Cru cra, mam bu, machiti culata

Antiguamente, cuando los Huetares cazaban algún ave la mataban, la desplumaban, la cortaban y limpiaban, luego la ponían sobre el fuego, contaban el número de brazas (N) que se pegaban a la carne y decían:

— "Cru cra, mam bu, machiti culata (1): N [nombre del ave]".

Se creía que el número de brazas representaba el número de aves que cazarían la próxima vez. (Quesada, p. 150-153). Según Alfaro, esto lo hacían para invocar al espíritu del "Dueño de la Chirrascuá" (o del ave que cazaran) para pedirle abundancia de perdices para cazar en la trampa tureca (2) al día siguiente.

También colgaban calaveras y patas de aves o venados sobre el fogón para que les repararan cacería al día siguiente, aunque el ritual mencionado solamente lo realizaban al cazar aves. (Alfaro, p. 238-239)


Notas:

1] El informante declara desconocer el significado de esta frase. (Quesada, p. 152)


2] Tureca: trampa elaborada con varillas rollizas, atadas con bejuco, con forma de pirámide y usada por las abuelas güetares para cazar aves como chirrascuás, yerres, chilillos, yurelas, estucucas. (Alfaro, p. 281)


3] He transcrito la entrevista para quien desee leerla:


Cru cra, mam bu, machiti culata. Antonio Sánchez (Polca)


I: — ¿Cómo era el asunto de las viejitas cuando cazaban?

A: — iAh! Eso... yo también estaba en ese acuerdo de aclarar una cosa, en eso. Que la dicha paloma... cuando cazaban algo, es decir, sea paloma, una yerre o así, un animalillo de esos, la historia es que -ahora en después me acordaba- que lavaban bien la paloma, la esplumaban, dejaban bien la plumita, al fin la arreglaban bien, les sacaban las puntitas y la hacían en pieza grande, toda. La abrían, como quien dice, la abrían. Luego, tenían una hoguerita, por allí, un braserito, veá, la llevaban y la ponía así ¡prá! Y allí la asaban, y todas las brasas que se pegaban del cuerpito, del cuerpito con lo de adentro, así, entoes las contaban: una, dos, tres, cuatro, cinco, sean diez o las que fueran. Entonces allí era el grito, entonces era cuando decían:

— Cru cra, mam bu, machiti culata. Cinco yerres, cinco chirrascuasas, cinco palomas.

Y ahí iban, así se ponían ellas, así, pero contaban primero las brasas que se les pegaban. Entonces ese número era el que gritaban. Yo ahora hace unos días me estaba acordando de eso. Y cuando ya hacían eso, ya dicían:

— Cru cra, mam bu, machiti culata. Cinco palomas, o sea, o diez, las que fueran. Y ahí iban […] y allí siguían cazando, ahí.

I: — iAh! bueno, era cuando la bicha estaba entonces asada.

I: — Pero, ¿por qué decían eso?

A: — Porque si se pegaban cinco brasas del cuerpo del animalito, veá, fresquito lo ponían así, sobre las brasas, así, de la hoguerita, las arrimaban. Entonces ahí las brasas se pegan, veá, todas. Entonces, las que se pegan esas son las que se cuentan. En ese recuento ya ellas dicían, diay, el tanto que habían de brasas, entonces ellas cinco palomas o cinco yerres o el número de brasitas que habían ahí. El tanto que

hubieran ya las contaban. Entonce, eso es lo que gritaban ellas que iban a cazar después.

I: — Ya. Era como una especie de adivinanza.

A: — ¡Ah! sí, eso. Así era todo eso.

I: — ¿Y siempre decían el número cinco, o podían decir otro?

A: — iAh! no, podían dicir... contaban primero las brasas. Si las brasas llegaban a cinco, o llegaban a diez, o llegaban a cuatro o llegaban a cualquier número, eso. Y llegado, antonces ya ponían ese número. Ese número era la base pa' decir lo que iba a cazar la tureca más... Entonces, si eran cinco o eran siete, dicían siete palomas, siete chirrillos, o siete cocobravos, unos que hay ahí, unos... gargantilla, que llaman. Y allí iban, u yerres o chirrascuasas ahí, siempre con el mismo número que habían contado en… en...

I: — En las brasas.

A: — ¡Ah! sí. Eso era todo, eso es todo. Yo se me había olvidado esa primera... esa parte, que había que abrir primero el animalito y ponerlo así, que alzara... sobre las brasas lo ponían, ¿verdá? Antonces venían, alzaban otra vez el animal, y ya lo vían, y ya le contaban las brasas, porque las brasas se pegan, no todas, pero algunas se pegan ahí, del animal. Entoes ya las contaban, entoes ese número era el que ellos dicían.

I: — ¿Y qué querían decir con esa frase?

A: — Eso es lo que yo no entiendo. Diay, que yo me recuerdo, yo. Yo no le tomaba importancia a eso, pero ahora después de todo, sí, se me ha calado mucho en el cerebro que algo pasa en eso, u de ya una creyensa sería. Sería creyensa o sabe qué. Y todos los acompañaban, así como yo decía, si con fe muchas cosas valen.

I: — ¿La frase era igual según el número, o la frase era igual, y ellos contaban?

A: — Bueno, es igual. Todo eso era igual, pero lo que también era igual era el número de brasas que tenía el animal que se le pegaban. Las contaban, la ponían así, luego la alzaban y entonces las brasas, algunas venían pegadas del animal. Esas eran las que contaban, si eran cuatro o eran cinco, o una, diay. Y si era una, ni pa qué ir a armar más la tureca. ¡Ah!, que ya si eran siete, o ya fueran diez brasitas pegadas, ¡ah! ya hay que seguir, porque ahí viene el chorro de animales.

Pero que eso se dejó porque ya ahora, la gente de ahora van por allá... una turequita, donde la van a parar o así, no dicen nada. Quién sabe de dónde diantres ellos tenían todas esas cosas.

l: — Si se pegaba solamente una brasa, siempre decían la frase.

A: — ¡Ah! sí, siempre.

I: — Y si pegaban diez brasas.

A: — Siempre la decían, siempre.

I: - ¿La brasa que se pegaba, o la seña que dejaba la brasa en la paloma?

A: — No, es que se pegan. Sí, yo he notado que se pegan. Un tuquito de carne que sea, de cualquier carne, lo echan a asar, lo echan a asar, lo meten ahí al brasero, y sacan los […] pero que esté fresca la carne, salen varias brasas pegadas.

I: — Ellas les quitaban las plumas a las...

A: — ¡Ah! sí, sí. La arreglaban bien, bien arregladita toda y le sacaban las puntitas, ya ahí la lavaban, entoes ya la llevaban al fogoncito, en el braserito que había venían y la acostaban ahí.

I: — Pero ¿solo con palomas?

A: — Sí, o una yerre que fuera, también. Lo que cazaran, o si era un pájaro, lo mismo.

I: — Pero solo era con pájaros.

A: — ¡Ah! sí, y aves.

I: — Solo aves. ¿Si tenían allí un tacuá?

A: — iAh! no. Eso sí no. La tureca era la de esa razón. Era la tureca. De otro, no. (Quesada, p. 150-153)



Fuentes:

- Alfaro-Solórzano, G. (2014). Agricultura güetar, 1 ed. Cartago, Costa Rica: Editorial Tecnológica de Costa Rica.

- Quesada-Pacheco, M. A. (1998). Tradiciones huetares, 1 ed. Heredia, Costa Rica: EUNA

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