Tres poemas a Limón

La perla caribeña


Limón, la perla caribeña,

son tus divas vaivén de caderas,

lindas y hermosas como palmeras;

el hechizo que sonríe y sueña.


El parque Vargas iluminado coliseo

donde la brisa disemina cabelleras;

capullo de enamorados en primaveras,

el vergel embrujado de deseo.


De tus arenosas playas y calladas

la historia habla de barcos piratas,

que en apuestas de veleros y regatas;

tus mujeres quedaron obsesionadas.


Las aguas del coloso mar atlántico

cuna y refugio de navegantes,

donde encontraron amor romántico;

los músicos, los poetas y los almirantes.

(Fonseca Bonilla, 1991, p. 30)



Murales limonenses


Llevamos en la visión los murales

y la tristeza es signo latente;

caminemos por las zonas rurales,

y veamos lo que hay en la vertiente.


Los relucientes hacha y machete

son símbolos del humilde labrador;

a la cima llega el agua con ariete,

y el campesino se vuelve conquistador.


El hombre y la naturaleza;

comúnmente viven la obra

y adheridos los valles y la maleza,

salvan la caricia de una cobra.


Hoy vamos sobre ruinas y desechos,

ansiosos de una ciudad limpia y digna;

el tugurio no acaricia los pechos,

del orden la limpieza y la consigna.


(Fonseca Bonilla, 1991, p. 35)



Japdeva en sus 28 años (febrero 1991)


Jamás pensaron verte,

cual frondosa palmera;

que enhiesta te levantas

frente al mar, para mirar,

su espuma y su vaivén.


Adelante, sin mirar atrás,

marcaste el rumbo deseado.

Para Limón eres fuente

permanente de trabajo;

vuelas como el gorrión

en pos de las mieles

para entregar evolución.


Dicho sea, no eres infecunda;

institución pujante y soberana,

que abrigas al intelectual

y colmas de valor al humilde.


(Fonseca Bonilla, 1991, p. 45)



Referencia: Fonseca Bonilla, A. (1991). Cuando el destino trilla los caminos. Ediciones Zúñiga y Cabal.

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