EL VIRILLA, CAMINO DE LAS CARAVANAS QUE IBAN AL “PUERTO” Y GUARIDA DE SALTEADORES


EL VIRILLA, CAMINO DE LAS CARAVANAS QUE IBAN AL “PUERTO” Y GUARIDA DE SALTEADORES

En las épocas pre-coloniales sirvió de límite a los reinos huetares de oriente y occidente y en sus aguas azules bañaban sus cuerpos los indios cual si fuera en aguas sagradas.

FRAY MARTIN BONILLA PREDICÓ DESDE SUS MÁRGENES A LOS ABORIGENES EL EVANGELIO, MAS EL RIO SIGUIÓ SIENDO EL MISMO MISTERIOSO RÍO SAGRADO.

En las márgenes del Virilla se avistaron los “ligueros” confabulados contra don Braulio Carrillo.

El "Codo del Diablo" guarida de malhechores que asaltaban a los que iban y venían al "puerto". Un aspecto del cañón del río Virilla.— La mole que ofrece la foto corresponde a los que, en otros tiempos, fue el famoso puente del Virilla.

EL "CODO DE LA MUERTE", EL TETRICO SITIO DONDE TANTOS ASALTOS SE CONSUMARON EN EL SIGLO PASADO, VUELVE AHORA, QUE EL CAMINO ANTIGUO FUE ABANDONADO, A TENER SU MISMO PASADO TRISTE Y DESOLADO

El puente viejo desapareció llevado por una inundación no hace mucho tiempo; y no muy lejos de él se eleva el grandioso puente de acero que se ha convertido en el "Puente de los suicidas"


En los tiempos patriarcales, cuando el país comenzó a realizar su comercio por Caldera y luego por Puntarenas, el Virilla fue testigo de las inmensas caravanas de carretas que llevando nuestro café, también solían llevar a los viejos patriarcas y a sus familias hasta las costas del Pacífico anualmente.

—¡Vaya usted al Virilla…! Y la frase quedó suspensa. Quien la acababa de pronunciar, en cambio, era un rostro pleno de satisfacción. Por eso nos entraron deseos de conocer exactamente el origen de esta frase. Nos propusimos saber qué significaban esos términos que lo mismo la muchacha de La Uruca, como la vendedora de tortillas de Alajuelita y, hasta la chiquita bien que dice “machala” y arruga la boquita dibujada con “Tangee”, la pronuncian cuando algo les disgusta. Pero, ¿y el vendedor de pájaros que se sitúa los sábados en la esquina noroeste del templo de La Merced, no es también aficionado a pronunciarla?

—Apestemos lo que quiera que a un MACHO se lo ENTUCHO en treinta pesos. 

—Ah, pero no están tratando con machos sino con uno del país. 

—POS más por eso, don José… 

—Bien. ¿Cuál es el último precio? 

—Dos con seis, perdiendo yo. 

—No. Dos pesos te doy, saliendo yo CHAMARRIAO. 

—A las… ¡VAYUSTE AL VIRILLA! ¿Me cree loro?, con lo que hay que FREGASE en la mera montaña por horas DIORAS. ¡USTE cree que yo a DALO uno por cualquier VAINA? De veras que ustedes los de aquí pasan de vivos…? 

—¿En qué quedamos entonces?; vine para que me vendieras el pájaro o para recibir una reprimenda? 

—USTE PERDONE; pero lo que es A YO NO me majan los talones los levas. 

—Serénate. Si la cosa no es para tanto. 

—Unjú, don José, tiene USTE razón. Se lo doy por lo que USTE me dice. Entre USTE Y MI NO DEBEN HABER VAINAS. Somos buenos marchantes. ¡Qué caray!

Pero a todo esto, se preguntará el lector… ¿Qué quiere decir “Vaya usted al Virilla”? La expresión de suyo gráfica, un poco fuerte, por no decir que mucho, muévenos a escribir esta crónica.


