Extrañas trampas precolombinas descubiertas en mar de Quepos
Vázquez Leiva et al. (2019). Trampas prehispánicas para pesca litoral de la Bahía Culebra, Noroeste de Costa Rica, pp. 3-4. Vínculos, Año 2019, Volúmen 39, Número (1-2): 1-26. En: https://www.academia.edu/43160977/TRAMPAS_PREHISP%C3%81NICAS_PARA_PESCA_LITORAL_DE_LA_BAH%C3%8DA_CULEBRA_NOROESTE_DE_COSTA_RICA
Extrañas trampas precolombinas descubiertas en mar de Quepos
De los tiempos de Corrohore y los viajes de Vázquez de Coronado
Cuando don Juan Vázquez de Coronado remite una carta al Lic. Juan Ramírez de Landecho, fechada en Quepos el 15 de febrero de 1563, los aborígenes que poblaban la región, musculosos, esbeltos y de agradables caras y cuerpos, tenían cientos, quizás miles de años de ser considerados como los "más inteligentes" del Pacifico Sur, y sus "Chamanes" como poderosos señores que "sabían usar las fuerzas cósmicas recogidas en la gran cuenca de Quepos".
Las cartas de Vázquez de Coronado y los estudios de los Viajes del Adelantado escritos por el Lic. Mario Barrantes Ferrero, dicen de los quepos y su cacique Corrohore, que "eran la gente más limpia y de más razón que se ha visto", agregando que tenían mucho oro, eran de carácter amable y corteses, cosas estas que quizás impulsaron al conquistador a dejar constancia de las virtudes de estos indios tildándolos de "inteligentes, listos; gente bien puesta y limpia", que mantenía una alimentación bien equilibrada con carne fresca de la selva y diversas especies de peces, moluscos y quelonios (tortugas) del mar.
Los arqueólogos Anita Myketuk y Donald R. Melton
A lo largo de muchos años, dos arqueólogos norteamericanos enamorados del país que se quedaron a vivir entre nosotros, Anita A. Myketuk y Dónald R. Melton, no solo fueron estudiando muchos importantes aspectos relacionados con los hábitos vida y el uso de las fuerzas de la naturaleza que distinguían a los indios de Quepos, sino que llegaron a descubrir, lo que ellos creen, serian antiguas "trampas de tortugas" de la era precolombina fabricadas por los "quepo" en la zona litoral de Manuel Antonio, y a las que solo haría falta, para restablecer su acción, colocar los palos perecederos en forma de horquilla y las redes.
Donald y Anita recorrieron con nosotros parte del litoral comentando algunos de los "jeroglíficos" de una arqueología "aún no descifrada en el fondo" por falta de medios. Señalan que la mayor parte de la arqueología acerca de las "trampas", con algún significado para comprender a los antiguos tramperos; quepo de tortugas, ha sido bastante perturbado y lo que queda es rápidamente saqueado y removido, perdiéndose no solo un valioso patrimonio nacional, sino que a la par de esto —como fenómeno paralelo—, acentuándose cada vez más y más la amenaza contra la vida de las tortugas.
Los arqueólogos señalan que grupos salvajes de "Chelonia mydas agassizi" (tortuga verde del Pacífico) con comportamiento al estilo colonias, que arribaban al área de las trampas de Manuel Antonio, son hoy en día tan pocas que parecen extrañas apariciones solitarias y casi misteriosas. Ellos supieron de la inminente extinción de la tortuga verde en Manuel Antonio aún antes de aprender con el famoso biólogo marino, Dr. Archie Carr, muchos de los secretos de estos queIonios y la mayor demanda de ellos exigida por los gustos refinados hacia la carne de tortuga.
Melton y Myketuk, antes del estudio frío de las trampas de tortugas, intentaron reconstruir la vida de los tramperos precolombinos y trataron de ayudar a la reposición de la especie en la maravillosa zona de Manuel Antonio sin encontrar verdadero apoyo.
