Una leyenda Ngäbe-Buglere del Dóble Kuabága, el ciclo épico de las cuatro guerras
Cuando los blancos se agarraron a los guaymíes
Parte I
Los guaymíes y los bugleres vivían en lo que hoy es Panamá. Los guaymíes eran como un grupo bien poderoso, y sus jefes principales eran Mamaméto y Rogaméto. Por otro lado, el mero mero jefe de los bugleres era Banamá. Con ellos estaban otros capos como Dúrin Krúna, Sígua Danúdo, Miróno Krónomo y Jirondái. Todos ellos eran bien poderosos.
Un día, todos los jefes dijeron:
— "Van a venir unos blancos del otro lado del mundo a quererse quedar con lo nuestro. Van a llegar por el mar, y para ellos este lugar solo va a ser bueno por el oro y la plata que saquen, pero a nosotros nos van a ver como si no valiéramos nada."
Así hablaron los jefes poderosos. Los guaymíes y los bugleres respondieron al unísono:
— "Así será, pero nosotros les vamos a dar batalla."
Y después de eso, todos se unieron, listos para pelear. Y decían:
— "Aunque no tengamos la fuerza que ellos, de todas maneras, vamos a pelear."
Y así, seguían juntándose. Rogaméto, el mero mero jefe guaymí, dijo entonces:
— "Cuando acaben con nuestros pueblos, yo seré el último en desaparecer, y aun así me voy a vengar de ellos."
Entonces llegaron los blancos a estos lugares a pelear con nosotros. Eran un montón, y se les unieron algunos de los nuestros, como Panquiaco, que actuaron como enemigos. Así, mientras Rogaméto luchaba diciendo que, aunque fuera el último, seguiría peleando, y Jirondái desaparecía, Ole Kuála se defendía con su hacha, y las balas de los blancos no lo podían ni tocar.
Panquiaco, mientras tanto, se hizo amigo del blanco llamado Vasco Núñez de Balboa, y hasta le dio a su hermana, haciéndose su pariente. Por eso, Vasco Núñez de Balboa le regaló plata, ropa y un montón de cosas bonitas. Fue él, que se convirtió en nuestro enemigo, quien le tendió una trampa a Banamá, y así Vasco Núñez de Balboa lo capturó, lo mató, le cortó la cabeza y quemó su sangre en el hueco de una piedra.
Pero nuestra gente, liderada por Ole Kuála, iba y venía, peleando contra los blancos. Una vez, los blancos agarraron a Ole Kuála y, amarrándolo con una cadena, lo llevaron mar adentro para ahogarlo. Pero pasó que la cadena se rompió y Ole Kuála se tiró al agua, perdiéndose en lo profundo. Los blancos se alegraron un montón y dijeron:
— "Ya se murió; un pez grandote se lo comió bajo el agua."
Pero al poco tiempo, Ole Kuála volvió para seguir peleando. Se dio cuenta de que los blancos eran cada vez más y más, y nuestra gente cada vez menos, así que un día reunió a su familia y les dijo:
— "Ustedes tienen que cortarme la cabeza. Con mi sangre, nuestra gente va a tener más fuerza y más valentía para pelear."
Así les dijo Ole Kuála, pero ellos, bien tristes y con lástima, se negaron. Le dijeron:
— "No podemos hacer eso. Tú nos estás defendiendo, y no podríamos hacerte daño, y menos cortarte la cabeza."
Ole Kuála insistió, diciéndoles:
— "Ustedes tienen que cortarme la cabeza. Si no lo hacen, los blancos van a ser nuestros dueños."
Pero como su familia no quiso cortarle la cabeza, al final les dijo:
— "Ya que ustedes no lo hicieron, me voy a seguir peleando, y cuando solo yo quede, me voy a convertir en viento y me iré a otros lugares."
