Los polvos de cuyeo (amarre)


Castillo Camacho, X. (2011). En Á. F. Picado Picado, Leyendas del Valle II (p. 72). A. F. Picado P.


Los polvos de cuyeo


Los polvos de cuyeo son un agüizote del folklore mágico costarricense elaborado a partir del corazón de un cuyeo (Nyctidromus albicollis). Tradicionalmente se ha usado como «amarre» amoroso destinado a despertar pasiones, garantizar la fidelidad o ligar la voluntad de una persona. Asimismo, se les han atribuido propiedades para permitir «el amor clandestino sin ningún peligro de una engordada dispareja».

Se mencionan varios procedimientos para su elaboración; el más detallado nos lo da Federico Mora, y consiste en capturar al ave en los cafetales durante la medianoche, y someterla a un encierro de veinticuatro horas en una jaula cubierta con telas negras y rodeada con huesos de muerto prendidos en todos sus lados, periodo en el cual se realizan visajes con las manos, cánticos y rezos en una lengua extraña. Al cumplirse el tiempo, se usa una vértebra de serpiente cascabela a modo de bisturí para extraer el corazón palpitante. El órgano se coloca en un lebrillo de barro sobre el fuego hasta calcinarse por completo. Finalmente, el residuo se muele hasta obtener un polvo fino que se mezcla con tierra de nido de serpiente toboba chinga y polvo de ladrillo para darle coloración [5]. El producto final se administra diluido en bebidas como café o chocolate.

Existen otras variantes técnicas documentadas para este fin:

Una de ellas consiste en la pulverización de los huesos para ser mezclados con el tabaco de un cigarrillo o con perfume [1, 2], otra menciona que se debe extraer el corazón para pulverizarlo a fuego lento, mientras que el resto del cuerpo se entierra hasta su descomposición; una vez recuperados los huesos, estos se lavan y se portan en el bolsillo como complemento al uso del polvo en la bebida [3]; se puede potenciar el éxito en los amoríos combinando el polvo del corazón de cuyeo con «huesos de lechuza» (atados en el bolsillo) o con el polvo de los corazones de una lechuza y de un colibrí [3].


El trasfondo histórico de esta práctica se documenta en los archivos judiciales de la época colonial. Entre 1775 y 1777, en Cartago, se registraron procesos penales por hechicería contra María Francisca Portuguesa y Petronila Quesada. En los expedientes, el polvo de cuyeo aparece como «evidencia» (alegada) de maleficio y se consignan testimonios sobre su uso para «ligar a los hombres» [4]. 

Las mujeres fueron absueltas, sin embargo, podemos concluir que esta creencia ya se había consolidado en el imaginario popular hace 250 años.

Textos posteriores sitúan la persistencia de este comercio en la localidad de Escazú y otras regiones del Valle Central, donde se vendía el producto como un «específico» de alta demanda para resolver conflictos sentimentales [1, 2, 3, 5].



Referencias


1] Alfaro-Gonzáles, A. (1904). El nido de las aves. Páginas ilustradas, 1(26), p. 404. https://www.sinabi.go.cr/ver/biblioteca%20digital/revistas/paginasilustradas/paginasilustradas1904/01x-Ano%201%20-%20n.%2026.pdf


2] Brenes-Marín, M., y Zapparoli-Zecca, M. (1991). ¡De que vuelan, vuelan...!: Un análisis de la magia y la brujería en Costa Rica. Editorial Costa Rica, p. 125.


3] Cherrie, G. K. (1892). A preliminary list of the birds of San José, Costa Rica. The Auk, 9(4), p. 324. https://www.jstor.org/stable/4067707?seq=3


4] Coto-Conde, J. L. (1957). Eran otros tiempos. Imprenta Nacional, pp. 61-62.


5] Mora, F. (1956, 18 de diciembre). El polvo de corazón de cuyeo. La Prensa Libre, p. 8. https://www.sinabi.go.cr/ver/biblioteca%20digital/periodicos/la%20prensa%20libre/la%20prensa%20libre%201956/La%20Prensa%20Libre_18%20dic%201956_Parte2.pdf 



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