Orígen del clan Tkabë̀riwak
Origen del clan tkabërîwak
Cuentan nuestros mayores que los primeros tkabërîwak nacieron en una montaña muy lejos de aquí. En aquel lugar vivían un hombre y una mujer.
Cierta vez dijo el hombre a su mujer:
—Vamos a cazar.
La mujer respondió:
—Está bien. ¿Por qué no invitas también a mi hermano?
Entonces el hombre invitó a su cuñado y los tres prepararon flechas, lanzas y todo lo necesario para ir de cacería.
Al día siguiente partieron hacia el Cerro de la Culebra, donde construyeron una choza para acampar (1).
Mientras los hombres salían a cazar, la mujer permanecía sola en el campamento. Sin embargo, cuando ellos regresaban, siempre encontraban comida preparada, aunque no habían conseguido ninguna presa.
Intrigado, el marido decidió averiguar de dónde provenían aquellos alimentos. Fingió salir de cacería con su cuñado, pero regresó en secreto y se escondió cerca de la choza.
Después de un largo rato vio llegar a un hombre de aspecto extraño, muy alto y cubierto de abundante vello, que traía comida a su esposa (2). Luego observó que ambos mantenían relaciones sexuales.
Al comprender el engaño, volvió donde lo esperaba su cuñado y le dijo que al día siguiente abandonarían aquel lugar.
Cuando regresaron a su hogar, poco tiempo después todos advirtieron que la mujer estaba embarazada.
A los pocos días dio a luz a dos gemelos, un niño y una niña, quienes crecían con una rapidez extraordinaria: apenas unos días después de nacer ya caminaban.
Los niños pidieron a su abuela pegamento para atrapar pájaros. Ella se lo dio y todos los días regresaban con grandes cantidades de aves. Sorprendida, la anciana decidió seguirlos en secreto.
Oculta entre los árboles vio cómo los niños esparcían el pegamento sobre el suelo y luego se revolcaban en él hasta transformarse en enormes serpientes. Después subían a un matapalo cargado de frutos y las aves quedaban adheridas a sus cuerpos pegajosos cuando se posaban sobre ellos.
La abuela guardó silencio, pero los niños comprendieron que su secreto había sido descubierto.
Al día siguiente ya no fueron a cazar pájaros. En cambio, pidieron arcos y flechas para pescar. Nuevamente regresaban cada tarde con una cantidad extraordinaria de peces.
La anciana volvió a seguirlos y comprobó que, al llegar al río, se transformaban otra vez en serpientes, se sumergían en la poza y capturaban los peces con facilidad.
Cuando regresaron, tampoco les dijo nada.
Poco después los niños anunciaron a su abuela que se marchaban.
Transcurridos cuatro días desde su partida comenzaron a escucharse fuertes retumbos procedentes de la poza donde acostumbraban pescar. La anciana fue a observar y descubrió que las dos serpientes habían alcanzado un tamaño gigantesco y que, al girar constantemente dentro de la poza, la agrandaban cada vez más.
Sibö̀ comprendió que aquello representaba un peligro para la humanidad futura, pues aquellas criaturas terminarían convirtiendo toda la tierra en agua.
Entonces llamó a Sòtèra para ayudarle y ambos reunieron además a los diablos, quienes debían espantar a los peces río abajo (3).
Cuando las enormes serpientes descendían por el río transformadas en peces, Sòtèra mató al primero con una flecha. Luego correspondía a Sibö̀ disparar al segundo, pero deliberadamente falló el tiro y, antes de que Sòtèra pudiera lanzar otra flecha, Sibö̀ sopló con fuerza y envió al pez sobreviviente hasta el mar, donde nace el sol (4).
Desde entonces ese ser permanece allí.
Cuentan también que todavía existen en Piedra Grande las enormes rocas que sirvieron como refugios (tsirík) de Sibö̀ y Sòtèra durante aquella persecución (5).
Así fue como Sibö̀ destinó al primer tkabërîwak a vivir en los confines del mundo.
Notas
1) Según Pita y Morales (1983), la pareja vive originalmente en Kámuk, construye su rancho junto a una laguna y no en el Cerro de la Culebra.
2) Según Pita y Morales (1983), el visitante sobrenatural emerge de una laguna en forma humana y, al retirarse, se transforma en una enorme serpiente. Según Bozzoli de Wille (1977, versión breve), simplemente se menciona la unión entre suLaÿibi y chbëkLa, sin narrar este episodio.
3) Según Pita y Morales (1983), Sibö̀ reúne personas escogidas para esperar a las serpientes sobre un puente de piedra llamado Namasöl; no aparecen Sòtèra ni los diablos.
4) Según Pita y Morales (1983), ambas serpientes son alcanzadas por las flechas y se separan: el macho marcha hacia el este y la hembra hacia el oeste, desde donde anuncian crecientes, enfermedades y otros presagios. Según Bozzoli de Wille (1977, pp. 182), son dos usekölpa quienes intentan matarlas; el macho muere y la hembra escapa por el río Sixaola, convirtiéndose en di'num.
5) Según Pita y Morales (1983), las evidencias materiales del mito son un puente de piedra y la roca donde la abuela se sentó a observar a los niños, marcada con las huellas de sus posaderas.
Referencias:
Bozzoli de Wille, María Eugenia. 1977. «Narraciones bribris». Vínculos. Revista de Antropología del Museo Nacional de Costa Rica 2, n.º 2: 165–199.
Bozzoli de Wille, María Eugenia, Carmen M. Cubero Venegas y Adolfo Constenla Umaña, eds. 1983. Tradición oral indígena costarricense. Vol. 1, año 1, no. 3. San José: Oficina de Publicaciones de la Universidad de Costa Rica.
Nota: Las referencias bibliográficas corresponden a las obras donde fueron publicadas las versiones del relato. En las notas se utilizan los nombres de los narradores o recopiladores cuando estos aparecen identificados en dichas publicaciones, con el fin de distinguir las diferentes versiones.
Textos completos:
Origen del clan chëbëriwak
Narrador: Adela Pita, abuela del recopilador .
Recopilador: Domingo Morales.
Antiguamente hubo una pareja indígena, de los cuales no se sabe a qué clan pertenecía, que vivían en un lugar llamado Kámuk, los cuales tuvieron una hija que tiempo después se casó.
Los recién casados construyeron su rancho a la orilla de una laguna , ahí vivieron durante varios años.
Cuando el varón iba de cacería o al trabajo, al llegar a su casa su mujer siempre le servía pescado, yuca, carne, lo cual le parecía extraño , porque cuando el salía esos alimentos no estaban en la casa y cerca de ahí no había ningún vecino.
