Rosas de Nogaria

 

Perfil del día

Viva el maestro Julio Mata

Así, con entusiasmo y con alegría debemos decir quienes hemos oído la música magnífica que el maestro don Julio Mata Oreamuno ha compuesto para una opereta que va a estrenarse esta noche; así, porque los ticos que solemos ser tan profundamente indiferentes para la obra de nuestros compatriotas, que no queremos a veces darnos cuenta de lo que es una verdadera labor hecha con gusto, con trabajo, con ilusión y con buen éxito cuando es realizada por otro tico, tenemos que sacudir un poco esta forma de ser, tenemos que apoyarnos mutuamente con fe, tenemos que ir separando con justicia la paja del grano y este exaltarlo, subirlo hasta donde es necesario, hasta donde sea justo. Por tales razones tenemos que prodigar con todo entusiasmo nuestro aplauso a quien, por su esfuerzo, por su arte, por su trabajo delicado y exquisito, lo merece. El que escribe estas líneas ha oído la mayor parte de los trozos musicales que componen la opereta, quizás la primera obra de este género que se hace en Costa Rica en una forma tan completa y que no deja en el ánimo la impresión de que “algo le falta”, que ha escrito este joven don Julio Mata Oreamuno, músico desde la punta del pelo hasta las uñas de los dedos de los pies, poeta y soñador dentro de su arte, y que ha llamado con el título de Rosas de Norgaria. Es una de esas operetas universales cuya música es arte puro, fuga de ese estilo negroide y africanista que por la aberración a que solemos adherirnos por épocas, llegó a ser furor entre las gentes de gusto vulgar que llegaron hasta perder la noción de lo que es la música; en estas Rosas de Norgaria hay trozos verdaderamente magistrales de arte puro, delicadezas que le hablan al espíritu, ausencia del sonsonete retrasado y primitivo, tamborileo incoloro de la tribu. Cómo nos ha deleitado oír esos trozos ejecutados al piano por su autor q’ tiene el alma de la armonía, el bello ritmo alado de las frases expresivas, de la lengua elocuente de la música verdadera que es melodía y armonía bellamente concertadas; cómo nos ha satisfecho darnos cuenta de que esas notas han sido concebidas en su sucesión espléndida por un compatriota nuestro, que él las ha escrito y las regala al público para su deleite. Ahora este público tendrá ocasión de oírlas, de oírlas a gran orquesta, cantadas por las mejores voces que ha sido posible encontrar en nuestro medio, llevadas a la escena del Nacional para que allí sean consagradas y pasen a formar como la flor de nuestro tesoro artístico. Queremos, lo sentimos como un deber, aplaudir al maestro Mata por su acierto; queremos más, decirle al público que no deje pasar la ocasión de comprobar la belleza de esta pieza magnífica, de oír la música; no conocemos la letra, no decimos nada sobre ella; conocemos la música y es eso el fundamento y el adorno y la belleza de la obra. En un país encantado, en un país que el q’ oye puede colocarlo según su imaginación, en Norgaria, florecen las rosas del amor, del ensueño, del dolor, de la risa en armonías suaves y deliciosas, con ritmo y con idea, en una palabra con música tan armoniosa, tan bien ajustada, tan de buen gusto que bien está que digamos, al escucharla, viva el maestro Julio Mata que la concibió y que nos la regala.


Referencia: La Tribuna. 1937. "Perfil del día: Viva el maestro Julio Mata." 27 de julio, p. 2. https://www.sinabi.go.cr/ver//biblioteca%20digital/periodicos/la%20tribuna/la%20tribuna%201937/gzb-27%20de%20julio.pdf. 


"ROSAS DE NORGARIA"

ZARZUELA

"Comencemos por el principio".
"Rosas de Norgaria" no es ópera. Es zarzuela. Tema dramático y música netamente dramática. Construcción de la obra, de acuerdo con los moldes zarzueleros. No hay caso: Es zarzuela.
En los tres actos, la música es bellísima, pero en los dos primeros le falta contraste. Son los actos expositivos y por lo tanto el matiz de la obra debe ir salpicado de lo que constituye la vida de ella: la vivacidad y el fondo dramático.

