íyitkabë: las culebras de las cosas

Las serpientes de los castigos (bribri: íyichibë, "culebras de las cosas") constituyen una categoría de seres míticos de la religión bribri encargados de sancionar las malas conductas cometidas durante la vida. 

Según la tradición, cada alimento, animal, objeto e incluso determinadas relaciones humanas posee su propia serpiente tutelar, la cual espera a las almas en el camino hacia Sulà, el mundo de origen y destino de los espíritus. 

Su función principal es juzgar si la persona vivió conforme a las normas establecidas por Sibö, castigando especialmente la mezquindad al compartir alimentos, considerada una de las faltas más graves dentro de la ética bribri, aunque también sancionan el maltrato de animales, la mentira, el abuso sexual, la pereza y otras conductas reprobables. 

Los castigos suelen consistir en una inversión hiperbólica de la falta cometida: el alma debe enfrentarse precisamente a aquello que negó, abusó o falseó durante su vida. 

En los cantos funerarios (sũwõ') las serpientes ocupan un lugar central, pues el Canto 9 describe a las cuatro serpientes que corresponden a cada falta —negra, roja, moteada y blanca— con el propósito de advertir y preparar al alma para su encuentro durante el viaje al más allá. 

Diversos relatos tradicionales vinculan además el origen de estas serpientes con los acontecimientos de la creación del mundo y la protección de la canasta que contenía las semillas de la humanidad, mientras que otras tradiciones las relacionan con Shulékma̱, el Señor de las Culebras, cuyas "flechas" son las serpientes que existen en el mundo visible (García 1982, 24–27; García y Jaén 1996, 36–37; Cervantes Gamboa 1991, 88–99; Cervantes Gamboa 1993, 120–122).


Referencias:

Cervantes Gamboa, Laura. «La temática de los cantos fúnebres bribris». Revista de Filología y Lingüística de la Universidad de Costa Rica 17, n.º 1–2 (1991): 81–104.

Cervantes Gamboa, Laura. «Origen y destino de las almas después de la muerte en la religión bribri». Káñina. Revista de Artes y Letras de la Universidad de Costa Rica 17, n.º 2 (1993): 213–223.

García, Francisco. «Las Culebras de los Castigos». En Tradición oral indígena costarricense, editado por María Eugenia de Wille y Carmen María Cubero Venegas, vol. 3, n.º 1, 24–25. San José: Universidad de Costa Rica, 1982–.

García, Alí, y Alejandro Jaén. Ìes sa' yilìte: Nuestros orígenes. Historias bribris. San José: A. García, 1996.



Textos completos

5. Las culebras que castigan las malas conductas 

La referencia a culebras míticas tiene una relación directa con el medio natural de los Bribris: un bosque tropical lluvioso de densa vegetación y selva virgen en donde se da una gran variedad de especies de culebras que pueden cobrar varias muertes al año. 

Las culebras se mencionan reiteradamente en los mitos Bribris, generalmente relacionadas con malos actos y cobrando castigos. Un buen ejemplo del rol de las culebras de la mitología Bribri es precisamente lo que los Bribris piensan que las culebras son. Para ellos, lo que nosotros vemos como culebras en el mundo real son realmente las flechas de Shulékma̱, El Señor de las Culebras, que ve a los indios como animales y le gusta cazarlos, lo cual es la explicación Bribri de las mordidas de culebra, pues éstas son nada menos que los flechazos de Shulékma en sus actividades de caza.

Las culebras que se encuentran en el viaje después la muerte castigan diversas clases de malas conductas. Trataré primero la mala conducta de ser mezquino en compartir comida. 

Hay culebras que castigan el haber sido mezquino con pollo (éstas son las primeras en aparecer, dicen los informantes), carne de res y cerdo, chicha, y cualquier otro tipo de comida. Guevara (1986:167) menciona culebras para la sal y la pimienta, por ejemplo. 

Las culebras ofrecen a las almas enormes cantidades de aquellas comidas que los difuntos no compartieron durante su vida, y las almas sufren mucho porque no pueden comérselo todo (se dice que las almas son muy pequeñitas). Las culebras también atacan a las almas y tratan de matarlas. Entonces, los animales que se consumieron durante los ritos funerarios defienden a las almas. Por ejemplo, un informante me dijo que esos animales se convierten en hombres gigantes y que entonces el ala del pollo se convierte en un escudo y la espuela del gallo en una lanza, con los cuales esos hombres pelean contra las culebras. 

