Leyenda del Cerro de las Cruces


Ilustraciones por Roberto Cruz.

Referencia: La Voz de Guanacaste. (3 de mayo de 2022). Cada 3 de mayo Nicoya se une en una peregrinación a la cima del Cerro La Cruz. Te contamos por qué [Video]. Facebook. https://www.facebook.com/share/v/1G57gJGLeQ/


El Cerro de las Cruces

Hace mucho tiempo, un hechicero indígena que venía del norte [1] recorría las tierras de Centroamérica llevando consigo tres huevos encantados. En su paso por el Lago de Nicaragua, lanzó uno de ellos, del cual nació una serpiente colosal que quedó habitando sus aguas [2]. Continuando su camino llegó a la región de Nicoya, donde depositó el segundo huevo, del que surgió otra serpiente semejante que se ocultó en la tierra o en una laguna.

Finalmente, llevó el tercer huevo hasta el Valle del Guarco, en Cartago, y lo depositó en la iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles. Un sacerdote, al conocer el peligro, exorcizó al hechicero, obligándolo a confesar, y así logró aplastar la cabeza de la serpiente que nació allí. Luego partió hacia Nicoya, pero cuando llegó, la serpiente ya estaba demasiado desarrollada y apenas consiguió someterla y atarla —con cuerda o cadena— al altar mayor de la iglesia [3].

Sin embargo, el reptil continuó creciendo con el paso del tiempo, extendiéndose por debajo de la tierra hasta enlazar su cola con la serpiente del Lago de Nicaragua. Su cabeza quedó en el cerro situado al sur de Nicoya, conocido como el Cerro de las Cruces, el cual se levanta como una atalaya sobre la región [4]. Allí permanece enterrada o sujeta, y cuando el animal se agita o se retuerce, provoca los temblores de tierra [5].

También se dice que en sus entrañas hay una laguna subterránea y que de él descienden quebradas extrañas, algunas de ellas secas, pero con peces [6].

La tradición no se quedó en el cerro: en el casco antiguo de Nicoya, según Victory, en una casa colonial muy antigua —que luego funcionó como Agencia de Licores—, se podía ver una serpiente tallada que servía de sostén al alero esquinero, colocada en memoria de esta leyenda.

Desde la época colonial, los habitantes de la región suben cada año, el 3 de mayo, Día de la Santa Cruz, hasta la cima del cerro. Allí celebran misa, plantan cruces —de donde proviene su nombre— y bendicen el lugar para mantener en calma a la serpiente. Se cree que cuando la ceremonia no se realiza, o se hace sin devoción, el animal se agita, provocando terremotos, pestes, inundaciones y otras calamidades.

Así, la gran serpiente permanece bajo la tierra, con su cabeza en Nicoya y su cuerpo extendido hasta Nicaragua, contenida únicamente por la fe y la tradición del pueblo.


Notas:

[1] Sobre el origen del hechicero: I. S. lo sitúa en México; La República en Nandaime, Nicaragua.

[2] Sobre el primer depósito: La República lo ubica específicamente en la Laguna de Apoyo.

[3] Sobre la sujeción: P. Noriega menciona cuerda; Gura Sol cadena; La República añade confinamiento en una laguna en la cima.

[4] Sobre la formación del cerro: L. M. Castro afirma que la cabeza formó el cerro; I. S. añade que el cuerpo del reptil levantó cerros o promontorios.

[5] Sobre el comportamiento: Rafael Ángel Vargas Araya indica que se agita con las primeras lluvias de mayo.

[6] Sobre elementos adicionales: La República menciona laguna subterránea y quebrada con peces; otras versiones incluyen riquezas encantadas y hechiceros teriántropos (Matambú).


Referencias:

Castro, L. M. (1 de abril de 1905). El Diccionario Geográfico de Costa Rica: Observaciones (Colaboración) VII. El Día, 1-2. https://www.sinabi.go.cr/ver/biblioteca%20digital/periodicos/el%20dia/el%20dia%201905/da-1%20de%20abril.pdf

Gura Sol. (1908, 12 de julio). Leyendas ticas. Páginas Ilustradas, 5(205-206), 3493. https://www.sinabi.go.cr/ver/biblioteca%20digital/revistas/paginasilustradas/paginas%20ilustradas%201908/ga-Paginas%20ilustradas%20AnoV%2012%20jul%201908.pdf

