La Gran Serpiente Boruca
HISTORIA DE LA GRAN SERPIENTE
(Traducción literal de Maroto en Constenla, 1986 [1979])
Una mujer joven amaba a una gran serpiente. Y ésta salía de su cueva tras ella.
La mujer hacía chicha para la serpiente.
La ponía en un calabazo y la iba a echar en la entrada de la cueva.
En la entrada la echaba.
Cuando le había echado toda aquella chicha a la serpiente, ya la serpiente salía por aquí.
Entonces ella reía, ja ja, reía:
—Ya te has emborrachado, por ello es que sales.
Y entonces salía la serpiente, ésta era enorme. Salía y se enrollaba en el cuerpo de la mujer desde los pies. Cuando le llegaba a la cintura, caía la mujer, porque la serpiente era enorme.
Y caía la mujer. Allá mismo la envolvía hasta el cuello, hasta la cabeza.
Y caía la mujer.
Cuando se enteró su madre, ya el embarazo de la mujer estaba muy avanzado.
Entonces le dijo su madre:
—¿Qué buscas hablando con esa serpiente? ¿Cómo es que hablas con ella? Ella te va a devorar, te va a matar.
Cuando su madre se enteró, ya la mujer estaba muy gorda con las serpezuelas.
Entonces allá fue su madre a hablar con los suquias.
—¿Qué haremos con esa muchacha?
—La quemaremos. Iremos todos cuantos aquí vivimos a traer leña, a reunir leña para quemarla.
Se fueron todas las personas a reunir leña, entonces ella preguntó, diz que dijo:
—¿Por qué estáis reuniendo tanta leña ahora? ¿Por qué amontonáis leña? ¿Qué es lo que queréis hacer?
Dijo la mujer de la serpiente:
—Me van a quemar, seguro. ¿Estarán locos?
Su madre ya no la quería entregar. Entonces le dijeron:
—Pues tú misma arderás; con tu hija vas a quemarte, tú también, porque no la quieres entregar.
Entonces encendieron la leña al otro lado de la quebrada.
Encendieron la leña.
Luego llegaron por ella. Ella vivía por aquí.
Entonces llegaron por ella y se la llevaron.
—¿Qué queréis hacer con mi hija?
—¿Por qué vais a quemar a mi hija ahora?
—La quemaremos porque lo que ella va a tener son serpezuelas. Si nacen esas culebras, todo esto se convertirá en una laguna (1). Por todo saldrá agua. Y entonces las culebras van a vivir aquí.
—¿Por qué no matáis a la gran serpiente?
—La mataremos lo mismo que a tu hija. Ya le cerramos la entrada de su guarida. Para que no salga ya le cerramos la entrada de su cueva (2).
Entonces la llevaron al otro lado de la quebrada cerca de la guarida de su marido.
Allá la quemaron.
Entre todos cuantos vivían aquí, entre todos la amarraron y entre todos la echaron en medio del fuego. Allá se quemó ella.
Cuando murió aquella mujer los que estaban al mando dijeron:
—Mataréis a todas las serpezuelas; no dejéis ni una, porque huirían. Mataréis todas las serpezuelas. Al lado del fuego os estaréis todos para matar las culebritas.
Cuando estalló la mujer, ellos mataron todas las culebritas. ¡Pun!, reventó ella y las crías salieron. Sólo una logró huir (3).
Solo la cola le pudieron herir.
Solo una huyó.
En la Fila de Palmar, de este lado, allí vive la serpiente que escapó. Allá fue a quedarse. Allá se encantó (4).
Notas de variantes
1) Según Johnson (1916), el Gran Sukía explica que, si las crías sobrevivían, tendrían el poder de convertir cualquier lugar donde permanecieran en una gran laguna. En González (1996) y Maroto (2001) esta consecuencia se relaciona principalmente con las futuras inundaciones o con señales sobrenaturales emitidas por las serpientes supervivientes, sin desarrollar la idea de que toda la región se convertiría en una laguna.