Por otro lado, Bozzoli (1979:132-3) reporta una entrevista con un informante en la que él dice que esos animales consumidos durante los ritos funerarios más bien ayudan a las almas comiéndose todo el exceso de comida que les ofrecen. Un punto muy importante a considerar en relación con las culebras que castigan la mezquindad de comida es que el castigo se aplica sólo a la conducta mezquina hacia parientes. Bozzoli (1975:48) dice: 

"No se siente ninguna obligación hacia los que no son parientes, mucho menos hacia los extraños, sean indios o no indios. El primer saludo a otro indio en la lengua es "¿Cuál es tu clan?" Si una persona no es del clan de uno, se le permite quedarse, pero la gente no siente obligación de darle comida. Al servir, los parientes de uno son servidos primero, empezando con los mayores. Sólo si el extraño es un chamán se le sirve a él entre los primeros". 

De la cita anterior puede inferirse que el no dar comida a los que no son parientes no acarrea castigo. Esto refleja la dicotomía parientes/no parientes importante en la organización social Bribri: la mezquindad entre parientes se castiga después de la muerte, pero no la mezquindad entre no parientes. Esto muestra el significado religioso de una regla social (si la gente es mezquina con los parientes habrá un castigo después de la muerte), o bien puede verse a la inversa, como el significado social de una creencia religiosa (hay castigo después de la muerte si la gente no es generosa con los parientes), lo cual nos da un buen ejemplo de cómo los sistemas social y religioso se reflejan uno a otro para expresar normas de interacción social. 

La mezquindad es una mala conducta tan importante para la cultura Bribri que Bozzoli se ha referido a ella como el único "pecado" reconocido por los Bribris (1979:144, 1982:160). Sin embargo, veremos seguidamente algunas otras malas conductas que se tienen en consideración, y que nos ayudarán a completar el cuadro de las creencias religiosas Bribris acerca de las buenas normas de comportamiento.

Si una persona abusa de sus animales, tales como gallinas, cerdos, caballos, vacas y gatos; le aparecerán culebras castigando eso en su viaje después de la muerte. Jiménez (1988:66) describe a estas culebras teniendo la cabeza como la del animal que está vengando. Guevara (1986:167) ofrece una buena explicación de por qué existe castigo después de la muerte sólo por haber abusado de animales domésticos, y no se incluyan a los animales salvajes. Los animales salvajes tienen su dueño, Duwàlok, El Señor de los Animales, que castiga a los cazadores que no cazan adecuadamente y dejan a los animales heridos. 

Duwàlok envía a Shulékma̱, El Señor de las Culebras, a tomar venganza de esos animales. Shulékma̱ caza a los cazadores con sus flechas, las cuales, ya vimos, son las culebras mismas, y esta es la razón por la cual los cazadores que no se conducen apropiadamente durante la caza fácilmente son picados por culebras. 

Los animales domésticos no tienen un amo (dueño, maestro, señor) mítico, sólo pertenecen a su dueño, que es entonces castigado por las culebras míticas después de la muerte. Es interesante notar que, en el caso de maltrato de animales salvajes y domésticos, los castigos se realizan en ambos casos por medio de culebras. 

También hay culebras que castigan tanto a hombres como a mujeres por mentir acerca de haber tenido relaciones sexuales o grandes placeres sexuales sin haber sido esto cierto. Entonces, en el caso de un hombre, un montón de enormes mujeres aparecerían a sus almas quejándose acerca de las afirmaciones que hizo y exigiéndole tener relaciones sexuales con ellas. Y, como las almas son muy pequeñitas, no podrán complacerlas. 

Por otro lado, un informante me ha dicho que los awàpa (doctores) deben trabajar correctamente y curar bien a sus pacientes porque hay culebras por cada cosa que hagan mal durante los ritos curativos. Este mismo informante siempre se excusa insistentemente si no puede dar explicaciones porque no domina bien la materia, diciendo que mentir es una falta muy grave, y que si inventara cosas entonces le podría ir muy mal después la muerte. Otro informante, que es el último stsököl sini' (asistente de los cantores funerarios) de Talamanca, una vez que estaba contándome cosas sobre las prácticas funerarias me dijo que debía ser muy cuidadoso al darme esas explicaciones pues no se acordaba muy bien, y si me explicaba algo incorrectamente su alma se encontraría con una gran maraca y un gran tambor en su viaje después de la muerte, y como las almas son muy pequeñas, no podrían tocarlos (se usaban maracas y tambores en las danzas funerarias). 

