Tkabë̀köl
Tkabë̀köl
Tkabëköl es una gigantesca serpiente sobrenatural enviada por Sibö para castigar el incesto, entendido entre los pueblos bribris y cabécares principalmente como las relaciones sexuales entre personas del mismo clan, aun cuando no exista parentesco de sangre (Bozzoli, Cubero y Constenla 1983, 25–27; Vargas y Sánchez 1992, 43–45).
En algunas tradiciones también se le conocía como Dlù (Dulù). Varias fuentes la sitúan debajo de donde nace el sol, mientras que otras indican que bajaba del cielo y permanecía en grandes lagunas, ríos y pozas, desde donde acechaba a sus víctimas. Asimismo, diversas narraciones identifican a Tkabëköl con el arco iris, e incluso algunas tradiciones asocian el nombre Dlù tanto con el arco iris como con la luna llena (Bozzoli 1977, 189; Jara, García Segura y Sánchez Avendaño 2003, 219–220; Vargas y Sánchez 1992, 34–35).
Su aspecto varía según la tradición. Generalmente se describe como una serpiente colosal con una piel tan resistente que parecía hecha de hule. Algunas versiones le atribuyen cuatro barbas o tentáculos, con los cuales inmovilizaba a sus víctimas; otras mencionan dos antenas largas y pegajosas; mientras que una tradición cabécar la describe además cubierta de plumas y con cachos en la cabeza (Bozzoli, Cubero y Constenla 1983, 25–27; Sánchez y Mayorga 1994, 71–73; Margery Peña 1989, 307).
Las fuentes conservan dos tradiciones distintas sobre su origen. En la tradición bribri, Sibö la trajo, junto con otros seres castigadores, desde el mundo subterráneo para castigar a quienes violaban las normas matrimoniales establecidas por él (Bozzoli, Cubero y Constenla 1983, 25–27). En cambio, una tradición cabécar afirma que originalmente fue una mujer que convivió incestuosamente con su hermano; como castigo, Sibö la transformó en Tkabëköl y convirtió a su hermano en el gigantesco lagarto Talók, condenándolos a ambos a devorar para siempre a quienes cometieran el mismo pecado (Margery Peña 1989, 292, 307).
Cuando encontraba a un culpable, podía actuar de distintas maneras según la versión del relato. Algunas narraciones cuentan que descendía del cielo y aguardaba en las grandes lagunas; otras dicen que rodeaba completamente el palenque antes de introducir la cabeza para capturar a la persona buscada. Una vez atrapada la víctima, la inmovilizaba con sus tentáculos o antenas, se erguía hasta alcanzar una enorme altura y la mantenía con vida durante cuatro días, haciéndola sufrir antes de desaparecer con ella en el firmamento. Después dejaba caer el esqueleto de la víctima en el patio de su casa; otra versión afirma que únicamente devolvía los órganos genitales, depositándolos en el umbral de la vivienda. En una de las tradiciones, primero se llevaba a la mujer y ocho días después regresaba por el hombre (Bozzoli, Cubero y Constenla 1983, 25–27; Sánchez y Mayorga 1994, 71–73).
Al igual que los demás seres castigadores enviados por Sibö, Tkabëköl recibía información de la bejuquilla (Oxybelis), utilizada por Sibö como espía para señalar a quienes habían cometido incesto (Bozzoli, Cubero y Constenla 1983, 26–27).
Era prácticamente invulnerable. Su piel no podía ser cortada ni siquiera con un hacha y, cuando alguien conseguía herirla, la herida se cerraba inmediatamente al retirar el filo, haciendo inútil cualquier intento de matarla (Bozzoli, Cubero y Constenla 1983, 25–27).
En algunas narraciones aparece formando parte del grupo de seres sobrenaturales perseguidos por TLa' o Kikílma̱, el Señor del Trueno, quien durante los ventarrones los abatía con las piedras que disparaba con su cerbatana y luego se los comía, actuando como protector de la humanidad (Morales 1984, 31–32).
Las tradiciones también difieren respecto a su desaparición. En una versión, Sibö decidió destruirla al comprender que, si continuaba devorando personas, la humanidad terminaría por extinguirse (Bozzoli 1977, 189). En otra, un grupo de indígenas acudió a los Usëkölpa (sumos sacerdotes), quienes aceptaron eliminar a Tkabëköl y a los demás seres castigadores después de que la comunidad cumpliera un mes de ayuno y abstinencia ritual (btsök).
Mediante sus ceremonias lograron devolverlos al mundo subterráneo, razón por la cual ya no vuelven a aparecer (Bozzoli, Cubero y Constenla 1983, 25–27; Sánchez y Mayorga 1994, 71–73).
Notas
En las tradiciones bribris y cabécares el incesto comprende principalmente las relaciones sexuales entre personas pertenecientes al mismo clan, aun cuando no exista parentesco biológico (Bozzoli, Cubero y Constenla 1983; Vargas y Sánchez 1992).
Para una explicación detallada de los Usëkölpa, véase la publicación correspondiente sobre los cargos tradicionales bribris.
Referencias:
Bonatti, Javier. “Una interpretación etnoastronómica y etnobiológica del mito de la mujer que se convirtió en mar.” In Primer Congreso Científico sobre Pueblos Indígenas de Costa Rica y sus fronteras: Memoria, compilado por María Eugenia Bozzoli, Ramiro Barrantes, Dinorah Obando y Mirna Rojas, 61-72. Costa Rica: Editorial Universidad Estatal a Distancia, 1998.