I. S. (1916, 12 de octubre). El “Cerro de las Cruces”. El Imparcial: Diario de la Mañana, p. 3. https://www.sinabi.go.cr/ver/biblioteca%20digital/periodicos/el%20imparcial%20diario%20de%20la%20manana/el%20imparcial%20diario%20de%20la%20manana%201916/EL%20IMPARCIAL_12%20OCT%201916_Parte1.pdf

Leyendas de Costa Rica: El Cerro de las Cruces. (1985, 31 de julio). La República, p. 24. https://www.sinabi.go.cr/ver//biblioteca%20digital/periodicos/la%20republica/la%20republica%201985/La%20Republica_31%20de%20jul%201985.pdf

Solano A., M. T. (1950, 20 de octubre). El Cerro de las Cruces: A propósito de temblores (Leyenda). La Prensa Libre, p. 5. https://www.sinabi.go.cr/ver//biblioteca%20digital/periodicos/la%20prensa%20libre/la%20prensa%20libre%201950/La%20Prensa%20Libre_20%20oct%201950.pdf

Vargas Araya, R. (2020, 25 de octubre). Leyenda del Cerro de las Cruces en Nicoya (3 de mayo). Confraternidad Guanacasteca. https://confraternidadguan.wixsite.com/misitio/post/leyenda-del-cerro-de-las-cruces-en-nicoya-3-de-mayo

Victory, J. M. (1955, 27 de febrero). Nicoya. Diario de Costa Rica, p. 8. https://www.sinabi.go.cr/ver//biblioteca%20digital/periodicos/diario%20de%20costa%20rica/diario%20de%20costa%20rica%201955/bv-Diario%20de%20Costa%20Rica_27%20feb_1955.pdf



Textos completos:

El Diccionario Geográfico de Costa Rica 

OBSERVACIONES (Colaboración) VII 

Los fenómenos sísmicos—terremotos—y los cataclismos—trastornos producidos por las aguas—han causado y causan daños de consideración. 

Sabemos que se han inundado ciudades, como Helice y Bura; que han desaparecido florecientes comarcas; que se está elevando, con más ó menos rapidez, la costa del Pacífico, inclusive sus montañas, y que en cambio el territorio Nordeste de Estados Unidos, donde se hallan grandes lagos se va hundiendo lentamente; que han surgido y desaparecido islas, antes y después de la era Cristiana; y que cuando Estrabón hizo su viaje á Egipto, vió el monte Casio separado bruscamente del Continente y convertido en isla, á cuyo rededor se viajaba para ir á Fenicia. 

Las revoluciones geológicas que se remontan á la tercera época de la creación, llamada “silúrica,” (*) dejaron las aguas en el lecho que se encuentran, y á los cerros sobre la corteza terrestre; y cuando no sospechaba que parte alguna de éstos rodara y cambiara de lugar, como la piedra en el río, leí en la pág. 83 del Diccionario: “Por el lado del Perico hay un cerro que tiene la particularidad de cambiar de sitio, debido probablemente á que se halla situado en un terreno (sic.) deleznable que forman un plano inclinado. A causa de esta situación general de su suelo, son frecuentes los derrumbes de grandes masas de roca y tierra que descubren manantiales y forman crecientes de lodo aun en la época de sequía. Escasú produce muy buen café, caña de azúcar, y granos. Tiene fuentes termales en el Salitral. Estas aguas son medicinales y se expenden embotelladas con el nombre de Apollinaris. Fué erigido en cantón el 11 de noviembre de 1824. Lo forman los distritos que comprenden los barrios de San Antonio, San Rafael, Santa Ana y Salitral, con 7,043 habitantes; Hay en el cantón una máquina de aserrar madera, tres grandes beneficios de café, tres trapiches movidos por agua y más de noventa por fuerza animal.” 

¿Cómo se llama el cerro? ¿En dónde estuvo? ¿En dónde está? ¿Cuántas veces ha cambiado de lugar? ¿El cerro es baldío? Si no lo es ¿cuántos han sido y cuántos son los propietarios, favorecidos ó perjudicados por la ocupación? ¿En dónde están ó á dónde han ido á parar esas grandes masas de roca y piedra, á que alude el señor Noriega? 

Nada, absolutamente nada dice el Diccionario acerca de lo expuesto en las anteriores preguntas. 

No es difícil comprender que un cerro ó parte de él pueda trasmudarse; pero si es cosa admirable que el hecho se repita y que esta repetición no haya provocado comentario alguno. 