Finalmente, un informante me dijo que la gente que había sido muy perezosa durante su vida y no le había gustado sembrar y trabajar, tendrían que trabajar muy duro en el mundo de SuLà, en donde las almas más bien viven como en un paraíso sin tener que trabajar. 

En general, se cree que hay culebras para una gran cantidad de malas conductas, por lo que sería imposible para los informantes dar listas exhaustivas. Las culebras pueden castigar a las almas directamente, luchando con ellas, o bien deciden cómo castigarlas por otros medios (los casos de las enormes mujeres, y de las maracas y el tambor, por ejemplo). Pero, en conclusión, puede verse que el principio de los castigos es el mismo en todos los casos: las almas son castigadas forzándolas a realizar una versión hiperbólica del acto que no se llevó a cabo a causa de alguna mala conducta durante la vida (Cervantes Gamboa 1993, 120-122).


Referencia: Cervantes Gamboa, Laura. «Origen y destino de las almas después de la muerte en la religión bribri». Káñina, Rev. Artes y Letras, Univ. Costa Rica XVII, n.º 2 (1993): 213-223.


1.6 Canto 9: canto acerca de las culebras que castiga

El mayor peligro con que se encuentran las almas en su viaje de regreso al mundo de Sulà, lo representan unas enormes y monstruosas culebras que castigan las mezquindades y otras malas conductas que las personas hayan cometido en vida. El propósito de este canto es advertir a las almas acerca del encuentro de dichas culebras. El canto es realmente una descripción de las mimas. Siempre hay cuatro culebras por cada cosa que se castigue. Lo que se castiga se indica con un impletor al principio de cada estrofa, al que sigue la palabra para culebra tk, con lo que entonces se identifica la mala conducta a la que el canto se está refiriendo (por ejemplo, íamọl tk, culebra de la chicha' o "culebra que castiga el haber sido mezquino con chicha"). Por otro lado, cada una de las cuatro estrofas del canto se refiere a una de las cuatro culebras, las cuales son de diferentes colores, negra (bë́k en la primera estrofa), roja (yö́t en la segunda estrofa), blanca (sulat en la cuarta estrofa) y con puntas (sör en la tercera estrofa). Puede encontrarse mayor información acerca de las culebras, y acerca de las malas conductas que se castiga después de la muerte, en Cervantes (1990: 56-71).

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Kölö to be rami su̱

bëk kạmọle busukrëa

wirar tabaö

wirar saö

kaö kakë

kaö tabëga

kaö.


Kölö to be rami su̱

sör kạmọle busukrëa

wirar tabaö

wirar saö

kaö kakë

kaö kabëga

kaö.


Kölö to be rami su̱

yök kạmọle busukrëa

wirar tabaö

wirar saö

kaö kakë

kaö tabëga

kaö.


Kölö to be rami su̱

sula kạmọle busukrëa

wirar tabaö

wirar saö

kaö kakë

kaö tabëga

kaö (Cervantes Gamboa 1991, 88, 99).


Referencia: Cervantes Gamboa, Laura. «La temática de los cantos fúnebres bribris». Revista de Filología y Lingüística de la Universidad de Costa Rica XVII, n.º 1-2 (1991): 81-104.


LAS CULEBRAS DE LAS COSAS

Sibö había llevado la canasta con la semilla del hombre,(4) y la dejó en la entrada del camino que recorre el sol. Entonces dijo: ¿Quién podría cuidar la semilla con seguridad?, ya que labulu se comió la semilla.

Un señor llamado Yéria ( el cazador ) le contesto: Yo puedo cuidar la semilla sin que nadie la toque, yo no la tocaré tampoco.

Entonces Sibö le dijo: Está bien, cuidala.

El cazador se salió del camino y se paró con su lanza a esperar la llegada de las culebras de las cosas que comemos.(5)

Yéria, el cazador, hizo una canasta y el rey de las lagartijas comenzó a jalarla para que todas las culebras lo siguieran a él y no pudieran encontrar la canasta verdadera.

El cazador estaba a la espera. ¿ Quién era el que venía de primero? Eran las culebras de las gallinas que al pasar frente a Yéria le preguntaron:

Oiga, señor cazador, ¿dónde está la canasta de Sibö? ¿No la vió? El pasó por aquí... ¿no es cierto?