Bozzoli de Wille, María Eugenia. 1977. «Narraciones bribris». Vínculos. Revista de Antropología del Museo Nacional de Costa Rica 2, n.º 2: 165–199.
Bozzoli de Willie, María Eugenia, Carmen M. Cubero Venegas y Adolfo Constenla Umaña, eds. Tradición oral indígena costarricense. Vol. 1, no. 3. San José: Vicerrectoría de Acción Social, Escuela de Antropología y Sociología, Universidad de Costa Rica, 1983.
Margery Peña, Enrique. Diccionario cabécar-español, español-cabécar. Costa Rica: Editorial de la Universidad de Costa Rica, 1989.
Morales, Albir. “Las piedras redondas.” En Tradición Oral Indígena Costarricense, editado por María Eugenia Bozzoli de Wille y Carmen Murillo Chaverri. Vol. II, Año II, Nos. 1-2, 31. San José: Vicerrectoría de Acción Social, Escuela de Antropología y Sociología, Departamento de Antropología, Universidad de Costa Rica, 1984.
Sánchez, Juanita y Gloria Mayorga. SE’ SIWA’ – Nuestras tradiciones. Costumbres y tradiciones bribri. Texto en bribri y español. Leyendas recopiladas por las Srtas. Juanita Sánchez y Gloria Mayorga. San José, Costa Rica: Comisión Costarricense de Cooperación con la UNESCO / Comité de Educación, julio de 1994.
Vargas, Juan, y Juana Sánchez. «El indígena tiene su propia historia». En Vías de extinción/Vías de supervivencia: Testimonios del pueblo indígena de la Reserva KëköLdi, Costa Rica, editado por Paula Palmer, Juana Sánchez y Gloria Mayorga. San José: Editorial de la Universidad de Costa Rica, 1992.
Tkabëköl
Gran serpiente que castiga el incesto. TOIC3-52. VINC 2-189. Tenía cuatro tentáculos con los que rodeaba a la víctima hasta inmovilizarla; luego se erguía hasta alcanzar una gran altura. Cuando alguien le daba de hachazos, al sacar la hacha de su cuerpo, la herida se le cerraba inmediatamente, por lo tanto nadie podía hacerle absolutamente nada. Hacía sufrir a su prisionero durante cuatro días consecutivos y después desaparecía con él en la inmensidad del firmamento. Cuatro días después, dejaba caer el esqueleto en el patio de la casa, para que lo vieran sus familiares. Fue eliminada por los sumos sacerdotes (usëkölpa). TOIC3-25. Tenía dos antenas larguísimas y pegajosas con las cuales era capaz de atrapar a los que habían cometido incesto. Era inútil defender a la persona atrapada, porque la piel de este animal era como hule grueso que ni con el hacha se podía cortar. Primero se llevaba a la mujer y a los ocho días regresaba para llevarse al hombre. Después de cuatro días lo único que regresaba, tanto de la mujer como del hombre, eran los órganos genitales, que dejaba en el umbral de la puerta. Este monstruo desapareció gracias a las curaciones de los sacerdotes y al ayuno de un mes que guardaron los indígenas. SCTB-71-3. Serpiente gigantesca que castigaba a los indígenas que tenían relaciones sexuales con personas de un mismo clan. Bajaba del cielo, buscaba las grandes lagunas y ahí se mantenía. Este animal, enviado por Sibö, sabía cuáles personas habían desobedecido y no pasaban ni ocho días cuando este monstruo se las llevaba. Es también el arco iris (shkaba’). VEVS-35,44 (Jara, García Segura y Sánchez Avendaño 2003, 219-220).
Referencia: Jara, Carla Victoria, Alí García Segura y Carlos Sánchez Avendaño. Diccionario de mitología bribri. Costa Rica: Editorial de la Universidad de Costa Rica, 2003.
Por el incesto
Una persona se juntó con su hermana. Por su desobediencia una culebra se la comería. Cuando esa persona oyó caer un pataste o un aguacate él corrió a juntar ese fruto, pero al llegar al sitio él no encontró lo que iba a buscar. Al instante una serpiente tkbëköL lo rodeó; por eso no es bueno juntarse con una hermana, porque esta culebra nos puede comer. En aquel tiempo se conocía con dos nombes: tkbëköL y dLù.
La persona que fue rodeada por esa serpiente gritó y llamó mucho, pero nadie llegó a salvarla. Entonces, esa culebra la mordió y se la llevó al espacio. Allí se comió al hombre. Esto ocurrió muchas veces, igual como lo hizo el gran gavilán.
Sin tardar mucho Dios se dijo: —Si este animal sigue comiendo la gente entonces la humanidad se terminará. Decidió matar a esta culebra y lo hizo (Bozzoli 1977, 189).
Referencia: Bozzoli de Wille, María Eugenia. 1977. «Narraciones bribris». Vínculos. Revista de Antropología del Museo Nacional de Costa Rica 2, n.º 2: 165–199.
El incesto
Cuando Sibö̀ creó este mundo, a todos los seres humanos él los tenía guardados en forma de "semilla". Después nos distribuyó en "clanes" por eso pertenecemos a diferentes clanes.