2) Según la traducción libre de Maroto en Constenla (1986 [1979]), los suquias ordenan matar primero a la gran serpiente y luego quemar a la mujer; sin embargo, cuando la buscan, descubren que ya ha abandonado su madriguera, de la cual nace una quebrada. En Stone (2013) también se indica que, tras la muerte de la mujer, la suerte final de la gran serpiente permanece desconocida. En cambio, la "Leyenda de la serpiente" recogida por Teresa Ruiz de María Reyes y publicada por Constenla (1986 [1979], 180) atribuye la decisión a los suques de Talamanca, quienes ordenan quemar a la mujer antes del parto, sin mencionar un intento de dar muerte a la gran serpiente.
3) Según Bozzoli (1969, citado por Montoya-Greenheck, Carvajal y Salas, s.f.), González (1996) y Maroto (2001), no escapa una sola serpiente, sino dos. Una suele establecerse en la región de Sierpe y la otra en las montañas cercanas a Boruca o Palmar, según la versión. En Johnson (1916) también escapa únicamente una serpiente. Por su parte, la "Leyenda de la serpiente" recogida por Teresa Ruiz de María Reyes sitúa a una de las serpientes en las lagunas de Sierpe y a la otra en Caronal, donde habría abierto una gran brecha en el paraje denominado El Sapo (Constenla 1986 [1979], 180).
4) Según González (1996), una de las serpientes vive en una cueva y la otra cerca del agua o de Sierpe; ambas responderían con truenos al llamarse mutuamente. En Maroto (2001) la serpiente de Palmar Norte produce un sonido semejante al trueno antes de grandes lluvias o inundaciones. En Johnson (1916) la serpiente que escapó crece hasta convertirse en el ser monstruoso que habita la laguna de Sierpe.
5) La tradición presenta distintas explicaciones sobre la permanencia de las serpientes supervivientes. Mientras González (1996) y Maroto (2001) las relacionan con truenos, lluvias e inundaciones, y Johnson (1916) con el origen de la laguna de Sierpe, la versión recogida por Teresa Ruiz de María Reyes añade que la serpiente de Caronal abrió una gran hendidura en el sitio llamado El Sapo, donde, según la tradición, nunca pudo construirse un puente permanente; únicamente los misioneros lograron cruzarlo mediante un puente que después desapareció (Constenla 1986 [1979], 180).
Referencias:
González, Josefina. 1996. “El culebrón (Versión castellana)”. En Narraciones borucas = SháH rójc bruHcajc rójc, compilado por Miguel Ángel Quesada Pacheco. San José, C.R.: Editorial de la Universidad de Costa Rica.
Johnson P., Ad. 1916. “Una curiosa leyenda de nuestros indios”. El Imparcial: Diario de la Mañana, 1 de agosto de 1916. https://www.sinabi.go.cr/ver/biblioteca%20digital/periodicos/el%20imparcial%20diario%20de%20la%20manana/el%20imparcial%20diario%20de%20la%20manana%201916/EL%20IMPARCIAL_1%20AGO%201916.pdf.
Maroto, Angela Celedina. 2001. “La mujer que se enamoró de la culebra”. En Narraciones Brunkas. Boruca y Curré, editado por el Instituto de Estudios de las Tradiciones Sagradas de Abia Yala, 50–51. San José, C.R.: Fundación Coordinadora de Pastoral Aborigen.
Maroto, Espíritu Santo. 1986 [1979]. “Historia de la gran serpiente” y “La gran serpiente”. En Leyendas y tradiciones borucas, por Adolfo Constenla Umaña. 2.ª ed. San José, C.R.: Editorial de la Universidad de Costa Rica.
Montoya-Greenheck, Felipe, Kenneth Carvajal y Uri Salas. s.f. Descripción de la cultura del agua en Costa Rica: Pueblo Boruca. Antología digital Guía Local Turístico Indígena: Programa de Capacitación.
Stone, Doris Z. 2013. Los Borucas de Costa Rica. Traducido por María Eugenia Bozzoli Vargas. San José, Costa Rica: Ministerio de Cultura y Juventud, Centro de Investigación y Conservación del Patrimonio Cultural / Imprenta Nacional.
