El origen de las estrellas en el sũwõ'
El origen de las estrellas en el sũwõ'
En la tradición oral bribri y cabécar, la serpiente constituye uno de los pilares del orden cósmico concebido por Sibú. No aparece únicamente como un animal poderoso o temible, sino como un ser primordial cuya existencia hace posible la construcción del universo, el origen de las estrellas, el mantenimiento del firmamento, la regulación del tiempo agrícola y la manifestación de diversos fenómenos celestes. Su presencia atraviesa la cosmogonía talamanqueña desde la creación del mundo hasta la explicación del movimiento de los astros, convirtiéndose en uno de los símbolos más complejos y fundamentales de esta tradición.
Cuando Sibú decidió construir la gran casa universal destinada a los bribris y cabécares, necesitó amarras para sostener la cubierta cónica que representaría la bóveda celeste. Como todavía no existían bejucos apropiados, acudió a una inmensa serpiente que habitaba debajo del lugar donde nace el Sol, en el oriente. Esta serpiente poseía largos bigotes, y Sibú envió a cinco hombres para arrancarle uno de ellos, entregándoles como ayuda su bastón, elaborado con su propio cordón umbilical. Siguiendo las instrucciones del creador, uno de los hombres logró arrancar un solo pelo del bigote, tan enorme que fueron necesarios veinticinco hombres para enrollarlo y transportarlo. Durante la empresa murió quien había arrancado el pelo, pero Sibú le devolvió la vida. Con aquel gigantesco bigote amarró la estructura del techo de la gran casa del mundo, del mismo modo en que se amarraban las viviendas indígenas, y cada uno de los nudos formados en aquellas amarras se convirtió en una estrella (Stone 1993, 122).
La tradición recopilada por González Chaves y González Vásquez amplía este episodio al señalar que los bejucos utilizados por Sibú terminaron transformándose en una materia incorruptible y luminosa. Aquello que originalmente eran bejucos pasó a convertirse en las estrellas que alumbran la noche, pues el mundo necesitaba luz para no permanecer eternamente en tinieblas. En consecuencia, las estrellas no son concebidas como cuerpos independientes, sino como los nudos visibles de las amarras que sostienen el techo de la casa cósmica construida por Sibú (González Chaves y González Vásquez 1989, 115-117).
Esta concepción convierte a las serpientes en auténticos elementos estructurales del universo. La casa ceremonial tradicional de los pueblos talamanqueños reproduce esa misma arquitectura: su cubierta cónica representa el cielo y cada una de sus amarras corresponde simbólicamente a las serpientes que sostienen la bóveda celeste. El cosmos entero aparece así concebido como una gran vivienda cuya estabilidad depende de estos seres primordiales (González Chaves y González Vásquez 1989, 115-120).
Los relatos explican además el origen de las estrellas fugaces. Habitualmente los seres humanos únicamente contemplan los nudos luminosos de aquellas inmensas amarras; sin embargo, cuando alguno de esos nudos se desata, la serpiente completa desciende desde el cielo con todo su cuerpo y su cola. Mario Nersi, de Amubri, relató que en esos momentos pueden verse claramente las serpientes cayendo hacia la Tierra, pero enormes murciélagos que habitan el espacio las devoran antes de que lleguen al mundo, pues de lo contrario incendiarían la creación con su caída. Las estrellas fugaces representan, por tanto, el descenso momentáneo de una de estas serpientes cósmicas y la intervención de otros seres sobrenaturales evita que el equilibrio del universo sea destruido (González Chaves y González Vásquez 1989, 115).
Las serpientes celestes también regulan el tiempo. Diversos informantes cabécares y ngäbes señalaron que las "culebras" visibles en el cielo indican el momento oportuno para preparar la tierra, sembrar, cosechar y reconocer el avance de los meses. El movimiento de determinadas estrellas-serpientes constituye un verdadero calendario agrícola que permite anticipar la llegada de las lluvias y organizar el trabajo comunitario. Rafael Bejarano explicaba que su padre determinaba el momento de las labores agrícolas observando únicamente la posición de estas serpientes celestes, capaces de indicar cuándo terminaba un mes y cuándo comenzaría otro (González Chaves y González Vásquez 1989, 119-120).