Así por ejemplo, existen clanes como "Tûbölwak", "Kòljkwak", etc..
En ese tiempo Sibö̀ estableció que teníamos que casarnos con quienes fueran nuestras "parejas".
Pero mucho tiempo después, se olvidaron de las palabras de Sibö̀ y mucha gente comenzó a hacer maldades llegando al extremo de cometer incestos entre familiares y parientes.
Por eso Sibö̀ mandó "bichos" malos para que se comieran a esta gente.
De un mundo subterráneo Sibö̀ trajo a estas criaturas para que castigara a toda persona que cometiera este acto.
Así envió una "sierpe" para que comiera gente. Era como una serpiente pero enorme y tenía cuatro barbas o tentáculos con los cuales apresaba a sus víctimas.
Cuando atrapa a una persona le rodea el cuerpo fuertemente con sus tentáculos hasta inmovilizarlo. Luego se erguía recto, recto siempre con su víctima hasta alcanzar una gran altura.
Sibö̀ quería que aquella persona sufriera y por eso la serpiente no mataba a su prisionero inmediatamente. Y desde allá arriba gritaba la víctima: "Aayyy, bájeme, maten a este bicho, sálvenme..."
Cuando alguien le daba de hachazos, al sacar el hacha de su cuerpo, la herida se le cerraba inmediatamente por lo tanto nadie le podía hacer absolutamente nada.
De esa manera él hacía sufrir a su prisionero durante cuatro días consecutivos y después desaparecía con él en la inmensidad del firmamento donde no alcanza la vista humana.
Cuatro días después él dejaba caer el esqueleto de su víctima en el patio de la casa de donde era éste para que lo vieran sus familiares. Así ese bicho se comía a la gente.
El "Shakíbök" o "lamprea gigante" también comió gente. Ese también era una culebra enorme, pero éste tenía la trompa muy gomosa o pegajosa con la cual atrapaba a sus víctimas por la espalda. Vivía en los ríos. Cuando hay personas, de las que han cometido incesto, bañándose en los ríos, él llega por ellos. El sabe quién lo ha hecho y por eso busca a esa persona.
Atrapaba a estas personas y luego lo llevaba hasta la mitad de alguna poza enorme y allí se quedaba sosteniéndolo por la espalda con su inmensa trompa. Allí lo hacía sufrir como igualmente lo hacía la sierpe.
Luego se comía la porción de cuerpo que cubría con su pegajosa trompa y de ese modo le succionaba la sangre.
Así era como se comía ese animal a la gente.
El "Yawi" o "cangrejo gigante" comió gente por los mismos motivos.
Ese también vivía en los ríos igual que la lamprea. Cogía a su víctima por la mitad del cuerpo con sus tenazas y luego se "posaba" en la mitad del río para hacerle sufrir. Y desde ahí gritaba aquel infeliz: "Heeeyy defiéndanme, maten a este animal, háganle algo...".
Por más que gritaba la persona, nadie le podía ayudar. Nadie podía matarlo, era tan grande que parecía una enorme piedra y por eso nadie podía hacerle nada.
Así también el "lagarto" comía gente. Este se comía a las personas de un solo golpe. Este mordía a su víctima, de inmediato se lo traga y uno no lo volvía a ver. Todos estos bichos malos vivían y se comían a las personas en los ríos.
Cuentan que también el "kétali" o escorpión comía gente en los ríos. Sibö̀ lo usaba como mensajero para avisarle a los demás "bichos" sobre de quiénes cometían actos incestuosos con sus familiares.
Cuando el escorpión quería comer gente, acechaba a sus víctimas en los ríos.
Y cuando alguien se metía al agua a bañarse, sentía algo así como un aire frío que le penetraba y que se le subía por dentro pero que en realidad no era aire. Era el escorpión que se le introducía al cuerpo, luego comenzaba a comerse el corazón de su víctima hasta darle muerte.
También Sibö̀ usó a la bejuquilla como espía para darles informaciones a los demás bichos.
Así, los "kò" o "gusanitos de fuego" también mataban gente. Esos bichos le caían a las personas del aire, como lluvia. Al caerle a las personas se introducían dentro de su piel hasta llegar a su corazón y así finalmente lo mataban.
Caían muchísimos bichos de esos sobre la persona y por eso lo eliminaban inmediatamente. En poco tiempo le perforaban la piel y por eso rápido lo mataban. Así era que esos bichos mataban a las personas.
Y cuando una mujer que ha cometido estos actos no muere en alguna de las formas mencionada, siempre muere, pero en otra forma.
Entonces sucede que cuando ella se casa con algún hombre y va a tener su primer hijo ella no logra "mejorarse" normalmente y así sufre mucho hasta morir en esas dolorosas condiciones.
Así durante muchos años estos bichos comieron gente y hasta que un día un grupo de señores decidieron ir donde los "úsêkölpa" o "sumos sacerdotes" para pedirles que exterminaran esas criaturas. Incluso les pagaron y por eso accedieron. Pero si ellos no lo hubieran hecho indudablemente no existiríamos en este mundo.
Pero gracias a nuestros sacerdotes, quienes los envió nuevamente al mundo subterráneo de donde eran y por eso nosotros hoy en día ya no los vemos.