El mutismo de un hombre inteligente, como el Señor Noriega es inexplicable en este caso. 

¿Y qué explicación admite el silencio referente á lo principal—el fenómeno—cuando, no ha menospreciado detalles de poca monta, tales como enumerar tres beneficios de café, una máquina de aserrar madera, tres trapiches movidos por agua, etc., etc.? 

Fácil es comprender que un cerro derrubiado se divida, resbale y caiga; fácil es comprender que alguna mambla—ó mamblita—haya cambiado de sitio impulsada por un torrente ó alguna riada; empero ¿cómo admitimos que un cerro pueda trasmudarse periódicamente, así como explica el Señor Noriega? 

¡Quiénes son los que presencian el fenómeno? quiénes, los que lo han presenciado! 

Tuve noticia de él, cuando consulté el Diccionario y varias personas me han asegurado lo mismo. 

Buscando algo más sobre los cerros, en la pág. 69 encontré lo que sigue: 

“En época inmemorial un indio brujo que venía del N. con tres huevos misteriosos, dejó uno en Nicaragua del que salió una serpiente, que se alojó en una laguna; otro en Nicoya del que salió otra serpiente, y el último que incubaba un reptil semejante, lo depositó en el barrio de Los Angeles de Cartago. Un santo sacerdote que tuvo noticia de tal suceso pudo aplastar la cabeza de la pequeña serpiente del último lugar; pero cuando llegó á Nicoya no le fué fácil hacer lo mismo, pues el ofidio estaba desarrollado; logró apenas sujetarlo con una cuerda al altar mayor de la iglesia, en donde siguió creciendo hasta enlazar su cola con la serpiente de Nicaragua. La cabeza de la serpiente nicoyana vino á formar el Cerro de las Cruces, y es fama que todos los ruidos y temblores de tierra que se experimentan tienen esa causa. En la cima del Cerro se veneran tres cruces, y todos los años por el tres de mayo se celebra allí una misa y van en romería todos los habitantes de las cercanías á elevar sus preces porque la Santa Cruz los libre de las calamidades apuntadas arriba.” 

El relato ó cuento anterior carece de comentarios y de comillas; más el Sr. Noriega se refiere á la tradición y queda escudado ó excusado. Al hablar de las traslaciones periódicas de un "cerro movedizo", no invoca la tradición ni cita testigos que puedan dar luz acerca del fenómeno. 

En todo caso, es conveniente que al preparar la segunda edición del Diccionario especifique, por lo menos, cuál fué el primer lugar del cerro, y cuál es ó sea el último, para que el observador ó el viajero, al consultar el libro, puedan disipar las dudas que se presentan hoy. 

VIII 

En la pág. 74 encontramos otra novedad. Al hablar del riachuelo Chiquero, que discurre por los extramuros de Escasú, dice: “Nace en un barranco próximo al cerro de Piedra Blanca y tiene la particularidad de desbordarse, por grandes avenidas (sic) aún en la estación seca. 

No puedo negar que en tiempo inmemorial haya podido desbordarse el riachuelo, en la estación seca; pero sí aseguro al Señor Noriega, que en las dos ó tres últimas décadas no ha habido desbordamiento, riada ó cosa parecida. 

Quien afirmó que el Chiquero tenía la particularidad de desbordarse en la estación seca, suministró un dato completamente inexacto, y cuya inexactitud es de pública notoriedad. 

Continuará. 

Nota al pie en el original: (*) NOTA.—Entonces la tierra firme, dice Alejandro Humboldt, no consistía sino en islas sueltas que, en los períodos siguientes, se unieron entre sí de modo que formaron lagos numerosos y golfos profundos; y agrega: “En el mundo silúrico, la extensión de las tierras emergidas, fué indudablemente menor de uno á otro Polo, de lo que es hoy en el mar del Sur y en el Océano Indico.” 

Referencia: Castro, L. M. (1 de abril de 1905). El Diccionario Geográfico de Costa Rica: Observaciones (Colaboración) VII. El Día, 1-2. https://www.sinabi.go.cr/ver/biblioteca%20digital/periodicos/el%20dia/el%20dia%201905/da-1%20de%20abril.pdf 


 

Leyendas ticas 

Para Páginas Ilustradas 

A LILIA 

Es innato en el hombre el temor á efectos sobrenaturales y á fenómenos que no pueda abarcar su inteligencia, y en este último caso achaca los acontecimientos á seres fantásticos, siendo eso el origen de ciertos relatos que forman las consejas de cada pueblo. 