EL VIRILLA A TRAVÉS DE LA HISTORIA

El Río Virilla está íntimamente ligado a la historia del país. Las tribus aborígenes que habitaron la región central del país teníanlo por límite natural. Sus hondas cañadas, sus “pasos” difíciles, todo en fin, lo indicaba como una frontera natural. Era una especie de foso enorme trabajado por la mano omnipotente de la Naturaleza. Al fondo del cauce en muchas partes cortado a pico, discurrían plácidas las aguas que eran manantial de salud, donde, por otra parte, bañaban sus cuerpos los indios cual si fuera en las aguas sagradas de los ríos orientales. A través de la historia este río viene señalándose por los muchos hechos en sus vegas o en sus aguas ocurridos.


LOS INDIOS HUETARES

El reino huetar estaba dividido en dos grandes porciones. El reino huetar de oriente y el reino huetar de occidente. El Virilla era la división de ambos reinos. En sus orillas se han encontrado grandes cementerios. No muy lejos del río, en el poblado de Cinco Esquinas, no hace muchos años encontráronse vestigios claros de lo que llegó a ser la civilización huetar, pueblo que encontró una divinidad que era su Dios de la noche y del día. Fray Martín de Bonilla en 1562 predica a los indios del reino huetar de oriente la esencia del cristianismo. Sin embargo, el río Virilla sigue siendo para las tribus que fueron creciendo a sus orillas, a manera del Nilo para los antiguos egipcios.


LA GUERRA DE LA LIGA

Los españoles del siglo XVII y de la siguiente centuria, traspasaron las aguas azulejas del Virilla para fundar las poblaciones de Barba, Villa Vieja de Cubujuquí y otras más que fueron creciendo con el tiempo haciéndose a la vez, madres de otras no pocas poblaciones que con el tiempo llegaron a pesar grandemente en la historia del país. Llegada la independencia, la que nos vino por carambola, el Virilla no fue olvidado. Antes bien. Su importancia fue creciendo. A sus veras se alzó la población de San Juan, en el llano del Murciélago, donde Carrillo quiso fijar la capital. A las veras del Virilla se estacionaron los ejércitos que pretendieron derrocar el régimen de don Braulio. Cartagos y heredianos bien se entendieron y se confabularon para hacer la revuelta. Pero josefinos y alajuelenses no se anduvieron por las ramas y se aprestaron a respaldar al “Sapo de losa”. Fue así como el Virilla echó a su platillo un hecho más de la historia del país.


SITIO DE ASALTOS

Pero también arranca de ese lejano entonces, la época de los asaltos y de los “espantos” y entonces, el Virilla con su tétrico “paso”, donde se escondían los salteadores y ladrones, y no dejaban a nadie con vida o si lo dejaban lo era tras de robarle los soles, echarle pimienta en los ojos y dejarlo con un brazo menos, como recuerdo quizás de su intento de pasar por ese sitio, se convirtió en el sitio proverbial para los robos. De ahí el origen del término: “Vaya Ud. al Virilla”.


DE LA EPOCA FELIZ DEL PATRIARCADO

Cuando los abuelos eran gentes que tenían a su disposición muchos cientos de doblones; cuando los ESCUDOS eran moneda corriente juntamente con las CRUCILLAS, los CUARTOS, las ONZAS y toda la gama de monedas que nos dejó la colonia, corrían por miles en los patriarcales tiempos del siglo pasado, solían las familias ricas de la Meseta Central ir a realizar su viaje anual, en la clásica carreta, a las playas del Pacífico. Caldera, fue sitio escogido por muchos años. La preciosa ensenada de Tivives fue la predilecta de los costarricenses de principios del siglo XIX.