Y precisamente, por eso ahora existen muchas personas que cometen incestos y no tienen miedo de nada; pero si fuera como en aquellos tiempos, indudablemente, no lo harían (Bozzoli de Willie, Cubero Venegas y Constenla Umaña 1983, 25-27).
Referencia: Bozzoli de Willie, María Eugenia, Carmen M. Cubero Venegas y Adolfo Constenla Umaña, eds. Tradición oral indígena costarricense. Vol. 1, no. 3. San José: Vicerrectoría de Acción Social, Escuela de Antropología y Sociología, Universidad de Costa Rica, 1983.
LAS PIEDRAS REDONDAS
Narrador: Albir Morales
Recolector: Dra. María Eugenia de Wille
Junio 1984.
Las piedras redondas como las bolas, tienen historia. Son las bolas de la cerbatana de TLa’ (Tará).
Del mismo modo que los bribis, para cazar con cerbatana hacen unas bolitas de barro, muy duras, que se soplan por el cañón de la cerbatana, así TLa’ hace esas bolas de piedra y las tira del cielo hacia abajo. Las bolitas de barro se llaman /skämököL /. Las centellas / aLáwö / son / skämököL / de TLa’.
TLa’ es el dueño del trueno. Es un gran cazador y anda con cerbatana. Cuando se oyen ventarrones es que andan diablos afuera: BëKëKöL (Jefe de diablos), Itso’ (Tulevieja); TKbëköL (Gran serpiente que castiga el incesto); Aknamã (cualquier diablo). A estos TLa’ los mata con esas bolas y se los come.
TLa’ nos protege (Morales 1984, 32).
Referencia: Morales, Albir. “Las piedras redondas.” En Tradición Oral Indígena Costarricense, editado por María Eugenia Bozzoli de Wille y Carmen Murillo Chaverri. Vol. II, Año II, Nos. 1-2, 31. San José: Vicerrectoría de Acción Social, Escuela de Antropología y Sociología, Departamento de Antropología, Universidad de Costa Rica, 1984.
INTERPRETACIÓN ETNOASTRONÓMICA
Cuando llega /tsaitmi/, la Mar, la lluvia (Bozzoli, 1977:176) llegan los primeros aguaceros y comienza la estación lluviosa en el Pacífico sur. Esta fecha la podemos fijar a mediados de abril, entre el 10 y el 20.
“Lluvia es una señora con cabello largo y grande. Lo mantiene enrollado” y por eso cuando llueve las Etnias Bribri y Cabécar hablan de la mujer Mar se soltó el cabello (Bozzoli, 1982). En los bastones de curación representan al agua como los cabellos sueltos y largos de una mujer.
Esto queda muy claro cuando se dice: “...Dios le contestó que él le daría cuatro paquetes de /muLa/: son polvo de hormiga pequeña, negrita; polvo de la hormiga /kóswak/ que tiene nido como el del comején, son grandes, color café; y dos celestitos de agua de lluvia. Eso es para que lleguéis allá; entonces sueltas un paquetito de gotas de agua, esto es para que rellenes de agua, así haces sucesivamente con los demás paquetitos para pretexto, así podrás llegar adonde /shuLékma/” (Bozzoli, 1979:194).
El /awál/ del mito se encuentra en ayuno, abstinencia y reclusión /btsök/ (Bozzoli, 1977:169), por ello no puede tener relaciones sexuales.
La mujer agua lo tienta cuatro veces hasta que el /awál/ decide prestarle su bastón para ir a hacer una necesidad, es decir, tener ese tipo de relaciones. La condición, que impone el /awál/ a Mar, para prestarle el bastón es que no debe alejarse del bastón /ajkëköl/. Este bastón del /awál/ o del /bikakLa/, llamado palo cacique, se hacía según Pittier, de la Eugenia lepidota (Bozzoli, 1977:115).
Este bastón, que en algunos versiones resulta ser /kulél/ (el bastón o cordón umbilical de /sibö/), es representado por estas Etnias, etnoastronómicamente hablando, por la espada de Orión.
La mujer queda embarazada, como resultado del apareamiento cósmico con el celestial /awál/, pero como la relación tuvo lugar durante el ayuno, es castigada y muere dando a luz.
La forma en que muere a causa de una mordedura de serpiente es muy importante.
Según la creencia de algunos pueblos de la Costa Atlántica Centroamericana “ataca especialmente a las mujeres en cinta” (Conzemius, 1984). Encontramos en la literatura que se trata de una terciopelo (Bozzoli, 1979:197) o de una Boa, pero a esta “se le atribuye el poseer un poco de veneno en sus colmillos, los que descarga muy de mañana, hora en que su mordedura debe considerarse fatal” (Conzemius, 1984). Esto no se ajusta al relato ya que la ida de Mar a hacer una necesidad ocurre durante la noche. La zumbadora por otro lado “se torna salvaje en ciertas épocas del año, cuando su mordedura llega a ser fatal” (Conzemius, 1984). Estas épocas son probablemente las de reproducción, en las cuales ponen los huevos que nacen con las primeras lluvias, cuando sobra el alimento (José Manuel Mora, comunicación personal, 1995)
En apoyo de nuestra tesis leemos: “...entonces ella fue a buscarlo, esa serpiente se le tiró encima, la mordió; hasta cuatro veces y ella murió”. Este es un comportamiento típico de una Pilotess.
