La devoción al Dulce Nombre de Jesús en Costa Rica


Estructura de la devoción

De acuerdo con las fuentes consultadas, el culto a la imagen del Dulce Nombre de Jesús fue promovido por el primer Mayordomo que tuvo la cofradía, el señor don Adolfo Calderón, a partir del mes de abril de 1856 y con el visto bueno del obispo Llorente y Lafuente.

Aprovechando la situación que se presentó con la retirada del ejército nacional de Nicaragua en su guerra contra los filibusteros y la aparición en la ciudad de San José de la peste del cólera, se promovió esta devoción así como las de San José y la Virgen de los Dolores, entre otras, con el fin de pedir al Altísimo, mediante rogativas, que se alejara tan terrible mal.

La rogación que más trascendió fue la del Dulce Nombre y dio origen a un culto al que mediante el voto de la promesa jurada, se le atribuye que el cólera se alejara de nuestro país. Casi de inmediato se conformó una cofradía y la devoción se extendió por todo el país. En 1858 se trae una hermosa imagen que aún hoy se conserva, y que logró aglutinar a su alrededor a miles de fieles; aunque con ligeras variantes en la actualidad se mantiene esta tradición. Entre los principales elementos que podemos analizar de este culto tenemos:


a) La Cofradía

La cofradía tal como se estructuró y pasó de España a América, la podríamos definir como «...una unidad religiosa...que llega a unir elementos de la religiosidad popular con la religiosidad oficial» (SIBAJA CHACÓN, et. al., 1989:141), la cual se caracteriza porque «...unido al beneficio económico que le produce el grupo o grupos que la administran, desarrolla todo un aspecto religioso que se inicia con la definición de la advocación a que se adhiere, la edificación y ornamentación del templo donde se venera la imagen de la cofradía hasta el sostenimiento económico del culto y el clero porque es ella la que asume el pago de los servicios religiosos y la celebración de las actividades religiosas de carácter oficial». (SIBAJA CHACÓN et. al., 1989:155).

En el caso que analizamos se cumplieron a cabalidad los requisitos anteriores, al menos hasta el año 1952, en que se refunden en un solo libro denominado Cuenta de Fábrica, las cuentas de las cofradías de la Virgen del Carmen y del Dulce Nombre, las cuales funcionaban en la iglesia de Nuestra Señora del Carmen. Si bien se sabe todo lo relativo a la cofradía del Dulce Nombre, mediante sus libros de Cargo y Data, no se ha podido localizar en el Archivo Eclesiástico la inscripción o la fecha en que se autorizó su funcionamiento.

El Mayordomo principal del Dulce Nombre siempre llevó y presentó a la autoridad competente, hasta el año 1920, los libros de Cargo y Data; a partir de esta fecha si se registra algún evento importante se conoce por los libros de Mayordomía de Fábrica, los cuales no se prolongan más allá de 1962.

En la estructura de esta cofradía la figura del mayordomo es la más importante, entre sus principales funciones podemos anotar: promover el culto a la imagen, convocar a los devotos a las funciones en cumplimiento de la Promesa Jurada, recolectar limosnas, solicitar permisos para exposición del Santísimo en días de fiesta, solicitar permisos a las autoridades civiles para efectuar procesiones, dar un mantenimiento adecuado a la imagen (retoques en la policromía, confección de trajes, cuido de bienes de la imagen como joyas, andas, altar, alfombras, palio, etc.), rendir cuentas a las autoridades eclesiásticas del empleo de los fondos de la cofradía, llevar libros actualizados de Cargo y Data, encargarse de la impresión de invitaciones, novenas, estampas, escapularios, medidas, llevar control de las misas mensuales, misas por los cofrades fallecidos, pago de salves o rosarios encargados por los devotos durante el año, así como llevar un inventario actualizado de los bienes de la cofradía.

Todas esas funciones promovieron que el Mayordomo tuviera que trabajar a tiempo completo para poder cumplir con ellas y en la sociedad costarricense de la época (1856-1936), estas sólo podían ser ejecutadas por un hombre, de tal manera que desde el inicio del culto y hasta 1936 se registran siete mayordomos. Es gracias al trabajo acucioso de ellos, al anotar todos y cada uno de los eventos relacionados con el culto y devoción al Dulce Nombre, que podemos conocer casi paso a paso lo sucedido con esta manifestación desde sus inicios.


b) El Ritual.

En todo culto, el ritual es la forma mediante la cual se trata de honrar de la mejor manera a una determinada imagen, comprende desde signos y símbolos hasta formas y normas de comportamiento, oraciones, ofrendas y procesiones.

En nuestro caso veremos un poco más detalladamente algunos de los elementos constitutivos de este rito.