La serpiente también aparece vinculada a otros fenómenos celestes. Según Bonatti, María Eugenia Bozzoli registró la creencia en una gran culebra denominada dLu'tLa o tkbëköl, que vive debajo del lugar donde nace el Sol, aparece en los ríos para castigar a quienes han cometido incesto y es identificada por los sukias con el arcoíris e incluso con la Luna llena. De esta manera, el arcoíris deja de ser únicamente un fenómeno atmosférico para convertirse en la manifestación visible de una poderosa serpiente sobrenatural encargada de mantener el orden moral establecido por Sibú.
En la interpretación etnoastronómica desarrollada por Javier Bonatti, las serpientes reaparecen durante el episodio del gran árbol cósmico. Cuando el árbol amenaza con romper el techo del mundo debido a su crecimiento desmesurado, Sibú envía a los aLaLbLuʼ, quienes llevan consigo serpientes identificadas con las estrellas. Estas son tendidas alrededor del árbol formando un gran tapesco o andamio desde el cual puede efectuarse su derribo. Las mismas serpientes que sostienen la bóveda celeste participan así en la conservación del equilibrio del universo, evitando que el árbol destruya el firmamento. Una vez derribado, el árbol termina convirtiéndose en agua y da origen al mar, mientras las serpientes permanecen ocupando su lugar entre las estrellas (Bonatti 1998, 66-67).
En conjunto, los relatos muestran que la serpiente posee una naturaleza profundamente cósmica. Habita originalmente el oriente, presta a Sibú la materia con la cual construye el cielo, se transforma en las amarras que sostienen la casa universal, da origen a las estrellas mediante los nudos de sus bigotes, se manifiesta como estrella fugaz cuando una de esas amarras se desprende, regula el calendario agrícola a través del movimiento de los astros, aparece como arcoíris castigando las transgresiones del orden social y participa en la preservación del universo durante el episodio del árbol cósmico. Más que un simple animal sagrado, la serpiente constituye uno de los principios estructurales de la cosmología bribri y cabécar, pues sostiene literalmente el cielo y mantiene el orden físico, temporal y moral del mundo creado por Sibú.
Referencias
- González Chaves, Alfredo, y Fernando González Vásquez. La casa cósmica talamanqueña y sus simbolismos. San José: Editorial Universidad de Costa Rica / EUNED, 1989, pp. 115-120.
- Stone, Doris. Las tribus talamanqueñas de Costa Rica. San José: Comisión Costarricense V Centenario del Descubrimiento de América, 1993, p. 122.
- Bonatti, Javier. “Una interpretación etnoastronómica y etnobiológica del mito de la mujer que se convirtió en mar.” En Primer Congreso Científico sobre Pueblos Indígenas de Costa Rica y sus fronteras: Memoria, 61-72. San José: EUNED, 1998.
Textos completos
Entre los Talamanqueños, la cubierta de la gran casa de base circular es un cono que representa la bóveda celeste. Es la forma que dio el gran Sibú al cubrir y techar la gran casa universal “destinada a los Bribis y Cabécares para que vivieran felices dentro de ella”. También les dijo que “sus casas debían de ser iguales a la gran casa que él había construido: sobre el suelo, redondeadas, y con suita sobre el techo en el caso de los Bribis y bijagua, en el caso de los Usékares”.
Cada una de las amarras de la estructura es un bejuco (serpiente) y las estrellas que vemos en el cielo son nada menos que las cabezas, puntas o bigotes de esas serpientes que brillan durante la noche.
Según Mario Nersi, de Amubri:
Cuando alguno de esos nudos del cielo se desamarra, observamos bien la serpiente que viene hacia abajo con todo y su cola (i.e estrellas fugaces). Sin embargo, hay unos inmensos murciélagos en el espacio que se las tragan; ya que si esas serpientes cayeran nos quemarían (Mario Nersi, 9-9-87) (González Chaves y González Vásquez 1989, 115).