En el tercer acto, ya la obra declarada netamente dramática, la música se desarrolla a tono con el tema. Pero en los primeros falta contraste. A este defecto, que le da mucha igualdad al desarrollo de la obra, se le agregó anoche una escasez absoluta de metal en la orquesta y una falta de nervio en la batuta.

Es en cuanto a la línea general de la parte musical.

El libreto, intrascendente en estas obras de base musical, está bien construido en cuanto al movimiento escénico y las escenas alternadas de los muñecos cómicos y dramáticos, han sido distribuídas convenientemente. Todo el movimiento está fácil y no presenta ni acumulaciones excesivas ni soledades violentas, propias de un desconocimiento del proscenio.

He dado un vistazo general a música y letra para concretar la posición de la obra, y entrar a pormenorizar rápidamente.

"Rosas de Norgaria" tiene su número cumbre, su momento feliz más alto al comenzar el tercer acto: el aria del bajo es sencillamente una belleza en toda la extensión de la palabra. Pocas arias hemos oído de más rica melodía, de más hondo dramatismo en género zarzuelero, como esta formidable de "Rosas de Norgaria". Es el clímax de la zarzuela y por ella, el valor de la obra sube enormemente hasta límites que la convierten en un sensacional triunfo musical. Le sigue en mérito el Concertante, bien distribuído y formidablemente preparado con coros, tiple, tenor, barítono y a base de bajo, que lleva la contraparte. Rico en distribución melódica, hermosísimo de motivo, tiene la grandiosidad y la belleza de concertantes de alto vuelo en zarzuelas grandes. Es realmente para poner de pie al público. Anoche, en este número hizo falta desesperadamente el metal de la orquesta. Faltaron cornetines, trombones, batería, timbales. Faltó ese conjunto que diera al Concertante toda la brillantez ruidosa de su objetivo.

Inmediatamente sigue en mérito el dúo de la tiple y el tenor en el segundo acto, bellísimo, realmente bellísimo y cantado anoche con el máximo de esfuerzo por los intérpretes. El vals "Rosas" es de suprema belleza y de factura elegante. Tiene el corte europeo y logra un mutis de gran efecto con dos voces.

Posee, para su ejecución por parte de los cantantes, una frase altamente difícil, que el tenor salva a duras penas, pues obliga al cantante a ligar toda una frase compuesta de tres notas sostenidas que se rematan con un sí natural.

Estos tres números musicales son de una belleza formidable, que le dan el valor a la obra y la califican dentro de las zarzuelas bellísimas del género.

De menor mérito, pero siempre dentro de buena calidad, están varios números de conjunto y dúos, tanto dramáticos como cómicos, destacándose dentro de todos ellos, el chotis del segundo acto, muy bonito y afiligranado, pero que anoche no tuvo ni siquiera la décima parte de su belleza por la falta de efectos musicales. Fue un chotis tocado y cantado ramplonamente, sin la agilidad, sin "la clase" del género. Ese mismo número bien recortado y con interpretación de nervio, habría sido un exitazo porque ya se sabe que el chotis es un ritmo de mucho estilo y fácil de sorprender al público.

El coro del primer acto, muy bonito. La marcha para terminar el segundo, airosa, pero realmente inofensiva.

Si examinamos acto por acto, nos encontramos con un primero bueno, desde su comienzo hasta su final. Un segundo acto muy flojo, que se salva solamente por el dúo del tenor y la tiple. El comienzo en el que bailan todos los trabajadores es feo en todo lo que da la palabra. Debe cambiarse por un coro de muchachas y una sola pareja bailando. Un festival más de acuerdo con el tono de la zarzuela. Pero aquellas parejitas "meneándose" al compás del vals están muy ridículas y dan la sensación de "dancing" de Chinamería de Fiestas Cívicas.

