La mujer que burló a los espíritus (leyenda Téribe)

 *De esta historia solo pude encontrar fragmentos en una publicación sobre lingüística, la reconstruí, si se siente incompleta es por eso.


Resumen

Hace mucho tiempo, un hombre bribri se casó con una mujer de un lugar lejano. Un día emprendieron un largo viaje para que ella conociera a los suegros, al llegar la mujer se negó a cocinar porque toda la comida de la casa estaba podrida, indicando que nadie había vivido allí por mucho tiempo.

El hombre no le creyó e insistió en que sus padres se habían ido a otro rancho. Finalmente desistió y se fueron a dormir. Esa noche escucharon a los «suegros» llamando a su «nuera» desde fuera de la casa. Ella reconoció que eran espíritus esqueléticos malignos llamados Shä, que se hacían pasar por sus suegros, y le dijo a su esposo que guardara silencio.

Ambos se escondieron en el techo, donde el hombre le explicó cómo escapar de los Shä. Después bajó para arrojarle unas jícaras que la ayudarían a huir, pero fue devorado por los espíritus. A la mañana siguiente, la mujer siguió sus instrucciones y se escapó.

Los Shä la persiguieron durante dos o tres cerros, pero ella logró librarse de ellos al soltar el bejuco con el que cruzaban un río, haciendo que uno de los espíritus cayera al agua. Finalmente, llegó a la casa de unos familiares, quienes la acompañaron hasta el Cerro Sagrado, desde donde continuó su camino a casa.

 

Historia completa

Cuentan los ancestros que un indio bribri encontró a una esposa que era de muy lejos. ¿De dónde? De un lugar llamado Bromři o Sruni, cerca de Druy. Encontró a una muchacha que parecía una adolescente: él era un hombre mayor, de más de veinticinco años, con la edad suficiente como para tener una barba oscura.

Le dijo a su esposita: ― Vamos a la casa de mis padres en la cabecera del río.

― Está bien, replicó su esposita.

Se pusieron en marcha, recorrieron un largo camino por los cerros. Llegaron a un lugar llamado Shubrochic y allí durmieron.

Al día siguiente él dijo: ― Vayamos a Shönu.

Ella aceptó y se pusieron en marcha. Pero cuando llegaron allí, durmieron.

Al día siguiente él dijo: ― Vayamos a dormir a la casa de mi familia en Pëchic.

― Está bien, dijo su esposita.

Al cuarto día él dijo: ― Vámonos, no dormiremos para llegar pronto a casa de mis padres.

― Pero debe estar lejos― respondió ella.

― No, no lo está. Ya casi llegamos― aseguró él.

Siguieron adelante y llegaron al lugar donde él decía que estaban sus padres. Al llegar allí vieron una casa grande. Adentro había plátanos maduros, negros más bien, y afuera había plátanos maduros esperando a ser cosechados.

― Mira toda la comida que tienen mis padres. No te preocupes― le dijo él a su esposa.

Ella escuchó en silencio. Había llegado muy lejos con él. Lo escuchó decir dentro de la casa:

― ¡Encendamos un fuego y cocinemos!

― No voy a cocinar. Tu familia vivió aquí hace mucho tiempo― respondió ella.

Allí habían dejado chicha de yuca en grandes ollas; eran ollas grandes y todas estaban llenas. Al verlas, dijo ella: ― Ya se pudrió. El jugo de encima está blanco.

― Comamos― dijo él.

Su esposita, al oír esto, dijo: ― No, no voy a comer. Tus padres de los que hablas vivieron aquí hace mucho tiempo.

― No. Mis padres están en el otro rancho― respondió él.

― No, no voy a comer; tus padres vivieron aquí hace mucho tiempo― añadió ella.

Aquí había carne: ― Mira la carne de danta. Mira toda la comida que tenemos― dijo él.

Allí también había frijoles viejos, con telarañas encima. Fueron vistos por él. 

― Comamos― añadió.

― No― replicó su esposita.

Pero el sol ya se estaba poniendo.

― Durmamos, comamos (para poder dormir)― añadió él.

― No ―replicó ella― No voy a comer y vos tampoco.

― Esto está viejo― añadió.

― No― dijo él [en el sentido de ‘No estoy de acuerdo con tu valoración sobre las implicaciones de la chicha podrida’].

Pero ya era tarde, entonces [él se rindió y] dijo: ― No voy a comer.