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LAS ESTRELLAS, AMARRAS ESTRUCTURALES
Como se expresó anteriormente, la casa de Sibú es la gran bóveda o más bien, el gran cono celeste. Por lo tanto, en el firmamento están representadas las amarras de la gran cubierta: las estrellas(békuo), con sus nudos.
Los bejucos que ocupó para amarrar, tejer, primero son los bejucos, pero posteriormente se convirtieron en algo duro, algo que no se pudre y...algo resistente. Después, tanto los bejucos pues, llegaron a alumbrar tanto, que esa es la estrella. Y... tenía que haber luz por la noche porque, la noche, si no hubiera luz para el dítséwo que iban a nacer, no podía estar bien, porque todos los tiempos vivirían en una tiniebla (Francisco Figueroa, 17-10-87.
Tratamos de identificar con nuestros informantes esas estrellas principales. Cuáles específicamente, siendo las más cenitalres representan la cumbrera o vértice:
Sibú ha puesto... en el puro cúpulo en donde es el término de la casa una estrella que cuando el tiempo es bueno..., uno ve una estrella como una fila así recto y después otra fila así, como un palito atravesado (en forma de cruz); Sibú lo puso al final de la casa (el ápice, la cumbrera) por simple razón, ahí ese palito Sibú lo colgó enganchó la canasta con todas las semillas [el dítséwo o semilla de donde se originaron los Bribris]; las semillas que están guindando entonces es la estrella que señala eso (Francisco García, 31-3-88).
Los relatos anteriores despertaron nuestro interés y tratamos entonces de investigar científicamente a cuáles estrellas corresponderían las de esa cruz cenital de que nos hablaban nuestros informantes.
En consulta con el físico astrónomo Lic. José Roberto Villalobos de la Escuela de Física de la Universidad de Costa Rica, llegamos a la siguiente hipótesis.
El "tiempo bueno" del que habla nuestro informante correspondería al verano estacional que va del 21 de junio al 23 de setiembre. Talamanca se encuentra cercana a los 9 grados de latitud norte y en estas latitudes, el cielo es sumamente cambiante, ya que durante una noche de observación, o más exactamente entre las 7 p.m. y las 5 a.m., las estrellas se desplazan con respecto al observador a razón de 15 grados por hora.
Dentro de esta gran movilidad,-según el científico consultado-, es bastante cenital el llamado "triángulo del verano", constituido por tres de las estrellas más brillantes.
El llamado "triángulo del verano" está compuesto por las estrellas Alter, Vega y Deneb. Cada una de estas estrellas es muy brillante; la primera de ellas es la que pasa en general más cerca del cenit (la punta o vértice del U-suré del que cuelgan las semillas). Vega es la quinta estrella más brillante, Alter la décimosegunda y Deneb la décimonona.
Asumimos esta hipótesis, ya que al trazar una línea recta uniendo algunas otras estrellas de la Constelación del Cisne y del Dragón, se tendría una cruz con trazos, de este a oeste y de norte a sur, como lo describieron nuestros informantes.
En Cañaveral de Barbilla (marzo 1988) pudimos observar en las viviendas de techo cónico de los Cabécares, cómo en la parte superior de la cubierta, muy cerca de la cumbrera, está colocada una cruz compuesta por dos varillas de maderas orientadas hacia los puntos cardinales. Sobre el fuego, como a una cuarta parte de la altura total, hay una parrilla o estantería para colocar y conservar los alimentos, carnes, semillas, y aún el "verolís" para las flechas.
Salazar confirma lo anterior para Chirripó:
...en la parte alta está el techado que es de palma y contiene cuatro elementos de sostén elementales, que forman una figura geométrica cónica y que soporta el entramado que, hacen las veces de emparrillado que sostienen las hojas de "súrtua" que cubren el techo; estos cuatro elementos (largueros de madera) se juntan en su parte superior (punta del cono) formando un señalamiento hacia los puntos cardinales (Salazar, 1980:60).