Anexos
Una curiosa leyenda de nuestros indios
Señor Director de
"El Imparcial"
San José
Por si usted lo juzga de alguna importancia y merezca ser publicado en su estimable periódico, me permito enviarle el presente relato, obtenido de los indios de Boruca, en donde estuve residiendo más de dos años, acerca del origen, que ellos le dan, a la laguna de "Sierpe", que entre otras particularidades tiene la de que le entran y salen mareas, conservando siempre el dulce sabor de sus aguas.
He aquí el relato, tal como lo refieren los naturales de Boruca: Hace mucho tiempo que vivía en este pueblo una mujer nativa del lugar, soltera, de una edad mediana, ni joven, ni vieja, la cual, ¡sorpréndase el lector, sostenía relaciones con una enorme serpiente! Este reptil tenía por morada un zanjón que puede verse hoy en el pueblo de Boruca y que en parte lo divide de Este a Oeste. Dicha india, abyecta hasta lo inconcebible y bestial hasta lo inverosímil, iba los sábados a verse con su amante en la cueva de dicha zanja llevándole chicha en unos calabazos. Por lo que se ve, este reptil gustaba mucho de esa bebida. Cuando esto sucedía, se oían dentro de la gruta, las risas continuas de la mujer y unos murmullos extraños de la serpiente. Al oír esto, los indios se asomaban, por curiosidad, al antro ese y salían espantados y escandalizados al notar, con suma extrañeza, que yacía acostada en el fondo de la cueva, la asquerosa india, arrollada la enorme serpiente a su cuerpo en horrible concúbito...! acto que no hay como calificar por lo repugnante y monstruoso; entonces, se llegaron a explicar, las risas de la mujer y los extraños murmullos de la serpiente. Esto siguió así por un tiempo, hasta que notaron, que la india estaba encinta. Para mejor comprender lo que sigue de este relato, permítaseme decir algo sobre una especie de sacerdotes que existen entre los indios, no catequizados, a quienes ellos en su idioma, llaman "Sukes", o "Sukías", cuya palabra, en español, equivale a "brujos". Estos "Sukías", vienen siendo algo así como los Fakires del Indostán: son adivinos, médicos y videntes. Ellos, una vez consultados, dicen a los interesados, hacia qué lugar de la selva han de hallar, con seguridad, la cacería; quién, a qué hora y en qué clase de bebida, muchas veces mortal, le dieran al infeliz paciente la pócima que lo tiene postrado; y la causa por qué se la dieron. Cuando algún cazador se extravía, agotados todos los medios para hallarlo y no se encuentra, el "Sukía" dice, si está vivo, o muerto, si ha sido mordido por algún reptil venenoso o la ha devorado alguna fiera, ellos curan, conforme a su sistema, cualquiera enfermedad, ya sea natural, o ya provenga por el efecto de algún hechizo; en fin, estos videntes indígenas, resuelven entre sus tribus, todo aquello que se escapa a la penetración de los sentidos, por medio de su arte, y de sus conocimientos: son temidos y muy respetados por los indios: estos conocimientos, que guardan con muchísimo secreto, son trasmitidos de padres a hijos.