Para los dos arqueólogos, cuya casa se sostiene en equilibrio entre peñas y bosques con vista a la inmensa reserva oceánica de Quepos, la antigua industria de las trampas está representada a lo largo de la tierra firme e islas cercanas a la costa en un ámbito de mil quinientos kilómetros de mareas del Pacífico este. Todas las trampas están ubicadas en ensenadas de la costa, protegidas de las fuertes marejadas que rompen contra el litoral. En todos los casos, existe siempre una saliente natural rocosa, por lo menos con una pequeña playa arenosa y un aparente e importante drenaje de agua fresca, asociado directamente con una "trampa".
Poco antes o después de la luna llena cuando el reflujo de la marea llega a su punto más bajo, aparecen colocadas unas piedras sueltas aglutinadas en forma de media luna, a baja altura, mostrando el "artefacto" de las antiguas trampas de tortugas, arqueándose hacia el mar (VER IMAGENES)
Cada trampa deja una abertura en la playa de unos veinticinco a setenta metros de fin a fin. En todos los casos, el constructor buscó áreas con salientes rocosas naturales, edificando el resto con materiales recogidos localmente. Piedras acanaladas para las plomadas de las redes, encontradas en las trampas ubicadas más hacia el sur y la aparente relación ineficiente de las paredes para con la altura del flujo de mareas, los indujo a pensar con certeza responsable que las paredes de dos a tres metros de grosor, vigorosamente soportaban palos en forma de tenedores hacia arriba. Presumiblemente la caza entraba a las trampas durante ocho o más pies de marea alta y permanecía lo suficiente en ellas para ser atrapada dentro de la red durante el reflujo.
Construcciones artificiales en el mar que otras leyendas señalan con fantasiosos objetivos
Otras teorías, explicando la naturaleza las paredes rocosas, han sido expresadas. Dado que estas teorías son divulgadas y aceptadas por algunas personas, vale la pena mencionarlas. Una de ellas manifiesta que las paredes fueron "probáticas" o estanques sagrados para que las princesas indígenas se bañaran. Otra teoría manifiesta que los estanques servían de "plataformas de enfriamiento para antiguos vehículos espaciales". La teoría más comúnmente divulgada es la de que las trampas eran para peces. Existen de hecho, trampas para peces operadas con las mareas en el Océano Pacífico del nuevo mundo, sin embargo, su estructura y ecología son diferentes a las discutidas en la conversación con los arqueólogos *.
Un recorrido aclaratorio con los arqueólogos por el litoral del parque Manuel Antonio
Ellos se enteraron de las llamadas "trampas de peces" sobre el litoral de los montes de Manuel Antonio hace varios años. Dado que las trampas se ubicaban dentro del área de otras investigaciones arqueológicas, les interesó. Así pues, en días de mareas excepcionalmente bajas, caminaron por entre terrenos peligrosos, exploraron ensenadas a lo largo de playas arenosas, buscando más trampas; un total de siete trampas se lograron ubicar dentro o cerca del Parque Nacional Manuel Antonio y estas pasaron a ser el grupo de control de estudios.
Cada trampa fue medida en relación con su punto de marea "cero", para establecer un horizonte común sobre el cual tomar lecturas verticales comparativas. Otro punto, como dato de referencia, fue establecido sobre una roca fija permanente de modo que las condiciones ambientales alrededor de las trampas pudiesen ser documentadas con precisión.
Revisaron sistemáticamente la historia regional, que incluyó el descubrimiento, exploración, explotación, acción misionera y colonización contemporánea, intentando aprender más acerca del origen y uso de las trampas. De lo poco que se conoce acerca de registros históricos es que las trampas fueron de origen indígena, de épocas precolombinas. Tal parece que todo aquel que ve las trampas por primera vez, las llama "trampas para peces".
A Dónald y Anita les pasó lo mismo. Mas, después de observarlas con cuidado durante un gran periodo de tiempo, llegaron a la conclusión de que, si tal cosa fuese, la zona para construirlas era pobre para la pesca, pues para pescar el mayor volumen de especies en el menor tiempo posible, hay lugares ideales, pero muy afuera de la costa.
De hecho, los constructores de las trampas tenían buenos botes para viajar hacia las islas, o quizás los usaron para bucear perlas o para recoger el tinte del famoso caracol morado o púrpura. Solamente en el caso de tiempos con el mar "pobre en peces", los indígenas tendrían que haber recurrido a los estuarios de los ríos, o las mismas trampas.