Marcos Guevara (en su tesis doctoral) propone que: el techo de la casa de Sibú es cónico, a imagen de las antiguas cabañas que construían los Talamanqueños. En lo alto de la casa se encuentran todos los largueros y necesariamente los nudos están más juntos. Así como las Pléyades dan la impresión de ser las estrellas más próximas unas de las otras...sin encontrarse exactamente en el cenit están a pesar de todo, en una posición que podría corresponder al medio de la casa de Sibú. (Guevara, 1986: 161).
A lo largo de América, las Pléyades son sujeto de numerosos mitos. Sin embargo, cabe destacar que en estas latitudes cercanas a los 10 grados en que se localiza Costa Rica, las Pléyades no son cenitales; según el físico J. Villalobos, la única época en que pasan cerca del cenit es cerca de la media noche en el mes de noviembre.
El chamán Gregorio Soto, de Coroma, indicó que la estrella central es dúkir, una estrella muy brillante (podría ser Alter que es la más cenital del triángulo del verano).
Según el astrónomo Villalobos podría ser también Sirio, la estrella más brillante del cielo que está cerca del garabato o bastón de Orión, reconocido también por los Talamanqueños como Kulé, el "bastón de Sibú" que suspendido del techo, le sirvió para colgar la canasta con el maíz que formaría los indígenas (Guevara, 1986:162).
Por ser un planeta, Venus no guarda una relación tan constante como las estrellas; según el profesor Villalobos, a veces aparece en un lugar, a veces en otro. Sin embargo, los Talamanqueños le dan cabida dentro de su universo. Guevara se refiere al astro denominado Duké como una linterna que utiliza Sibú cuando la noche duraba, para alumbrar las semillas y vigilarlas. Agrega que algunos indios identifican Duké con Venus, aunque no lo pudo verificar (Guevara, 1986:162).
Según nuestro informante Rafael Madriz (Barbilla, 17-5-88) los Cabécares también reconocen muchas estrellas como amarras de la casa de Sibú:
Bácre: son las estrellas o amarras que están en la punta de la gran casa, son tres principales grandes y tres más pequeñas.
Yerli: Son las que ustedes llaman Siete Cabrillas y se ven por el noroeste (las Pléyades).
Kōmei: No son muy brillantes, son pequeñillas, a veces están por el norte, a veces por el sur y forman como un triángulo con seis estrellas.
Durecra: Es la estrella más grande y brillante que cambia de posiciónen el cielo; es la que ustedes los Yucusaba (castellanos, hombres blancos), llaman estrella del Niño (Venus).
También queremos agregar la siguiente información obtenida del informante guaymí de Villa Palacios, Rafael Bejarano, con quien tratamos de corroborar si entre ellos existían relatos similares. Confirmamos elementos generales que muestran algunas similitudes con los Bribris y Cabécares, sin embargo, revelaron también indicios que nos hacen pensar más bien en otras tradiciones.
Según el señor Bejarano, los Guaymíes creen en una gran casa redonda construida por Gnobo (el demiurgo) y que esa casa tiene también amarras de bejuco (estrellas-serpientes de las que reconocen varias). Su padre sabe cuándo deben efectuarse las tareas agrícolas observando el cielo, y las "culebras" (estrellas) que hay, le indican en qué mes están o cuando termina, cuándo lloverá y el momento propicio para la siembra y cosecha.
Hay una gran culebra que va delante y va bajando; otras más pequeñas que indican cuando está bueno para preparar la tierra, sembrar o cosechar. Es como un gran almanaque; cuando le digo a mi papá que ya va a terminar marzo, él vuelve a ver arriba y me dice: No, todavía falta.
En el cielo hay serpientes que tienen dentro agua y gente. Hay ganchos en el cielo que significan una enseñanza de verano, es una gran serpiente que va dejando otras atrás y que enseña a Järä. Pero también hay estrellas que son pájaros que tienen dentro cerros, aguas, por eso se trasladan y dan vueltas y también dan luz a la tierra. A veces esas estrellas forman distintos animales: culebra, cangrejo, gancho; sobre todo las que están más o menos en el camino del sol (Rafael Bejarano, 23-3-88) (González Chaves y González Vásquez 1989, 117-120).
