La Gran Serpiente Boruca


Fig. 1. Hugo Díaz, ilustración para “Historia de la gran serpiente”, de Espíritu Santo Maroto, en Adolfo Constenla Umaña, Leyendas y tradiciones borucas, 2.ª ed. (San José, C.R.: Editorial de la Universidad de Costa Rica, 1986), 55.


HISTORIA DE LA GRAN SERPIENTE

(Traducción literal de Maroto en Constenla, 1986 [1979])


Una mujer joven amaba a una gran serpiente. Y ésta salía de su cueva tras ella.

La mujer hacía chicha para la serpiente.

La ponía en un calabazo y la iba a echar en la entrada de la cueva.

En la entrada la echaba.

Cuando le había echado toda aquella chicha a la serpiente, ya la serpiente salía por aquí.

Entonces ella reía, ja ja, reía:

—Ya te has emborrachado, por ello es que sales.

Y entonces salía la serpiente, ésta era enorme. Salía y se enrollaba en el cuerpo de la mujer desde los pies. Cuando le llegaba a la cintura, caía la mujer, porque la serpiente era enorme.

Y caía la mujer. Allá mismo la envolvía hasta el cuello, hasta la cabeza.

Y caía la mujer.

Cuando se enteró su madre, ya el embarazo de la mujer estaba muy avanzado.

Entonces le dijo su madre:

—¿Qué buscas hablando con esa serpiente? ¿Cómo es que hablas con ella? Ella te va a devorar, te va a matar.

Cuando su madre se enteró, ya la mujer estaba muy gorda con las serpezuelas.

Entonces allá fue su madre a hablar con los suquias.

—¿Qué haremos con esa muchacha?

—La quemaremos. Iremos todos cuantos aquí vivimos a traer leña, a reunir leña para quemarla.

Se fueron todas las personas a reunir leña, entonces ella preguntó, diz que dijo:

—¿Por qué estáis reuniendo tanta leña ahora? ¿Por qué amontonáis leña? ¿Qué es lo que queréis hacer?

Dijo la mujer de la serpiente:

—Me van a quemar, seguro. ¿Estarán locos?

Su madre ya no la quería entregar. Entonces le dijeron:

—Pues tú misma arderás; con tu hija vas a quemarte, tú también, porque no la quieres entregar.

Entonces encendieron la leña al otro lado de la quebrada.

Encendieron la leña.

Luego llegaron por ella. Ella vivía por aquí.

Entonces llegaron por ella y se la llevaron.

—¿Qué queréis hacer con mi hija?

—¿Por qué vais a quemar a mi hija ahora?

—La quemaremos porque lo que ella va a tener son serpezuelas. Si nacen esas culebras, todo esto se convertirá en una laguna (1). Por todo saldrá agua. Y entonces las culebras van a vivir aquí.

—¿Por qué no matáis a la gran serpiente?

—La mataremos lo mismo que a tu hija. Ya le cerramos la entrada de su guarida. Para que no salga ya le cerramos la entrada de su cueva (2).

Entonces la llevaron al otro lado de la quebrada cerca de la guarida de su marido.

Allá la quemaron.

Entre todos cuantos vivían aquí, entre todos la amarraron y entre todos la echaron en medio del fuego. Allá se quemó ella.

Cuando murió aquella mujer los que estaban al mando dijeron:

—Mataréis a todas las serpezuelas; no dejéis ni una, porque huirían. Mataréis todas las serpezuelas. Al lado del fuego os estaréis todos para matar las culebritas.

Cuando estalló la mujer, ellos mataron todas las culebritas. ¡Pun!, reventó ella y las crías salieron. Sólo una logró huir (3).

Solo la cola le pudieron herir.

Solo una huyó.

En la Fila de Palmar, de este lado, allí vive la serpiente que escapó. Allá fue a quedarse. Allá se encantó (4).


Notas de variantes

1) Según Johnson (1916), el Gran Sukía explica que, si las crías sobrevivían, tendrían el poder de convertir cualquier lugar donde permanecieran en una gran laguna. En González (1996) y Maroto (2001) esta consecuencia se relaciona principalmente con las futuras inundaciones o con señales sobrenaturales emitidas por las serpientes supervivientes, sin desarrollar la idea de que toda la región se convertiría en una laguna.