Yo no lo vi, no sé dónde está- dijo Yéria.- Puede ser aquel que va allá. Y le señaló la canasta que iba jalando el rey de las lagartijas. Las culebras de las gallinas se fueron tras la canasta.

«Pasó una gallina,

pasaron dos, pasaron tres,

pasaron todas las gallinas.

Primero pasaron las culebras de las gallinas negras,

luego las culebras de las gallinas rojas,

después de las gallinas pintadas y de las gallinas blancas...»

Y también pasaron las culebras de los chanchos y de las vacas, pero a la culebra del perro sí que no la pudieron engañar.

Venía un perro que tenía el rabo como un mono colorado.

Venía allá abajo y pasó frente al cazador. Siguió caminando un poco más y luego, y luego se devolvió porque se dio cuenta de que había perdido el rastro. El perro quería pasar entre las piernas del cazador, entonces éste le dijo: «No se acerque, no se acerque, porque si no lo chuceo».

Por esta razón es que se utiliza el perro para cazar, porque tenía tal olfato que se dio cuenta de que la canasta no había ido más lejos de donde estaba el cazador, y que él la estaba cuidando. Allí estaba la canasta. Todo esto los mayores lo dicen de forma muy fácil, cantando.

«La culebra del perro,

la culebra del chancho,

es la culebra de la vaca la que pasó.»

Cuando se está aprendiendo nos enseñan que todas las cosas, el cacao, el plátano, el maíz, todas esas, dicen los mayores que tienen culebras. Por eso entre los antepasados se acostumbraba servir de comer sin cobrarle a nadie.(6)

Cuando uno se muere, allá en el mundo de las mariposas que se llama Kuàtara Rötara, uno va pasando y las gentes preguntan cómo vivió usted en el mundo de las semillas y donde están sus puños sagrados. Sin ellos no tiene nada en contra nuestra, uno pasa feliz, no sufre. Si uno fue tacaño con la gente, si uno no quiso regalar un pedazo de carne de chancho o de vaca, o de alguna otra cosa, cuando uno se muere y va pasando por aquel mundo, nos preguntan:

«¿Donde está su puño sagrado ? (7)

¿Por qué no le diste de comer a las semillas? «

Entonces nos agarran esos seres y tratan de matarnos.

Pues así es (García y Jaén 1996, 36–37).

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Notas

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4- Canasta de las semillas: Los hombres fueron creados de las semillas del maíz que Sibö guardaba en una canasta. Esta canasta la protege Yéria, el cazadors semillas:

5- Culebras de las cosas que comemos: Cada cosa tiene un representante mitológico (culebra) que castiga el alma de los humanos cuando no se respetan los códigos de la vida.

6- La mesquindad es muy criticada entre los bribris. Es considerada como uno de los mayores errores que puede cometer una persona.

7- Puño sagrado: Cada persona tiene un manojo en el cual está grabado todo lo que hizo en vida. El manojo está dividido en ocho cosas diferentes (García y Jaén 1996, 72).


Referencia: García, Alí y Alejandro Jaén. Ìes sa' yilìte nuestros orígenes: historias bribris. San José: A. García, 1996.



Las Culebras de los Castigos

Las culebras íyichibë son las culebras de cada cosa que uno come, ve, toma. Sibö dejó que todo lo que se come, se ve, es gratis. Si viene una persona, si viene un visitante, se le da de comer porque eso tiene culebra. Esa culebra se llama íyichibë, todas las cosas que se comen tienen.

Si la persona, el visitante, se va a quedar en la casa, eso también debe ser gratis. Porque nosotros somos pobres y Sibö nos había dejado para que viviéramos de esa manera. Y si usted va a visitar a alguna gente, le dan de comer, porque todos saben el cuento de las culebras. Entonces eso ellos lo hacen porque el espíritu Sibö lo hizo de esa manera.

Cuando Sibö hizo el primer hombre, que se llama séeble, Él le hizo el espíritu. Con ese Sibö había vivido de esa manera para que la gente viviera así también. El espíritu que Sibö nos dejó es quien nos maneja.. Con él uno vive, respira, come, y hace de todo.

Todo eso ellos lo hacen para cuando se van a morir. Uno tiene que pasar por un camino que pasa como va el sol. Cuando se muere una persona, tiene que pasar por ahí el espíritu. Entonces ahí está un hombre que es como un abuelo. El nos pregunta: "¿Ya viene?". Y uno le contesta: "Sí" Luego vuelve a preguntar: "¿Dónde están las cositas que usted lleva?" Y uno se las presenta.