Así habló Ole Kuála, y después se fue a seguir peleando. La pelea entre los blancos y nuestra gente siguió por un tiempo. Aunque murieron muchos blancos, muchos más de los nuestros cayeron por las balas de las escopetas. Al final, solo quedó Ole Kuála, pero los blancos lo agarraron y Vasco Núñez de Balboa le cortó la cabeza y luego quemó su sangre en el hueco de una piedra.
Después de que Ole Kuála murió, Rogaméto, el mero mero jefe guaymí, dijo:
— "Yo voy a vengar a la familia de nuestro último guerrero."
Entonces se fue de su lugar y llegó al pueblo llamado Tolé, que ya era bien grande por las muchas casas de paja que los blancos habían construido. Así, Rogaméto llegó a Tolé con muchas familias guaymíes que lo acompañaban. Al verlo llegar al pueblo, los blancos dijeron:
— "Vamos a quemarlo y luego matamos a todos los guaymíes que vienen con él. Así, todos estos lugares serán solo nuestros y nos quedaremos con todo el oro que hay."
Así hablaron los blancos, y Rogaméto les dijo:
— "Si quieren quemarme, ¡químenme!"
Entonces los blancos llenaron de kerosén un hueco grande que había en la tierra; le prendieron fuego y echaron a Rogaméto. Pero apenas lo echaron, el fuego se apagó y del fondo del hueco empezó a salir agua, que pronto se desbordó. Al ver esto, los blancos se preguntaron:
— "¿Por qué está saliendo agua del hueco?"
Y luego dijeron: — "¡Saquémoslo!"
Después de sacarlo de allí sin ningún daño, le preguntaron:
— "¿Cómo le hiciste para no morir?"
Rogaméto les respondió:
— "Si quieren matarme, métanme en una celda cerrada y déjenme morir de hambre."
Así lo hicieron. Lo metieron en una celda y lo dejaron sin comer por uno, dos, tres días. Al cuarto día, un hombre fue a verlo y vio que Rogaméto comía, orinaba, defecaba y después desaparecía para luego aparecer en la misma celda y volver a comer, y después a jugar y a conversar con alguien invisible. Entonces lo sacaron, y otra vez los blancos le preguntaron:
— "¿Cómo le haces para no morir?"
Rogaméto les respondió:
— "Si quieren matarme, llévenme a la última casa del pueblo, y allí, átenme paja en todo el cuerpo y luego préndanle fuego."
Y agregó: — "Yo mismo les diré el día en que deben hacerlo."
Cuando llegó el día que Rogaméto dijo, lo llevaron a la última casa del pueblo y le ataron hojas secas en todo el cuerpo. Entonces Rogaméto les dijo:
— "¡Ahora préndanle fuego!"
Los blancos le prendieron fuego a las hojas. Pero cuando ya estaba cubierto de llamas, Rogaméto salió de la casa y empezó a saltar de un lado a otro por las calles del pueblo, prendiendo fuego a todas las casas de los blancos. Y así siguió corriendo hasta que, al llegar al final del pueblo, se elevó por los aires y voló y voló hasta caer en la desembocadura del río que llaman Ñumbré, donde desapareció bajo el agua. Al ver esto, los blancos dijeron:
— "Él quemó todas nuestras casas, pero ya se murió. En el mar, un pez se lo habrá comido. Con su muerte, todo este lugar será nuestro."
Parte II
Pero pasó que al día siguiente, todo el lugar donde había caído Rogaméto empezó a sonar. Al principio, los ruidos se escuchaban cada cuatro días, pero después esto se repitió semana tras semana y luego mes tras mes. Era una serpiente que se comía a la gente por todas partes. De repente soplaba un viento bien fuerte que formaba remolinos y se llevaba todas las cosas que se ponían enfrente, así pasaba en todos los lugares. En ese tiempo, la gente que viajaba en las balsas se perdía, o sea, ellos iban a navegar y de repente se formaba un remolino y se los llevaba mar adentro.
Entonces los blancos dijeron:
— ¿Qué podemos hacer con ese animal que está en la desembocadura del río? Los transportes no pueden pasar por ahí.