2) Según la traducción libre de Maroto en Constenla (1986 [1979]), los suquias ordenan matar primero a la gran serpiente y luego quemar a la mujer; sin embargo, cuando la buscan, descubren que ya ha abandonado su madriguera, de la cual nace una quebrada. En Stone (2013) también se indica que, tras la muerte de la mujer, la suerte final de la gran serpiente permanece desconocida. En cambio, la "Leyenda de la serpiente" recogida por Teresa Ruiz de María Reyes y publicada por Constenla (1986 [1979], 180) atribuye la decisión a los suques de Talamanca, quienes ordenan quemar a la mujer antes del parto, sin mencionar un intento de dar muerte a la gran serpiente.

3) Según Bozzoli (1969, citado por Montoya-Greenheck, Carvajal y Salas, s.f.), González (1996) y Maroto (2001), no escapa una sola serpiente, sino dos. Una suele establecerse en la región de Sierpe y la otra en las montañas cercanas a Boruca o Palmar, según la versión. En Johnson (1916) también escapa únicamente una serpiente. Por su parte, la "Leyenda de la serpiente" recogida por Teresa Ruiz de María Reyes sitúa a una de las serpientes en las lagunas de Sierpe y a la otra en Caronal, donde habría abierto una gran brecha en el paraje denominado El Sapo (Constenla 1986 [1979], 180).

4) Según González (1996), una de las serpientes vive en una cueva y la otra cerca del agua o de Sierpe; ambas responderían con truenos al llamarse mutuamente. En Maroto (2001) la serpiente de Palmar Norte produce un sonido semejante al trueno antes de grandes lluvias o inundaciones. En Johnson (1916) la serpiente que escapó crece hasta convertirse en el ser monstruoso que habita la laguna de Sierpe.

5) La tradición presenta distintas explicaciones sobre la permanencia de las serpientes supervivientes. Mientras González (1996) y Maroto (2001) las relacionan con truenos, lluvias e inundaciones, y Johnson (1916) con el origen de la laguna de Sierpe, la versión recogida por Teresa Ruiz de María Reyes añade que la serpiente de Caronal abrió una gran hendidura en el sitio llamado El Sapo, donde, según la tradición, nunca pudo construirse un puente permanente; únicamente los misioneros lograron cruzarlo mediante un puente que después desapareció (Constenla 1986 [1979], 180).


Referencias:

González, Josefina. 1996. “El culebrón (Versión castellana)”. En Narraciones borucas = SháH rójc bruHcajc rójc, compilado por Miguel Ángel Quesada Pacheco. San José, C.R.: Editorial de la Universidad de Costa Rica.

Johnson P., Ad. 1916. “Una curiosa leyenda de nuestros indios”. El Imparcial: Diario de la Mañana, 1 de agosto de 1916. https://www.sinabi.go.cr/ver/biblioteca%20digital/periodicos/el%20imparcial%20diario%20de%20la%20manana/el%20imparcial%20diario%20de%20la%20manana%201916/EL%20IMPARCIAL_1%20AGO%201916.pdf.

Maroto, Angela Celedina. 2001. “La mujer que se enamoró de la culebra”. En Narraciones Brunkas. Boruca y Curré, editado por el Instituto de Estudios de las Tradiciones Sagradas de Abia Yala, 50–51. San José, C.R.: Fundación Coordinadora de Pastoral Aborigen.

Maroto, Espíritu Santo. 1986 [1979]. “Historia de la gran serpiente” y “La gran serpiente”. En Leyendas y tradiciones borucas, por Adolfo Constenla Umaña. 2.ª ed. San José, C.R.: Editorial de la Universidad de Costa Rica.

Montoya-Greenheck, Felipe, Kenneth Carvajal y Uri Salas. s.f. Descripción de la cultura del agua en Costa Rica: Pueblo Boruca. Antología digital Guía Local Turístico Indígena: Programa de Capacitación.