Cuando se acomodaron allí, y ya era de noche, oyeron gritos y llamados en los caminos. En todos los caminos se oían ruidos, como si fueran personas reales llamando. Ellos no le prestaron atención, [las voces] llegaron al patio y dijeron:

― Nuera, ¿viniste?... ¿Comiste mucha comida?

Sus palabras se escucharon en voz baja.

― No contestes― le dijo su esposita. Ella vio que eran algo diferente... Eran como personas, pero no eran personas en lo absoluto.

Por motivos que no se especifican, no pudieron quedarse dentro de la casa, así que subieron al techo y se escondieron allí.

Él hombre le dijo a su esposita:

― Cuando baje por este poste y llegue al suelo, vas a ver que seré devorado, cuando salga el sol, vas a ver a dos esqueletos caminando abajo. Luego tirarás estas jícaras para que bajen por el techo y caigan en su camino. ¡No tires ninguna en tu camino! Luego, cuando estés en el camino y los escuches venir detrás tuyo, agarra tus abalorios y tíralos contra el tocón de un árbol y rómpelos para que se esparzan por todo el camino*. Así te salvarás.

Ella le dijo: ―No te bajes― y lo agarró del pelo para mantenerlo allí, después de mucho rato se cansó y tuvo que soltarlo. Cuando estuvo abajo, él gritó:

― ¡Agarra esas jicaritas! ¡Tíralas!― y luego fue devorado.

Las cosas que se lo comieron se llamaban Shä, decían los ancestros. Eran muy feos; sus cabezas eran desiguales; tenían la cabeza calva, decían los antepasados. Sus piernas eran curvadas, añadieron. El hombre fue devorado con gran ruido. Sus huesos fueron masticados con gran ruido.

A la mañana siguiente, la mujer estaba escondida en el techo de la casa. Vio a unos Shä moviéndose abajo y les arrojó un montón de jícaras. Lo que yacía en el suelo se movió. Inmediatamente ella tiró otro manojo de jícaras.

Ella bajó del techo, rompió los abalorios contra el tocón de un árbol y los Shä se quedaron allí. Mientras estaban distraídos allá, ella salió corriendo. Cuando ya se había alejado mucho y pensó que estaba a salvo, escuchó: — ¡Espérame! ¡Espérame!

La mujer escapó de los esqueletos y corrió durante mucho tiempo con gran miedo. El primer día cubrió la distancia de un viaje de dos días. Cuando paraba para dormir, seguía teniendo miedo. Ella corrió y corrió y corrió muy rápido. Dos o tres cerros más tarde, cuando ya había llegado lejos y pensó que estaba a salvo, escuchó (a un Shä) decir nuevamente:

— ¡Espérame! ¡Espérame! ¡Espérame! ¡Espérame!

Otra vez rompió más abalorios y los dejó tirados en el camino como antes. Luego cruzó un gran río agarrándose de un bejuco. Sin embargo, cuando estuvo a salvo al otro lado, el Shä fue tras ella y le dijo:

— ¡Oh, espérame! ¡Espérame! ¡Espérame!

Entonces cruzó el río por medio del mismo bejuco. De repente, ella soltó el extremo de su lado y el Shä cayó directamente a la corriente blanca. Pero ella siguió avanzando y al día siguiente llegó a Shubrochic. Allí encontró gente y volvió a dormir, sin embargo, ya no tuvo tanto miedo.

— ¡Vayan conmigo y despídanme!― le dijo a la gente, que era parte de su familia. La escoltaron hasta el Cerro Sagrado. Desde allí, emprendió el camino a casa. Ella se escapó.

 

Nota:

*En el folklore de Costa Rica y de otras regiones, se dice que es posible distraer a los espíritus esparciendo granos, ya que se ven impulsados a contarlos. Esta leyenda apunta a que ese fue el razonamiento detrás de esta acción.


Fuentes:

-        Koontz, C; Anderson, J. (1977). Connectives in teribe, pp. 98-129. Discourse grammar: studies in indigenous languages of Colombia, Panama and Ecuador, N. 52, part II. Skinner institute of linguistics publications in linguistics and related fields. Dallas, Texas. In: https://www.sil.org/resources/archives/8868


-        Koontz, C. (1977). Features of dialogue within narrative discourse in teribe, pp. 113-130. Discourse grammar: studies in indigenous languages of Colombia, Panama and Ecuador, N. 52, part III. Skinner institute of linguistics publications in linguistics and related fields. Dallas, Texas. In: https://www.sil.org/resources/archives/8865

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