Dicho esto, sigamos con nuestra historia. Como los indígenas borucas, en su mayor parte, fueron sabedores de los nefandos amores de la mujer y la gran serpiente; escandalizados, se dirigieron en consulta al "Gran Sukía", que habitaba, en aquel tiempo, en la Viceyta, cuyo territorio abarcaba en sus dominios, lo que hoy se denomina Ujarrás, Yoavim, Cabagra y otras tribus. El "Gran Sukía", puesto al tanto y consultado su parecer sobre aquel caso tan extraordinario, así como también del estado en que se encontraba la mencionada india, de lo cual ya mostraba señales videntes; les contestó: que inmediatamente que regresaran a Boruca, hicieran una hoguera y que sin pérdida de tiempo, arrojaran a las llamas a tan inmunda mujer, a fin de evitar con esto, que ella llegara al término de su alumbramiento, porque, añadió el "Sukía", si tal cosa no se llegara a evitar, lo que daría a luz aquélla, como fruto de su embarazo, sería una multitud de pequeñas serpientes semejantes a la que habitaba en la cueva del zanjón ya mencionado y esto traería infaliblemente por consecuencia, la pérdida de todo el pueblo de Boruca, pues estos reptiles, que habían sido engendrados en tales condiciones y debido a esta misma razón, traían el poder satánico de convertir cualquier lugar donde permanecieran, en una gran laguna: más aún, agregó el "Gran Sukía", que cuando arrojaran aquella mujer a la hoguera; siempre deberían salir de ella, pequeñitos reptiles, que cuidado si dejaban uno con vida, pues ya sabían las consecuencias que les podría suceder; las pérdida del pueblo anegado en agua. Las órdenes de los Sukías, para los indios, son sagradas y les profesan una fé inquebrantable. De consiguiente, trajeron leña en cantidad suficiente, hicieron una hoguera y condujeron atada de pies y manos a la india criminal y la entregaron a las llamas. Cada individuo, del uno u otro sexo, que presenciaba aquel acto nunca visto extraordinario, iba armado de una hacha de piedra o de su garrote. La infeliz india, entre contorsiones y gritos espantosos, ardía; de improviso se oyó una detonación extraña; era que aquel vientre maldito, por la acción del fuego había reventado. Enseguida un gran número de pequeños reptiles huía de la hoguera en todas direcciones: los indios les daban muerte sin compasión; no quedaba sino una: la persiguen, mas ésta huye, se esconde aquí allá; redoblan sus implacables perseguidores sus esfuerzos, pero todo fue en vano: toma el pequeño reptil la selva y desaparece dejando burlados a sus tenaces enemigos. El maldito animal tomó, según refieren los indígenas, en dirección del lugar, que por este motivo hoy se llama "Sierpe" y se refugió allí y poco a poco fue surgiendo la laguna que hoy se conoce con ese mismo nombre: "La Laguna de Sierpe". En esa laguna, afirman los borucas, que aún vive esa serpiente, la cual en el trascurso de tantos años, que hace que ocurrió ese suceso; ha crecido de un tamaño colosal. Está tan arraigada esta creencia entre estos indios, que temen mucho internarse con sus botes en la laguna y afirman, que algunos que se han atrevido a verificarlo, han observado que en cierto lugar, se levanta del fondo un borbollón de agua elevando una grande ola y detrás han visto aparecer una cabeza, negra y que se asemeja a mi juicio, a la del antidiluviano "Megalosaurio", por la descripción que hacen los indios y con la diferencia que llevaba encima un penacho en forma de la aleta dorsal de un enorme tiburón. Esto lo han visto a distancia, y han huido despavoridos en la creencia de que el monstruo los había sentido y venía para atacarlos.
Tal es la versión que los borucas dan del origen de la "Laguna de Sierpe"; y la afirman, con toda certeza. Al que escribe estas líneas, varias veces se la refirió un indio llamado Antonio Rojas. Era el sujeto más viejo del pueblo; en este verano pasado murió y se le calculaba, por los que no eran de mi edad entre sus paisanos, que no tenía menos de ciento veinte años. Él me decía que esa historia, tal como me la refería, se la había comunicado su abuelo y éste le aseguraba que el abuelo de él había ayudado a llevar leña para la hoguera de aquel acto de justicia indígena, siendo aún pequeño. Todos los borucas conocen esta relación y señalan en el pueblo, no sólo el zanjón donde había existido la gran serpiente, sino también el lugar donde tenía el rancho en que habitaba la india quemada. Lo más curioso del caso es, que después que ocurrió este suceso, fueron a la cueva, para ver si estaba el monstruoso reptil y ya no había nada; había desaparecido, sin saber su paradero hasta hoy.
AD. JOHNSON P.
El Pozo, Julio 20 de 1916.
Referencia: Johnson P., Ad. "Una curiosa leyenda de nuestros indios". El Imparcial: Diario de la Mañana, 1 de agosto de 1916. https://www.sinabi.go.cr/ver/biblioteca%20digital/periodicos/el%20imparcial%20diario%20de%20la%20manana/el%20imparcial%20diario%20de%20la%20manana%201916/EL%20IMPARCIAL_1%20AGO%201916.pdf
Comments
Post a Comment