Referencia: González Chaves, Alfredo, y Fernando González Vásquez. La casa cósmica talamanqueña y sus simbolismos. 1. ed. San José: Editorial de la Universidad de Costa Rica / EUNED, 1989.
Los Astros
(Cabécar)
Cuando sibu comenzó a hacer del cielo su casa, necesitó un bejuco para amarrarla. Había una gran culebra con bigotes largos que vivía debajo en el este, por donde se levanta el sol.
sibu le dijo a la culebra: "Yo quiero uno de sus bigotes para amarrar mi casa porque no hay bejucos, y Ud. tiene unos bigotes muy hermosos".
sibu era el primogénito así es que el cordón umbilical de su madre era largo. Su bastón de él estaba hecho de éste, y su madre lo guardó hasta que él lo necesitara. Mandó cinco hombres adonde la culebra para que le trajeran un pelo del bigote, dándole su bastón a uno de ellos. Les dijo a todos que cuando el sol estuviera caliente le dijeran a la culebra: "¿Tío político, cómo duermes tú?".
Ellos hicieron ésto y la culebra respondió que cuando sus ojos estaban cerrados, ella estaba despierta, y cuando sus ojos estaban abiertos, ella dormía.
"¿Pero por qué me miran tan de cerca?", preguntó enfurecida.
Uno de los hombres se aproximó todavía más de cerca y le arrancó un pelo del bigote. Este era tan grande que se necesitaron veinticinco hombres para arrollarlo y llevárselo a sibu. Sin embargo, el hombre que arrancó el pelo del bigote murió. A sibu no le gustó esto y le devolvió la vida.
sibu usó el pelo del bigote para amarrar su casa del modo como se amarran las casas modernas. La única diferencia fue que cada nudo formaba una estrella (Stone 1993, 122).
Referencia: Stone, Doris. Las tribus talamanqueñas de Costa Rica. San José: Comisión Costarricense V Centenario del Descubrimiento de América, 1993.
INTERPRETACIÓN ETNOASTRONÓMICA
Cuando llega /tsaitmi/, la Mar, la lluvia (Bozzoli, 1977:176) llegan los primeros aguaceros y comienza la estación lluviosa en el Pacífico sur. Esta fecha la podemos fijar a mediados de abril, entre el 10 y el 20.
“Lluvia es una señora con cabello largo y grande. Lo mantiene enrollado” y por eso cuando llueve las Etnias Bribri y Cabécar hablan de la mujer Mar se soltó el cabello (Bozzoli, 1982). En los bastones de curación representan al agua como los cabellos sueltos y largos de una mujer.
Esto queda muy claro cuando se dice: “...Dios le contestó que él le daría cuatro paquetes de /muLa/: son polvo de hormiga pequeña, negrita; polvo de la hormiga /kóswak/ que tiene nido como el del comején, son grandes, color café; y dos celestitos de agua de lluvia. Eso es para que lleguéis allá; entonces sueltas un paquetito de gotas de agua, esto es para que rellenes de agua, así haces sucesivamente con los demás paquetitos para pretexto, así podrás llegar adonde /shuLékma/” (Bozzoli, 1979:194).
El /awál/ del mito se encuentra en ayuno, abstinencia y reclusión /btsök/ (Bozzoli, 1977:169), por ello no puede tener relaciones sexuales.
La mujer agua lo tienta cuatro veces hasta que el /awál/ decide prestarle su bastón para ir a hacer una necesidad, es decir, tener ese tipo de relaciones. La condición, que impone el /awál/ a Mar, para prestarle el bastón es que no debe alejarse del bastón /ajkëköl/. Este bastón del /awál/ o del /bikakLa/, llamado palo cacique, se hacía según Pittier, de la Eugenia lepidota (Bozzoli, 1977:115).
Este bastón, que en algunos versiones resulta ser /kulél/ (el bastón o cordón umbilical de /sibö/), es representado por estas Etnias, etnoastronómicamente hablando, por la espada de Orión.
La mujer queda embarazada, como resultado del apareamiento cósmico con el celestial /awál/, pero como la relación tuvo lugar durante el ayuno, es castigada y muere dando a luz.
La forma en que muere a causa de una mordedura de serpiente es muy importante.