A propósito de leyendas, existe una muy curiosa en esta villa. Al Sur de la población, y á corta distancia, se levanta, cual magestuosa atalaya, el Cerro de las Cruces, y es creencia general que ese monte fué formado por la cabeza de una espantosa sierpe, cosa que narran así: «En remotos tiempos, un hechicero indígena que venía de lejanas tierras con tres huevos encantados dejó uno en el Gran Lago de Nicaragua, del que nació una enorme culebra. Siguió su camino y depositó otro en Nicoya, produciendo un reptil análogo, y el tercero lo dejó en los Angeles de Cartago. Habiendo tenido noticia del suceso un sacerdote, pudo aplastar la cabeza de la serpiente del último lugar, pero cuando llegó á Nicoya no le fué fácil hacer lo mismo, pues el ofidio estaba ya oculto, y apenas logró amarrarlo con una gruesa cadena al altar mayor de la iglesia, donde siguió creciendo hasta enlazar la cola con la que está en el Lago, y es fama que cuando hay sacudimientos sísmicos, éstos se deben á las contorsiones del reptil, y, siendo el Cerro su cabeza, se necesita bendecirlo anualmente para aplacar sus iras.» 

El día señalado es el tres de mayo, fiesta de la Santa Cruz: al despuntar la aurora, es de ver el enjambre de romeros, de todos los pueblecillos, que se aprestan á verificar la ascensión. Los pintorescos flancos del collado presentan animado aspecto, y es indefinible la impresión que se siente con el aroma de las plantas silvestres, el matutino frío y el olor de la tierra húmeda de sereno. Al terminar el hermoso bosquecillo por donde va la vereda, el panorama que se admira es espléndido: las brumas cubren todo el valle, lo que da la completa ilusión de que el Golfo se dilata en derredor, y cuando el astro-rey asoma en el oriente, aparece al pie del Cerro el caserío de la villa, cuyas habitaciones semejan una bandada de níveas palomas, destacándose en lontananza una parte del mar. Reunidos los fieles, el cura ofrece el Sacrificio Divino é implora protección para el pueblo, plantándose tres cruces, de lo que toma su nombre el collado. 

Terminadas las ceremonias religiosas, son de ver los grupos que se forman en derredor de apetitosas viandas, que son consumidas en medio de la más franca alegría. Todo lo que se diga de esa excursión es vaga sombra de la realidad: se necesita conocer los soberbios paisajes de esta península, orgullo de Costa Rica, para formarse idea de lo que son las giras en esta región. 

Gura Sol 

Nicoya, El Guanacaste, junio de 1908. 

Referencia: Gura Sol. (1908, 12 de julio). Leyendas ticas. Páginas Ilustradas, 5(205-206), 3493. https://www.sinabi.go.cr/ver/biblioteca%20digital/revistas/paginasilustradas/paginas%20ilustradas%201908/ga-Paginas%20ilustradas%20AnoV%2012%20jul%201908.pdf 



El “Cerro de las Cruces” 

Al Sur de la villa de Nicoya, a corta distancia, se levanta cual majestuosa atalaya el “Cerro de las Cruces”, y es creencia general allí que ese monte fué formado por la espantosa cabeza de una sierpe, asunto que algunos viejetos de Matambú narran así: “En remotos tiempos trajo un hechicero indígena, que venía de México, tres huevos encantados. Dejó uno en el Gran Lago de Nicaragua, del que nació una culebra colosal, enterró otro en cierto palenque misterioso de Nicoya, produciendo un reptil análogo y el tercer huevo lo llevó al Valle del Guarco. Habiendo tenido noticia de dichos sucesos, un venerable fraile misionero se propuso matar las serpientes. En Cartago pudo aplastar la cabeza del ofidio, oper cuando llegó a Nicoya no le fué posible hacer lo mismo, pues el reptil estaba oculto entre la tierra. Con grandes trabajos consiguió amarrarlo, con una gruesa cadena, al altar mayor de la Iglesia, pero esa serpiente siguió creciendo y llegó a enlazar la cola con la que vive en el Gran Lago. Es fama que cuando hay sacudimientos sísmicos se deben a las contorsiones del reptil encadenado, y siendo el cerro la cabeza, hay que bendecirlo anualmente para aplacar sus iras”. Como la costumbre de bendecir el cerro ha perdurado, es de ver el día 3 de mayo, fiesta de la Santa Cruz, el enjambre de romeros que de todos los pueblos vecinos se aprestan a verificar la ascensión, y allí congregados los fieles el Cura ofrece el Sacrificio Divino e implora protección para el pueblo, plantándose tres cruces; de ahí toma su nombre el collado. Terminadas las ceremonias religiosas, son de admirar los grupos que se forman en torno de los sabrosos manjares, los que son consumidos en medio de la mayor alegría, haciendo más interesante el refrigerio el espléndido panorama que en lontananza se divisa: al pie del cerro, la villa de Nicoya y, como fondo del cuadro, el Océano de Balboa. 

