Identidad musical costarricense

Identidad Musical Costarricense

La música de Costa Rica se define como un ecosistema sonoro de enorme diversidad que trasciende la simple catalogación folclórica. El país cuenta con cuatro asideros culturales principales —Guanacaste, el Valle Central, Limón y San Isidro del General— donde convergen patrones rítmicos tan variados que resultan «híbridos y mezclados o mestizos» (1). Esta riqueza es el resultado de un proceso histórico donde lo autóctono y lo foráneo se amalgaman, permitiendo que géneros como la mazurca, el calypso, el pasillo y el swing convivan en un mismo territorio.

En la región de Guanacaste, la música es un «alambique de la tradición» que rompe con el estereotipo de las canciones de velada escolar (3). La obra de figuras como Max Goldemberg y el grupo Malpaís demuestra que la identidad guanacasteca ha «bebido de tantas fuentes que ya no se reconoce solo en una», integrando desde la ocarina indígena y el quijongo africano hasta la contradanza española y el danzón (2, 3). Esta evolución continúa en la actualidad con propuestas como la de Niña Jaguar, que desde Liberia proyecta un sonido donde «el presente se celebre con cuerpo, voz y movimiento» a través del psicolatingroove (4).

Por su parte, la provincia de Limón aporta una dimensión espiritual y rítmica fundamental. La tradición del gospel ha sido una «revelación para el público de Costa Rica», demostrando que estas expresiones forman parte de la identidad nacional desde hace más de un siglo (7). A pesar de que las prácticas rítmicas de origen africano fueron en ocasiones perseguidas por ser consideradas «subversión política», estas sobrevivieron refugiándose en la vertiente vocal de las iglesias (8). Hoy, grupos como MasterKey proyectan ese legado buscando un «gospel tico» con personalidad propia (7).

Finalmente, la música del Valle Central ofrece un contraste marcado por la «melancolía y la sensibilidad introvertida» del campesino (1). A través del rescate de tonadas meseteñas, se ha revitalizado un cancionero de «sentimiento del campo tico», donde las historias se cuentan «en voz baja para que se escuchen en todos los rincones del alma» (1). En conjunto, esta producción confirma que la música costarricense es un «crisol de etnias y paisajes» que permite reconocer la herencia sonora de la nación (5, 6).


Referencias Bibliográficas (APA 7)

1. Amador, J. L. (2010). Homenaje al campesino meseteño. [Folleto de disco]. En A. Trejos & M. Obregón, Estampas de abril y mayo. Papaya Music.

2. Cortés, C. (2004). Más al norte del recuerdo. [Folleto de disco]. En Malpaís, Historias de nadie. Papaya Music.

3. Gamboa, J. (2003). [Folleto del disco]. En M. Goldemberg & O. Juárez, Tierra Seca. Papaya Music.

4. Kilómetro Cero. (2025, 8 de julio). Desde Guanacaste hasta la jungla urbana: Niña Jaguar ruge en San José. https://www.kilometrocero.rocks/noticias/desde-guanacaste-hasta-la-jungla-urbana-nia-jaguar-ruge-en-san-jos

5. Obregón, M. (2002). La celebración. [Folleto de disco]. En Manuel Obregón y la Orquesta de la Papaya. Papaya Music.

6. Papaya Music. (2006). La música de nuestra nación: espiritual. [Folleto de disco].

7. Ross, Y. (2003). Gospel Roots y La llave maestra. [Folleto de disco]. En Wade in the water: Costa Rican gospel singers. Papaya Music.

8. Rossi, A. (2003). La herencia que no cesa. [Folleto de disco]. En Wade in the water: Costa Rican gospel singers. Papaya Music.

9. Voces para el alma. (2021, 2 de marzo). Música Activa con Antonio Alvarado - Música de salón de antaño costarricense [Video]. Facebook.


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