El final del segundo acto, francamente inexplotado y frío. A la música le falta un grandioso y sobre todo un acorde sostenido en trémolo para la caída del telón. El final del segundo tiene el mismo motivo que el final del primero: la partida de Arnoldo y técnicamente no deben terminar dos actos con la misma cosa, porque se corre el riesgo de que el público se meta con el autor.
El tercero es una belleza desde que comienza hasta que termina. Creo que el vals final a una sola voz, pero cantado por todos, sobra. La zarzuela termina en el concertante, pero como el vals es bellísimo, se oye con gusto.

De todo el tercer acto, lo mejor, ya que es lo mejor de la obra, el aria del bajo.

De los intérpretes, Brenes, colosal. Sencillamente colosal. Bien de voz, rica, encajada, matizada. Bien de mímica. Bien de matiz dramático. Bien de movimiento escénico. Fue el que le dio "clase" a la obra y la montó definitivamente en la categoría de triunfo musical resonante.

Los demás, esforzados.

Los coros no estuvieron nada mal. Casi se podría decir que para el medio estuvieron muy bien.
Al libreto le sobran algunos pensamientos filosóficos, que no encajan en el género, esencialmente emotivo y romántico.

"Rosas de Norgaria" no es un "esfuerzo", como generalmente se moteja toda obra nacional buena. Es una obra cuajada, hermosísima y de música realmente bella. Unos cuantos toques en líneas generales y una interpretación perfecta, le darían una clase digna de presentarse con éxito, y con mucho éxito, en cualquier parte del mundo.

Mata fue aplaudidísimo, ovacionado mejor dicho, y se lo mereció. El autor del libreto, señor Orozco Castro, mereció felicitaciones por su aporte, que está bueno dentro de las limitaciones del género.

No hemos analizado esta obra con ánimo de que se tome en cuenta lo que apuntamos. Pero es urgente, para bien de todos, que la orquesta se aumente en su metal, para que la zarzuela adquiera toda la grandiosidad que encierran sus números de conjunto.
Gerardo Bermúdez.

Referencia: Bermúdez, Gerardo. "Rosas de Norgaria". La Hora, 28 de julio de 1937, 1, 6.

Tres obras musicales para teatro, de autores costarricenses, serán estrenadas este año
SE TRATA DE DOS ZARZUELAS Y UNA OPERETA DE LAS CUALES SON AUTORES, RESPECTIVAMENTE, LOS MAESTROS MATA, PRADO Y NIETO

En el año pasado, el compositor don Julio Mata, obtuvo un resonante éxito con la presentación de su bella opereta "Rosas de Norgaria" que subió a escena muchas veces, tanto en la capital como en provincias. También conquistó feliz éxito otra opereta del maestro don Jaime Gálvez, demostrando así con evidencia que nuestros músicos están en capacidad plena para producir esa clase de obras teatrales y que contamos con elementos cantantes que bien pueden interpretarlas.

Según fuimos informados hoy, las actividades musicales en este género se intensifican, y así es como en el corriente año serán estrenadas 3 obras musicales de autores costarricenses. Se trata de dos zarzuelas y una opereta, de las cuales son autores, respectivamente, los maestros don Julio Mata, don Alcides Prado y don César A. Nieto.

Las partituras musicales y libreto de esas obras están ya al finalizarse y en breve darán comienzo los correspondientes ensayos, siendo probable que los estrenos —que se harán en nuestro Teatro Nacional— se efectúen en el orden en que hemos citado esas composiciones.

Mucho nos satisface dar a conocer esa noticia, que revela la preocupación de nuestros mejores artistas por exaltar el arte costarricense a sus mejores planos.

Referencia: "Tres obras musicales para teatro, de autores costarricenses, serán estrenadas este año." La Prensa Libre, 8 de marzo de 1938, 10. https://www.sinabi.go.cr/ver//biblioteca%20digital/periodicos/la%20prensa%20libre/la%20prensa%20libre%201938/La%20Prensa%20Libre_10%20mar%201938.pdf

Extraordinario el éxito del concierto de anoche en el Nacional.