Todo lo que la persona hizo en vida se representa cuando se muere por medio de lo que se llama stëblë. Si la persona antes de morir compró chancho, compró gallina, todo eso se representa. Todo lo que hizo se dice cuando se hace eso, se dice: "Tal persona hizo tales cosas, compró tantos chanchos, tantas gallinas tuvo". Todo eso lo hacen.

Y a aquel señor que preguntó por las cositas, que se llama YábLu, uno le presenta eso. Cuando el espíritu va ahí, lleva todo eso que se llama stëblë. Lleva todas esas cositas en la mano y las presenta. Y si uno ha vivido bien con la gente de aquí, como se debe, entonces uno puede pasar. Ese señor nos enseña el camino. Si uno ha vivido bien, de seguro el espíritu de uno llega allá donde hay un lugar que se llama en canto: suLawastëwa. Antes de llegar allí, uno pasa en un lugar en donde hay muchos animales que se llaman íyichibë. Son las culebras de cada cosa. Hay culebras de todo, hasta hay de mujeres ahí.

El espíritu de uno va hasta el lugar de donde uno vino, el lugar se SuLa'. Los SuLa' son gente que fabrican a los indígenas, así como se fabrica una casa. De ahí venimos nosotros y por eso el espíritu tiene que regresar allá de nuevo. Si uno llega ahí es porque ha vivido bien aquí: si no llega es porque ha vivido mal.

Si uno ha vivido mal aquí, el espíritu no llega allá, porque esas culebras que hay nos matan, matan al espíritu. Y eso no es bueno así no debe ser.

Eso empezó antes, cuando Sibö nos tenía en una canasta. La canasta la tenía un señor que se llama Tótebe, ese la tenía. Eso él lo fue a secar allá donde vive un señor que se llama YábLu. Y el último que lo cuidó fue YëLia. Antes de eso, Sibö había hecho una pregunta: "¿Quién me puede cuidar esta canasta, de manera que nadie lo toque ni se lo pueda comer? Estaba el señor YëLia, y dijo: "Yo lo puedo cuidar, donde estoy yo nadie llega. Yo no me lo puedo comer ni tomar, lo puedo cuidar bien".

Entonces Sibö le dijo: "Está bien, cuídemelo". Sibö hizo una canasta y el otro la guindó. Iba adelante, y la canasta con la semilla, ese YëLia la había escondido atrás de él.

Entonces después vio que venía la culebra de un gallo, venía persiguiéndolos. Esa culebra le preguntó a YëLia: "¿Usted no vio en donde está la canasta que Sibö llevaba?" Y él le contestó: "No, yo no ví nada". Todo eso se dice en canto.

Todas las clases de gallos tienen su culebra, ya sean negros, rojos, azules, anaranjados, de colores. Cuando uno está en vida y mata un gallo, si viene una persona hay que darle de comer a él también, porque si no la culebra de ese gallo luego nos mata. Esa culebra espera al espíritu, y cuando va a pasar por allá, lo mata por mezquinoso.

En canto también se dicen las culebras de los cerdos, según los colores: negro, blanco, etc. A los perros también corresponden culebras según los colores. Igual para las vacas y los gatos.

El camino por el que uno tiene que pasar, tiene nombre en canto. Ahí todas esas culebras de los animales tienen que pasar y nos preguntan lo mismo, que cómo uno vivió aquí en la Tierra. Entonces si uno les enseña las cositas, ellos lo califican que si vivió bien o mal. Si uno vivió bien, entonces lo dejan pasar y le enseñan el camino. Si uno vivió mal, lo matan.

Hombres y mujeres, igual que los animales tienen culebra. Cuando uno vive aquí, puede decir que tal mujer es mía mientras que no la bese ni le hable. Porque cuando el espíritu va allá, la culebra de cada persona nos espera. Si uno ha vivido mal con alguna persona, la culebra correspondiente lo puede matar, pero si ha vivido bien no le hace nada. El nombre de las culebras de las personas se dice en canto.

El que sabe todas esas cosas vive aquí bien, con cuidado. No se debe molestar a muchas mujeres, a otras. Si no se hace así, después uno no pasa de donde están las culebras de esas personas.

Si uno ha vivido aquí siendo mezquinoso, uno siempre tiene que morir allí. Por eso uno tiene que vivir bien con toda la gente; cuando se tiene una junta, una fiesta, hay que invitar a toda la gente. Por eso. Para poder salvar al espíritu en el futuro, cuando tenga que pasar allá (García 1982, 24-25).