Stone, Doris Z. 2013. Los Borucas de Costa Rica. Traducido por María Eugenia Bozzoli Vargas. San José, Costa Rica: Ministerio de Cultura y Juventud, Centro de Investigación y Conservación del Patrimonio Cultural / Imprenta Nacional.


Anexos

Una curiosa leyenda de nuestros indios 


Señor Director de

"El Imparcial"

San José


Por si usted lo juzga de alguna importancia y merezca ser publicado en su estimable periódico, me permito enviarle el presente relato, obtenido de los indios de Boruca, en donde estuve residiendo más de dos años, acerca del origen, que ellos le dan, a la laguna de "Sierpe", que entre otras particularidades tiene la de que le entran y salen mareas, conservando siempre el dulce sabor de sus aguas.


He aquí el relato, tal como lo refieren los naturales de Boruca: Hace mucho tiempo que vivía en este pueblo una mujer nativa del lugar, soltera, de una edad mediana, ni joven, ni vieja, la cual, ¡sorpréndase el lector, sostenía relaciones con una enorme serpiente! Este reptil tenía por morada un zanjón que puede verse hoy en el pueblo de Boruca y que en parte lo divide de Este a Oeste. Dicha india, abyecta hasta lo inconcebible y bestial hasta lo inverosímil, iba los sábados a verse con su amante en la cueva de dicha zanja llevándole chicha en unos calabazos. Por lo que se ve, este reptil gustaba mucho de esa bebida. Cuando esto sucedía, se oían dentro de la gruta, las risas continuas de la mujer y unos murmullos extraños de la serpiente. Al oír esto, los indios se asomaban, por curiosidad, al antro ese y salían espantados y escandalizados al notar, con suma extrañeza, que yacía acostada en el fondo de la cueva, la asquerosa india, arrollada la enorme serpiente a su cuerpo en horrible concúbito...! acto que no hay como calificar por lo repugnante y monstruoso; entonces, se llegaron a explicar, las risas de la mujer y los extraños murmullos de la serpiente. Esto siguió así por un tiempo, hasta que notaron, que la india estaba encinta. Para mejor comprender lo que sigue de este relato, permítaseme decir algo sobre una especie de sacerdotes que existen entre los indios, no catequizados, a quienes ellos en su idioma, llaman "Sukes", o "Sukías", cuya palabra, en español, equivale a "brujos". Estos "Sukías", vienen siendo algo así como los Fakires del Indostán: son adivinos, médicos y videntes. Ellos, una vez consultados, dicen a los interesados, hacia qué lugar de la selva han de hallar, con seguridad, la cacería; quién, a qué hora y en qué clase de bebida, muchas veces mortal, le dieran al infeliz paciente la pócima que lo tiene postrado; y la causa por qué se la dieron. Cuando algún cazador se extravía, agotados todos los medios para hallarlo y no se encuentra, el "Sukía" dice, si está vivo, o muerto, si ha sido mordido por algún reptil venenoso o la ha devorado alguna fiera, ellos curan, conforme a su sistema, cualquiera enfermedad, ya sea natural, o ya provenga por el efecto de algún hechizo; en fin, estos videntes indígenas, resuelven entre sus tribus, todo aquello que se escapa a la penetración de los sentidos, por medio de su arte, y de sus conocimientos: son temidos y muy respetados por los indios: estos conocimientos, que guardan con muchísimo secreto, son trasmitidos de padres a hijos.