Esto se siguió suscitando por cierto tiempo, hasta que un día al varón se le ocurrió esconderse cerca de la casa para descubrir qué era lo que estaba sucediendo. Cuando él estuvo ahí, por un lapso de media hora, él vio que el agua de la laguna empezaba a moverse y a levantarse a una altura aproximadamente de dos metros, de ahí salió un hombre muy alto y fuerte que se dirigió al rancho, y al poco rato salió y caminó hacia la laguna y al estar en la orilla se convirtió en una enorme serpiente. Después de esto el marido regresó a su casa, entró y no le dijo nada a su mujer o sea que no le interrogó sobre lo sucedido, sino que decidió apartarse de su esposa.
La mujer regresó a la casa de sus padres, que tiempo después descubrieron que ella estaba embarazada.
Cuando su hija iba a dar a luz, su padre le construyó un rancho especial y su madre la asistió, dando la joven a luz gemelos, un niño y una niña. El abuelo de ellos les cortó el cordón umbilical con una especie de cuchillo de madera, preparado por él y sacado de un árbol llamado sbitak.
Los niños se desarrollaron o crecieron rápidamente cada quince días se les notaba más grandes. Cuando ellos estuvieron de una estatura de un niño de seis años le pidieron al abuelo que les fabricara unos arcos y unas cerbatanas para cazar, ya que ellos ya se podían movilizar libremente, todo lo entendían y lo hablaban.
Ambos siempre salían juntos a cazar y lograban traer a la casa diferentes especies de pájaros.
La abuela se sorprendió mucho de esto, por lo que le dijo al esposo que ella presentía que algo extraño estaba sucediendo y que era posible hasta que ellos llegaran a desaparecer, ya que ella no consideraba que los niños pudiesen tener esa enorme capacidad de cazar tantos pájaros en un día.
Cierto día la abuela insistió en acompañarlos, ellos en primera instancia no aceptaron la propuesta, pero la abuela sigue insistiendo en acompañarlos y a la cuarta vez que ella les dijo ellos aceptaron.
Partieron a la montaña con todos los instrumentos, al llegar al lugar donde siempre los niños cazaban y en donde se encontraba un árbol con muchas frutitas que servía de alimento a los pájaros.
La abuela se sentó bajo el árbol sobre una piedra y los niños subieron a las ramas del árbol. Luego la abuela observó cómo los niños se convertían en enormes serpientes y que en cierto momento sus ombligos llegaron a unirse. De esta manera ambas serpientes cazaban los pájaros que llegaban cerca de las ramas.
La abuela guardó el secreto de lo que había visto, hasta cuando ellos estuvieron más desarrollados divulgó el secreto a su esposo.
Según la que relata la leyenda, Dios (Sibö̀) preparó un puente de piedra que cruzaba un río muy grande en un lugar llamado Namasöl, donde se encontraban las personas escogidas por él para eliminar a estos dos seres extraños.
En una ocasión estos seres decidieron ir a pescar a dicho río, no sabiendo que en el puente los estaban esperando sus enemigos. Cuando llegaron al río se sumergieron y se convirtieron en serpiente, unidos siempre por el ombligo. Al llegar al puente el agua empezó a moverse y en cierto momento se levantaba y de esta manera las personas, que siempre estaban listas para ver en el momento en que las veían llegar, pudieron verlas y de inmediato los atacaron con flechas. A partir de este momento se separaron uno del otro, el macho tomó al este y la hembra al oeste.
Según los indígenas es debido a esto que cuando se oye un ruido leve al este significa que es el varón quien avisa que habrá creciente, inundación o bien que en el río transitan animales peligrosos. Cuando este ruido suena al oeste es la hembra que avisa la llegada de una enfermedad extraña.
La madre y sus padres se fueron a vivir a un lugar llamado Cloa; a consecuencia de lo sucedido anteriormente se les dio el nombre de Chëbëriwak y a todos sus descendientes.
Dios ordenó separar de esta manera a los seres extraños ya que de lo contrario iban a causar daños a los demás clanes.
Según lo que relata la leyenda, manifiesta que el puente donde se separaron a las serpientes todavía existe, pero no igual o sea con diferentes características, pero se toma como un significado de la veracidad de la leyenda. También la piedra donde se sentó la abuela a esperar a los niños , que es común y corriente, pero se diferencia en que sobre ella hay una especie de huellas de posaderas (Pita y Morales 1983, 6–8).
El origen del clan tkabërîwak
Cuentan nuestros mayores que los primeros "tkabërîwak" nacieron en una montaña muy lejos de aquí. En aquel lugar vivían un hombre y una mujer.
Cierta vez dijo el hombre a su mujer:
-Vamos a cazar.
La mujer le respondió:
-Está bien.
Y a su vez le preguntó:
-¿Por qué no invitas a mi hermano?
El le contestó:
-Está bien, invitémoslo.
Entonces fue y le dijo a su cuñado:
-Vamos a cazar.
Y después se dedicaron a preparar flechas, lanzas y todas las cosas necesarias.
Luego dijeron:
-Iremos a cazar al Cerro de la Culebra.
Y se fueron, y cuando llegaron al Cerro de la Culebra construyeron una choza para acampar.
Al día siguiente los hombres se fueron a cazar y la mujer quedó en la choza.
Cuando regresaron vieron que la mujer había preparado comida. Entonces se preguntaron de dónde habría sacado la mujer aquellos alimentos. No obstante no hicieron ningún comentario.
Al día siguiente fueron nuevamente a cazar y, a su regreso, vieron que de nuevo la mujer había preparado comida. Les intrigó que aunque ellos no cazaban nada, la mujer siempre tenía comida.
A la mañana siguiente el hombre le dijo a su cuñado:
-Hoy averiguaré quién es el que le trae comida a su hermana.
El cuñado le respondió:
-Me parece bien, no tengo nada que objetar.
Entonces fingieron que iban a cazar; pero cuando se alejaron un poco, él le dijo a su cuñado:
-Espérame aquí. Voy a ver quién le trae comida a su hermana.
Y se devolvió hasta un lugar cercano a la choza y se ocultó para espiar a la mujer.
Tras un largo rato de espera, vio llegar a un hombre de aspecto extraño y muy velludo que traía comida a su esposa. Luego vio que ésta se acostaba con aquel hombre. Entonces supo de dónde provenía la comida que su mujer les preparaba.
Después de haber visto aquello, fue adonde lo esperaba el cuñado, le dijo:
-Nos iremos mañana.
Y su cuñado le respondió:
-Estoy de acuerdo.
Al día siguiente, muy temprano, se pusieron a recoger todas las cosas. Entonces él le dijo a su mujer:
-Nos vamos.
Esta le preguntó:
-¿Por qué queréis iros? ¿Por qué ya no queréis cazar?