La culebra de los alimentos

Cuando Sibö aclaró el mundo, hizo detenidamente todo el mundo, desde entonces Sibö dejó la tierra para nosotros, nos ordenó vivir en este lugar bribri, entonces comíamos gratuitamente, bebíamos gratis, tomábamos café gratis, tomábamos chocolate gratis, comíamos gratuitamente pedazos de guineo, comíamos gratuitamente, no se pagaba. Así Sibö ordenó el sistema de vivir, por eso Sibö nos dijo: -Todas las cosas que comemos tienen su culebra, el pollo tiene culebra (10). Todas las cosas se crearon después de nosotros. Los animales nacieron después de nosotros. Cuando nos morimos de enfermedad de algo, eso estaba predestinado (11), Sibö nos creó así y lo que contamos ahora es que en la jaba Sibö nos predestinó el modo de morir. Y veníamos de aquel lugar de abajo, por eso llegamos a este lugar en tiempos antiquísimos; y ustedes venían de allá arriba.

Por eso nosotros vivimos allí. Allá comíamos en aquel tiempo gratuitamente, debido a las culebras. Eso nosotros lo llamamos así: -(sigue un canto) (El canto es para la culebra del pollo con una pierna; de la ingle al pie, que es muy larga) y da a entender que vive y anda.

Después otra parte del canto es a la culebra del pollo de muslo tierno. Después el canto dice que la culebra del pollo con pintas existe y anda. Luego la culebra de pollo blanco existe. Entonces Sibö nos dejó esto para que lo divulgáramos, y para decir cuando los pollos fueron amarrados delante de los suquias, para darle fuerza a los huesos que se están tratando (12). Entonces por eso los awápa (sukias) cantan: (sigue el canto). Eso significa que la culebra del pollo se debe mencionar, hay que acudir o recurrir a ella si estamos muy enfermos, si estamos padeciendo.

Para curar la enfermedad que hace sufrir a la persona acudimos a ella. Así son las historias que han sido dejadas a nosotros los sukias. Estas no son de los cantores; esas son otras diferentes (Hace el canto JaLa JaLa kökö) luego explica que el canto varía si está cantando para un niñito o para una niñita, canta lo de la niñita primero y luego lo del varoncito. Se canta dos noches. Se mata el pollo y se le saca el corazón y se muestra y luego se pone.

Después se cocina y la sustancia se le da el enfermo por la mano del sukia. Así Sibö lo dejó para nosotros. Nosotros nos hacemos /jtsököl/ (canto funerario) y bikakla (organizador de las fiestas) y oköm (enterrador), awá (sukia). Así Sibö dijo que seamos nosotros, no fue dicho por cualquier persona, sino que es la palabra de Sibö, que ha sido puesta en la boca de nosotros (sigue con otro canto).


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(10) Cuando los bribris mueren, si han sido tacaños, especialmente con alimentos, a las almas les salen al paso las culebras de esos alimentos, las cuales ofrecen en enormes cantidades aquello que el alma no quizo dar. El alma tiene que comerse todo y de eso se muere, no llega donde Sula'. Ser mezquino era el único pecado reconocido antiguamente.

(11) En el principio antes de nacer los bribris, estos eran semillas de maíz que Sula' "cuidaba, estaban guardadas en una jaba (ajkö) (una canasta de acarreo). En la jaba se predestinó la manera de morir de cada quien. /ajkö_a/ "en la jaba" es una expresión que se usa para decir que si alguien murió ahogado, de reumatismo, de parásitos, etc, eso se había dispuesto en la jaba.

12) Cuando los primeros sukias estaban aprendiendo, Sibö era el maestro. Entonces él hacía las cosas delante de ellos para que aprendieran. Los pollos se usan en los tratamientos como /stë/ para dar resistencia a la gente entre otras razones. El narrador da a entender que en aquel tiempo Sibö tenía los pollos amarrados como los que están ahí donde el narrador está, para usarlos para fortalecer los huesos que estaba tratando (García 1982, 26-27).

Referencia: García, Francisco. «Las Culebras de los Castigos». Recopilado por Marcos Guevara. En Tradición oral indígena costarricense, editado por María Eugenia de Wille y Carmen María Cubero Venegas, vol. 3, n.º 1, 24-25. San José: Universidad de Costa Rica, 1982-.

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