La Orquesta Sinfónica dirigida por Hugo Mariani viene a llenar una imperiosa necesidad artística y cultural en Costa Rica.

Programa muy bien seleccionado, experta dirección y ejecución e interpretación magníficas fueron las características del concierto.

El público respondió, ocupando todas las localidades del Teatro, al esfuerzo cultural realizado.

Fuimos ayer al Nacional en busca de satisfacciones espirituales. Pareciera anacrónico hablar ahora de satisfacciones del espíritu, ahora que parece cifrarse la felicidad de hombres y naciones en los cañones y en los submarinos y en los bombarderos y en los cazas que día a día y hora a hora siembran la destrucción, lanzando contra todo lo que habla de progreso conseguido por el hombre civilizado, bombas y bombas, cargadas de nuevos explosivos, como si los prodigios de arquitectura y de arte, que costaron siglos, fueran realizados con el único propósito de destruirlos, como los castillos de naipes, cuyo desmoronamiento sirve de regocijo a las almas infantiles.

Fuimos al Nacional en busca de satisfacciones espirituales, y a fe que las conseguimos.

Pese a lo reducido del ambiente, y a pesar también de las vicisitudes a que todos, grandes y chicos estamos sujetos, en Costa Rica ha estado siempre despierto el entusiasmo musical.

No olvidamos las exitosas temporadas de teatro lírico, que antes del cine sonoro se sucedían casi anuales, para honra y provecho del gusto artístico de los costarricenses. Espléndidas compañías de ópera, integradas por cantantes de cartel y muchas de las veces con orquestas de maestros verdaderos, trajeron cultura musical que aún perdura, alentada por unos cuantos espíritus inquietos que no se han dejado abatir por la prosa repugnante de la edad contemporánea.

Pero hacía tiempo, demasiado tiempo que no se nos presentaba la oportunidad de escuchar, y de escuchar con fruición, como anoche escuchamos, un conjunto orquestal perfecto. Con respeto, casi con veneración hemos contemplado el entusiasmo del reducido grupo de costarricenses que ha mantenido encendida la llama artística, el fuego sagrado, a fin de que las acechanzas de la chabacanería y de la vulgaridad no sean consagradas por un éxito completo. Loor entusiasta para las sociedades culturales que han permanecido luchando para mantener vivo y lozano el entusiasmo artístico de los costarricenses.

Pero ese esfuerzo así, relegado a una élite, si bien ha servido para que ese corto número, selecto de espiritualidades, permanezcan cultivadas y en un plano de superioridad, no ha podido dar el fruto que debió de dar y al que es preciso aspirar con todas las fuerzas de nuestra voluntad: la cultura general del país.

Llegó la oportunidad de hacer un esfuerzo, y nuestros músicos lo hicieron anoche.

Hugo Mariani no es un desconocido. Pero, si bien sabíamos de él a través de la prensa estadounidense y no obstante la dificultad de penetrar en aquellos medios difíciles, sobre todo para quien ostenta un apellido latino, es posible que estuviéramos a punto de atribuir los elogios periodísticos a las mismas cosas a que muchas veces se deben los elogios que la prensa nuestra hace de artistas y espectáculos y de películas, a todas luces procedentes los elogios de las propias boleterías de los teatros respectivos. Pero hemos podido establecer que los elogios a Mariani no procedían de las empresas teatrales, sino de sus méritos como director y de la superioridad de su arte. El concierto de anoche nos llevó a ese convencimiento.

El programa fue seleccionado con gran acierto. Tres obras nacionales y cinco de grandes maestros extranjeros.

Bolívar, la marcha heroica de Julio Mata, es majestuosa, con arranques wagnerianos, disonancias puccinescas y originalidades propias de Mata. Al finalizar, con singular maestría entrelaza el autor los acordes del himno de Venezuela, la patria del Libertador.