Y pasaba el tiempo y volvían a decir: — ¿Qué podemos hacer?
Pero no pudieron hacer nada. Entonces los blancos fueron a hablar con Miróno Kronomo. Le dijeron:
— Hay un animal en la desembocadura del río. Ese no es otro que Rogaméto. Tenemos que sacarlo de ahí.
Y a su vez, el jefe de los blancos le dijo: — Si usted lo hace, yo a cambio le daré plata, le daré ropa nueva y lo voy a proteger.
Así le habló a Miróno Krónomo, y este pensó: "Si no lo hacemos, ese animal va a terminar comiéndonos también a nosotros". Y al jefe de los blancos le dijo:
— Está bien. Vamos a sacarlo de ahí.
Y así Miróno Krónomo se preparó para sacar a Rogaméto. Para eso dijo que era necesario buscar a cuatro hombres solteros y primogénitos. Entonces les dijo a los blancos:
— Denme ustedes dos hombres solteros y primogénitos para juntarlos con otros dos de mi gente.
Sin embargo, todos los blancos que cumplían los requisitos se negaron a ir. Al final, los blancos le dijeron a Miróno Krónomo
— Usted tiene su gente y son solo ellos los que deben ir.
Entonces, Miróno Kronomo y Dego, los dos Guías espirituales o médicos tradicionales que tenían grandes poderes, se reunieron y convocaron una reunión, y llegaron a una conclusión: que el viento causado por la serpiente del mar que tragaba objetos era como una señal del fin del mundo.
Entonces compitieron entre ellos para mostrar sus poderes. La serpiente del mar se estaba comiendo a mucha gente y el poder de Sukia no era suficiente para vencerla. Entonces se reunieron y decidieron mandar a cuatro jóvenes para que fueran a matar a la serpiente en el mar. Habían acordado que cada uno mandaría dos jóvenes que fueran a ver a la serpiente, pero Dego no mandó a los dos jóvenes.
Miróno convocó una reunión para escoger a los cuatro jóvenes. A la primera reunión solo llegó un joven, a la segunda llegaron dos, a la tercera llegaron tres y a la cuarta llegaron cuatro. De esas personas que llegaron, Miróno las escogió y las mandó bien equipadas, llevando su propia agua y comida. Él les dijo a los jóvenes que de todo esto había adentro la serpiente, pero que no lo usaran. Miróno Kronomo les advirtió varias veces a los cuatro jóvenes antes de ir, les dijo:
— "Ustedes van a ir a la desembocadura del río y cuando escuchen los ruidos, sabrán que están en el lugar preciso. Encuentren al animal y métanse en él, y cuando estén adentro, van a escuchar un gran trueno que anunciará la presencia de Jirondái, entonces, empiecen a picar la costilla de la serpiente, cuando no oigan el ruido del trueno, no hagan nada, quédense ahí quietos. Cuando empiecen a cortar las costillas de la serpiente, van a ver ríos rojos, verdes, negros y de todos los colores, esto va a significar que la serpiente se está curando la herida. A los cuatro días, cuando vayan a terminar de cortar las costillas, agarren el oro de la punta de la cola, la cabeza y del cuello y lo traen con ustedes, salgan del animal y regresen."
Los jóvenes salieron y agarraron la balsa para llegar hasta donde estaba la serpiente. Navegaron un buen rato, y al llegar a la desembocadura del río, se hizo ahí un gran remolino y después empezaron a dar vueltas hasta que la serpiente se los tragó y se perdieron en las profundidades. Una vez dentro de la serpiente, los cuatro jóvenes vieron que había siete cerros, cordilleras, y seis ríos con mucha agua. Ellos tenían bien presentes los consejos de Miróno.
