Yamileth Carranza Esquivel. Martes 20 de Junio de 1978.

Yamileth Carranza Esquivel.

Martes 20 de Junio de 1978.


Pensar que tenía que ver

cómo se esfuma la vida;

hoy mismo debía acontecer;

algo terrible que no se olvida.


Preciosa rubia era la niña:

que al cielo voló muy temprano;

Yamileth que dormida sueña;

de un corazón muy humano.


Se fue sin despedirse

para sumarse al coro de ángeles;

hubo sacrificio al entregarse

para vestirse de mantos celestiales.


Un ángel más en el cielo

y una alumna menos en la escuela;

como alabastro será su velo,

y negro el lazo de toda la escuela.


Cinco estrofas para recordar;

a quien la vida entregó de repente,

jamás debemos de olvidar,

que el peligro acecha eternamente.


Fonseca Bonilla, A. (1991). Yamileth Carranza Esquivel. En Cuando el destino trilla los caminos (p. 51). Zúñiga y Cabal. 


No te la Lleves

Porque te llevas, parca invisible,

esta flor de los verdes campos,

sus labios no han sido mancillados;

y su alma está libre de pecados.


Su cabellera rubia y ondulante

es el ulular de ramas en movimiento,

y su voz dulce es un cántaro de miel,

es música de un fino violín.


Sus labios sedientos de amor;

esperan la dulzura de la vida,

marchitar una flor recién nacida

es apagar la luz de una sonrisa.


Permite a las olas humedecer su cuerpo

y que las aguas le entreguen su vaivén,

que la brisa columpie esa fuente,

y el tiempo le dé vida y esplendor.


Sus privilegios son volcanes en erupción;

y sus manos frágiles cristales,

sus ojos de ojeras marcadas y profundas;

dos tulipanes colmados de amor.


Permítenos mirar sus encantos

como estrella que se pierde en el mar,

permítele de rosas adornar la luna

y volar al ritmo de bellas mariposas.


No le quites al mundo esa belleza,

porque nació colmada de pureza;

ella es color de atardeceres pálidos;

y es claridad de oscura alborada.


No borres de la tierra su hermosura;

ella es planta fragante y admiración;

las cosas bellas de la tierra,

hay que conservarlas para eterna adoración.


Si te llevas veremos un negro manto

y lentos morirán los rayos del sol;

la luna negará su tenue resplandor

y en el mar los peces morirán.


¿Qué buscas, que el mundo se termine

que los pueblos se vistan de luto

y de lágrimas refrescar el ambiente?

No vuelvas, parca, y déjala en paz.


Fonseca Bonilla, A. (1991). No te la Lleves. En Cuando el destino trilla los caminos (pp. 52-53). Zúñiga y Cabal. 


Prólogo

Estimado lector (a):

Antes de deleitarse con el contenido de esta obra quiero tener una conversación con usted; seré breve. El título cuestiona la idiosincrasia del individuo. Trillar los caminos es caminar siempre por un trillo, hasta no asentarse en tierra. Significa la movilidad del individuo. El primer oficio que aprendí, de fogonero en el ferrocarril de la Northern, no solo me sirvió en esa compañía de raíces inglesas. Trabajé, también como fogonero, en barcos impulsados por máquinas de vapor, y por el vasto conocimiento en operar calderas, me concedieron el número uno. Como tripulante soporté todas las incomodidades de un mar embravecido. Siempre a la vanguardia, buscando mejoría del aporte económico, decidí estudiar fuerza motriz diesel por correspondencia.

Trabajaba y estudiaba simultáneamente. El amplio conocimiento adquirido me coronó la satisfacción, y, con el correr de los años, cansado del mar en los cinco continentes, tiré ancla en Limón, en 1971. Toqué las puertas de la política y llegé a la Municipalidad. Nunca conocí vanagloria en esos cuatro años: fui utilizado por los políticos de cuello blanco. Posteriormente comencé a trabajar con JAPDEVA y me enviaron a Buenos Aires, república Argentina, a traer dos remolcadores para atraque y desatraque de los barcos que tocan Limón.

Soy perezoso para reuniones sin rumbo. No quise perder mi tiempo y resolví estudiar radio y televisión, por correspondencia otra vez, lo que me hizo sentir la inmensidad del gozo: me puse a prueba una vez más. Por mi esfuerzo me abrazó la mujer más linda: mi madre ¡ya contaba con dos títulos!

Estimados amigos y lectores; hoy trato de ser agradable a todas las personas que gustan leer poesía. Dedíquele un tiempo corto a este prólogo y se dará cuenta de que el destino es, ni más ni menos, el impulso y el amor propio; no permitir que nadie ponga un pie adelante antes que uno. No me considero un escritor, trato de serlo. La esperanza es la llama que nunca se extinguirá; la humildad es el manto que cubre mi cuerpo y mi pensamiento.

Estimado lector (a): A medida que Ud., avanza en la lectura se dará cuenta de que yo he dado más de una vuelta y he recibido sólo satisfacciones en la vida: el destino no a trillado mis caminos.


EL AUTOR.


3 -


Fonseca Bonilla, A. (1991). Prólogo. En Cuando el destino trilla los caminos (p. 3). Zúñiga y Cabal.



Contraportada

LA ROSA DISPERSA EN LA ARENA, primer poemario de ALVARO FONSECA BONILLA, vio la luz pública en agosto de este año. Dos meses después el poeta lanza su segundo aporte a las letras costarricenses: CUANDO EL DESTINO TRILLA LOS CAMINOS.

Turrialbeño de nacimiento (1931), autodidacta, navegante, técnico en mecánica motriz diesel, político por circunstancia (Regidor municipal de 1974 a 1978), trabajador de JAPDEVA y, sobre todo, observador del mundo, sus dolores y tristezas, sus alegrías y esperanzas.

Un agradecimiento a JAPDEVA que hoy y siempre, pone un pie ante la patria, en aras de cultivar la cultura costarricense y en beneplácito del escritor limonense, JAPDEVA: faro luminoso, guía de grandes naves y andamio de visiones imperecederas para el desarrollo de Limón.

Fonseca Bonilla, A. (1991). [Texto de la contraportada]. En Cuando el destino trilla los caminos. Zúñiga y Cabal



Accidentalmente mueren dos niños

Dos niños, uno de seis años y otra de siete, murieron en atropellos ocurridos en San Rafael de Oreamuno, provincia de Cartago, y en la carretera Saopim, en Limón.

Los informes de las autoridades dicen que el vehículo placas C-16946, guiado por Gerardo Fuentes González, atropelló a Carlos Francisco Guzmán Sanabria, que gravemente herido, fue trasladado al Hospital Max Peralta de Cartago. Sin embargo, se informó que el niño murió de camino al hospital, a las tres de la tarde de anteayer.

Yamileth Esquivel Carranza, de siete años, fue arrollada por la vagoneta que guiaba Víctor Campos Quesada. Según los informes, la niña bajó del bus conducido por José Francisco Quesada e intentó cruzar la carretera en el momento en que transitaba el vehículo del Poder Ejecutivo. El accidente ocurrió a las 11:50 de la mañana en el barrio San Juan, provincia de Limón, sobre la carretera Saopim.


Accidentalmente mueren dos niños. (1978, 22 de junio). La República, p. 10. Sistema Nacional de Bibliotecas. https://www.sinabi.go.cr/ver//biblioteca%20digital/periodicos/la%20republica/la%20republica%201978/La%20Republica_22%20jun%201978.pdf


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