Un investigador llamado Sigvald Linne observó en 1929 algunas de las trampas en las Islas de las Perlas en Panamá y las llamó "Fish weirs" (nasas o compuertas para aprisionar peces). Las bautizó así por intuición y por conveniencia. Luego examinó algunos de los residuos de veintiocho conchas encontradas cerca de las trampas. Específicamente buscando vértebras y otras evidencias de peces, pero sin encontrar ninguna. Él publicó un muestreo representativo de la cerámica tomada de los residuos y cerca de la mitad contenía el arte o motivo de la tortuga de mar.
Cuando los arqueólogos charlaron con el investigador del Smithsonian en Panamá, Dr. Richard Cooke, les mencionó una investigación hecha de un entierro humano reportado cerca de las trampas, solo para descubrir que los huesos eran de tortuga. Ello no está tuera de lugar, ya que huesos de tortugas son encontrados en algunos de los sitios arqueológicos de Centro América y Panamá más antiguos.
Sin embargo, desde los primeros tiempos de la conquista los españoles describen no sólo venados y conejos en abundancia en las Islas Perlas, sino también el hecho que no podían matarlos fácilmente sin tener que abandonar sus chozas. A menos que los venados y conejos hayan sido domesticados para alimento; a las trampas debe habérseles dado mayor importancia como una fuente alterna de proteínas.
Desde el grupo de control, cada trampa aparece bajo la influencia de un riachuelo de agua fresca o pequeño drenaje. Douglas Robinson, herpetólogo de la Universidad de Costa Rica, quien ha estado observando las arribadas de la tortuga Ridley del Pacifico y otras tortugas de mar por alrededor de trece años, informó que drenajes de agua potable se encuentran en todas las playas de arribadas de tortugas en el Pacífico, donde él ha hecho observaciones.
Todos estos drenajes en Manuel Antonio se secan por unos seis meses a partir del final de la época lluviosa. Si los riachuelos fueran identificados por los tramperos como esenciales en las trampas, entonces, aparentemente, los tramperos buscaban la caza en las épocas lluviosas. Las observaciones muestran que el cambio más significante en la fauna cerca de las trampas es cuando cuatro especies de tortugas vienen a Manuel Antonio durante la época lluviosa para el desove y apareamiento.
Anita y Dónald dicen finalmente: "Poco se conoce de la arqueología y etnología los cazadores de tortuga en la América Central. Por esta razón hemos procedido con cautela estos últimos años en llegar a la conclusión de que las trampas fueron usadas para capturar tortugas. Sin embargo, creemos que existe suficiente cantidad de evidencia 'prima facie' para justificar el llamar las antiguas paredes, trampas de tortugas.
Hemos compilado una breve investigación sobre la arqueología y etnología de los cazadores de tortuga y coleccionistas de huevos de tortuga. A la fecha solo hemos logrado localizar un ejemplo de un sistema similar que hace uso del concepto de capturar tortugas entre las mareas del Océano Pacífico. Hemos escrito al observador pidiéndole mayor información. Pero debemos recordar que la caza de tortugas en tiempos prehistóricos fue una gran industria de comida e intercambio a lo largo de la América tropical.
En la mayoría de los lugares donde se encontraba disponible la tortuga verde, no fue desplazada a segundo plano por ninguna otra fuente de proteínas. Los talamanqueños y otros habitantes de altura de la Mesoamérica mantienen sus ceremonias de tortugas y eso nos da mayores referencias para afianzar nuestra tesis." (La República, p. 4)
Nota: en Bahía Culebra se han encontrado trampas para peces, más información en el archivo adjunto: https://www.academia.edu/43160977/TRAMPAS_PREHISP%C3%81NICAS_PARA_PESCA_LITORAL_DE_LA_BAH%C3%8DA_CULEBRA_NOROESTE_DE_COSTA_RICA
Fuente: Monestel, A. (lunes 31 de agosto de 1987). Extrañas trampas precolombinas descubiertas en mar de Quepos. La República. En: https://www.sinabi.go.cr/ver//biblioteca%20digital/periodicos/la%20republica/la%20republica%201987/La%20Republica_31%20agos%201987.pdf




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