Era de ver en el decurso de los años preciosos del pasado siglo, tan llenos de motivos evocadores, de gloriosas gestas en que el patriotismo se exalta y el alma se eleva, y en el que se estructuró también nuestra economía nacional, cómo al entrar el verano, bajo los caliginosos soles de enero, y durante los otros meses siguientes, salían de Cartago y de San José, de Heredia y de Alajuela, las grandes caravanas de carretas llevando a las familias de esas ciudades y de los pueblos vecinos hacia las costas hermosísimas de nuestro litoral. No había costarricense que no pensara en ese viaje. Allí las lindas jovencitas que durante todo el año pasaban consagradas a los menesteres del hogar y al culto de las bellas virtudes, pensaban como en la realización de un sueño, en su feliz viaje a las costas de occidente. Y pensaban grandes y chicos, en los clásicos SESTEOS, bajo la sombra de los mangos inmensos, el paso por “La Garita”, las bajadas de Río Grande, el paso del Monte del Aguacate, la llegada a la villa del Espíritu Santo de ESPARZA, y finalmente, la vista del mar inconmensurable, cuyas aguas eran de cuando en vez, surcadas por las naves que traían de Panamá y de Perú y de California, las preciadas riquezas que recibían nuestros viejos de antaño, a cambio de los sacos de café finísimo que exportaban.

De esa época feliz del patriarcado que viene a cada instante con la fuerza de los hechos que se escaparon para no volver jamás, data también el temor al paso por el Virilla.


EL VETUSTO PUENTE DE ARCO

El viejo puente situado en la parte más honda del curso del río, en la carretera nacional, construido en piedra; mole inmensa de sillares, cuyos arcos de cuando en vez, cuando las correntadas eran muy grandes, se cubrían de agua que daba con fuerza en los bastiones queriéndolos derribar, era obligado escape por quienes se arriesgaban por ese camino.


PERO ANTES...

Pero antes de llegar al puente, era donde estaba el peligro; era donde los pelos se ponían de punta y ni por nada de este mundo, más de una persona se atrevía a pasar sola a las 5 de la tarde, demos por caso.


EL “CODO” DE LA MUERTE

Unos cuantos cientos de brazas, antes de llegar al puente, bordeando el enorme precipicio, quien fuera a caballo, a pie o en carreta, las curvas se van sucediendo. La pendiente es precipitada. Demasiado fuerte. Las vueltas y revueltas numerosas. Aquel camino que va como embutido en la espesa maraña, no podía ser más tétrico en aquellos lejanos tiempos de mitad de la pasada centuria. Quien entraba a esa parte, tenía antes que ponerse bien con Dios. Lo menos que podía sucederle al viajero era que lo esperaran y le asaltaran de entre aquellos matorrales inmensos. Las aguas iban destilando de la altura e iban carcomiendo el camino. Formándose profundos baches que dificultaban la marcha, y era pues, el tenebroso paso del CODO DE LA MUERTE, lo más terrible que se pueda imaginar.


MIL Y UNA LEYENDAS

Los terribles asaltos en despoblado fuéronse haciendo proverbiales en el Virilla. Nadie se animaba, a no ser en un gesto de valor espectacular realmente aventurarse por las noches, sólo por ese camino. Cuando no eran los pistoleros y foragidos que lanzaban pimienta a los ojos, o si no, sal y otras sustancias, eran los “espantos”. Numerosas leyendas surgieron. Todo el mundo que había pasado por ahí, tenía algo que contar y por las noches, cuando el frío comenzaba a clavar sus puñales y era necesario seguir la tertulia cerca de los inmensos FOGONES, los carreteros, los boyeros, los arrieros de ganado, los comerciantes, y los güilas que se aventuraban por ahí en busca de güisaros, guayabas y otras frutas, contaban cuanto les había acontecido.


Y ANDANDO EL TIEMPO

Fueron pasando los años y se llegó al presente siglo. El Virilla siguió siendo el sitio fatal de los encuentros y de los altercados. Más de una cuenta fue saldada en el “Codo de la Muerte”; más de una puñalada fue dada por manos invisibles ahí; más de una fortuna se perdió para siempre, hurtada cuando el confiado comerciante pasaba con su caballo casi a galope, pero llevando pegada a la albarda, la montura donde iban los cientos de soles que había logrado en la realización de sus negocios. Andando el tiempo, sin embargo, las cosas fueron cambiando y ya las autoridades comenzaron a preocuparse por hacer algo por resguardar a los ciudadanos que por allí tenían forzosamente que transitar.