Y su marido le contestó:
-Si no hay qué cazar, ¿para qué habríamos de permanecer aquí? De cualquier modo nosotros nos vamos. Si no quieres volver, quédate.
Al oír esto, la mujer supo que tenía que seguirlos.
Al cuarto día después del regreso, ya se pudo apreciar que la mujer estaba embarazada.
Al cumplirse los siguientes cuatro días, la mujer tuvo dos niños.
Cuando la mujer dio a luz, su madre se hizo cargo de los niños. Fue ella la que los bañó por primera vez con agua tibia en una "canoa".
Esto ocurría en un lugar cerca de la cabecera del río Lari llamado Bribri.
Al cuarto día después de su nacimiento, los niños ya gateaban. Al cumplirse otros cuatro días, ya pudieron caminar bien.
Entonces dijeron a su abuelita:
-Oh abuelita, danos pegamentos para atrapar pájaros.
Entonces ella les dio dos paquetes de ese pegamento y se fueron a un lugar en que había un árbol de matapalo.
A su regreso, por la tarde, la abuelita pudo ver que ellos habían traído muchos pájaros y se quedó pensando cómo, siendo tan pequeños, habrían podido atraparlos.
Y así sucedió al día siguiente, y al siguiente, y al siguiente, hasta llegar al cuarto día.
Entonces pensó la abuelita:
-Hoy averiguaré cómo hacen para atrapar tantos pájaros.
Y, cuando ellos se fueron, los siguió hasta el lugar en que cazaban.
Cuando llegó, pudo ver que regaron el pegamento en el suelo y se revolcaron en él hasta convertirse en serpientes. Al ver esto, sintió un gran temor y comprendió que sus nietos eran seres extraños y peligrosos.
Luego vio cómo aquellas serpientes subían al árbol y enrollaban en él sus enormes cuerpos, y cómo los pajaritos se posaban en sus gomosos cuerpos en los que quedaban atrapados.
Cuando regresaron, ella no hizo ningún comentario, pero ellos comprendieron que su abuelita los había descubierto.
Al día siguiente no fueron ya a cazar pájaros.
Entonces la abuelita les dijo:
-Oh niños, ¿no pensáis ir de nuevo a atrapar pájaros?
Y ellos le contestaron:
-No, no iremos por hoy.
Al día siguiente le dijeron a la abuelita:
-Oh abuelita, haznos flechas para pescar.
Para cuando esto sucedía ya ellos habían crecido mucho.
Y al día siguiente se fueron a pescar. Y por la tarde, a su regreso, trajeron gran cantidad de pescados.
Su abuelita se preguntaba cómo habrían hecho para pescar tanto.
Y lo mismo sucedió en los días siguientes hasta llegar al cuarto, en el que dijo la viejita:
-Hoy averiguaré de qué modo atrapan tantos peces estos niños.
Y los siguió hasta el río. Y vio que llegaron a la orilla, se acostaron en la arena y se transformaron en serpientes. Luego se sumergieron y comenzaron a atrapar peces.
Vio que así era como pescaban ellos.
Cuando volvieron, traían muchos pescados.
Por la tarde le dijeron a la abuelita:
-Oh abuelita, mañana nos vamos.
Entonces ella les preguntó:
-Pero ¿adónde iréis?
-No sabemos con exactitud adónde, pero nos iremos. Ya no deseamos vivir aquí, queremos irnos.
Al día siguiente se fueron sin que su abuelita supiera adónde.
Y, al cumplirse cuatro días de su partida, ella oyó fuertes retumbos (tiriririri) que venían de la poza en la que solían pescar. Inmediatamente comprendió que eran sus nietos.
Luego fue a ver y, en efecto, eran ellos los que producían aquel ruido. Vio que aquellas serpientes tenían ya un tamaño descomunal. Diariamente ellos agrandaban aquella poza aumentando constantemente su tamaño con el roce de sus enormes cuerpos en sentido circular.
Sibö̀ no veía aquello con buenos ojos ya que era una amenaza para la raza humana que pronto iba a crear.
El sabía que aquellas criaturas convertirían la tierra en océanos y no habría tierra para los seres humanos y por eso él le dijo a Sòtèra:
-Oh tío, acompáñame a coger unas "olominas" que hay en una poza.
-Oh tío, está bien, estoy de acuerdo- le respondió Sòtèra.
Y ambos invitaron a los diablos a que les ayudaran espantando a los peces.
Al cuarto día los diablos fueron a espantar y arrear los peces mientras Sibö̀ y Sòtèra aguardaban en el "Cerro de la Caspa" que pasaran.
Cuando los diablos que espantaban los peces vieron que estos huían río abajo, le gritaron a Sibö̀:
-Oh tío, ahí van. Ahí van los peces.
Entonces Sòtèra le dijo a Sibö̀:
-Oh tío, yo me encargaré del primero.
-Está muy bien, de acuerdo- le contestó Sibö̀.
Vieron que el pez más grande venía de primero. Entonces Sòtèra, sin titubear, disparó la flecha y ¡zas! lo mató y luego lo recogió y lo echó en su red. (chácara).
Entre tanto, ya venía el otro. Entonces Sibö̀ le dijo a Sòtèra:
-Oh tío, ahora me corresponde a mí.
Entonces Sòtèra le contestó:
-Oh tío, cuidado fallas.
-Oh tío, no, no temas.
Al pasar el pez Sibö̀ le disparó, pero erró el blanco intencionalmente. Sòtèra, al ver esto, sacó su flecha y se dispuso a disparar, pero Dios de un soplo hizo que el pez fuera a dar al mar.
Desde entonces Dios lo confinó al mar, por la parte donde nace el sol. Por ello actualmente sigue allí.
Cuentan que en ese tiempo colocaron unos "tsirík" para ocultarse que aún se observan en nuestros días, en un lugar llamado "Piedra Grande" (Chase).
Las enormes rocas que se observan allí fueron los "tsirík" que colocó Sibö̀ con Sòtèra.
Y así fue como Sibö̀ destinó al primer "tkabërîwak" a vivir allá en los confines del mundo (Pereira 1983, 39–43).
Nota: la introducción del fascículo indica que la versión larga fue narrada por Francisco Pereira.
Referencia: Bozzoli de Willie, María Eugenia, Carmen M. Cubero Venegas y Adolfo Constenla Umaña, eds. Tradicion oral indigena costarricense. Vol. 1, año 1, no. 3. San José: Oficina de Publicaciones de la Universidad de Costa Rica, 1983.
Origen del clan chbëkLa (tkbëriwak)
Eso fue cuando vino suLaÿibi, en ese entonces suLaÿibi se juntó con chbëkLa y tuvieron hijos. chbëkLa era hombre. suLaÿibi tenía el mismo clan de chbëkLa y estos dos tuvieron hijos; estos hijos nacieron en forma de serpiente; en honor de esta culebra quedó el nombre de esta raza: chbékLa o chbëriwak (Bozzoli de Wille 1977, 179).