I. S. 

Nicoya, Guanacaste, Octubre de 1916. 

Referencia: I. S. (1916, 12 de octubre). El “Cerro de las Cruces”. El Imparcial: Diario de la Mañana, p. 3. https://www.sinabi.go.cr/ver/biblioteca%20digital/periodicos/el%20imparcial%20diario%20de%20la%20manana/el%20imparcial%20diario%20de%20la%20manana%201916/EL%20IMPARCIAL_12%20OCT%201916_Parte1.pdf 


 

EL CERRO DE LAS CRUCES 

A PROPOSITO DE TEMBLORES (Leyenda) 

Lector: si conoce Nicoya en detalle, o cuando menos a vista de pájaro, no puede haber pasado desapercibido a la contemplación del panorama la existencia de aquel pequeño cerro al Sur de la ciudad, marcado en la geografía por el nombre de “Cerro de las Cruces”. De aquel bello rinconcito laderoso y agreste hacia la costa Sur, han surgido desde los tiempos de la colonia numerosas anécdotas de sabor tradicional íntimo, inspiradas las más en la superstición, o bien exaltando casi siempre el poder de la fe en el amplio campo de la piedad; tanto como para dejar correr la fantasía en torno de sucesos del todo inadmisibles para la naturaleza humana, pero renovados con vehemencia en las horas tranquilas de la vida campestre para solaz del abuelo y admiración de la juventud; anécdotas jugosas que han quedado olvidadas en los estantes del archivo, cubiertas por el moho que produce el frío temperamental de las gentes de esta tiquicia, indolente por de contado para el mérito legendario en la tradición de los pueblos. 

En la hora que estamos viviendo, contritos ante el amago de tempestades sísmicas que no por frecuentes han logrado disipar el temor, me parece que cobra actualidad una de aquellas leyendas que hace veinticinco años aun se repetían, que escuché de labios de un anciano a la sombra de un jícaro a la vera del camino que arrima a Matambú, y cuando en un día estival y sin las preocupaciones de la vida hogareña ambulaba por la Península de Nicoya a caza de emociones. Contemplando ambos el “Cerro de Las Cruces” mi interlocutor dijo: “Hace varios siglos vino desde Méjico y errando por tierras centro-americanas un indio hechicero, portando tres huevos que había recibido del genio del mal; en el Gran Lago de Nicaragua echó uno al fondo, del cual se produjo una inmensa culebra que mantiene en turbulencia sus aguas; otro vino a dejarlo en Nicoya en un palenque habitado por gentes de vida misteriosa, naciendo una gran serpiente igual o parecida a la primera; el tercer huevo lo llevó al Valle del Guarco, dando vida también a otro reptil de proporciones también impresionantes. Uno de los misioneros españoles perteneciente a la Hermandad Franciscana, con noticia de aquella amenaza del genio del mal representado por la torva mitológica, se apresuró a destruir el poder demoníaco del errante indígena y en efecto logró dar muerte al reptil del Guarco; luego llegó hasta Nicoya y como la serpiente había adentrado su cuerpo en la tierra, el fraile optó por amarrarle la cabeza con una inmensa cadena sujetándola al altar del templo, lo que no impidió que el animal siguiera creciendo al través de los años en forma inconmensurable, levantando promontorios conforme iba dilatándose el cuerpo. Su crecimiento llegó a tanto que la cola la enlazó con la que desarrolló en el Lago de Nicaragua. Los ancianos de Matambú fieles a la tradición declaran que los movimientos sísmicos se producen cuando suceden las contorsiones del animal encadenado al altar, cuya cabeza está enterrada en el “Cerro de Las Cruces”. De esta anécdota se produjo una costumbre antañona, la de bendecir anualmente el Cerro, para lo cual numerosos vecinos acuden en romería el día 3 de mayo, fiesta religiosa de la Santa Cruz, para presenciar con piadoso recogimiento la ceremonia que aplaca las iras, plantando cada año sobre el cerro tres cruces al tiempo de celebrar el Santo Sacrificio. De este suceso viene el nombre de “Cerro de Las Cruces”. Cuando termina la Misa toda la feligresía se esparce por la altura, para dar buena cuenta del avituallamiento que cada familia preparó desde la víspera, haciendo gala de alegría y buen humor y disfrutando del paisaje, que por el Sur se dilata infinito sobre el Océano y por el Norte la depresión deja contemplar el caserío de Nicoya en sosiego acogedor. 