Coriolan, Obertura, de Beethoven. Muy conocida y gustada esa obertura del gran maestro. Aparece con frecuencia en los mejores programas de los conciertos sinfónicos del mundo artístico. Es de difícil ejecución y de gran efecto.

Pavana, de Ravel. Ravel es el músico revolucionario francés, que ha logrado imponer su estilo nuevo, a veces de difícil comprensión, a veces de atrevidas disonancias. La Pavana es una joya modernista en que se refleja el genio de Ravel.

Metropolis, de Ferde Grofé. Se trata de una fantasía magistral que tiene como tema la vida neoyorquina. Aparece ahí el ferrocarril, y las disonancias del tránsito, y el regocijado cabaret, y todos aquellos ruidos más o menos inarmónicos que forman una verdadera algarabía en la metrópoli de Nueva York, pero que el maestro Grofé ha convertido en un conjunto de armonías en la fantasía ejecutada anoche por la Orquesta Sinfónica.

Sueño de una Noche de Verano, de Mendelssohn. La famosa obertura, que siempre ha estado unida a la fama del ilustre compositor. Desde la clarinada con que empieza hasta la clarinada con que termina, deleita y embarga.

Nocturno, de Grisel. Su autor, americano de renombre, ha logrado imponerse definitivamente. Esta obra es suave y delicada y de corte moderno.

Rosas de Norgaria, preludio de la opereta de Julio Mata. Mata puso toda su inspiración en este preludio. En él aparecen recogidos todos los motivos de la opereta. El maestro Mariani le ha dado una interpretación a su capricho, que indudablemente habrá dejado satisfecho al autor, pues sin cambiar los temas de la inspiración, ha sabido Mariani descubrir nuevas y muchas bellezas en la composición del joven cuanto inspirado maestro costarricense.

Gran Fantasía Sinfónica, sobre música costarricense, de Julio Fonseca. Se ve que el maestro Mariani quiso cerrar con broche de oro el programa del primer concierto de su orquesta sinfónica. Sirviendo de escenario el punto guanacasteco, el maestro Fonseca hace desfilar en su Sinfonía todos los aires nacionales, que nos recuerdan los lejanos tiempos. Los diversos temas de nuestras canciones y de las melodías populares. El Duelo de la Patria, interrumpido por una dulce y alegre melodía; los instrumentos parecen disputarse la "Caña dulce pa' moler". Unos acordes de "Leda", el inspirado valse; La marcha "Santa Rosa", la vieja canción "De la caña se hace el guaro", el himno a Juan Santa María, y para dar remate al precioso encaje tejido con aires nacionales y pródigo en recursos artísticos, de nuevo el Punto Guanacasteco, desarrollado en forma de fuga por los violines, el metal repite la grandiosa estrofa del Himno Nacional.

Si la selección del programa es digna de elogio, nos faltan palabras con que hacer reseña de la ejecución y de la interpretación. Se trata de una verdadera orquesta sinfónica, con un verdadero maestro al frente. Delicadísima interpretación y pulcra y limpia ejecución, debidas a las dotes artísticas de los ejecutantes, pero muy principalmente a la batuta de Mariani. Magistral dirección en la que refleja el esfuerzo de los prolongados ensayos, ha servido para darnos cuenta de que contamos con un verdadero virtuoso de la dirección.

¿Qué sugerimos?... Por ahora nada. Dejamos que las notas del concierto sigan posesionadas de nuestro espíritu, hasta que podamos sostener en él los dulces efectos de esta noche de arte. Mañana, cuando la prosa de la vida haya desalojado de nuestro ánimo, en parte al menos, los efluvios que debían ser imperecederos, pensaremos en que es necesario mantener de un modo definitivo esa fuente de espiritual placer. Nosotros y quienes con nosotros quieran colaborar, hemos de dedicar algún esfuerzo para conseguir que Mariani, el Deus ex Machina de esta resurrección artística, fide sus reales entre nosotros, a fin de que la fruición ayer sentida, pueda seguir siendo gozada por los costarricenses.