Dicho esto, sigamos con nuestra historia. Como los indígenas borucas, en su mayor parte, fueron sabedores de los nefandos amores de la mujer y la gran serpiente; escandalizados, se dirigieron en consulta al "Gran Sukía", que habitaba, en aquel tiempo, en la Viceyta, cuyo territorio abarcaba en sus dominios, lo que hoy se denomina Ujarrás, Yoavim, Cabagra y otras tribus. El "Gran Sukía", puesto al tanto y consultado su parecer sobre aquel caso tan extraordinario, así como también del estado en que se encontraba la mencionada india, de lo cual ya mostraba señales videntes; les contestó: que inmediatamente que regresaran a Boruca, hicieran una hoguera y que sin pérdida de tiempo, arrojaran a las llamas a tan inmunda mujer, a fin de evitar con esto, que ella llegara al término de su alumbramiento, porque, añadió el "Sukía", si tal cosa no se llegara a evitar, lo que daría a luz aquélla, como fruto de su embarazo, sería una multitud de pequeñas serpientes semejantes a la que habitaba en la cueva del zanjón ya mencionado y esto traería infaliblemente por consecuencia, la pérdida de todo el pueblo de Boruca, pues estos reptiles, que habían sido engendrados en tales condiciones y debido a esta misma razón, traían el poder satánico de convertir cualquier lugar donde permanecieran, en una gran laguna: más aún, agregó el "Gran Sukía", que cuando arrojaran aquella mujer a la hoguera; siempre deberían salir de ella, pequeñitos reptiles, que cuidado si dejaban uno con vida, pues ya sabían las consecuencias que les podría suceder; las pérdida del pueblo anegado en agua. Las órdenes de los Sukías, para los indios, son sagradas y les profesan una fé inquebrantable. De consiguiente, trajeron leña en cantidad suficiente, hicieron una hoguera y condujeron atada de pies y manos a la india criminal y la entregaron a las llamas. Cada individuo, del uno u otro sexo, que presenciaba aquel acto nunca visto extraordinario, iba armado de una hacha de piedra o de su garrote. La infeliz india, entre contorsiones y gritos espantosos, ardía; de improviso se oyó una detonación extraña; era que aquel vientre maldito, por la acción del fuego había reventado. Enseguida un gran número de pequeños reptiles huía de la hoguera en todas direcciones: los indios les daban muerte sin compasión; no quedaba sino una: la persiguen, mas ésta huye, se esconde aquí allá; redoblan sus implacables perseguidores sus esfuerzos, pero todo fue en vano: toma el pequeño reptil la selva y desaparece dejando burlados a sus tenaces enemigos. El maldito animal tomó, según refieren los indígenas, en dirección del lugar, que por este motivo hoy se llama "Sierpe" y se refugió allí y poco a poco fue surgiendo la laguna que hoy se conoce con ese mismo nombre: "La Laguna de Sierpe". En esa laguna, afirman los borucas, que aún vive esa serpiente, la cual en el trascurso de tantos años, que hace que ocurrió ese suceso; ha crecido de un tamaño colosal. Está tan arraigada esta creencia entre estos indios, que temen mucho internarse con sus botes en la laguna y afirman, que algunos que se han atrevido a verificarlo, han observado que en cierto lugar, se levanta del fondo un borbollón de agua elevando una grande ola y detrás han visto aparecer una cabeza, negra y que se asemeja a mi juicio, a la del antidiluviano "Megalosaurio", por la descripción que hacen los indios y con la diferencia que llevaba encima un penacho en forma de la aleta dorsal de un enorme tiburón. Esto lo han visto a distancia, y han huido despavoridos en la creencia de que el monstruo los había sentido y venía para atacarlos.

Tal es la versión que los borucas dan del origen de la "Laguna de Sierpe"; y la afirman, con toda certeza. Al que escribe estas líneas, varias veces se la refirió un indio llamado Antonio Rojas. Era el sujeto más viejo del pueblo; en este verano pasado murió y se le calculaba, por los que no eran de mi edad entre sus paisanos, que no tenía menos de ciento veinte años. Él me decía que esa historia, tal como me la refería, se la había comunicado su abuelo y éste le aseguraba que el abuelo de él había ayudado a llevar leña para la hoguera de aquel acto de justicia indígena, siendo aún pequeño. Todos los borucas conocen esta relación y señalan en el pueblo, no sólo el zanjón donde había existido la gran serpiente, sino también el lugar donde tenía el rancho en que habitaba la india quemada. Lo más curioso del caso es, que después que ocurrió este suceso, fueron a la cueva, para ver si estaba el monstruoso reptil y ya no había nada; había desaparecido, sin saber su paradero hasta hoy.


AD. JOHNSON P.

El Pozo, Julio 20 de 1916.