EL PUENTE DE DON ALFREDO

Fue en tiempos de la administración del Lic. González Víquez cuando se macadamizó ese camino. De entonces para acá el aspecto tétrico y sombrío del “Codo de la Muerte” fue transformándose. Los autos iluminaban por las noches, con enormes reflectores, la soledad del paisaje. Sin embargo, los peligros no dejaron de existir. Y siempre resultaba bueno y prudente ponerse bien con Dios.


PERO EL CAMINO VIEJO FUE ABANDONADO

Cuando en la administración González Víquez se procedió a construir la carretera pavimentada a Heredia, fue construido un enorme puente de hierro en sitio no muy lejano al donde se hallaba el puente viejo. Las necesidades de la vida moderna, hicieron que el nuevo puente se construyera con todo lo que aconseja la técnica y así hoy puede verse como una muestra patente de lo que ha ido adelantando el país en los últimos años en la materia. El camino viejo ha sido abandonado. Hoy está casi perdido.

Grandes covachas se han taladrado en la roca arenosa para extraer la piedra y las arenas de magníficas calidades que son ocupadas en multitud de obras de fomento. El aspecto siniestro del Codo de la muerte pareciera volverse a presentar. Cuando nos aventuramos por el viejo camino, llegó un momento en el que el auto no pudo continuar. Entonces echamos pie a tierra y seguimos saltando barriales y haciendo prodigios de equilibrio para llegar hasta donde se hallaba el puente, pero unos cincuenta metros antes de llegar, encontramos que el camino terminaba. Una cerca de alambre de púas limitaba un nuevo dominio, una nueva propiedad que se extendía hasta el puente.


PERO EL PUENTE YA NO EXISTE

Ya no existe el puente, fue la primera y única frase que nos dijimos cuando de primeros llegamos hasta los mismos basamentos del antiguo puente. Encontramos que, en efecto, no se descubrían más que los bastiones y el arranque del arco de medio punto. Una enorme mole yacía sentada y semisumergida en las aguas que ya comienzan a llenarse de las miasmas despedidas por la broza y las mieles del café. Sufrimos un poco de desilusión. Nos hubiera gustado encontrar el arco que por más de un siglo existió allí sostenido como por milagro. Nadie se dio cuenta cuando cayó. Este fue otro descubrimiento reporteril. Y esto, después de todo, nos reconfortó. Habíamos encontrado una noticia, que, como quiera que sea, ya era mucho encontrar tras de habernos llenado de mozotes y de haber sido pasto de las hormigas COLORADAS que allí existen.


EL PUENTE DE LOS SUICIDAS

Pero el moderno romanticismo ha hecho que el nuevo puente tan alto y tan hermoso, se convierta en el PUENTE DE LOS SUICIDAS. Son muy recientes los casos registrados para que nos pongamos a recordarlos. Quien se halla aburrido de la vida, opta por trasladarse al Virilla. No piensa mucho en lo que va a hacer. La altura que marea, lo invita a lanzarse desde las barandillas de acero, dar un salto mortal, y dejar que las aguas del río recojan el cuerpo que al chocar contra las piedras del fondo se habrá hecho pasta informe. Y así el puente de los suicidas, es un motivo más, o un capítulo más que añade a su ya larga historia, el “paso” del Virilla en la carretera nacional.


Referencia: El Virilla, camino de las caravanas que iban al "Puerto" y guarida de salteadores. (18 de diciembre de 1938). El Virilla, camino de las caravanas que iban al "Puerto" y guarida de salteadores. La Tribuna, pp. 29, 36. https://www.sinabi.go.cr/ver//biblioteca%20digital/periodicos/la%20tribuna/la%20tribuna%201938/lrd-18%20de%20diciembre.pdf

Comments

Popular posts from this blog

El Credo Costarricense

Los gritos de la montaña

La Yarca