Origen del clan tkbëdiwak sulèyibi
Esta historia tiene su principio cuando nacieron los primeros seres del clan de los tkbëdiwak, los dueños del lugar del arroyo culebra.
En ese tiempo vivía una viejita que tenía dos hijos: una mujer y un hombre.
La hija se juntó con un hombre, después su marido le dijo a ella: —Vamos a ir de cacería y dígale a su hermano que vaya con nosotros—.
Al día siguiente partieron rumbo a la selva, la viejita quedó solita. Llegaron a un lugar llamado tkbësoL; allí acamparon e hicieron fuego.
Al día siguiente los hombres se fueron a cazar mientras que la mujer se quedó en el campamento, solita.
Cuando los hombres regresaron se sorprendieron al ver que la mujer tenía carne cocida, ya que ellos no habían matado nada el día anterior. Pero a pesar de todo lo comieron, y cuando ella se fue a traer el agua, esos instantes los aprovechó su marido para preguntarle a su cuñado: —¿De dónde crees que tu hermana trajo esa carne? —. Entonces el hermano de ella le contestó: —Yo no sé, nosotros andábamos cazando, así es que ni usted ni yo sabemos—.
Pasaron tres días y seguía la misma situación. Al cuarto día el marido le dijo a su cuñado: —Bueno, hoy yo quiero ver quién es que le trae carne a tu hermana, o cómo ella la consigue—. Entonces su cuñado le contestó: —Está bien, pues tú lo verás—. Entonces tomaron sus armas, y emprendieron la marcha como de costumbre, rumbo a la selva.
Ella no sospechaba ni remotamente los planes de su marido, los cazadores se fueron disimuladamente. Luego de habérsele perdido de vista a la mujer, el marido le dijo a su cuñado: —Bueno, aquí yo me voy a esconder y a espiarla—. Entonces su cuñado le contestó: —Está bien, yo te voy a esperar más adelante—.
Después de un largo rato él vio que un gigantesco hombre llegaba a su pequeña choza de campaña.
Su mujer por su parte recibió encantada a aquel misterioso ser, como su fiel amante. El por su parte lo alcanzaba a ver perfectamente, y lo identificó: alto, grueso y velludo.
Luego vio que aquel era quien traía la comida a su esposa, y que después ella se lo preparaba para él y su cuñado.
Luego su estupor no tuvo límites al ver que ella sostenía una relación carnal con aquel misterioso hombre. Ella por su parte, no imaginó siquiera que los malignos ojos de su verdadero marido estaban mirándolos.
Transcurrieron dos o tres horas, después pudo ver que aquel hombre abandonaba de nuevo su chocita, y desaparecía entre la espesa vegetación. Fue entonces cuando él fue en busca de su cuñado, con quien instantes después se reunió.
Después de haberle narrado todo lo que había visto, su cuñado le dijo: —Por qué no nos vamos, puede sucedernos algo malo a nosotros también—. Entonces el otro afirmó: —Bueno, si así dices, entonces, ahora apenas que lleguemos, vamos a alistar nuestras cosas, para que mañana no haya trabajo de nada y así podremos irnos muy de mañana—.
Ambos quedaron de acuerdo en cuanto a sus opiniones. Llegaron como de costumbre sin mostrar recelos para que ella no tuviera malicia de nada.
Ella les sirvió como de costumbre, ellos comieron fingiendo no haber descubierto su secreto. Momentos después ellos comenzaron a alistar su equipo de lanzas y entonces ella le dijo a su marido: —¿Por qué están ustedes alistando las cosas, qué piensan hacer? ¿Por qué no quieren seguir cazando? —. Entonces su marido le contestó: —Ya nos vamos porque no hay nada que cazar, además, nada hacemos aquí en la selva perdiendo días—. Ella exclamó: —¿Yo qué haré? ¿es que piensan dejarme aquí? —. —Si quieres regresar a casa entonces prepárate—, agregó él, —y si no quieres, pues entonces yo no tengo que ver nada—.
Al día siguiente muy de mañana emprendieron el viaje de regreso. Entonces ella por no quedar abandonada, tuvo que venirse en pos de ellos.
Cuando llegaron a su casa de habitación, entonces su marido recogió todas sus cosas y se retiró sin despedirse de ella.
La humilde anciana por su parte descubrió que su hija estaba embarazada, pero ella no dijo nada.
Cuatro días más tarde, ella dio a luz dos niños gemelitos. Entonces vino la viejita y los recogió, los bañó, después los llevó a la casa de habitación, donde los dejó sobre una pequeña camita.
A los cuatro días ya gateaban, cuatro días más tarde ya estaban grandes. Fue entonces cuando ellos le dijeron a su abuelita: —Abuelita, nosotros queremos que nos consigas goma para ganar aves—. La amable anciana fue y les consiguió la mencionada goma, y se las entregó. Poco después emprendieron la marcha rumbo a la montaña. Horas más tarde regresaban a su casa, llevando consigo una chácara cada uno bien llenas de pajaritos. Al verlos, su abuelita, se sorprendió, pero no les dijo nada, y su mamá ni se preocupó. Los niños entregaron sus cargas a su abuela. En esos instantes ella pensaba: ¡Pero cómo estos niños lograron agarrar semejante cantidad de pajarillos!
Transcurrieron tres días y los niños seguían cazando pajaritos con el mismo entusiasmo. Al cumplirse el cuarto día la abuelita dijo a la mamá: —Hoy yo quiero averiguar de qué manera esos niños atrapan tantos pajaritos—.
Esa mañana cuando los niños se fueron a cazar pajaritos como de costumbre, su abuelita los siguió cautelosamente. Los niños por su parte no sospecharon ni remotamente que alguien vigilaba todos sus movimientos. Cuando llegaron al sitio donde siempre cazaban, entonces la viejita observó, con gran precaución, que los niños regaron sus guacalitos de goma en el suelo. Y después ellos se acostaron en el suelo y comenzaron a rodar sobre sus gomas, hasta convertirse en culebras, entonces comenzaron a subir a la copa del árbol. Y entonces sus cuerpos rodearon al árbol, después como el árbol estaba cargado de frutas, llegaban todas las clases de pajaritos a comerse sus frutas. Pero al chocar contra los cuerpos de las serpientes quedaban prisioneros, porque sus cuerpos estaban llenos de esa poderosa goma.
Calculaban bien cuando tenían lo suficiente, entonces se bajaban lentamente con sus prisioneros, mientras que la viejita casi no parpadeaba viéndolos. Después de asegurar a sus prisioneros, comenzaron a rodar de nuevo hasta convertirse en gente.