Referencia: Johnson P., Ad. "Una curiosa leyenda de nuestros indios". El Imparcial: Diario de la Mañana, 1 de agosto de 1916. https://www.sinabi.go.cr/ver/biblioteca%20digital/periodicos/el%20imparcial%20diario%20de%20la%20manana/el%20imparcial%20diario%20de%20la%20manana%201916/EL%20IMPARCIAL_1%20AGO%201916.pdf 



Traducción literal
HISTORIA DE LA GRAN SERPIENTE

Una mujer joven amaba a una gran serpiente. Y ésta salía de su cueva tras ella.
La mujer hacía chicha para la serpiente.

La ponía en un calabazo y la iba a echar en la entrada de la cueva.
En la entrada la echaba.

Cuando le había echado toda aquella chicha a la serpiente, ya la serpiente salía por aquí.
Entonces ella reía, ja ja, reía:

—Ya te has emborrachado, por ello es que sales.

Y entonces salía la serpiente, ésta era enorme. Salía y se enrollaba en el cuerpo de la mujer desde los pies. Cuando le llegaba a la cintura, caía la mujer, porque la serpiente era enorme.
Y caía la mujer. Allá mismo la envolvía hasta el cuello, hasta la cabeza.

Y caía la mujer.

Cuando se enteró su madre, ya el embarazo de la mujer estaba muy avanzado.
Entonces le dijo su madre:

—¿Qué buscas hablando con esa serpiente? ¿Cómo es que hablas con ella? Ella te va a devorar, te va a matar.

Cuando su madre se enteró, ya la mujer estaba muy gorda con las serpezuelas.
Entonces allá fue su madre a hablar con los suquias.

—¿Qué haremos con esa muchacha?

—La quemaremos. Iremos todos cuantos aquí vivimos a traer leña, a reunir leña para quemarla.

Se fueron todas las personas a reunir leña, entonces ella preguntó, diz que dijo:

—¿Por qué estáis reuniendo tanta leña ahora? ¿Por qué amontonáis leña? ¿Qué es lo que queréis hacer?

Dijo la mujer de la serpiente:

—Me van a quemar, seguro. ¿Estarán locos?

Su madre ya no la quería entregar. Entonces le dijeron:

—Pues tú misma arderás; con tu hija vas a quemarte, tú también, porque no la quieres entregar.

Entonces encendieron la leña al otro lado de la quebrada.

Encendieron la leña.

Luego llegaron por ella. Ella vivía por aquí.

Entonces llegaron por ella y se la llevaron.

—¿Qué queréis hacer con mi hija?

—¿Por qué vais a quemar a mi hija ahora?

—La quemaremos porque lo que ella va a tener son serpezuelas. Si nacen esas culebras, todo esto se convertirá en una laguna. Por todo saldrá agua. Y entonces las culebras van a a vivir aquí.

—¿Por qué no matáis a la gran serpiente?

—La mataremos lo mismo que a tu hija. Ya le cerramos la entrada de su guarida. Para que no salga ya le cerramos la entrada de su cueva.

Entonces la llevaron al otro lado de la quebrada cerca de la guarida de su marido.
Allá la quemaron.

Entre todos cuantos vivían aquí, entre todos la amarraron. y entre todos la echaron en medio del fuego. Allá se quemó ella.

Cuando murió aquella mujer los que estaban al mando dijeron:

—Mataréis a todas las serpezuelas; no dejéis ni una, porque huirían. Mataréis todas las serpezuelas. Al lado del fuego os estaréis todos para matar las culebritas.

Cuando estalló la mujer, ellos mataron todas las culebritas. ¡Pun!, reventó ella y las crías salieron. Sólo una logró huir.

Solo la cola le pudieron herir.

Solo una huyó.

En la Fila de Palmar, de este lado, allí vive la serpiente que escapó. Allá fue a quedarse. Allá se encantó (Maroto, traducción literal, [1979] 1986, 55–57).


Traducción libre

LA GRAN SERPIENTE

Esta serpiente vivía en Boruca.

Los antiguos la temían, la adoraban.