Terminemos dando nuestra congratulación muy sincera al maestro Mariani y a su magistral conjunto sinfónico, ofreciéndole persistir en nuestro propósito de que la constitución de la orquesta sinfónica sea definitiva y bajo su experta dirección.

La orquesta Sinfónica, en su magnífico concierto de anoche, estaba integrada así:
Director: Hugo Mariani.
Violines: Alfredo Serrano (concertino), Alvar Antillón, Alfredo Morales, Héctor Reyes, José Barenechea, Ismael Cardona, Gonzalo Pacheco, J. Daniel Zúñiga, Claudio Calderón, Walter Morales.
Violas: Alcides Prado, Ricardo Pérez.
Cellos: Julio Mata, Carlos Cambronero, Edelberto Prado.
Contrabajos: Malaquías Jiménez, Rafael Moya, Rafael Montero.
Pianista: Miguel Angel Quesada.
Flautas: Juan de Dios Pérez, Miguel A. González.
Oboes: José Guevara, José Joaquín Prado.
Clarinetes: Efraín Prado, Daúbe Barquero.
Saxofones: Mariano Herrera, Arcelio Chaves, Edgar Jiménez, Guillermo Jiménez.
Fagotes: Bernardo Ortega, Maximino Acuña.
Cornetines: Mariano Prado, Ismael Cortés, Luis Prado.
Trombones: Ronulfo Jiménez, Jesús Brenes.
Cornos: Hernán Badilla, Jesús Yrigaray.
Tuba: Ulises Guzmán.
Timbales: Rafael Vargas.

"Extraordinario el éxito del concierto de anoche en el Nacional." La Razón, 11 de noviembre de 1940, 4, 8. https://www.sinabi.go.cr/ver/biblioteca%20digital/periodicos/La%20razon/La%20razon%201940/ka-1%20de%20noviembre.pdf

Selección de la opereta "Rosas de Norgaria" se estrenará esta noche

Ha sido instrumentada por su autor el gran compositor nacional don Julio Mata y la banda militar la estrenará en el concierto de esta noche.

La obra de Julio Mata visto a través de lo que siente un reportero

La obra de Julio Mata vista a través de lo que siente un reportero sería un titulillo de croniquilla trasnochada. Podría ser un éxito en la tertulia del café "Fortuna". Pero sería una atrocidad artística en los círculos musicales. Porque los reporteros no sabemos más que escribir gacetillas. Y las gacetillas tienen un fin transitorio: dar a conocer algo. No tienen trascendencia. El día que las tuviesen, todos los gacetilleros estaríamos metidos en cualquier antología...

Pero el Reportero cree haber penetrado un "algo" en esos dominios de la Armonía. No sabe mayor cosa. Pero siente. Y sentir es una cualidad que no todos llevan. El reportero ha reclamado siempre para sí un poquito de esa cualidad. Cree poseerla. Y por esto no tiene empacho en hablar de la obra de Julio Mata a su juicio, el compositor de mayor fuerza lírica que tiene en estos momentos el país. Julio Mata descendiente de una familia de artistas. Lo era su padre. Lo fue su abuelita, una mujer que tenía el don del "bel canto". Lo han sido sus hermanos. Tradicional es, entre las familias Mata y Valle, de Cartago, el cariño por el Arte. Pero en Julio Mata parece haber alcanzado cumbre altísima el arte musical. Compositor y ejecutante de grandes méritos, "Tuyupán" y "Rosas de Norgaria" fueron las obras que levantaron más revuelo en los círculos intelectuales del país, cuando Julio Mata las dió a conocer, Fantasía rica. Motivos interesantes.

Y hoy, a las 8 de la noche, en el Concierto de la Banda Militar, en el Parque Central, Julio Mata presentará una selección de "Rosas de Norgaria" la preciosa opereta. El ha sido instrumentada por su autor y esta noche, bajo su dirección, será dada a conocer a la Banda Militar.
Es un nuevo triunfo de Julio Mata.