Su abuelita había descubierto todo su secreto. Luego regresó a la casa antes de que ellos la alcanzaran. Al llegar a su casa ella le dijo a su hija: —sabés, que vi a tus hijos haciendo esto y esto—, y se lo explicó, pero su hija no le respondió ni con media palabra.
Momentos después regresaron los niños, siempre con sus cargas. Como éstas eran obras de Dios, por eso ellos comprendieron que su abuela había descubierto todos sus secretos. Por eso al día siguiente le dijeron a su abuela: —Abuelita, háganos unos arquitos y unas flechitas para pescar—.
La bondadosa anciana les cumplía todos sus mandatos, vino y les hizo las armas. Momentos después se dirigieron hacia el río, horas más tarde regresaron con dos chácaras bien llenas de peces grandes y gordos.
La viejita se llevó nuevamente una gran sorpresa pero, en fin, no dijo nada. Cuatro días después la viejita, viendo que los niños siempre traían peces, decidió ese día averiguar de qué manera ellos sacaban tantos peces, ya que los niños eran muy pequeños aún. Como siempre, su hija no le contestó. Entonces ella siguió a los niños con el fin de observar su secreto. Entonces cuando ella llegó al río, pudo ver que los niños depositaron sus armas en la playa, luego dirigiéronse a una parte arenosa y comenzaron a rodar en el suelo hasta convertirse en serpientes. Ambos se sumergieron en una enorme poza del río; instantes después aparecían, trayendo grandes peces. Salían a tierra para depositarlos, un poco retirado de la orilla del río, para que no llegaran al agua otra vez, mientras que ellos estaban pescando más. Después que habían pescado lo suficiente, regresaron al arenal, y comenzaron a rodar de nuevo para convertirse en gente, mientras que ellos recogían los peces, su abuela se marchaba ya rumbo a la casa con la novedad. Se lo explicó a su hija pero ésta no dijo nada. Instantes después regresaban los niños con sus cargas de peces, su mamá no les dijo nada, por eso también ellos no le hablaban, pero a su abuelita sí.
Como son obras de Dios, ellos comprendieron que su abuelita había descubierto sus secretos, por eso al día siguiente le dijeron: —Abuelita, hoy nos vamos—. Entonces ella les contestó: —¿Para dónde van? —. Ellos respondieron: —Quién sabe para donde iremos, pero nos vamos—.
Al día siguiente, muy de mañana, partieron disimulando no tener rumbo. Nadie pero absolutamente nadie supo qué camino tomaron. Cuatro días después, la viejita oyó que en la poza donde ellos pescaban, sonaba algo muy raro. A los otros cuatro días se volvió a escuchar, pero entonces retumbó la tierra. La viejita, como siempre, decidió averiguar, y se fue hasta el sitio de donde provenía aquel espantoso ruido. Instantes después, en la poza donde ellos pescaban, se vieron dos enormes serpientes.
La viejita pudo ver que esas enormes serpientes daban vueltas alrededor de la poza y que, conforme daban vueltas, chocaban sus enormes cuerpos o rozaban contra las rocas, aumentando el tamaño de la poza.
La anciana comprendió que no cabía ni la menor duda de que eran sus nietos.
Fue entonces cuando Dios intervino, porque el vio que si la situación seguía así, entonces ellos convertirían la tierra en aguas, entonces los seres humanos no tendrían dónde vivir. Por eso prestó a dos hombres para espantarlas, otro más como ayudante para matarlos, éste se llamaba sòrkuLa. Para ellos, estas enormes serpientes eran como pececitos, y la poza, como un pocito de riachuelo, entonces pusieron una presa de piedras en la desembocadura para que al llegar allí los pececitos no pasaran más lejos. Entonces Dios mandó a esos dos hombres a espantarlos mientras que El y sòrkuLa quedaron esperándolos para matarlos. Mientras, los otros ya gritaban: —Ahí van, ahí van—.
Entonces Dios le dijo a sòrkuLa: —El pez que viene primero usted lo mata, y el que viene de último yo lo mataré—. En esos momentos ya venían, entonces sòrkuLa, no esperó nada y disparó, acertando el primero, que era el más grande; luego lo recogió y lo echó en su chácara. Dios comprendió que sòrkuLa podía matar al otro también, pero El no quería que este otro muriera. Por eso El le dijo a sòrkuLa: —Présteme la flecha—, en esos momentos venía pasando el otro pez, fue entonces cuando Dios apuntó en dirección al pez y le disparó, tratando de no herirlo; la flecha pasó rozando el lomo del pez. sòrkuLa al ver esto le dijo: —¿Por qué haces eso amigo? —, entonces El contestó: —Perdone, es que fallé—. Pero sòrkuLa quería matarlo a la fuerza, por eso sacó otra flecha; pero mientras él sacaba la flecha, Dios con un maravilloso soplo, mandó al pez hasta donde nace el sol.
Pero entonces, si Dios no lo hubiera salvado fallando al dispararle, o fingiendo, sòrkuLa los hubiera matado a los dos. Dios no quería eso, por eso después El lo mandó hasta donde nace el sol, que es donde está hoy día.
Pero como en cada historia que le cuenten a uno, casi siempre se les olvida algo. Por eso no sabemos exactamente, para dónde se fueron o qué se hicieron su mamá y su abuelita.
Epílogo: la culebra que escapó se llama di'num. Esa avisa cuando viene di'nmu. Pero eso es ya otra historia (Bozzoli de Wille 1977, 179-181).
Origen del clan tkbëriwak
Esta historia la cuenta mi mamá mejor que yo. Es ella la que puede decirla bien. Pero recuerdo que trata de dos culebras que mamaban el pecho de una mujer. Esa mujer se iba a moler, eso decía, que se iba al río a moler. Pero se quedaba mucho allí. Entonces los otros fueron a ver por qué se quedaba tanto, y vieron que le daba de mamar a dos culebras. Entonces mataron a la mujer y las culebras se volvieron gente. Esto le sucedió a una pariente del hermano del abuelo de mi papá. Esa mujer tuvo la pareja, mujer y hombre, esas eran las culebras. Esas se iban a matar pájaros, y traían a su abuela grandes chácaras llenas de ellos; y se iban a pescar, y traían las enormes chácaras llenas de pescado. Entonces los parientes fueron a hablar con los usekölpa. Dos de esos tenían que matar las culebras. A uno le tocaba matar una con la mano derecha y al otro con la mano izquierda. El de la mano derecha chuceó a la culebra macho y la mató. El de la mano izquierda chuceó a la culebra hembra y a esa no la mató. La culebra pasó muy velozmente y se fue por el río Sixaola hasta la desembocadura.
Allí está y se llama di'num. Cuando se oyen retumbos káñak mis familiares dicen: —esa es la pariente de nosotros que está sonando—. Esa es la gente tkbëriwak.