En aquellos tiempos ellos eran paganos¹, por ello no tenían nombre.

La huella de la serpiente quedó en el centro de Boruca.

Es bien visible ya que en ella brotó una quebradita.²

Decían los que sabían que la longitud de aquel riachuelo era la misma del hueco, morada de la serpiente, en el que ella habitaba.

Su madriguera, según lo indican los restos, medía doscientas cincuenta varas.
Esta serpiente era adorada por los paganos, en aquel tiempo todos la querían.
Ahora nosotros decimos que era un diablo.

Era tan grande la adoración y el temor que le tenían, que una mujer (carente de nombre) amó a la serpiente como a un hombre, hasta el punto de tener relaciones con ella.

Y cuando los otros paganos se dieron cuenta, la mujer ya estaba embarazo de la serpiente.
La mujer alimentaba a su amante con chicha cuando éste sacaba la cabeza por la boca de la cueva.

Ella, entonces reía mucho con su esposo—serpiente, con su diablo.

Cuando aquella mujer ya iba a tener su cría, las personas tuvieron mucho miedo. Y llamaron a los suquias para escuchar lo que ellos dijeran.

Los suquias dijeron que en primer lugar debía morir la serpiente y, luego, también la mujer que debería ser quemada antes de que tuviera su cría.

Entonces los paganos se pusieron a hacer una gran hoguera; y cuando aquello ardió bien, echaron a la mujer entre la leña que se estaba consumiendo.

Ella entonces reventó en medio del fuego y salieron muchas serpientes pequeñas huyendo.
Las personas las mataron a todas para que no escaparan y allá su madre se quemó por completo.

Enseguida buscaron a la serpiente para matarla y no estaba en su cueva; había abandonado su madriguera dejándola toda destruida. En sus vestios había brotado una quebrada.³
Allá quedó su huella, en el centro de nuestro pueblo de Boruca hasta nuestros días. Por eso decimos que aquella serpiente era un diablo.

Dado que todos desconocían a Dios e ignoraban su palabra, entonces ellos mismos se fabricaban a su dios. Hacían a manera de niños de oro, de piedra, de madera.

Luego adoraban aquellas mismas cosas, las reconocían como lo que se les antojara⁴.
Quien esto narra, conserva las palabras de sus mayores (Maroto, traducción libre, [1979] 1986, 51–53).

Referencia: Maroto, Espíritu Santo. "Historia de la gran serpiente" y "La gran serpiente". En Leyendas y tradiciones borucas, por Adolfo Constenla Umaña. 2.ª ed. San José, C.R.: Editorial de la Universidad de Costa Rica, 1986. Primera edición en 1979.


El culebrón
La culebra vivía en el pueblo de Boruca.

Bebía chicha, chorreaba chicha con su mujer, y él se unía a su mujer.
La mujer se unió a él y murió con él. Esa mujer murió en el fuego. Los hechiceros amontonaron aquella leña para que ella muriera allí. A la mujer se le reventó el estómago entre el fuego, para que no pudieran irse las culebritas. Pero dos huyeron hacia una laguna. Viven entre el agua. Una vive cerca de la orilla del mar, la otra vive en una cueva.
Versión castellana de doña Josefina

Metieron la señora y lo quemaron. Salió uno, es el que está por aquí, por este cerro de San Isidro, y el otro está aquí, por Sierpe, que le dicen. Son los dos que salieron y que se escaparon del fuego. Por eso, por aquí se llama Serpiente y por aquí se llama General, San Isidro de El General se llama por ese, por ahí está la serpiente. Ese apenas le cortaron el rabo, nada más; en lo que iba saliendo del fuegaje los viejos le cortaron el rabo y salió huyendo p'allá, p'arriba. Ahí tiene la vivienda, por ahi. Ahí vive, ahí está, ahí existe. Por eso cuando truena, por aquí tiene que contestarlo él allá, porque son hermanos, crías de esa señora que vivía con esa serpiente, ahí en Boruca.

Y él iba a salir de la cueva y ella tenía que regar chicha en la puerta, porque ahí se embañaba de esa chicha y se enrosquetaba en ella hasta que caía ahí. Y ahí quedaba.

