La venganza del Sukie

 La venganza del Sukie (curandero)

De esto no hace más de tres décadas. Quizás cuando yo era estudiante en la Normal. Como me lo contó una señora indígena, así voy a tratar de contarlo.

Se celebraba en el pueblo de Térraba, un pueblo indígena cien por ciento, el acostumbrado Festín de la Inmaculada Concepción. Ahí llegaban no solo nativos, sino también de los pueblos de Ujarrás, Cabagra, Volcán, y algunos vecinos de Boruca, no todos, por sus rivalidades como vecinos más cercanos. El Festín duraba varios días, había en todas las casas, pobres o ricas, suficiente comida, por supuesto el mojoso (mohoso).

Así le dicen a un fermento de maíz sancochado, molido, puesto al sol, preparado con clavos de olor e hibiscos, a veces con jengibre, y que luego, en forma de tamales, lo ponen al humo en trenzas parecidas a una sarta de salchichas. Secos, estos tamales se pueden raspar y deshacer en un poco de agua, forman una chicha que emborracha si se toma en cantidad suficiente, y que los nativos usan para su desayuno en vez de café.

El Festín de la Inmaculada duró varios días y el mojoso, con un poco de chimiscol, armó las rivalidades y se armaron las discusiones y peleas. Entre los invitados estaba uno de los sukias de la tribu, que había venido a curar a un cliente y aprovechaba su viaje con El Festín.

El sukia se emborrachó y se peleó con un muchacho joven, que no le respetó ni su edad, ni su categoría dentro de las tribus. Ya fresco y sobrio el sukia, un familiar le dijo que quien lo había castigado tan fuerte había sido el hijo mayor del Sukia de Térraba.

El indio viejo y forastero no dijo nada, juró venganza al ver que todos lo habían dejado solo y aplaudían la hazaña del muchacho.

No pasaron muchos días cuando una manada de cariblancos llegó al pueblo; dicen que daba gusto matar cerdos, pues estos no venían con la fiereza acostumbrada y, lejos de eso, se mostraban mansos y hasta querían meterse dentro de las casas.

Nueva fiesta en el pueblo, la carne abundaba y el mojoso se acabó de una forma no acostumbrada. Solo en una casa no se comió carne, en la del Sukia de Térraba. Días después las familias fueron víctimas de dolores de estómago, de cabeza, la fiebre atacó a muchos hogares y se había desarrollado una verdadera peste (1) que dejó algunas casas sin gente que las habitara.

Los indígenas entendieron la venganza y fueron abandonando el lugar, a tal punto que en Térraba solo quedó el Sukia con los suyos. La venganza se cumplió.

El Sukia de Térraba perdió, como por arte de magia, sus poderes, y tuvo que dedicarse a otras cosas. Solo y triste, murió de viejo, cansado de caminar por la selva tras el pecarí o jabalí que le daría en parte el sustento.

Le dicen Sukia al jefe de una tribu indígena que adquiere poderes especiales para curar y que puede, por sus dones, castigar como padre a quien le falte al respeto o le desobedezca (2).

No puede cobrar por sus trabajos, se le recompensa de acuerdo con las posibilidades del cliente, pero siempre en número de tres, sean colones, billetes, animales, etc.

Tiene, como amuleto, siete piedras de colores recogidas a ciertas horas, con invocaciones especiales que se guardan como secreto de raza, y el que las revele se juega la vida. (Zeledón, 2012, página 8)

Notas:

1. Esta leyenda podría tener una base histórica, ya que en 1899 el paulino Krautwig entrevistó a un anciano de la comunidad, quien le contó los siguientes eventos, que pasaron en la década de 1840:

“(…) En el año 40 más o menos, llegó la viruela negra y blanca, la fiebre amarilla y negra (peste bubónica), esta última dejó en los cadáveres moretones negros, llevó a los enfermos a la tumba después de pocos días. Después vino el sarampión y una tos maligna. Por culpa de estas pestes murieron tantas personas que el panteón se llenó en poco tiempo varias veces”. (Barrantes, 2018, página 42)

2. En las sociedades Bribris y Cabécares, se creía (¿se cree?) en la existencia de los Kòkama, los cuales eran considerados como médicos peligrosos o malignos, ya que "(...) Estos médicos son capaces de curar, pero también de invocar a las enfermedades para causar un daño a alguien; en esto consiste su maldad." (Jara, 2018, página 109)

Fuentes

- Barrantes-Cartín C. (2018). Lejano Diquís. Montes de Oca, Costa Rica: Editorial UNED.

- Jara-Murillo, C.V. (2018). Diccionario de Mitología Bribri (1 edición). [Versión digital]. Recuperado de: https://www.lenguabribri.com/diccionario-de-mitolog%C3%ADa-bribri [Consultado 17 Marzo 2021]

- Zeledón-Cartín, E. (2012). Leyendas ticas de la tierra, los animales, las cosas, la religión y la magia. Editorial Costa Rica.

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