De cómo fue que conocieron el secreto del fuego los Térrabas

 De cómo fue que conocieron el secreto del fuego los Térrabas


Es un cuento de Rafael Armando Rodríguez Gutiérrez basado en una leyenda autóctona con la mayor estimación del autor para el caballeroso amigo don Eduardo Chaves Carranza


...Y....la voz de la tribu cuenta, que una vez el sukia (1) de la raza Téribe allá en los más remotos tiempos, se llegó muy temprano al río y al mirar que una espesa capa de arenilla azul cubría los flancos se asustó mucho, por cuanto eso equivalía al pronóstico de grandes sucesos de visión indefinible que podrían ser fatídicos...

Y.… la voz de la tribu cuenta que, antes de que tal suceso ocurriera en el río, por muchos años y muchas lunas, tantas como estrellas se miran en el cielo, los Térrabas y sus hermanos los Borucas o Brunkas, pudieron fraternizar nunca, a pesar de ser vecinos, por cuanto un odio secular inextinguible los separaba como una fuerte barrera construida de tapires y bocaracás fantásticos...

Y.... la voz de la tribu cuenta que un día la bella hija del cacique Boruca, que en los ojos tenía el fulgor de mil soles y era su cabello negro como la noche y en su rostro estaba la hermosa armonía, que salió inadvertidamente del palenque nativo detrás de una linda mariposa que habia visto pararse entre las flores de su jardín, y se extravió buscándola en la profundidad del bosque vecino.

Y.... la voz de la tribu cuenta que llegada la hora del sueño y no aparecer la joven, desesperado el cacique envió en su busca un pequeño grupo de guerreros...

Y.... la voz de la tribu cuenta que ese mismo día el hijo mayor del cacique de la raza Téribe salió de su palenque persiguiendo un ejemplar felino, cuya piel deseaba para colocar como alfombra sutil a los pies de su señor padre, y se extravió en la profundidad de la selva.

Y… la voz de la tribu cuenta que en llegando la hora del sueño y no regresar el príncipe, el cacique envió un grupo de sus mejores guerreros a buscarlo, y lo encontraron a la orilla del Dii Cri (2), en un claro del bosque que esa noche se bañaba en pura luz lunar.

Y.... la voz de la tribu cuenta que el apuesto mancebo no estaba solo y que a su lado tenía a la bella Kalizol (3) y que embelesado en los encantos de la princesa Boruca, le estaba cantando dulces canciones de amor...!

Y.... la voz de la tribu cuenta que en viendo a su príncipe así acompañado, los guerreros de su tribu tomaron concejo y dispusieron tomar presa a la princesa y llevarla consigo al palenque.

Y.... la voz de la tribu cuenta que en llegando al mismo sitio por el lado opuesto, la gente de la linda Kalizol y verla así acompañada, tomaron consejo porque aquello era tabú, y resolvieron capturar al príncipe y conducirlo preso ante el cacique de su tribu.

Y… la voz de la tribu cuenta que como igual ocurrencia habían tenido en el mismo instante los dos grupos de guerreros, al abalanzarse sobre los enamorados y quedar al descubierto todos, allí se originó una gran pelea sin que los príncipes pudieran hacer algo por detenerla, hasta que unos y otros no quedaron exánimes en el suelo.

Y..... la voz de la tribu cuenta que cuando hubo ocurrido esto, se apareció ante los entristecidos jóvenes, que acongojados miraban hacia el lecho del rio sin atinar que hacer, Makuari (4), el dios protector de los indios que vela en el bosque, envuelto en su ropaje vaporoso de color verde transparente, y les dijo: alejaos de aquí con todas vuestras gentes, porque pronto crecerá el Dii Cri, y por varias lunas anegará esta comarca, y podréis perecer.

Y.... la voz de la tribu cuenta que después de reverenciarlo, ellos rogaron al dios que detuviera un día la creciente mientras podían huir y dar la fatal noticia a sus caciques. Y Makuari accedió gustosamente y ordenó al río detener su avalancha, pero sus aguas ya habían dado comienzo a la tarea destructora y se negó a complacer al ente.

Y.... la voz de la tribu cuenta que el ente generoso se irritó y pidió a su hermano el remolino de viento que fuera donde su madre la tempestad y le prestara un rayo para quemar las aguas del Dii Cri, y así fue...!

Y.... la voz de la tribu cuenta que, detenido el fuego por la quemazón, allí se asaron una gran cantidad de animales, y que poniendo en cuidado su olfato, los príncipes sintieron que los peces asados olían bien y los comieron, y notaron que su gusto era bueno. Y como los hombres ya habían vuelto en sí de su letargo, y vieron a sus príncipes comiendo pescado asado, ellos también comieron y les gusto.

Y.... la voz de la tribu cuenta que, viendo los príncipes varios leños prendidos, aunque era tabú, fueron y agarraron fuego, y se lo llevaron a sus tribus. Y, pa' su sorpresa, hicieron un fogón y asaron pescado, y se lo dieron a comer a sus papás, y estos vieron que era bueno, y que el fuego también era bueno. Y entre bocado y bocado, contaron lo que pasó a la orilla del río, y entonces hubo un gran consejo y se fumó la pipa de la sabiduría.

Y.... la voz de la tribu cuenta que, después del consejo, los ancianos les dijeron a su gente que hicieran lo mismo con otras comidas que el indio comía sin cocinar, y encontraron que era bueno, e hicieron reverencia al cielo y a la selva, y el sukia se fue al altar de los sacrificados, cerca del río, e inmoló en agradecimiento y gracia al tapir sagrado que estaba en el establo, atrás del rancho del cacique.

