La Procesión de las Cintas o de las Promesas

Comunicaciones Cartago. (2024, 23 de marzo). Comunidad de Cot se prepara para tradicional procesión de las promesas [Publicación de Facebook]. Facebook. Comunidad de Cot se prepara para tradicional procesión de las promesas


La Procesión de las Cintas o de las Promesas 


La Procesión de las Promesas es una manifestación de piedad popular que se celebra cada Miércoles Santo en el poblado de Cot de Oreamuno, Cartago, asentamiento considerado el más antiguo de la provincia (Redacción de La Nación, 2015). Esta tradición fue instaurada en 1962 por el presbítero Dagoberto Méndez, quien importó la práctica tras observarla en España (Gómez, 2025; Monge, 2024). Aunque existen versiones populares que sitúan su origen en Guatemala, investigaciones etnográficas no han hallado réplicas idénticas en ese país. Al respecto, el investigador Luis Bruzón señala que: 

“La historia sobre la procesión de las cintas en Cot dice que fue el padre Dagoberto Méndez, que ya murió, el que vio esa práctica en Guatemala y que la incorporó a su pueblo, pero yo no he podido ver una manifestación como tal en Guatemala” (Bruzón2017). 

Esto sugiere que la variante de Cot es única en América Latina (Bruzón2017; NoticiasCartago2, 2025). La sede de esta devoción es la entonces parroquia, ahora Santuario Nacional, de San Antonio de Padua en Cot (Comunicaciones Cartago, 2024). El rito central es profundamente simbólico: 

“La tradición consiste en peregrinar en procesión junto a la venerada imagen de Jesús Nazareno, sujetando una cinta que une a la imagen con los peregrinos; simbolizando así una promesa que une a los fieles con el Nazareno, y por la que año a año decenas de personas se unen a esta procesión” (Comunicaciones Cartago, 2024).

Esta imagen suele vestir de blanco y lleva los ojos vendados en señal de sufrimiento. Cada color de cinta posee un significado específico en la devoción local (Herrera, 2014; La Nación, 2011): 


- Rojo: Salud y sanación de dolencias. 

- Blanco: Pureza y bienestar en el matrimonio. 

- Morado: Penitencia y perdón de los pecados. 

- Amarillo: Prosperidad económica en el hogar. 

- Verde: Producción y buen rendimiento de los cultivos agrícolas. 


Teológicamente, el uso de estos lazos se vincula con el pasaje bíblico de Rahab y el cordón escarlata (Josué 2), simbolizando protección y salvación: 

“La cinta roja representa la protección divina, la gracia y la redención. A través de historias como la de Rahab y los rituales de purificación en el Antiguo Testamento, así como la imagen de Jesús en el Nuevo Testamento, la cinta roja se ha convertido en un recordatorio poderoso, de la presencia y el amor de Dios en nuestras vidas…” [para más detalles leer el artículo de] (Montes, 2025). 

Sobre el sentido de estos lazos, el organizador Guillermo Maroto detalló que la idea de las cintas multicolores es que cada participante lleve una entre sus manos como señal de gratitud por promesas concedidas o en solicitud de favores (Herrera, 2014). Durante la liturgia, se explica que: 

“Cada una de las cintas, independientemente del color, representa una necesidad, petición o intención de algún creyente. Algunos lo escribieron con un lapicero o marcador, pero otros simplemente la tenían en la mente y el corazón: sabían lo que necesitaban, lo simbolizaban con la cinta y sabían que Dios lo entendía. Al finalizar la misa, cada uno fue pasando hacia la imagen de Jesús Nazareno y fueron atando su cinta. Una por una, hasta que la imagen quedó llena por todos los costados” (Rodríguez, 2022). 

Un aspecto distintivo ocurre cuando la imagen es cargada por voluntarios y se solicita a los fieles tomar una cinta al azar: 

“Era casi un hecho que en medio de ese mar de colores no encontrarían la que originalmente trajeron. Pero eso poco importaba, porque allí precisamente radica otro de los sentidos de esta procesión: el de la solidaridad. No es un evento únicamente de intenciones individuales, es de salir adelante como un colectivo. ‘Piensen en que si toman la cinta de alguien más ustedes estarán orando por las necesidades e intenciones de esa persona y alguien más orará por las suyas. No tienen que saber quién es esa persona ni su petición, oren por eso, que Dios ya lo sabe’, decía el padre García a los feligreses” (Rodríguez, 2022). 

Las dimensiones de estas cintas son notables, pues algunas miden hasta 100 metros de largo. Al finalizar el recorrido, se recortan y reparten entre familiares y enfermos, o se colocan en la imagen del patrono local (Montes, 2025). Como bien resumió Monseñor Mario Quirós: 

“Cada una de esas cintas que van a portar, significa la intención de cada uno de nosotros, de nuestra comunidad parroquial, caminamos juntos en este tiempo de sinodalidad, entrelazados como hermanos en los lazos del espíritu, que fortalece la caridad y la unidad” (Montes, 2025). 

A lo largo de las décadas, la actividad ha crecido exponencialmente. En sus inicios en los años 60 participaban apenas una veintena de personas, al año siguiente fueron 300, pero para finales de los 90 ya se reportaban miles de asistentes (La República, 1999; Monge, 2024). Este crecimiento ha obligado a habilitar la plaza de deportes para el parqueo de visitantes (Comunicaciones Cartago, 2024). Incluso ante desafíos como la pandemia del COVID-19, la fe se mantuvo mediante "cintas de fe" espirituales en 2020, retomando la presencialidad física en 2022 (Comunicaciones Cartago, 20202022). 

Actualmente, la devoción es un baluarte del patrimonio inmaterial costarricense que se ha extendido a comunidades como Coronado, Hatillo y Filadelfia (Rodríguez, 2022; Semanario Universidad, 2017). 

 

 

Referencias: 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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