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Luego de efectuarse la rogación del día 14 de junio de 1856, la devoción al Dulce Nombre comenzó a desarrollarse muy rápidamente, creció el número de devotos, se conformó la cofradía y se instituyó la promesa jurada o promesa del cólera. de esta manera se originó la función del Dulce Nombre, que debía celebrarse el 14 de junio de cada año. Sin embargo, como una forma de mantener vivo el agradecimiento al Dulce Nombre como libertador de la peste, se programó también una misa de rogación el día 14 de cada mes.

Como la iglesia católica celebraba a principios de año la fiesta del Santísimo Nombre de Jesús o Epifanía, motivó que la misa del 14 de enero se hiciera en forma solemne, lo cual unido a la función del 14 de junio, dio como resultado las dos funciones solemnes del Dulce Nombre (14 de enero y 14 de junio).

Las fuentes consultadas nos indican que el programa que se cumplía en ambas funciones eran más o menos el siguiente: una novena, vísperas del día 14, octavario, rosarios y salves cantados, vela de las cuarenta horas, visita de altares, misa solemne, exposición y bendición con el Santísimo Sacramento y procesión por las calles de San José. Ambas funciones se diferenciaban en que la función del 14 de junio explicitaba que la misa solemne de rogación era «en cumplimiento de una promesa jurada establecida en los tiempos del cólera».

Esta situación se mantiene más o menos hasta 1935, año en que cesan las misas mensuales de rogación del día 14. Asimismo la Función que se celebraba en enero comienza a decaer y deja de efectuarse a partir de 1957, quedando únicamente la Función del mes de junio, la cual se traslada para el mes de agosto (generalmente el último domingo), a partir de 1956, lo cual ya venía perfilándose desde 1945.

Las Funciones del Dulce Nombre llegaron a ser muy famosas a nivel nacional, sobretodo por la forma como se celebraron en la iglesia misas y rosarios solemnes cantados, a gran orquesta, bendición con el Santísimo, visita de altares, profusión de adornos, luces y flores entre otros, así como por lo afamado de su singular procesión, en la cual los vecinos competían para ver quien honraba mejor al Dulce Nombre tanto con el altar que levantaban a la entrada de sus viviendas y su decoración, como con el gasto de pólvora y el pago de salves.

La procesión del Dulce Nombre como manifestación externa de la devoción difícilmente se puede considerar como algo ajeno a la ciudad de San José, una y otra son hermanas y como tales van ligadas muy íntimamente; no se puede concebir a ésta sin aquella y viceversa.

La cofradía supo aprovechar esta situación y en determinado momento vio en las procesiones una fuente de ingresos, ya que eran tantos los devotos que asistían a ellas y lo que se recolectaba por concepto de limosnas, venta de medidas y escapularios, que en oportunidades organizó procesiones en otras épocas del año, con el fin expreso de recolectar dinero. Esto fue en parte la causa de la crisis del año 1922, en donde se criticó mucho el hecho de comercializar con la fe de los fieles.

Como dijimos, la procesión del Dulce Nombre fue muy famosa y no escapó a los ojos de diversos escritores y periodistas, quienes dejaron en sus escritos constancia de la forma como se celebraba. En el capítulo «El Dulce Nombre y la literatura», reproducimos en una pequeña antología algunas de estas narraciones.

Las ofrendas presentadas al Dulce Nombre fueron al menos hasta principio del presente siglo, muy significativas, desde las limosnas que se recolectaban a lo largo del año, hasta las donaciones de joyas o dinero mediante testamentos. El culto se desarrolló desde sus inicios sin dificultades económicas, prueba palpable de ello son los gastos incurridos por la cofradía en 1857-58: $706.9 pesos de la época, suma considerable que nos hace ver la importancia que había tomado para entonces esta devoción.

Si bien al Dulce Nombre se le invoca para la sanación y curación de enfermedades, siendo la peste la más importante, nunca se acostumbró dejarle en su altar exvotos u otro tipo de ofrendas; en la documentación revisada no se presenta ni un sólo caso de esta naturaleza. Parte vital dentro del ritual lo constituyen las oraciones, entre las más importantes, para nuestro caso, tenemos las famosas «Décimas dedicadas al Dulce Nombre de Jesús implorando su ausilio para que cesen los estragos de la peste». Compuestas por J. N. G. en 1856; el «Novenario del Dulcísimo Nombre de Jesús» de Fr. Antonio Garcés reimpreso en Costa Rica en 1866; la «Novena del Dulce Nombre», de 1890; así como algunas oraciones impresas por lo general al dorso de estampas.


Fuente:

Le Franc-Ureña, R. (1999). Una devoción muy josefina: el Dulce Nombre, 1 ed., pp. 65-69. San José, Costa Rica: Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes, Editorial de la Dirección de Publicaciones.

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