Según la creencia de algunos pueblos de la Costa Atlántica Centroamericana “ataca especialmente a las mujeres en cinta” (Conzemius, 1984). Encontramos en la literatura que se trata de una terciopelo (Bozzoli, 1979:197) o de una Boa, pero a esta “se le atribuye el poseer un poco de veneno en sus colmillos, los que descarga muy de mañana, hora en que su mordedura debe considerarse fatal” (Conzemius, 1984). Esto no se ajusta al relato ya que la ida de Mar a hacer una necesidad ocurre durante la noche. La zumbadora por otro lado “se torna salvaje en ciertas épocas del año, cuando su mordedura llega a ser fatal” (Conzemius, 1984). Estas épocas son probablemente las de reproducción, en las cuales ponen los huevos que nacen con las primeras lluvias, cuando sobra el alimento (José Manuel Mora, comunicación personal, 1995)
En apoyo de nuestra tesis leemos: “...entonces ella fue a buscarlo, esa serpiente se le tiró encima, la mordió; hasta cuatro veces y ella murió”. Este es un comportamiento típico de una Pilotess.
Dicen que si alguien la molesta optará por perseguir a la persona y enrollándose en su propio cuerpo la azotará con la cola.
Los Spilotes son culebras grandes, esbeltas y de costumbres arborícolas. La cabeza grande, con ojos notables y pupilas redondas; hocico truncado. El cuerpo es alargado y comprimido lateralmente; cola más o menos larga y puntiaguda. El Spilotes pullatus pullatus abarca en su distribución desde Costa Rica hasta Argentina; Trinidad y Tobago. La coloración de esta culebra consta de bandas transversales negras y blancas o amarillentas. El vientre también tiene bandas y la cabeza posee manchas negras y blancas. Esta culebra es muy común y llama mucho la atención por su coloración. Vive como hemos dicho entre las ramas de los árboles y se desplaza a gran velocidad, pudiendo inclusive, saltar al vacío en los barrancos. Alcanza a medir tres metros de longitud y se alimenta de roedores, etc. (Lancini, 1986).
La cascabel muda es otra de las posibilidades que aún debemos estudiar.
Cuando muere la mujer lluvia comienza el primer ventarrón. Este período de disminución de las lluvias es mucho más marcado en el Valle Central y el Pacífico sur en donde se le conoce como Veranillo de San Juan, encontrándose entre el 20 y el 25 de junio. Especialmente en el día de San Juan, 23 de junio (Coen, 1973:135).
La galaxia, como una gran mancha lechosa derramada sobre el horizonte, es la mejor imagen astral del vientre aumentado de Mar.
Entonces Dios ordenó a la Semilla que hicieran fiesta en honor de /tsaitmi/, cada vez que lloviera mandarían a buscar un /óköm/, /tsiru’óköb/, /bikakLa/, y también mandar a pedir chicha, y hojas a los parientes, para la celebración (Bozzoli, 1979:195).
Se dejan los sapos cuidando sobre el vientre, pero les da hambre y al ver pasar un insecto saltan para comerlo. Aproximadamente el 15 de mayo, día de San Isidro comienza a llover. Para esta época revientan las moscas. Mientras que, según un campesino de Escazú, los sapos aparecen por ahí de Junio o Julio (Juan León, Comunicación privada).
El hecho de que aparezcan sapos en el relato no es ocasional. Como encontramos en el Museo del Oro de Colombia en Bogotá: “En medio, en la tierra de los hombres está el sapo, representación de la sexualidad femenina...”.
Debemos recordar que las indígenas no tienen vello púbico, de ahí la analogía del órgano sexual femenino con el sapo. Para confirmar esta interpretación nos dice Cupertino Fernández (Bozzoli, 1982:7) vecino de Coroma, lo siguiente: “Al principio los batracios eran gentes. Dios les hizo mujeres... Los batracios son mujeres y por eso cantan en diciembre, en épocas de lluvias”.