Dicen que si alguien la molesta optará por perseguir a la persona y enrollándose en su propio cuerpo la azotará con la cola.
Los Spilotes son culebras grandes, esbeltas y de costumbres arborícolas. La cabeza grande, con ojos notables y pupilas redondas; hocico truncado. El cuerpo es alargado y comprimido lateralmente; cola más o menos larga y puntiaguda. El Spilotes pullatus pullatus abarca en su distribución desde Costa Rica hasta Argentina; Trinidad y Tobago. La coloración de esta culebra consta de bandas transversales negras y blancas o amarillentas. El vientre también tiene bandas y la cabeza posee manchas negras y blancas. Esta culebra es muy común y llama mucho la atención por su coloración. Vive como hemos dicho entre las ramas de los árboles y se desplaza a gran velocidad, pudiendo inclusive, saltar al vacío en los barrancos. Alcanza a medir tres metros de longitud y se alimenta de roedores, etc. (Lancini, 1986).
La cascabel muda es otra de las posibilidades que aún debemos estudiar.
Cuando muere la mujer lluvia comienza el primer ventarrón. Este período de disminución de las lluvias es mucho más marcado en el Valle Central y el Pacífico sur en donde se le conoce como Veranillo de San Juan, encontrándose entre el 20 y el 25 de junio. Especialmente en el día de San Juan, 23 de junio (Coen, 1973:135).
La galaxia, como una gran mancha lechosa derramada sobre el horizonte, es la mejor imagen astral del vientre aumentado de Mar.
Entonces Dios ordenó a la Semilla que hicieran fiesta en honor de /tsaitmi/, cada vez que lloviera mandarían a buscar un /óköm/, /tsiru’óköb/, /bikakLa/, y también mandar a pedir chicha, y hojas a los parientes, para la celebración (Bozzoli, 1979:195).
Se dejan los sapos cuidando sobre el vientre, pero les da hambre y al ver pasar un insecto saltan para comerlo. Aproximadamente el 15 de mayo, día de San Isidro comienza a llover. Para esta época revientan las moscas. Mientras que, según un campesino de Escazú, los sapos aparecen por ahí de Junio o Julio (Juan León, Comunicación privada).
El hecho de que aparezcan sapos en el relato no es ocasional. Como encontramos en el Museo del Oro de Colombia en Bogotá: “En medio, en la tierra de los hombres está el sapo, representación de la sexualidad femenina...”.
Debemos recordar que las indígenas no tienen vello púbico, de ahí la analogía del órgano sexual femenino con el sapo. Para confirmar esta interpretación nos dice Cupertino Fernández (Bozzoli, 1982:7) vecino de Coroma, lo siguiente: “Al principio los batracios eran gentes. Dios les hizo mujeres... Los batracios son mujeres y por eso cantan en diciembre, en épocas de lluvias”.
Este último párrafo es muy rico en contenido. Por una parte nos relaciona al sapo con la mujer, al sapo con la lluvia y con otra a la mujer con el canto. Cantos entre los cuales se encuentran las bellas canciones de cuna bribri para el niño recién nacido. Con respecto al canto de la madre encontramos en un informe de 1763 del fraile Manuel de Urcullu (Fernández-Guardia, 1918): “...cuando paren, se bañan, lavan a la criatura y se ponen a cantar”.
Pero antes de cantarle al niño éste tiene que nacer.
La presencia de la rana de achiote nos recuerda el parto de Mar. La rana manchada de rojo achiote (Bixa orellana L.), llamada también este símbolo de sangre (Bozzoli, 1979:94) representa entonces el órgano sexual ensangrentado por el nacimiento del árbol.
Existe aún la creencia que el primer embarazo involucra la muerte de alguien y que este primer niño puede ser un diablo; por eso si estas primerizas se enferman no son atendidas por los /awá/ (Bozzoli, 1979).
Para explicar el por qué de éste nacimiento extraordinario, se recurre al incesto /kL’u/ como siempre en la Mitología Bribri-Cabécar (Bozzoli, 1979:228).
Digo como siempre, porque hasta el mismo nacimiento de su héroe mítico /sibö/ es el producto de un incesto (Marcos Guevara comunicación personal, 23.11.95).
Sobre el tema del incesto encontramos: “Una persona se juntó con su hermana. Por su desobediencia una culebra se la comerá.... Al instante una serpiente /tkbëköl/ lo rodeó; por eso no es bueno juntarse con una hermana, porque esta culebra no puede comer.
En aquel tiempo se conocía con dos nombres: /tkbëköl/ y /dLuL/.
La persona que fue rodeada por esa serpiente gritó y llamó mucho, pero nadie llegó a salvarla. Entonces esa culebra la mordió y se la llevó al espacio” (Bozzoli, 1977).
“Gran culebra que vive debajo de donde nace el sol; se aparece en los ríos a quienes son culpables de incesto. Los sukias llaman así al arco iris y a la luna llena. En los mitos es /dLu’tLa/ un abuelo varón y /dLu’tmi/ una abuela” (Bozzoli, 1977).
El arco iris es que algunas veces llega después de la lluvia es la culebra que castiga el incesto cometido por Mar.