Como me lo contaron, así te lo cuento. 

Marco Tulio Solano A. 

Referencia: Solano A., M. T. (1950, 20 de octubre). El Cerro de las Cruces: A propósito de temblores (Leyenda). La Prensa Libre, p. 5. https://www.sinabi.go.cr/ver//biblioteca%20digital/periodicos/la%20prensa%20libre/la%20prensa%20libre%201950/La%20Prensa%20Libre_20%20oct%201950.pdf 



GEOGRAFIA ILUSTRADA DE COSTA RICA 

— N I C O Y A — 

Por JUAN M. Victory. 

"El nido de la civilización tica". Ahí fue donde llegaron los primeros Padres Franciscanos a educar y moralizar a la gente; y ahí se construyó esa gran joya nacional que es la Iglesia de Nicoya, ahora con 133 años los terremotos la han dejado muy mal parada, pero ya el Ministerio de Obras Públicas va a proceder a su reparación y pude ver que hay cantidad de material listo para emprender esa magna obra. Actualmente han construido un galerón, donde el buen sacerdote don Paul Elizondo atiende con todo cariño a sus feligreses, pero resulta pequeño y es imprescindible que reparen la iglesia colonial de tanta belleza y admirable construcción. 


Leyenda del Cerro de las cruces (P. Noriega): 

Al sur de la villa de Nicoya, se encuentra este gigantesco cerro referente al cual existe la siguiente curiosa tradición: "En época inmemorial un indio brujo que venía del Norte con tres huevos misteriosos, dejó uno en Nicaragua del que salió una serpiente que se alojó e nuna laguna; otro en Nicoya, del que salió otra serpiente, y el último que incubaba un reptil semejante, lo depositó en el barrio de Los Angeles de Cartago. Un santo sacerdote que tuvo noticia de tal suceso, pudo aplastar la cabeza de la pequeña serpiente del último lugar; pero cuando llegó a Nicoya no le fué fácil hacer lo mismo, pues el ofidio estaba ya desarrollado y logró apenas sujetarlo con una cuerda al altar mayor de la iglesia, en donde siguió creciendo hasta enlazar su cola con la serpiente de Nicaragua. La cabeza de la serpiente nicoyana vino a formar el Cerro de las Cruces, y es fama que todos los ruidos y temblores de tierra que se experimentan, tienen esa causa. En la cima del cerro se veneran tres cruces, y todos los años, por el tres de mayo, se celebra allí una misa, y van en romería todos los habitantes de las cercanías a elevar sus preces por que la Santa Cruz los libre de calamidades apuntadas." 

En la esquina donde está la Agencia de Licores que es una casa colonial viejísima, se puede ver una serpiente que sirve como de sostén al alero y es en recuerdo de la leyenda referida. 

Nicoya es una de las poblaciones más bellas e interesantes del Guanacaste. Tiene todos los adelantos modernos: un magnífico campo de aterrizaje, buena Unidad Sanitaria, buenas escuelas, plaza de deportes, Matadero, Teatros, Hoteles, pensiones, cantinas, y establecimientos comerciales de primera clase y bien surtidos, un bonito parque y preciosas señoritas famosas por su belleza y donaire. 

Hay grandes tesoros enterrados por los indios y son muchas las huacas que se han encontrado, conteniendo valiosísimos ídolos de puro oro, bellamente tallados. 

Se dá muy bien la caña de azúcar, el café y los pastos, por lo que hay grandes criaderos de ganado. Cuenta con varios aserraderos y trapiches y la gente es muy laboriosa y culta. 

Nicoya tiene 29,918 habitantes, distribuidos así: Nicoya: 10,693, La Mansión 14,418, y San Antonio 4,807. 