Este último párrafo es muy rico en contenido. Por una parte nos relaciona al sapo con la mujer, al sapo con la lluvia y con otra a la mujer con el canto. Cantos entre los cuales se encuentran las bellas canciones de cuna bribri para el niño recién nacido. Con respecto al canto de la madre encontramos en un informe de 1763 del fraile Manuel de Urcullu (Fernández-Guardia, 1918): “...cuando paren, se bañan, lavan a la criatura y se ponen a cantar”.
Pero antes de cantarle al niño éste tiene que nacer.
La presencia de la rana de achiote nos recuerda el parto de Mar. La rana manchada de rojo achiote (Bixa orellana L.), llamada también este símbolo de sangre (Bozzoli, 1979:94) representa entonces el órgano sexual ensangrentado por el nacimiento del árbol.
Existe aún la creencia que el primer embarazo involucra la muerte de alguien y que este primer niño puede ser un diablo; por eso si estas primerizas se enferman no son atendidas por los /awá/ (Bozzoli, 1979).
Para explicar el por qué de éste nacimiento extraordinario, se recurre al incesto /kL’u/ como siempre en la Mitología Bribri-Cabécar (Bozzoli, 1979:228).
Digo como siempre, porque hasta el mismo nacimiento de su héroe mítico /sibö/ es el producto de un incesto (Marcos Guevara comunicación personal, 23.11.95).
Sobre el tema del incesto encontramos: “Una persona se juntó con su hermana. Por su desobediencia una culebra se la comerá.... Al instante una serpiente /tkbëköl/ lo rodeó; por eso no es bueno juntarse con una hermana, porque esta culebra no puede comer.
En aquel tiempo se conocía con dos nombres: /tkbëköl/ y /dLuL/.
La persona que fue rodeada por esa serpiente gritó y llamó mucho, pero nadie llegó a salvarla. Entonces esa culebra la mordió y se la llevó al espacio” (Bozzoli, 1977).
“Gran culebra que vive debajo de donde nace el sol; se aparece en los ríos a quienes son culpables de incesto. Los sukias llaman así al arco iris y a la luna llena. En los mitos es /dLu’tLa/ un abuelo varón y /dLu’tmi/ una abuela” (Bozzoli, 1977).
El arco iris es que algunas veces llega después de la lluvia es la culebra que castiga el incesto cometido por Mar.
¿Qué tipo de árbol nace, hijo de la lluvia era la gran pregunta?
Al principio no tenía una idea muy clara pero en el desarrollo de la investigación el conjunto de posibilidades se fue reduciendo y luego de una entrevista con Carlos Guevara ya no me quedaba duda; el árbol es posiblemente un gran ceiba nacida en Puerto Cortés. La madera de la ceiba (*puL’ o /yél/), Ceiba pentandra Gaertn. Bombacaceae, se usa para hacer recipientes y bateas (Camacho-Zamora, 1983).
La vegetación del Pacífico Sur de Costa Rica se compone esencialmente de una selva secundaria caracterizada de árboles de gran tamaño como la ceiba. Esta es un árbol de unos 120 a 140 pies de alto y de 6 a 8 pies de diámetro. Los árboles pierden las hojas durante la estación seca. Florece por lo general en febrero unas flores fragantes. Cuando están en flor, los árboles son el lugar favorito de descanso de los pericos, loras y lapas.
La fruta es elíptica y se produce por ahí de finales de marzo. Es conocido como el árbol de algodón y el pelo que produce lo utilizan para rellenar almohadas (Allen, 1977).
El árbol sagrado maya, la ceiba (yaxche), se encontraba en el centro del mundo (axis mundi), con sus raíces en las capas del inframundo y sus ramas en los diferentes niveles o capas (González-Torres, 1991).