PROGRAMA
Del concierto que ejecutará la banda militar en el Parque Central a las 20 horas (8 p. m.) bajo la dirección del maestro Julio Mata.
Miércoles 29 de octubre 1941
1º—Himno a Víctor Hugo — Saint-Saens.
2º—Egmont — Obertura — Beethoven.
3º—Amanecer granadino — Baile andaluz — Arquelladas.
4º—Maruxa — Preludio del Segundo Acto. — Vives.
5º—Rosas de Norgaria — Selección de la opereta (estreno) — Julio Mata.
6º—Retorno de Primavera. — Gran Vals — Waldteufel.

Referencia: "Selección de la opereta 'Rosas de Norgaria' se estrenará esta noche." La Razón, 29 de octubre de 1941, 4. https://www.sinabi.go.cr/ver/biblioteca%20digital/periodicos/La%20razon/La%20razon%201941/jzd-29%20de%20octubre.pdf

— SOCIEDAD —
Homenaje a la Madrina de los Músicos

[Imagen de la señorita Martita Merino tocando el violín]
Señorita Martita Merino

La Orquesta Típica Nacional rendirá homenaje a la madrina de los músicos, la violinista nacional, señorita Martita Merino, en el programa musical que se trasmitirá mañana jueves, a las 6.15 de la tarde, por medio de la Radio City.

El programa, preparado a base de música de compositores cartagineses, es el siguiente: Ondas del Guarco, Marcha de Ricardo Rojas; María, Mazurka de Luis Valle; Rosas de Norgaria, de Julio Mata; Monestel, Cavatina de Manuel J. Freer y Arras de Oro, Vals de Manuel J. Freer.

Referencia: "Homenaje a la Madrina de los Músicos." Diario de Costa Rica, 2 de agosto de 1959, 5. https://www.sinabi.go.cr/ver//biblioteca%20digital/periodicos/diario%20de%20costa%20rica/diario%20de%20costa%20rica%201950/hb-Diario%20de%20Costa%20Rica_2%20ago_1950.pdf

La Orquesta Típica Nacional rendirá homenaje a la Madrina de los Músicos, señorita Marta Merino
Se tocará en la audición de esta tarde, a las 6:15, música de autores cartagineses

La audición de hoy, a las 6:15 de la tarde en Radio City, la dedican los integrantes de la Orquesta Típica Nacional a la apreciable y distinguida señorita Marta Merino, Madrina de todos los músicos y que llegó a tocar el papel de primer violín en la Orquesta Sinfónica Nacional, donde sobresalió como un valor musical. Alejada de tales actividades por motivos de salud, continúa reinando en el corazón de sus ahijados, que sienten por ella especial cariño, aprecio y simpatía. Por eso, el agasajo que hoy le harán desde Radio City, no es sino el reflejo de esos sentimientos hacia la encantadora señorita Marta Merino.

En ese acto se tocará música de autores cartagineses, y se desarrollará bajo el siguiente programa:
Ondas del Guarco. Marcha, de Ricardo Rojas.
Rosas de Nogaria, de Julio Mata.
María, Mazurca de Luis Valle.
Monestel, Cavatina de Manuel J. Freer.
Arras de oro. Vals. Manuel J. Freer.

Saludamos en forma atenta a la apreciable señorita Merino con motivo de este homenaje y deseamos un nuevo éxito para la Orquesta Típica Nacional.

Referencia: "La Orquesta Típica Nacional rendirá homenaje a la Madrina de los Músicos, señorita Marta Merino." La Prensa Libre, 3 de agosto de 1950, 6. https://www.sinabi.go.cr/ver//biblioteca%20digital/periodicos/la%20prensa%20libre/la%20prensa%20libre%201950/La%20Prensa%20Libre_3%20agos%201950.pdf

AUDICIÓN DE LA ORQUESTA TÍPICA NACIONAL ESTA TARDE EN ALMA TICA

Hoy, de 6.30 a 7 de la noche en Alma Tica, en el Programa Costa Rica de Antaño, la Orquesta Típica Nacional dedicará su audición de esta fecha al compositor cartaginés don Julio Mata Oreamuno, tocando música de este inspirado Maestro.