Esa se oye cuando va a llover; avisa que uno no debe de salir porque el perro de agua di' nmụ ha subido y lo ahoga a uno. Ese perro se sale de su cerca cuando tiene hambre, y a la gente le avisan para que se prepare (Bozzoli de Wille 1977, 182).
tkbëdiwak suLeÿibi
El principio de los dueños del lugar Quebrada Culebra
(Clan tkbëdiwak)
1. siwa’ i’ e’ wi tërsë etta icha mika tkbëdiwak suLeÿibi tskine eta.
1. Esta historia es del principio según cuando los dueños del arroyo culebra nacieron.
2. e’ keska ta eköL wikeLa tkër e aLar böL; eköL wëm, eköL aLáköL.
2. En ese tiempo una viejecita tenía dos niños; uno hombre, uno mujer.
3. aLáköLie senewa wëapa ta
3. La mujer se juntó con un hombre
4. uköki iwëm ujtöana iea: mishka aÿëbLök
4. Después su marido le dijo a ella: vamos a cazar
5. baakë a ichö tö mishka a ña
5. A tu hermano dile que vaya conmigo
6. buLeñakki ta ieapa micho, wikeLa atetkër eköLLa
6. Al día siguiente ellos se fueron, la viejecita se quedó sola
7. iepa mi deka kákie tkbësoL edök
7. Ellos llegaron hasta un lugar llamado tkbësoL.
8. iepa deka, ñée iepa u ÿawe, iepa böwö batse,
8. ellos llegaron entonces ellos casa hicieron ellos encendieron fuego
9. tsaLi ta iepa kapötke.
9. Al atardecer ellos pernoctaron.
10. buLeñakki ta wëpaëLtë micho aÿëbLök,
10. Al día siguiente los hombres fueron a cazar,
11. mik ieapa denei ta, iepar isaweta aLaköLie dör chakö aLe,
11. Cuando ellos regresaron, ellos vieron a la mujer que estaba cocinando
12. darërë ieapa tkina, erë kë iepa wa ìÿëne, iepa chake bër mégie
12. Ellos mucho se sorprendieron pero ellos no dijeron nada, ellos comieron calladitos.
13. uköki, mik aLakoLie mía di’ tsuk, edLewata iwëm dör iakë a iche: ¿we ber iche bukuta wa chakö bite?
13. Después cuando la mujer fue a traer agua en ese momento su marido le dijo al hermano: ¿Dónde crees que tu hermana consigue comida?
14. ñée iakë dör iute: ema ekkë, webrö yujutá wa chakö bite, kë ÿe’ wa isune, ÿe’ këwa iujchen.
14. Entonces su hermano le contestó: pues quién sabe dónde mi hermana consigue comida, yo no lo ví, yo no lo supe.
15. ka mañat tkiaa, ta imir itöes. ka tkëLi ta ñee, iwëm dör iakë a iche: iñe ÿe’ ki ikiana sawéwa tö, ÿi terke bukutaa chakö amuk.
15. Tres días pasaron, se repitió lo mismo, cuatro días, entonces su marido a su hermano le dijo: hoy yo quiero ver quien viaja a darle comida a tu hermana.
16. ieapa mí deka kukur, ta ñee idawar iea iche: ÿer ikLöwere ie ÿe’ ate ebLökwa iwebLök, ñée idwar ie iute: ëkëkë ÿe’ mía aísh be’ apánuk.
16. Ellos fueron a distancia cercana (se acercaron), entonces el cuñado a él le dijo: yo creo que aquí yo me quedo escondido para verla, entonces el cuñado le contestó: bueno yo voy más adelante a esperarte.
17. idawa micho, ñee ie’atetkër bLëruLe iaLaköL webLök
17. Su cuñado se fue entonces, él quedó escondido para espiar a su mujer
18. dö eLke ta ñee, ier isaweta to, eköL apëwën bërie e doa, e’ dewa weshke. ier isawé to iaLaköL dör ikiewa wes sawëm kiewa es.
18. Al poco rato entonces él lo vio que un hombre particular grande llegó y entró. El vio que la mujer lo recibió como se recibe al marido.
19. erë apë e’ apakör shamaë; ikë e’ u a chakö debitu
19. Pero el forasterero era peludo; pues ese traía comida,
20. e’ aLeke aLakölier ieapa ÿöki, uköki ier isawe tö wëm ñée da ie taÿë ukö wes iwëm éjka es.
20. Esa era la comida la mujer hacía para ellos. Después él vio que el hombre fue con su mujer como su marido propio.
21. sawewa ier sejka; ñee ie micho idawa itöki, ie mi deka airaijkë ta ñee edök idawa tso ie apanuk.
21. Vio él todo, entonces él fue para donde se fue su cuñado, él fue hasta más adelante entonces allá su cuñado está esperándolo.
22. ie’ deka ñee ier idawaa iapakewa sejka, ñee idawa ujtöana iea: es irir ema, in ber iche, así, entonces qué dice usted.
22. El vino entonces donde su cuñado y le explicó todo. Entonces su cuñado le dijo a él: si es así, entonces qué dice usted.
23. inui kë samiÿarne, dö’ se’ ukö ibatatsör.
23. Por qué no nos vamos, puede que nos pase algo a nosotros.
24. ñee idawar ie’ iute: ema kë idë wes, buaidir, es ber iche ema i sadene, er sadaLi iöketke eiarma buLame ta kë i kane taia ta smitke buLaabe.
24. Entonces su cuñado le contestó: entonces nada tiene, está bien, si así dices entonces ahora que lleguemos nos vamos a alistar para que mañana no haya trabajo de nada, para irnos temprano.
25. ñee iepa bitemLe dene weshke ta kë iepa wa i ÿëne aLakölier, itie, ñedakrir. uköki iepa ekeka ukábötka apaÿuök, suLëwö apaÿuök, iÿi iöl.
25. Entonces ellos se regresaron y entraron a la casa entonces ellos no dijeron nada a la mujer, les sirvió, comieron. Después ellos se levantaron a amarrar las lanzas, a sus flechas amarrar, y echar sus cosas.
26. sawe aLaköLie dör, ñee ier iwëm a iche: íe a’ tso íyi iök, wes a’ euke, a’ kë aÿëbLöja?
26. La mujer vio entonces ella a su marido le dijo: ¿para qué ustedes están guardando sus cosas, qué piensan hacer ustedes, no van a seguir cazando?
27. ñee iwëm ie’ iute: kë sa aÿëbLöja; kë i dami ta iök ë stuLur, e’kweki sa’ mitke.
27. Entonces su marido le contestó: no seguiremos cazando, no se ve nada, entonces qué estamos haciendo, por eso eso nos vamos.