Y.... la voz de la tribu cuenta que, cuando se hacía esa inmolación al fuego en la raza Téribe, Makuari, todo contento, hizo llegar el olorcito rico de la Danta a la ranchería de los Borucas, al otro lado del río, y estos, llevados por la curiosidad y con buen apetito, cruzaron el Dii Cri y se quedaron sorprendidos, y pidieron de esa carne deliciosa y les gustó, porque el espíritu del fuego hizo que les gustara.

Y.... la voz de la tribu cuenta que, viendo los Térrabas comer de esa carne sagrada y prohibida, y que no les pasaba nada malo a sus enemigos de siempre, decidieron probar y comieron. Y hubo satisfacción, alegría y hermandad cuando los dos caciques, como señal de cosas memorables, agarraron la chicha en los huacales y la jícara sagrada de los Eusékaras (5), y todo el mundo bebió y comió hasta quedar rendido del hartazgo.

Y.... la voz de la tribu cuenta que, convocados los dioses protectores de la raza nativa por el espíritu del fuego que vive en los túneles oscuros de los volcanes de América, y también en el cielo grande y sin fin, en el rayo que mata, ordenaron en consejo a los dos caciques que, haciendo memorable el día, olvidaran sus broncas y sus odios, permitiendo la unión de sus dos hijos, y estos aceptaron.

Y.... la voz de la tribu cuenta que, de una vez, se movilizaron los más importantes de ambas cortes, los kasras o ayudantes de los sacerdotes, y al amanecer del día siguiente, entregados a la mayor alegría y de acuerdo con sus ritos sagrados, los dioses de la raza nativa vieron la unión de los dos jóvenes, terminando así, de esta manera satisfactoria, el odio de siempre de las dos tribus.

Y.... la voz de la tribu cuenta que, en la boca de los abuelos, que son los labios de la tradición, así fue como pasaron estas cosas, en los tiempos más antiguos de las razas indígenas que hoy baña el río Térraba, en la zona sur de Costa Rica.

Resumen

Hace mucho tiempo, los Téribes y los Borucas eran enemigos y estaban en guerra constante. Un día, Kalizol, la hija del cacique Boruca, se metió en la selva persiguiendo una mariposa, y el hijo del cacique Téribe hizo lo mismo, pero cazando un felino.

Al anochecer, y al ver que sus hijos no volvían, ambos caciques mandaron a sus mejores guerreros a buscarlos, y los encontraron coqueteando. Los guerreros de ambas tribus, sin saber que estaban los unos con los otros, decidieron agarrar al joven del otro bando. Actuaron al mismo tiempo y, al darse cuenta, empezaron una pelea que los dejó a todos inconscientes.

Entonces Makuari, su dios protector, se les apareció y les dijo que le avisaran a su gente que se fueran corriendo, porque el río Di Cri (Diquís) iba a crecer y a inundar sus tierras. Después de hacerle reverencia, los dos jóvenes le rogaron al dios que detuviera la crecida por un día, para que pudieran escapar y dar la noticia, y él aceptó, pero el río no le hizo caso.

Makuari se enojó y le dijo a el Torbellino, su hermano, que le pidiera prestado un rayo a la Tempestad, la mamá de los dos, para quemar las aguas del Di Cri.

Los jóvenes notaron que los animales que el rayo mataba olían rico, así que decidieron probar los peces asados, les gustó y les invitaron a los guerreros, una vez que despertaron.

Agarraron unos leños prendidos y se los llevaron a sus tribus, junto con un poco de carne asada. Contaron lo que había pasado y, cuando los caciques probaron la carne, decidieron que esa y el fuego eran buenos, y, siguiendo el consejo de los ancianos, asaron y probaron otros animales que hasta ese momento comían crudos.

El sukia o brujo de la tribu inmoló y asó un tapir a los dioses, y Makuari mandó el olor hasta el territorio de los Borucas, quienes cruzaron el río y pidieron de esa carne, porque el espíritu del fuego hizo que les gustara. Los Téribes, al ver que los Borucas comían esa carne sin que les pasara nada, decidieron hacer lo mismo. Y todos comieron en hermandad hasta llenarse.

Después, el Espíritu del Fuego convocó a los dioses protectores, quienes se reunieron en consejo y les ordenaron a los Téribes y a los Borucas que dejaran de pelear, y que permitieran la unión de los hijos de los caciques, y así lo hicieron.



Notas:

  1. Sukia: zukia o suquia, médico o adivino brujo, hechicero de la tribu.

  2. Dii Cri: hoy Río Grande de Térraba. Según Pittier, su etimología es la siguiente; Dii; “agua o río”, y Cri o Kis; “grande”, o sea la frase completa: "Gran Corriente de Agua Grande". Nace en la sierra de Buena Vista.

  3. Kap ui zol: fonéticamente Kalizol. En lengua Téribe significa algo así como “Luz en el atardecer”.

  4. Mak uari: fonéticamente Makuari. Entre los Térrabas era una especie de deidad tutelar, pero no un dios. La mitología es rica en deidades milagrosas para el bien y el mal entre los Térrabas o Téribes.

  5. Eusékara: sacerdotes y sacrificadores entre los aborígenes de la zona sur del país (Limón).



Fuente:

Gutiérrez-Rodríguez, R., A. (1961). Diario de Costa Rica, 1961, 19 marzo, página 21.

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