Juguemos escondido

Ilustrador: Marco Campos Acuña.


Juguemos escondido



Shirley Badilla


Pueblo Nuevo de Limón


Ocurrió en el barrio Pueblo Nuevo de Limón. Mi abuela siempre nos regañaba por jugar escondido de noche, pero a mis tías y a mí nos encantaba. Una noche en particular, yo me escondí en el jardín de la casa de mi abuela, que era de basas, y por debajo veía a la tía que le tocaba buscar y encontrar a cada uno. De pronto escucho la voz de una de mi tía Ángela diciéndome:

—¡Psss! Venga para acá.

Yo, que solo veía sus ojos, respondí: —¡Venga usted!

Y en eso escucho: —¡Punto Angela!

Yo riendo le dije a quién creía que era mi tía:

—¡No salga, dice eso para que usted salga del escondite!

De repente, veo, por debajo de las basas, a mi tía Ángela salir a agruparse con los que ya habían sido encontrados.

Asustada volví a ver aquellos ojos y ya no eran los mismos, parecían dos brazas ardientes y rojas. Un escalofrío me recorrió el cuerpo y salí huyendo hacia donde estaban las demás, quienes me preguntaron por qué había salido cuando nadie sabía dónde estaba escondida, así que les conté lo ocurrido.

Mi abuela nos regañó por desobedecer y fue la última vez que jugué escondido. Tenía 7 años. Ahora no permito que mis hijos participen en esos juegos.

¿Qué fue aquello? Hasta hoy no sé si fue el Cadejos, un duende o qué.


Referencia: Badilla, Shirley. 2016. «Juguemos escondido». En Crónicas de lo oculto: Relatos de espantos y leyendas de Costa Rica, editado por Roberto Saravia y Pablo Delgado, 34-35. San José: Editorial Clubdelibros.

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