos.
En la propia estación estaba don Guillermo Nanne, Superintendente del Ferrocarril en construcción, quien obsequió con un refresco al Gobernador de Alajuela don Salvador Lara, al Comandante de Plaza don Próspero Fernández, a don Manuel Sandoval, a don Manuel Escalante, a don Pío Pacheco, a don Florentino Montenegro, a los invitados especiales y parte del pueblo.
Durante la fiesta de aquel refresco, se pronunciaron varios discursos alusivos al acto y se lanzaban vivas al Presidente de la República don Tomás Guardia, al señor Nanne, al gigante de los carreteros Juan Solano y a Mr. Meiggs por su perseverancia e inteligencia desplegadas en pro de la empresa del Ferrocarril.
En la noche del mismo día, el Superintendente señor Nanne, obsequió a la sociedad y autoridades de Alajuela con un espléndido baile celebrado en el Salón Municipal; donde hubo más brindis y discursos, siendo los principales los cruzados entre el Gobernador Lara y el señor Nanne. Para aquel fastuoso baile social, fué invitado el Gigante de los Carreteros, Juan Solano, quien se presentó vistiendo un pantalón de panilla, chaquetón de jerga a cuadros, camisa muy blanca sin corbata y calzando unos zapatones hechos de cuero crudo y alrededor de su cintura aquella tradicional banda de seda púrpura.
Después de libar muchos tragos, el Gigante de los Carreteros, se decidió a bailar con una estimadísima dama de la sociedad alajuelense. Se trataba de un galop de gran moda en aquellos tiempos. Solano estuvo tan entusiasmado en su baile que las parejas tuvieron que dejar campo al entusiasta Gigante, porque quien no se protegía, estaba expuesto a ser atropellado por aquel bailarín o a recibir un empujón peligroso.
Mientras aquel baile se celebraba, el pueblo se divertía siguiendo las Bandas Militares que ejecutaban alegres piezas en su recorrido por todas las calles de Alajuela. Conozco una versión, pero no he podido encontrar documentos acerca de ella. Se dice que, desde el primer día que se encendió y sometió a presión aquella locomotora Limón, comenzó a pitar seguida y largamente, apagando las melodías de las Bandas Militares.
Hubo una mezcla de alegría y de terror, al primer pitazo de aquel monstruo de hierro y sobre todo cuando la válvula de seguridad comenzó a escapar. La multitud aturdida y aterrorizada corría a toda velocidad, atropellándose y dando gritos. El monstruo de hierro estaba enfurecido, y en sus entrañas, los caballos mitológicos que comían fuego saldrían para matar a cuanto prójimo estuviese a su alcance.
Muy pronto la locomotora Limón número uno, tuvo a su cargo el transporte de rieles y durmientes para el tendido de la línea férrea primitiva entre Alajuela y San José.
Referencia: Mora C., F. (27 de octubre de 1952). La primera locomotora tica: Apuntes históricos. La Prensa Libre, p. 16. https://www.sinabi.go.cr/ver/biblioteca%20digital/periodicos/la%20prensa%20libre/la%20prensa%20libre%201952/La%20Prensa%20Libre_27%20oct%201952_Parte3.pdf

Comments
Post a Comment