Cuando oyeron el ruido del trueno, de inmediato empezaron a cortar las costillas de la serpiente. Cuando se iba el sonido del trueno, se quedaban quietos. Mientras los cuatro jóvenes estaban adentro de la serpiente, Miróno estaba tomando cacao y haciendo rituales para poder vencerla, él envió el trueno para ayudar a los jóvenes que estaban adentro. Así, empezaron a trabajar y al rato vieron agua de color rojo, otra de color amarillo, otra verde y otra de color azul que salían de la herida que le habían hecho a la serpiente. Después de dos días, la serpiente dijo que le estaba doliendo el estómago por la cantidad de lombrices que tenía.
A los cuatro días terminaron de cortarle las costillas a la serpiente, y después se fueron a buscar el oro en la cabeza, en el cuello y en la cola de la serpiente. Encontraron lo que les dijo el sukia y vieron a una anciana que era el corazón de la serpiente. Cortaron otra costilla y salieron de ahí un montón de balsas flotando. Esas balsas se veían como tusas de maíz tiradas sobre el agua. Los cuatro jóvenes salieron encima de Magata (la serpiente) y vieron hacia el mar. Entonces la serpiente dijo:
— En cuatro siglos voy a volver a comer mis alimentos.
Y se fue mar adentro.
Los cuatro jóvenes emprendieron el camino de regreso. Los jóvenes quisieron acercarse a la orilla del mar, pero el viento de la serpiente se los llevaba mar adentro hasta que pudieron salir con la balsa llena de oro, sin embargo, no pudieron traer todas las riquezas porque no pudieron llegar tranquilos, solo dos jóvenes se trajeron un poco de oro que agarraron en la mano.
El primero llegó a la orilla del mar y se murió; el segundo llegó a medio camino y se murió; el tercero llegó cerca de las casas y también se murió. El que sobrevivió le dijo a Miróno Kronomo:
— Hicimos lo que usted nos ordenó y cortamos las costillas del animal, pero solo yo he regresado, ya que uno se murió en la orilla del mar y los otros dos se murieron en el camino.
Y Miróno Krónomo le dijo:
— Rogaméto se convirtió en una gran boa y por eso todo fue tan difícil. Sin embargo, yo logré sacarlo y hacer que se fuera hacia el norte y se metiera en las profundidades de un cerro de donde solo va a salir al final del tiempo para regresar a estos lugares.
Y agregó: — Yo también me voy a ir hacia el norte y voy a buscar, mar adentro, un lugar para vivir. Me tengo que ir para allá porque el sur es para mí un lugar peligroso y difícil.
Entonces, el joven le contó todo lo que vio dentro de la serpiente y todas las cosas que pasaron cuando estaban adentro; después de contarlo todo, se murió. Así fue como desapareció Rogaméto, el gran jefe guaymí que se convirtió en una gran boa que habitó la desembocadura del río. Al quedar el lugar despejado, los blancos dijeron:
— Nuestro enemigo desapareció, pero nosotros no le vamos a dar a Miróno Krónomo ni la plata ni la ropa que le ofrecimos. Lo engañamos. Los guaymíes no valen nada y por eso no les vamos a dar ni plata ni ropa. Ellos no tienen ningún valor para nosotros.
Y así, tal como lo dijo, se fue Miróno Krónomo hacia el norte, y, como Chubé lo sabe, hacia allá se fueron también los guaymíes a vivir en los cerros. Mientras tanto, los blancos se quedaron hasta ahora viviendo en las mejores tierras del sur.
Parte III
El tercer chavo que se murió a medio camino traía el oro y la plata, pero como él no llegó hasta la casa, no pudo entregarle a Miróno todas las riquezas. Los sukias habían acordado repartir las riquezas que trajeron los jóvenes, pero Miróno no aceptó porque Dego no le ayudó, así que llegó Dego con su familia a recoger toda la riqueza que traían los jóvenes, la agarraron y huyeron a la Ciudad de los espíritus.
Cuando Miróno se dio cuenta que Dego le había robado la riqueza que los jóvenes traían, mandó a decirle a Dego que quería ir a pasear donde él vivía. Dego se enteró de la razón que Miróno había enviado y le mandó a decir que fuera. Un día Miróno les dijo a sus dos hijos:
— Cuando nos ofrezcan asiento y yo me siento, entonces ustedes se pueden sentar, pero si yo no me siento, ustedes tampoco lo hagan.