¿Qué tipo de árbol nace, hijo de la lluvia era la gran pregunta?
Al principio no tenía una idea muy clara pero en el desarrollo de la investigación el conjunto de posibilidades se fue reduciendo y luego de una entrevista con Carlos Guevara ya no me quedaba duda; el árbol es posiblemente un gran ceiba nacida en Puerto Cortés. La madera de la ceiba (*puL’ o /yél/), Ceiba pentandra Gaertn. Bombacaceae, se usa para hacer recipientes y bateas (Camacho-Zamora, 1983).
La vegetación del Pacífico Sur de Costa Rica se compone esencialmente de una selva secundaria caracterizada de árboles de gran tamaño como la ceiba. Esta es un árbol de unos 120 a 140 pies de alto y de 6 a 8 pies de diámetro. Los árboles pierden las hojas durante la estación seca. Florece por lo general en febrero unas flores fragantes. Cuando están en flor, los árboles son el lugar favorito de descanso de los pericos, loras y lapas.
La fruta es elíptica y se produce por ahí de finales de marzo. Es conocido como el árbol de algodón y el pelo que produce lo utilizan para rellenar almohadas (Allen, 1977).
El árbol sagrado maya, la ceiba (yaxche), se encontraba en el centro del mundo (axis mundi), con sus raíces en las capas del inframundo y sus ramas en los diferentes niveles o capas (González-Torres, 1991).
La ceiba es considerada como la morada de los espíritus de aquellos que fenecieron y nadie se atreve a pasar debajo del árbol por la noche. No debe ser cortada, ya que por tal acto les será robado a los espíritus el lugar favorito de descanso y no tardarán en vengarse. Pero si fuera absolutamente necesario derribar el árbol, la ira de los espíritus podría ser aplacada enterrando alguna cosa al pie, a manera de ofrenda, tal como alimentos, chile, dinero, etc. Cuando la ceiba ha sido tumbada se puede recobrar dichos objetos. ...Los indígenas también dicen que una canoa hecha del tronco de la ceiba gime continuamente en la noche y que al mismo tiempo se deslizará a tremenda velocidad. Un sonido lastimero similar es emitido en la oscuridad, según dicen, los colchones o almohadas hinchadas con las pelusas que envuelven las semillas de ceiba. Por todas las razones antes señaladas, los indígenas crédulos no utilizan para nada el árbol encantado. ...los Mayas de Yucatán y los Quichés de Guatemala..., tienen las mismas creencias que las de los Miskitos y Sumus en relación con dicho árbol (Conzemius, 1984).
En los meses de octubre y noviembre para estas latitudes se puede observar la Vía Láctea extendiéndose en el cielo nocturno como un gran árbol cósmico.
El coloso en su crecimiento hace mucho ruido y esto molesta mucho a /sibö /.
Al respecto de ese estruendo tenemos la hipótesis de que se trata de los cordonazos de San Francisco. Estos son tormentas eléctricas que ocurren alrededor del cuatro de octubre, día de San Francisco.
Para evitar que esta gran ceiba rompiera el firmamento, techo de la gran casa cósmica que es nuestro mundo, /sibö/ manda a los /kábLa ak’ëköl/ para derribarlo. Esta palabra esta compuesta de /kábLa/ o /kámbra/ primeros cultivadores de la tierra, que se dice que crearon la sabana de Buenos Aires, que eran malos, de /sibö/ los mandó al mar y de /ak’ëköl/ el que tiene mayor rango; rey; jefe (Bozzoli, 1977).
Luego llama /sibö/ a los /aLaLbLu’/ o /aLabLu’/, los cuales traen serpientes /dLu/ o /dLuL/, o sea estrellas.
Gente muy pequeña que vive debajo de la tierra; literalmente, jefes de los niños; son los dueños de las guatusas Dasyprocta y otros animales pequeños (Bozzoli, 1977). Para las etnias de Talamanca las amarras de la casa de /sibö/ son los bigotes de una gran culebra. Cuando una estrella fugaz cae, se dice que entonces se ve la culebra.
...lo que nosotros llamamos estrellas, esos son nudos de mecate. Son los nudos de las amarras de las serchas de la casa que Dios hizo, cosa de culebra...”
...le arrancaron un enorme pelo del bigote, con el cual /sibö/ amarró su casa, y cada nudo era una estrella” (Bozzoli, 1983).
Estas estrellas forman parte de constelaciones, las cuales se encuentran a ambos lados de la Vía Láctea.
Después las tendieron en forma de tapesco (andamio), alrededor del árbol, y así, y con sus hachas, ellos pudieron derribarlo (Bozzoli, 1977).
El gran árbol es derribado después de algún tiempo. Es entonces cuando podemos ver a nuestra galaxia prácticamente formando un círculo. Rápidamente relacionamos esto con la parte del relato, en la cual /sibö/ envía por las dos aves para que formen un círculo uniendo la copa del árbol con sus raíces. Estos pájaros están representados por las constelaciones del Cisne y Cassiopea.
Por debajo de la ceiba y poco antes de caer aparece un nuevo astro o constelación, la anciana /dLuítmi/ (origen del hambre) representada por Sirius, anunciando la sequía. Esto queda confirmado por la introducción de los chucuyos, las lapas y los loros; los cuales anuncian la llegada de la estación seca.