Así fue. Cuando acataron es que estaba ella interesante. Entonces dijeron ellos que no podía ser que esa mujer iba a tener todo ese reguero de bichos, había que hacer una troja de leña para hacer una llamarazón, una quemazón, pues, porque ahí la metían en medio y ahí tenía que quemarse ella y todas las crías tenían que librarse, pues ellos creían que todos, toditos toditos, se iban a quemar. No. Salieron esos, se escaparon esos dos, dos bichitos. Eso es los que existen. El de por aquí vive casi entre el agua; el de por aquí sí vive en una cueva pura pura tierra, pues, adentro de esa cueva. Por eso es que llaman tebéc cráñ, esos dos bichos, los dos tebéc cráñ. Por eso nosotros cuando hacemos chicha, algunos que saben que ella era chichera, y entonces por eso es la mujer del tebéc cráñ, le dicen a uno -o que se ría mucho, ¡ajajajái, jajajájái!- dicen:

Oiga onde está la señora del tebéc cráñ (González 1996, 71).

Referencia: González, Josefina. "El culebrón (Versión castellana)". En Narraciones borucas = SháH rójc bruHcajc rójc, compilado por Miguel Ángel Quesada Pacheco. San José, C.R.: Editorial de la Universidad de Costa Rica, 1996.


La mujer que se enamoro de la culebra
En aquellos tiempos, cuando no había llegado la conquista se creía que en nuestro pueblo Bruncajc vivió una culebra que se enamoró de una mujer. Esta mujer se iba a la puerta de la cueva donde vivía la serliente y ahí le vaciaba chica, para que saliera a verla y al salir la culebra se le enrollaba a la mujer de los pies a la cabeza y tenían relaciones.

Con el tiempo la mujer salió embarazada.

Su mamá le preguntó: -¿De quién estás gorda?
La hija le respondió: -De la culebra.

La mamá se asustó y mandó a llamar a los Bóv-Sukia, para preguntarles que hacer con su hija.

Ellos le dijeron: -Hay que quitar eso pue es un mal para nuestra gente. Hay que quemarla.
La madre se opuso, pero los Bóv's no la dejaron.

La gente de la comunidad se puso de acuerdo y empezaron a amontonar leña, hojas y otras cosas más.

Luego agarraron a la muchacha y la llevaron a la fuerza.

Ella preguntó: -¿Qué me van a hacer?

Ellos le dijeron: -Te vamos a quemar porque vas a tener culebras.

Al tirarla al fuego la gente cuidaba con palos, cuchillos y piedras para matar a las culebras que salían del fuego, pero se les escaparon dos una con la cola cortada.

Se cuenta, que la culebra a la que se le cortó aún existe por las montañas de Palmar Norte, que cuando va a llover suena igual al trueno, y esas son señales de que va a haber inundaciones.

La otra culebra que huyó entera se fue para el lugar de Sierpe. Y también se cree que da señales.

Se dice que los Sukias actuaron así para quitar la maldad del pueblo.

De la serpiente que vivió en el pueblo no se supo que se hizo. Sólo quedaro como una señal suya un sanjo en el centro del pueblo de Bruncajc. Ese sanjo es hoy una quebradilla y sele respeta por su historia.

Narrado por Angela Celedina Maroto (Maroto 2001, 50-51)

Referencia: Maroto, Angela Celedina. "La mujer que se enamoro de la culebra". En Narraciones Brunkas. Boruca y Curré, editado por el Instituto de Estudios de las Tradiciones Sagradas de Abia Yala, 50-51. San José, C.R.: Fundación Coordinadora de Pastoral Aborigen, 2001.


La Serpiente. 
Esta es una leyenda acerca de la quebrada y sitio mismo de Boruca. Todavía se señala donde está el hueco mencionado en la historia, entre dos de las ondulantes lomas en el poblado. La serpiente tiene una conexión mística con la serpiente que truena moviendo su cola para hacerla sonar y con la Laguna de Sierpe que forma una de las siete desembocaduras del río Diquís.  