Entonces, llegaron a la casa de Dego quien les dijo:
— No hay comida para darles a ustedes.
De repente, cayó un racimo de plátano cerca de donde estaba Dego.
— Ahora ya hay plátanos, pero no hay carne para acompañarlos —dijo Dego.
Cuando Dego se descuidó cayó un pedazo de carne en el suelo cerca de él. Entonces de nuevo dijo:
— Ahora hay carne, pero no hay arroz.
De repente cayó una chácara llena de arroz desde la cumbrera de la casa. Entonces él mandó a cocinar el plátano, el arroz y la carne y después comieron juntos. Esa noche, Miróno y Dego tomaron cacao y hablaron, cuando estaba amaneciendo, Miróno le dijo a Dego:
— Yo vine para que me entregue la plata que usted trajo.
Dego no le hizo caso. Cuando ya amaneció, Dego vino y le dijo a Miróno:
— Mi hija y mi yerno se han quedado pegados a su asiento. No sé qué hacer con ellos.
Miróno le preguntó a Dego: — ¿Tiene cacao primogénito?
Dego le contestó que sí, y le dijo Miróno: — Pues póngalo a cocinar y deles de tomar cuatro veces a cada uno.
Dego cocinó el cacao y se lo dio a su yerno y a su hija como le recomendó Miróno. Después de tomar el cacao primogénito, ambos se despegaron. La hija de Dego se levantó y se fue para el río a bañarse, se desnudó y se sentó encima de una piedra, y pensó: “¿Quién nos dejaría pegados a mi marido y a mí?” Entonces Dego se fue a buscar a Miróno y le dijo:
— Tengo un asunto muy complicado, no sé qué hacer.
— ¿Qué pasa? — Le pregunto Miróno.
— Mi hija está en el río y se quedó pegada sobre una piedra.
— ¿Usted tiene cacao de piedra? — Le pregunto Miróno a Dego.
— Sí, sí tengo cacao de piedra – contestó Dego.
— Cocínelo y dele de tomar cuatro veces —dijo Miróno.
Así fue, Dego lo cocinó y se lo dio a su hija. Cuando tomó el cacao se despegó de la piedra. La hija de Dego se bañó, se fue para la casa y se sentó junto a Miróno. Después cocinaron el cacao primogénito y le dieron de tomar a Dego, quien también se había quedado pegado, así se le despegó el asiento de las nalgas.
Dego se fue corriendo, trajo la riqueza y se la dio a Miróno. Miróno se fue para su casa con la hija de Dego. Los dos hijos que estaban con Miróno salieron primero de Kä Nague (La ciudad de los espíritus) rumbo a la tierra, para avisarle a Mesi Kwira —que era el nombre de su madre— que su padre traía a otra mujer. Así, cuando llegaron a la tierra, los hijos le informaron a su madre. Cuando la madre supo que Miróno venía con otra mujer, alistó su carga en una chácara y se fue.
Nota: si abren los enlaces y ven la historia algo diferente es porque encontré tres versiones fragmentarias, así que las combiné.
Referencias:
Atencio, R., Atencio, L. (1993). La serpiente de mar y otras historias Guaymies. Grupo danés NEPENTHES: Ed. Costa Rica.
Margery-Peña, E. (2014). Doble Kuabága: el ciclo épico de las cuatro guerras. Revista Estudios de lingüística chibcha: Tomo IX (123-172). En: https://revistas.ucr.ac.cr/index.php/chibcha/article/view/17669 (no disponible en línea desde 2022 0 2023)
MEP. (2017). Mini enciclopedia de los Territorios Indígenas de Costa Rica, Tomo 4: El mundo Ngäbe entre Costa Rica y Panamá, página 28. En: https://mep.go.cr/educatico/minienciclopedias-pueblos-indigenas
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