Luego /sibö/ sopló una y otra vez a este árbol e inmediatamente el árbol se deshizo y se convirtió en agua, es lo que nosotros le llamamos mar (dyël) pero el nombre original era /tsaitmi/ (Bonatti 1998, 63–67).
Referencia: Bonatti, Javier. “Una interpretación etnoastronómica y etnobiológica del mito de la mujer que se convirtió en mar.” In Primer Congreso Científico sobre Pueblos Indígenas de Costa Rica y sus fronteras: Memoria, compilado por María Eugenia Bozzoli, Ramiro Barrantes, Dinorah Obando y Mirna Rojas, 61-72. Costa Rica: Editorial Universidad Estatal a Distancia, 1998.
6446. Talók (n.p., mit.) ‘el lagarto negro’ (alt. c. Tolók ~ Persolaje talók). Personaje mitológico que en tiempos remotos convivió incestuosamente con su hermana, por lo cual Sibó lo convirtió a ella en tkabëköl y a él en un lagarto negro de colosales dimensiones, obligándolo a vivir en las profundidades de los ríos y de las pozas de donde sale para devorar a quienes cometen incesto (Margery Peña 1989, 292).
6790. Tkabëgölö (n.p., mit.) ‘la culebra’. Personaje mítico femenino que en tiempos remotos convivió incestuosamente con su hermano, por lo cual Sibó los castigó convirtiéndolo a él en Dolók talók y a ella en una culebra de gran tamaño, cubierta de plumas y con cachos en la cabeza, obligándola a vivir para siempre en el fondo de los ríos y de las pozas, de donde sale para devorar a quienes cometen incesto (Margery Peña 1989, 307).
Referencia: Margery Peña, Enrique. Diccionario cabécar-español, español-cabécar. Costa Rica: Editorial de la Universidad de Costa Rica, 1989.
EL INCESTO
Los indígenas bribís están divididos en clanes y nadie puede casarse con personas del mismo clan.
En los tiempos de antes, cuando algunas personas cometían este pecado, venía una gigantesca serpiente (tkabëköl). Tenía dos antenas larguísimas y pegajosas con las cuales era capaz de atrapar a sus víctimas.
Este monstruo rodeaba el palenque con su cuerpo, luego introducía la cabeza, para buscar a la persona que debía llevarse.
Cuando atrapaba a la persona, los parientes, sus padres, trataban de defender a la víctima, pero era inútil porque la piel de este animal era como hule grueso que ni con el hacha se podía cortar.
Primero se llevaba a la mujer y dentro de ocho días regresaba para llevarse al hombre. Después de cuatro días lo único que regresaba, tanto de la mujer como del hombre, eran los órganos genitales. La serpiente venía y los dejaba en el umbral de la puerta de la casa.
Después de haber sufrido estos castigos por tanto tiempo, los indígenas pensaron que los únicos que podrían eliminar a ese monstruo eran los usécares. Y fueron a exponerles el problema. Estos les dijeron: sí podemos ayudarles pero tendrán que guardar un mes de ayuno y dietas. Y así lo hicieron, cumplieron con todo lo que tenían que hacer. Mientras, los chamanes usécares hacían las curaciones, logrando que el monstruo desapareciera para siempre (Sánchez y Mayorga 1994, 71-73).
Referencia: Sánchez, Juanita y Gloria Mayorga. SE’ SIWA’ – Nuestras tradiciones. Costumbres y tradiciones bribri. Texto en bribri y español. Leyendas recopiladas por las Srtas. Juanita Sánchez y Gloria Mayorga. San José, Costa Rica: Comisión Costarricense de Cooperación con la UNESCO / Comité de Educación, julio de 1994.
El indígena tiene su propia historia
Nosotros tenemos una gran historia, que cada generación aprende de las generaciones anteriores. Es la historia que Sibö̀ les contó a los primeros indios, porque en aquel entonces Sibö̀ caminaba aquí en la Tierra con nuestros antepasados, y les hablaba de muchas cosas. Les contó, por ejemplo, cómo El hizo la Tierra y el mar, cómo trajo a este mundo los animales y cómo sembró los primeros árboles. Les dejó también ciertas leyes y fijó castigos para las personas que no las obedecieran.
Los blancos y los negros que vinieron a América de otros continentes trajeron consigo la historia de sus pueblos antiguos y nos enseñaron esa historia. En el Antiguo Testamento, Dios se hace visible a ciertas personas, (por ejemplo, a Adán, a Eva y a Moisés); les habla de cómo Él hizo la Tierra y les deja los diez mandamientos. Así las primeras generaciones del pueblo judeocristiano conocieron la voluntad de Dios.
De la misma manera, nuestra historia nos enseña cómo Sibö̀ quiere que nosotros vivamos. Para nosotros, Sibö̀ y Dios son lo mismo. Hoy en día, muchos indígenas somos cristianos pero, a la vez queremos recordar para siempre la historia de nuestros antepasados y las leyes que nos dejó Sibö̀. Ya es hora de que nosotros demos a conocer, a los costarricenses no indígenas, nuestras propias tradiciones. Cada pueblo tiene su historia, y todas estas historias valen igual.