La serpiente macho vivía en un hueco. Él salió y la mujer estaba detrás de él a la orilla de la entrada. Serpiente la esperó para que le diera chicha de manera que él se emborracharía y se abrazarían. Entonces ella rió con la culebra. Luego se bañaron juntos en el río Diquís. Después Serpiente fue a dormir en su hueco y la mujer fue a su casa a preparar más chicha, de manera que, pasado mañana, Serpiente se emborracharía. Así se comportaban.  

Entonces la mujer quedó embarazada de Serpiente. Así la gente y el sol lo supieron. Después la madre de la muchacha lo encantó, de manera que él fue quemado colgando. La muchacha dio a luz y la gente estaba lista con sus machetes para matar las crías. Estuvieron listos con machetes y con palos. Una de las culebritas no tenía cola. La madre de la muchacha las quemó todas. Nada quedó, solo cenizas. La madre sentía lástima y lloraba por su hija. Así termina, eso es todo (Stone 2013, 79-80). 

Referencia: Stone, Doris Z. 2013. Los Borucas de Costa Rica. Traducido por María Eugenia Bozzoli Vargas. San José, Costa Rica: Ministerio de Cultura y Juventud, Centro de Investigación y Conservación del Patrimonio Cultural / Imprenta Nacional.


Una de las criaturas más recurrentes es la serpiente, Constenla (1979: 35) comenta como los espíritus acuáticos en forma de ofidio están muy relacionados con otros grupos de origen chibchoide. Los borucas creen que la quebrada Boruca, la cual es uno de los lugares sagrados en la tradición oral boruca, es el antiguo lecho de una serpiente. Don Espíritu Santo Maroto, historiador local del pueblo de Boruca, recogió esta historia luego publicada por Constenla (1979):

"En el mito de la gran serpiente los actuales borucas cuentan que ésta vivía en la antigüedad en su poblado (Boruca) y le temían y le adoraban, la huella de esta había quedado visible en una quebrada (quebrada Chí v crato v, que queda dentro de la misma población y es afluente de la quebrada Boruca), donde la misma longitud del riachuelo era la misma del hueco donde moraba la serpiente. Dice el mito actual que antes, los antiguos la adoraban, pero ahora la serpiente es igual al diablo. En una ocasión la serpiente tuvo relaciones con una mujer. Al ser descubiertos, la mujer fue quemada; ésta estalló y salieron muchas pequeñas serpientes huyendo, y las personas las mataron para que no escaparan. Al buscar a la serpiente grande, encontraron que había abandonado su madriguera, que es donde nació una quebrada." (Constenla 1979: 43-45)

Bozzoli (1969) recogió esta misma historia con algunas variaciones, sobre todo con relación a la suerte de las serpientes que salen de la mujer:

".... Mataron varias (serpientes), pero dos escaparon; una se fue para Sierpe y la otra se quedó en un cafetal cercano a Boruca, donde ahora es la plaza; las dos culebras se comunicaban por medio de un grito, ese día temblaba la tierra, llovía y corría viento; la gente le tenía terror a las dos culebras" (Bozzoli 1969: 84). (Montoya-Greenheck, Carvajal y Salas s.f., 1)

Referencia: Montoya-Greenheck, Felipe, Kenneth Carvajal y Uri Salas. s.f. Descripción de la cultura del agua en Costa Rica: Pueblo Boruca. Antología digital Guía Local Turístico Indígena: Programa de Capacitación.  

Nota aclaratoria: El texto reproducido por Montoya-Greenheck, Carvajal y Salas (s.f.) constituye una síntesis de versiones anteriores y no una transcripción literal de las narraciones publicadas por Constenla. La revisión directa de Leyendas y tradiciones borucas (Constenla 1986 [1979]) evidenció discrepancias tanto en el contenido como en la localización de las páginas respecto de la referencia proporcionada por los antologadores (Constenla 1979, 43–45). En consecuencia, las referencias a Constenla fueron verificadas directamente en la obra original consultada, mientras que el fragmento atribuido a Bozzoli (1969, 84) continúa citándose de manera indirecta por no haberse tenido acceso al volumen original.


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