El valle de Vetka (Nicoya)

El valle de Vetka (Nicoya)

EI valle de Vetka es risueño, ancho y fértil: allí los limoneros se bañan, en la estación primaveral, con el oro de sus frutos; el mango parece ser más exquisito y dulce; el marañón ofrece su rico jugo tan agradable como la ambrosía de los dioses; la papaya, el plátano y el zapote tienen la bendición del trópico; los "chichiltotes" ofrecen cantos más melodiosos, los "güirigüires" ponen el acento de sus flautas para saludar la luz matinal, y hasta los "toledos" parece que encuentran nuevas danzas cuando bailotean en el ramaje florecido.

Cuenta la leyenda que Ixahualt, el hijo mayor de un cacique de Chiapas, huyó con Ixalt, la flor de aquel valle, y gran número de siervos hacia las tierras de los Quitchés. Hostilizados por estos indios siguieron hacia el Sur y en el valle de Choluteca fundaron una colonia que muy pronto provocó la envidia de sus vecinos; la valentía y destreza de los chiapanecos detuvo siempre el intento salvaje de los enemigos.

Una noche Ixalt dormía al amparo de su amante cuando, en sueños, vio un valle ancho plácido y fértil; contempló el desfile de cuarenta bailarinas y luego las exóticas danzas de éstas en el ancho Playón de un río, que muy cerca iba a abrazarse con el mar.

Cuando despertó dijo a Ixahualt: - Vamos, amor mío, al valle de mis sueños, a la tierra bella y tranquila donde el retumbo del mar es música constante.

Y siguieron hacia el Sur, hacia el Sur, hasta el valle de Vetka. Así comienza la historia de un pueblo que alcanzó un alto grado de civilización: que tuvo alfareros, marinos, agricultores y poetas; que tuvo sacerdotes, caciques y bailarinas; que, como los fenicios, fueron hasta los dominios de los Buricas para dejar por toda la tierra costarriqueña, el rastro de un pueblo culto, amoroso y sufrido.

El valle de Vetka fue el escenario de dulces amoríos, de luchas y contiendas de campeones; allí Nacaome, el bravo cacique de Chira, disputó con Tacani el amor de Nandayure; allí en una fiesta legendaria, comenzó la tragedia de Nosara y Curime: allí, soplaron vientos de epopeya, porque el pueblo Chorotega puso en cada motivo, idilio o tragedia, la nota altruista, noble y desinteresada.

El valle de Vetka es risueño, ancho y fértil; un riachuelo discurre tranquilamente retratando el follaje verde-oscuro de los "espabeles"; con sus aguas cristianizó Diego de Agüero, capellán de la expedición de Gil González Dávila, a los vasallos de Nambí; remontando el Nacaome y siguiendo el curso de este riachuelo los piratas saquearon e incendiaron la Nicoya primitiva, ese riachuelo habla de otros tiempos y de otros hombres, del choque de dos civilizaciones, de dos creencias, cuando el nativo y el conquistador se disputaron con la azagaya y el arcabuz el dominio de ese valle.

Vetka, rincón florido, tierra risueña, altar de dioses: el mar te ofrece el vellón de sus espumas, los pajarillos las sinfonías matinales y el más humilde de tus hijos te saluda con toda la fuerza del corazón.

Fuente:

Benharis, R. (1937). Garzaleida: cuadros, cuentos y leyendas, página 19. San José, Costa Rica.

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