El programa es el siguiente:
1.— Queja de Amor. Fado. Julio Mata.
2.— Fantasía de la Guaria Morada. Julio Mata.
3.— Los Abejoncitos Azules. Julio Mata.
4.— Rosas de Norgaria y Baile de Crinolinas, del mismo autor.

Referencia: "Audición de la Orquesta Típica Nacional esta tarde en Alma Tica." La Prensa Libre, 23 de diciembre de 1950, 10. https://www.sinabi.go.cr/ver/biblioteca%20digital/periodicos/la%20prensa%20libre/la%20prensa%20libre%201950/La%20Prensa%20Libre_23%20dic%201950_Parte2.pdf

Nota: "Los abejoncitos azules" es el título que la prensa le dio al chotís de Rosas de Nogaria. Lo sé porque ya me la leí.

Crítica musical
Julio Mata
Por RICARDO ULLOA BARRENECHEA

Hace pocos días falleció el compositor nacional Julio Mata. Con Julio parte también toda una época de la música costarricense que, sobre el 1940, se bifurca hacia otras metas y caminos.

Un estreno singular separaría lo que llamo la música moderna costarricense de la anterior. No se trata de edades o de normas cuantitativas de producción, sino —mejor— de estilos. Con la "Primera Sinfonía" de Carlos E. Vargas se inicia la historia de la música moderna costarricense, ya que, estilísticamente, marca un algo completamente nuevo en nuestro hacer musical.

Lo que conocemos de Julio Fonseca, de Julio Mata y de otros compositores, tiene un estilo bastante característico. Fluctúa entre la música de salón —con inspiración romántica— y cierto dejo de una forma musical muy arraigada entre nosotros: la canción escolar. Julio Mata manifestó mayor interés por la orquesta, ya sea la sinfónica, ya sea la banda.

Si considero a Julio Mata como el músico más inspirado de toda esa generación anterior a la "Sinfonía" de Carlos E. Vargas, su estilo limita nuestra apreciación bajo ciertas fronteras. Julio Mata careció de esa imaginación musical capaz de obtener "desarrollos sinfónicos" —cuya raíz fundamental es el "motivo" más que el "tema"—.

Sin embargo, su suite "Piedras Preciosas" (1941-42) "Diamante", "Amatista", "Rubí", "Zafiro", "Esmeralda" intenta mejor unidad entre lo de ayer y el presente. "Piedras Preciosas", para mí, significa la mejor obra instrumental de toda una época.

Por lo pronto, recuerdo algunos datos necesarios:
Julio Mata nació en Cartago (1899). Obtuvo una beca para realizar estudios en la "Academia de Música" de Brooklyn (Nueva York). Regresa a Costa Rica. Fue profesor del Conservatorio Nacional de Música, director de la banda de San José, director huésped de la Orquesta Sinfónica de Guatemala.

De su extensa producción citamos:
"Rosas de Nogaria" (opereta en tres actos) (Teatro Nacional, 1937). "Fantasía de Navidad". "Toyupán" (zarzuela o drama lírico en tres actos-época colonial). "Piedras Preciosas" (Suite 1941-42). "Suite Abstracta" (en cuatro partes, 1941). "Suite Latina" (inédita). "Guaria Morada" (Fantasía sobre una canción típica). "El Libertador" (Poema Sinfónico) —que obtuvo el Premio Nacional de Música 1967—.

Referencia: Ulloa Barrenechea, Ricardo. "Crítica musical: Julio Mata." La República, 9 de marzo de 1969, 18. https://www.sinabi.go.cr/ver//biblioteca%20digital/periodicos/la%20republica/la%20republica%201969/La%20Republica_%209%20mar%201969.pdf

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