Cuenta además con los siguientes caseríos: Sabana Grande, Matambú, y Dulce Nombre, Matina, San Joaquín, Sabana, Santa Rita y San Pablo, Zapote, San Lázaro, San Vicente, Corralillo y Puerto Humo. 

Limita al Norte con el cantón de Carrillo, al N.O con el de Santa Cruz, al Sur y Oeste con el Océano Pacífico y al Este con el Golfo de Nicoya. 

Tiene los cerros de La Hoz, San Blas, Las Cruces, Santa Rita y La Lechuza. Los principales ríos que riegan el cantón son El Nosara, El Morote, el Arío y el Ora. 

En sus bosques hay caoba, cedros, cocobola y muchas otras maderas, además del palo de mora y otras plantas tintóreas. 

Está comunicada con Santa Cruz por una magnífica carretera y con Puerto Jesús por una que deja algo qué desear porque la han descuidado y está llena de huecos y mal lastrada. 

Lo más rápido para ir a Nicoya es el avión, que tarda solamente 45 minutos, pero se puede ir por Puntarenas, tomando lancha hasta Puerto Jesús y de ahí cazadora hasta Nicoya, con lo que se logra hacer un bonito paseo, económico y nada aburrido. 

Referencia: Victory, J. M. (1955, 27 de febrero). Nicoya. Diario de Costa Rica, p. 8. https://www.sinabi.go.cr/ver//biblioteca%20digital/periodicos/diario%20de%20costa%20rica/diario%20de%20costa%20rica%201955/bv-Diario%20de%20Costa%20Rica_27%20feb_1955.pdf 



Leyendas de Costa Rica: 

EL CERRO DE LAS CRUCES 

Contaban los antiguos, que en lejana época, un indio salió de Nandaime, Nicaragua, su pueblo, y se dirigió a Costa Rica llevando por todo equipaje tres huevos. Al pasar por la laguna de Apoyo, echó al agua uno de estos. El segundo lo dejó en el templo de la ciudad de Nicoya, y el último lo llevó hasta Cartago, donde lo escondió en la iglesia de Nuestra Señora de los Angeles. 

Un padre santo que allí residía, descubrió las maniobras del indio, lo exorcizó y confesó y pudo así mismo destruir el huevo dejado en la iglesia de Los Angeles en el preciso instante en que una diminuta sierpe trataba de escaparse de él. Luego corrió a Nicoya, pero al llegar allí encontró otra serpiente que estaba ya muy crecida, y como no pudo matarla, la echó amarrada en la laguna que, en esos remotos tiempos, ocupaba la cumbre del cerro llamado hoy Las Cruces, por las señas sagradas que se colocaron en lo más alto, para mantener en respeto al apocalíptico monstruo. Mientras todo esto ocurría la sierpe del huevo abandonado en la laguna de Apoyo había llegado a ser indomable y el padre no pudo cogerla. 

De regreso a Nicoya, dejó prescrito que cada año se bendijese el cerro, en medio de grande romería, para que la sierpe allí presa se mantuviera mansa. Sucedió una vez que un padre se descuidó de ir al día acostumbrado a bendecir el cerro, y a los pocos días, la sierpe alborotada enredó su cola por subterráneos conductos, con la del monstruo de Apoyo, y en sus esfuerzos por desasirse, produjo terremotos tan horrendos, que parecía el cerro de Las Cruces próximo a hundirse. 

La gente atemorizada llevó por fuerza al padre hasta la cumbre y los estremecimientos se calmaron como por encanto. 

Desde aquel entonces, nunca dejaron de subir un día fijo y con gran concurso de fieles, para precaverse con ruegos y bendiciones de tan tremendos sucesos. 

Aseguraban también nuestros antepasados que la laguna es subterránea y que atrae el rayo, lo que explica las furiosas tempestades eléctricas que suelen desencadenarse en el cerro. 

De este baja quebrada seca, pero que cría peces, y tanto esta como los mismos bosques que cubren las faldas están encantados, pues hace pocos años aún vivía en la villa una ancianita que contaba cómo, siendo ella muchacha, iba allí con su abuela a buscar cacao: al pie del cerro se quitaban los rosarios y apenas entradas en él, doquiera encontraban guacales de plata, de cacao, de carne, y otras cosas buenas, allí recolectadas por las almas de los difuntos. Y, aunque lo digan los incrédulos de nuestros días, es error grande creer que nuestros montes no están poblados aún, pues los habitan los caribes hechiceros, que no se dan a conocer, porque cuando se les acerca un cristiano se tornan jabalíes o cariblancos. 