28. ñee ier iwëm a iche: a’ mitke ¿ta ÿe? ñee iwëm iea iche:
28. Entonces ella le dijo a su marido: ustedes se van, ¿y yo? Entonces su marido le contestó:
29. ema ëkkë, buak a iwër, ba shakane ema mishka, kë bashakagne ebetą kë ÿe wöki iwëne.
29. Quién sabe, usted lo verá, si quieres volver entonces vámanos, si no quieres volver entonces yo no tengo que ver.
30. buLeñakki ta iepa bituchoëne. AláköLie kawöta shakönbitu iepa itöki mik iepa dene iua, ñee iwëm datsi ie, iÿi ie, micho kë eÿeneat iaLaköl a.
30. A la mañana siguiente ellos se vinieron. La mujer tuvo que venirse atrás de ellos. Cuando ellos llegaron a su casa entonces su marido su ropa echó, sus cosas también, se fue sin despedirse de su mujer.
31. wikeLa dör isawe tö iaLabusi dunaka erë kë iwa ia iÿëne. ka tkëL ta ialabusi wöcho aLarLar böL.
31. La viejita vio que su hija estaba embarazada pero ella no le dijo nada. A los cuatro días su hija dio a luz dos criaturas.
32. ñee wikeLa debitu aLatsitsiLa akwöwę apaskwe buaë uköki iatrewa datsinuwa téuLur weshke. ka tkëL ta aLatsitsi ñee, shkémitke iski, ska, katkëL ta ide wiwië.
32. Entonces la viejecita vino a los chiquitos los bañó los lavó bien, después los envolvió con trapitos los acostó adentro. A los cuatro días los niños esos ya caminaban en el suelo, a los otros cuatro días ya estaban grandes.
33. eta ñee iepa ujtöana iwikeLaa: a wikeLa: saa chakua ÿö du kLöwaie. ñee iwikelar ia chakuachka amę, ñée iepa miÿar du kaLiuk; tsaLi ta iepa wa du re sku’ böÿök chikë.
33. Entonces ellos le dijeron a su abuelia: consiga goma para nosotros, para atrapar pajaritos. Entonces su abuelita les dio esa goma entonces ellos se fueron a coger pajaritos. En la tarde ellos trajeron pájaros dos chácaras llenas.
34. kë iami wa iÿene, dLëua wikeLa tso’ enkök (enbkök): ¿wes aLatsitsi diör du kLöwę er ejkë? döka tkëtökicha ta ie ujtöana iñe ÿe’ mike isauk tö, wes ieapar du kLöwekę.
34. Su mamá no les dijo nada. Mientras la viejecita pensaba: ¿Cómo esos niños agarraron pájaros hasta esa cantidad? Hasta cuatro veces ella se dijo hoy yo voy a ver cómo es que ellos cogen los pájaros.
35. iwikeLa mi iepa itöki bër bLëruLe de we iepa terkedö e, ñee ier isaweta aLatsitsi dörchkuachka ñee tketsa iski ea.
35. Su abuelita fue tras ellos medio escondida llegó donde ellos iban allí entonces ella los vio a los chicos que la goma esa regaron en el suelo en ese.
36. iepa etię eLas aLas dö eLke ta iÿörLona tkbë ie mikarar ñee kaLtsak uköki kaLkö a trewa dakirir ewa ikë eamil du tërkę paj – paj.
36. Ellos se revolcaron para allá, para acá, hasta un rato, y se convirtieron en culebras, se subieron entonces a la copa de un árbol después a las hojas las rodearon con sus cuerpos pues en eso los pájaros se pegaban paj–paj.
37. e’ kë banÿarmbLe, iepa tsiwör chjuaë ekweki, sibö iÿi idir wa, iepa enaiana tö iwikeLa dör isawewa, ñee kë iepa dëne du kLöuk, ñee iepa ujtöana iwikeLaa:
37. Esos no tenían escapatoria, sus espaldas (lomos) estaban con goma por eso como son cosas de Dios ellos comprendieron que su abuelita los había visto entonces ellos no volvieron a coger los pájaros, entonces ellos dijeron a su abuelita;
38. a wikeLa, saa suLëwö ÿawö nimaLa tkoie. WikeLa debitu iepa a suLeÿawe shkme ÿawe, iwakpa es, uköki aLatsitsi micho dijka. TsaLi ta iepa dene iepa wa sku’ böÿök nima de erë nima bLubLuëme.
38. Abuelita, háganos flechas para coger pescaditos. Abuelita vino a ellos, les hizo flechas, arcos les hizo, como son, (a cada uno sus armas), después los chicos fueron al río. En la tarde ellos regresaron ellos trajeron dos chácaras de pescado pero sólo pescados grandes.
39. döka katkeL ta ñee wikeLa dör iaLabusi a iche: iñe ÿe mike iwebLök tö, wes aLatsitsi tsirë e’ uLade nima wiwië eska.
39. Hasta 4 días entonces la abuela díjole a su hija: hoy yo voy a ver que como los chicos pequeños logran coger peces grandes.
40. kë iaLawa ie’ iutëne, uköki wikeLa micho bërë aLatsitsiwak itöki.
40. Su hija no le contestó, después su abuelita fue quedito tras los niños.
41. mik ie’ detsa dijka ñee ier isawęta aLatsitsi debitu etuLetsa iski stsawöa etię dö eLke stsawöa ta ida ÿörLor tkbë ie.
41. Cuando ella llegó al río entonces ella lo vio que los niños vinieron y se tiraron en el suelo en el suelo en la arena, se revolcaron hasta un rato en la arena y se convirtieron en culebras.
43. e’ etiukewa día, es ikë iepa dör nima kLoweke.
43. esos se metían en el agua así pues ellos agarraban peces.
44. Mik iepar nima kLöwę, ta iepar ia mekedö kamië,
44. Cuando ellos cogían peces entonces ellos los dejaban lejos,
45. eiarma mik iepa tso’ ikì kLöwk (kaLöuk) ta kë idëtsane dia, dLewa wikeLa tso isauk aki.
45. para que cuando ellos están agarrando más no puedan llegar al agua en ese momento la viejita está mirando escondida.
46. Mik iepa isawe tö iepar nima kLöwe de wë shkatnę, eta ierpa mianę dö stsawö ñee, ska etia stsawöa da ÿörLörne se’ ie.
46. Cuando ellos ven que ellos pescaron lo suficiente entonces ellos regresaron hasta la arena esa, se volvían a revolcar ahí en la arena hasta convertirse en gente otra vez.
47. sawe wikeLa dör tö es iepar nima kLöwekę ie’ mi dene weshkę ñee ier iaLa a icheką tö:
47. Lo vio la viejecita que así ellos pescan, ella regresó a su casa entonces ella a su hija díjole que:
48. ñée ÿer baLar sawewa euk. Ñee kë iaLawa ie iutëne.