En nuestra historia figuran muchos seres inmortales que son como parientes de Sibö̀. Ellos también andaban aquí en la Tierra y los primeros indios los veían. Ya no se ven, pero todavía existen. Algunos de ellos son:
Shulakma: el Rey de las Culebras
Ítsö’: ayudante de Sibö̀ que participó en la inauguración de la Tierra
SórkuLa: abuelo paterno y enemigo de Sibö̀
Ká̀bLa: dueño de las plantas, el que las cuida
También sabemos que todas las cosas existentes en la Tierra tienen su origen. Lo que vemos aquí es una cosa, pero para Dios es otra cosa, porque Él hizo todo. Hizo al indígena de semillas de maíz; entonces para Él somos semillas de maíz.
El indígena que conoce su historia, sabe que muchas cosas que vemos aquí son como reflejos de otro plano de realidad, y ese otro plano de realidad es invisible para nosotros. Por ejemplo, las culebras venenosas son la fecha de Shulakma; la danta es la prima hermana de Sibö̀; el viento es Sérke, dueño de los animales; el mar es Mlurtmi, una mujer que Dios convirtió en mar; el arco iris es Chbëköl, una culebra que se comía a la gente en los tiempos antiguos; las piedras de los chamanes son Sïa’, la hermana de Sibö̀. A estas manifestaciones de Dios les tenemos mucho respeto, y a veces temor, porque sabemos que significan algo más allá de lo visible.
En las historias narradas en las siguientes páginas, cuando se habla del Origen del Perro o del Origen de la Zompopa, se hace referencia a seres que viven en ese otro plano de realidad que hemos descrito arriba. Perros, zompopas y todo lo que existe en la Tierra tienen su origen en seres inmortales, y son el reflejo de ellos (Vargas y Sánchez 1992, 34-35).
LA IMPORTANCIA DE LOS CLANES
En un principio, Sibö̀ mantenía las semillas de maíz /dtsö̀/ en una canasta forrada por dentro con hojas de bijagua, y a cada semilla le dio un nombre diferente. Estos eran los nombres de los clanes. Luego dividió estas semillas en dos grupos, y advirtió que sus miembros no podían casarse entre sí, sino con personas de otro grupo. Por eso los colocó a todos en parejas y luego los casó. Y por ello los indígenas saben cuál es la persona que deben escoger como mujer o marido; esto se llama /duwö’/. Y para que estas reglas se cumplieran como él lo deseaba, dijo: Ustedes deben obedecer mis mandatos sin fallar; ya saben quiénes son /duwö’/. De lo contrario, recibirán serios castigos.
Por eso, en tiempos pasados, los indígenas sufrieron los castigos en carne propia. Dice la historia que cuando se tenían relaciones sexuales con personas de un mismo clan, venía una gigantesca serpiente /chbëköl/ que bajaba del cielo, y en la tierra buscaba las grandes lagunas y ahí se mantenía. Este animal enviado por Sibö̀ sabía cuáles personas habían desobedecido, y no pasaban ni ocho días cuando este monstruo se las llevaba.
Existió otro monstruo que fue similar a una sanguijuela /shikibök/, de gran tamaño, que, al igual que la serpiente, se llevaba a las personas que cometían acto de incesto y les chupaba la sangre.
Otro de los castigos por el incesto llega cuando la mujer va a dar a luz: el parto se hace difícil, causándole la muerte a la mujer. O si el niño nace, no es un niño sano o normal sino que su rostro es deforme, sus extremidades no son completas, su cuerpo es tan suave como el de un gusano; otros no pueden caminar. También si la persona, ya sea hombre o mujer, cultiva la tierra, no tendrá buenas cosechas, porque las aves y otros animales y las pestes las atacarán, destruyendo todo. Esto también lo sufrirán todos los demás parientes. A esto le llamamos /bli/ (hambre).
Ahora algunos indígenas y mestizos no quieren aceptar esta historia. Se quejan de que la vida está muy dura, y dicen que ese niño nació así porque Dios lo quiso. Muchos dicen: "Ya no les tememos a esos castigos, porque los médicos y la medicina moderna salvan a las mujeres cuando el parto es difícil. ¡Los monstruos que se comían a los indígenas! Eso fue antes, ya no volverán".
Pero no hay que confiarse mucho, porque cuenta el señor Juan Vargas que un día, conversando con un indígena de Alto Chirripó, éste le contó que en esa reserva vivió un indígena que tenía relaciones sexuales con dos de sus hijas; que un día este hombre salió a trabajar con una de ellas y, al pasar cerca de una laguna que ahí existe, vieron una enorme serpiente que se lanzó sobre el indígena y lo devoró. Luego el animal desapareció dentro de la laguna; esto ocurrió en los años 70.
Por eso el indígena que respeta esos mandatos sabe por qué se sufre ahora de pruebas y crisis cada vez más duras. Y, ¿quién puede darle solución al hambre y a otras necesidades? ¿Quién puede ayudar a ese niño inválido y con el cuerpo deforme?
Juana Sánchez (Vargas y Sánchez 1992, 43-45)
Referencia: Vargas, Juan, y Juana Sánchez. «El indígena tiene su propia historia». En Vías de extinción/Vías de supervivencia: Testimonios del pueblo indígena de la Reserva KëköLdi, Costa Rica, editado por Paula Palmer, Juana Sánchez y Gloria Mayorga. San José: Editorial de la Universidad de Costa Rica, 1992.
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