Referencia: Leyendas de Costa Rica: El Cerro de las Cruces. (1985, 31 de julio). La República, p. 24. https://www.sinabi.go.cr/ver//biblioteca%20digital/periodicos/la%20republica/la%20republica%201985/La%20Republica_31%20de%20jul%201985.pdf 


 

Leyenda del cerro de las cruces en Nicoya (3 de mayo) 

Desde tiempos de la colonia se vienen contando diversas historias entorno al imponente cerro de Las Cruces, desde donde se contempla a sus pies el ancestral poblado chorotega de Nicoya. Una de las leyendas más antiguas relata de una gigantesca serpiente milenaria que yace dormida en lo más profundo del cerro, sin dar señales de vida a finales del invierno, ni en los primeros meses del ardiente verano, excepto cuando florece el mes de mayo, con la llegada de las primeras lluvias. Precisamente los primeros días de mayo comienza a despertarse esta monumental serpiente, que esconde su cabeza bajo el cerro de La Cruz y su cola se extiende hasta el lago de Nicaragua, según contaban los ancianos chorotegas. 

Este es el motivo por el que religiosamente el pueblo nicoyano se congrega en los primeros días de mayo, particularmente al tercer día, cuando la tradición cristiana celebraba antiguamente el “Día de la Santa Cruz”. Peregrinos de todos los barrios de Nicoya se encuentran en las faldas del cerro e inician su ascenso con mucho respeto. Una vez en la cumbre contemplan la planicie donde se levantó el templo más antiguo del país, todavía en pie, “la iglesia colonial”, construida en honor de San Blas y de la Virgen de Guadalupe. Después de esa pacífica mirada que vuela sobre las casas de la ciudad, inician los actos religiosos necesarios para mantener la paz ecológica y la paz social y, desde lo más profundo de los corazones, orar para que se mantenga en reposo permanente aquella bestia infernal, cuya cabeza se hunde bajo los pies de los peregrinos...  

Las pocas ocasiones en que el pueblo olvidó subir al Cerro de Las Cruces para celebrar su tradicional ascenso del 3 de mayo, o lo hizo entre borracheras y pleitos entre los vecinos, sin agradecer de corazón las bendiciones que la ciudad había recibido durante el año recién pasado, habían sobrevenido las desgracias históricas más terribles que azotaron sin misericordia al poblado de Nicoya, tal como fueron las pestes, inundaciones, invasiones de piratas, temblores, terremotos o incendios. Por eso, la devoción de la subida al Cerro, se viene realizando fielmente desde bien adentrada la época colonial y se ha mantenido hasta la actualidad.  

Le llaman "Cerro de Las Cruces" porque no hace muchos años eran tres las cruces que los devotos habían colocado en la cumbre, simulando la montaña del Calvario donde Jesús fue crucificado, venciendo con su sangre derramada en La Cruz a la bestia infernal del pecado. Sin embargo, al caer las cruces de los dos ladrones vencidas por los duros golpes de las lluvias, los vientos y el olvido, el pueblo no las repuso más, por lo que en el Cerro solo se levanta orgulloso este madero sagrado, dando pie a que las nuevas generaciones que lo suben a diario le llamen “el Cerro de La Cruz”. 

Como MORALEJA de esta leyenda habría que reconocer que el pueblo debe mantenerse siempre atento para no perder su identidad, su historia, sus tradiciones, so pena de que la serpiente del olvido atente contra el futuro de su misma sobrevivencia. Debemos mantenernos siempre vigilantes para que las bestias del dinero, el poder, el placer y la indiferencia se mantengan dormidas y no vuelvan a atormentar a los hijos del pueblo chorotega, que han visto cómo su cultura va decayendo, y cede su riqueza ante la imposición de patrones culturales foráneos. Ni las PESTES ni otras desgracias podrán contra un pueblo que defiende con orgullo su identidad y cuida con amor de su gente. 

Referencia: Vargas Araya, R. (2020, 25 de octubre). Leyenda del Cerro de las Cruces en Nicoya (3 de mayo). Confraternidad Guanacasteca. https://confraternidadguan.wixsite.com/misitio/post/leyenda-del-cerro-de-las-cruces-en-nicoya-3-de-mayo  

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