48. Así yo a tus hijos ví hacerse. Entonces su hija nada le contestó.
49. uköki aLatsitsiwak dene wa nima de kë iami waia i ÿëne
49. Después los niños regresaron trayendo pescado, su mamá nada dijo
50. ewösuk iepa kë ujtö iamita, ujtöke iwikeLaëta.
50. igual que ellos no le hablaban a su mamá, hablaban sólo con su abuelita.
51. sibö iÿi idir wa iepa wa iujchena tö iwikeLa dör iepa suewa ekweki buLeñarkki ta iepa ujtöana iwia: a wikeLa iñe sa mitke ñee iwikelar iute: we a mirö, ¿we brö sa mikerö? erë sa’ mitke.
51. Como es cosa de Dios, ellos lo supieron que su abuelita los había visto por eso al día siguiente ellos le dijeron a su abuela; abuela, hoy nosotros nos vamos, entonces su abuela contestó: ¿Adónde van ustedes? – ¿Quién sabe adónde vamos? pero nos vamos.
52. buLeñakki ta aLatsitsi micho, kë ÿi wa isune tö wek imichodak, ka tkëL ki ta ñée wikeLa dör ijstseta dipö a ibuLar wes aLa buLar es, döka ka tkëL, ska ta iska buLane, darör ñée iÿök wötiwę. wikeLa endaa su ÿe mi isauk, tö i buLarkę dipö ñée edör iÿök wötiwę. ie’ mi de bër iwebLök, ñee ie’ wöichöka tkbë do wötskirka bötöm wiwië, e e siukę wes dipö ajkötkökę es iÿökamik es añies dipö tLando. wikeLa enaiana tö er ie sibaÿömpa, eñée sibö etewa, ier isawę tö diö es ëimi ema iepar ditsö ÿöki ka wötkewami diëme, ema kë ditsöa ka kunuk senaie.
52. Al día siguiente los niños se fueron, nadie los vio para dónde se fueron, 4 días entonces la viejita oyó que en la poza que sonaba como que era el trueno, así hasta 4 días, después sonó de nuevo, hizo entonces estremecer la tierra. La viejita pensó voy a ir a ver qué suena en esa poza, qué hace a la tierra estremecerse, ella fue, llegó medio escondida, entonces ella antes sus ojos dos culebras se asomaron, grandísimas, esas se rozaban contra la roca, a como pasaban la orilla del pozo (alrededor) en la tierra asimismo el pozo crecía. La viejita comprendió que eran sus nietos, de ahí Dios intervino. El vio que si sigue así entonces ellos antes de la raza al mundo vconvertirían en pura agua, entonces los seres (la raza) no encontraría lugar para vivir.
53. ekweki ie’ dör böL ekiamuk kLöa iujtök wa; böL iki kLöa ittë wa.
53. Por eso él consiguió dos ayudantes, consiguió para matarlas, dos más ayudantes se buscó para espantarlas.
54. iepa a ta tkbëköL ñee dör wes nima es tsir, dipö añies tsir, wes diLa dipe es. ñée iepar iñal wöte ak wa, eiarma mik idatske ta kë ibánmiie.
54. Para ellos esas serpientes eran como pececitos, la poza también pequeñita como pocita de quebrada. Entonces ellos trancaron la desembocadura con piedra para que cuando vengan no pasen de lejos (que no se pasen).
55. ñee wëpa böL ñee apatkemi sibö dör itrëuk ta ie atemLe’ sorkuLa ta iapanuk, dö eLke ta wëpa tso’ itrëuk kuLutkaa; se idátse, se idatse. ñée sibö dör sórkuLa a iche:
55. Entonces dos hombres Dios mandó a espantarlos, entonces él se quedó con sorkuLa esperándolos, un rato después los hombres que estaban espantando gritaban: ahí va, ahí va. Entonces Dios le dijo a sorkuLa:
56. kewe idatsę etkö bedör, btaie idotse e’ tkekę ÿe dör.
56. El que viene primero chucélo usted, el que viene de último lo voy a chucear yo.
57. edLewa iepar isuęta nima kibiëtöm datske, ñee sorkuLa kër ipaneia, tkewaie –traa –tkëna buaë, keka ieka iskua. sibö enaiana to sorkuLa dör iëtöm ujtewami erë ie’ kë ki ikiane tö ië–töm dawöwa. ekweki ie dör sorkuLa a iche:
57. En ese momento ellos vieron que venía el más grande pez, entonces sorkuLa no esperó nada y lo chuceó, pegó bien, lo alzó, lo echó en la chácara, Dios comprendió que sorkuLa podía matar al otro pero él no quería que el otro muriera. Por eso él le dijo a sorkuLa:
58. ÿe a ipeitö ñee dLewata iëtöm datske, ñee sibö dör ibtat keë wek idar ejkę, uköki suLëwö peumi iki tkamine itsiwöki, ñee sorkula dörie’ a iche:
58. Préstemelo en eso el otro venía, entonces Dios lo apuntó por el lado que venía, después le aflojó el chuzo y le pasó sobre el espinazo, entonces sorkuLa a él le dijo:
59. inui se es böiwambLe aÿami, ñee ie’ dör iute: ketket ÿöitke tkaa, ñee sorkuLa ki ikiana ujtewa dichewa ekweki ier suLëwö ska ÿetsą erë mik ie wörsuLë ñee ÿöktsą edLewa sibö dör nima ñee woikeu katatemi dö we diwö tskirke edök. erë eta sibö kërie tsatkopa ema sorkuLa dör iepa kötLur böLë. erë sibö kë ki ikianę es, ekueki ier iashka. e’ tëndömbLe diwö tskirkę e’ dikia. siwairir, e’kueki kë sua iujchene ÿësÿësë tö wek iami ena iwikeLa e’ mineÿar.
59. Por qué haces eso, amigo (pariente), entonces él le contestó: perdón yo fallé al chucearlo, entonces sorkuLa quería matarlo a la fuerza, por eso él sacó otro chuzo pero cuando él estaba sacando el chuzo en eso Dios al pez lo sopló, lo mandó hasta donde el sol sale ahí, pero entonces Dios no lo hubiera salvado entonces sorkuLa a ellos los hubiera matado a ambos. Pero Dios no lo quería así, por eso él lo dejó escapar. Eso está ahora donde nace el sol, debajo. Es historia, por eso no sabemos exactamente para donde se fueron su mamá y su abuelita.
Suiire, Urén, Talamanca, 1973 (Bozzoli de Wille 1977, 192-197)
Referencia: Bozzoli de Wille, María Eugenia. 1977. «Narraciones bribris». Vínculos 2, n.º 2: 165–200.
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