La ceiba es considerada como la morada de los espíritus de aquellos que fenecieron y nadie se atreve a pasar debajo del árbol por la noche. No debe ser cortada, ya que por tal acto les será robado a los espíritus el lugar favorito de descanso y no tardarán en vengarse. Pero si fuera absolutamente necesario derribar el árbol, la ira de los espíritus podría ser aplacada enterrando alguna cosa al pie, a manera de ofrenda, tal como alimentos, chile, dinero, etc. Cuando la ceiba ha sido tumbada se puede recobrar dichos objetos. ...Los indígenas también dicen que una canoa hecha del tronco de la ceiba gime continuamente en la noche y que al mismo tiempo se deslizará a tremenda velocidad. Un sonido lastimero similar es emitido en la oscuridad, según dicen, los colchones o almohadas hinchadas con las pelusas que envuelven las semillas de ceiba. Por todas las razones antes señaladas, los indígenas crédulos no utilizan para nada el árbol encantado. ...los Mayas de Yucatán y los Quichés de Guatemala..., tienen las mismas creencias que las de los Miskitos y Sumus en relación con dicho árbol (Conzemius, 1984).
En los meses de octubre y noviembre para estas latitudes se puede observar la Vía Láctea extendiéndose en el cielo nocturno como un gran árbol cósmico.
El coloso en su crecimiento hace mucho ruido y esto molesta mucho a /sibö /.
Al respecto de ese estruendo tenemos la hipótesis de que se trata de los cordonazos de San Francisco. Estos son tormentas eléctricas que ocurren alrededor del cuatro de octubre, día de San Francisco.
Para evitar que esta gran ceiba rompiera el firmamento, techo de la gran casa cósmica que es nuestro mundo, /sibö/ manda a los /kábLa ak’ëköl/ para derribarlo. Esta palabra esta compuesta de /kábLa/ o /kámbra/ primeros cultivadores de la tierra, que se dice que crearon la sabana de Buenos Aires, que eran malos, de /sibö/ los mandó al mar y de /ak’ëköl/ el que tiene mayor rango; rey; jefe (Bozzoli, 1977).
Luego llama /sibö/ a los /aLaLbLu’/ o /aLabLu’/, los cuales traen serpientes /dLu/ o /dLuL/, o sea estrellas.
Gente muy pequeña que vive debajo de la tierra; literalmente, jefes de los niños; son los dueños de las guatusas Dasyprocta y otros animales pequeños (Bozzoli, 1977). Para las etnias de Talamanca las amarras de la casa de /sibö/ son los bigotes de una gran culebra. Cuando una estrella fugaz cae, se dice que entonces se ve la culebra.
...lo que nosotros llamamos estrellas, esos son nudos de mecate. Son los nudos de las amarras de las serchas de la casa que Dios hizo, cosa de culebra...”
...le arrancaron un enorme pelo del bigote, con el cual /sibö/ amarró su casa, y cada nudo era una estrella” (Bozzoli, 1983).
Estas estrellas forman parte de constelaciones, las cuales se encuentran a ambos lados de la Vía Láctea.
Después las tendieron en forma de tapesco (andamio), alrededor del árbol, y así, y con sus hachas, ellos pudieron derribarlo (Bozzoli, 1977).
El gran árbol es derribado después de algún tiempo. Es entonces cuando podemos ver a nuestra galaxia prácticamente formando un círculo. Rápidamente relacionamos esto con la parte del relato, en la cual /sibö/ envía por las dos aves para que formen un círculo uniendo la copa del árbol con sus raíces. Estos pájaros están representados por las constelaciones del Cisne y Cassiopea.
Por debajo de la ceiba y poco antes de caer aparece un nuevo astro o constelación, la anciana /dLuítmi/ (origen del hambre) representada por Sirius, anunciando la sequía. Esto queda confirmado por la introducción de los chucuyos, las lapas y los loros; los cuales anuncian la llegada de la estación seca.
Luego /sibö/ sopló una y otra vez a este árbol e inmediatamente el árbol se deshizo y se convirtió en agua, es lo que nosotros le llamamos mar (dyël) pero el nombre original era /tsaitmi/ (Bonatti 1998, 63–67).
Referencia: Bonatti, Javier. “Una interpretación etnoastronómica y etnobiológica del mito de la mujer que se convirtió en mar.” In Primer Congreso Científico sobre Pueblos Indígenas de Costa Rica y sus fronteras: Memoria, compilado por María Eugenia Bozzoli, Ramiro Barrantes, Dinorah Obando y Mirna Rojas, 61-72. Costa Rica: Editorial Universidad Estatal a Distancia, 1998.
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