El origen de las mariposas en el sũwõ'

Ilustración por Jonathan Mariño (Daborien)

El origen de las mariposas en el sũwõ' 

En el tiempo primordial, Sibö creó a las mariposas con forma de mujeres en una poza sagrada (1). Eran mujeres de extraordinaria belleza, y Sibö, al verlas, quiso acercarse para contemplarlas mientras se bañaban. Recorrió una y otra vez la orilla de la laguna sin encontrar la manera de llegar hasta ellas; finalmente subió a un árbol altísimo desde donde podía verlas a lo lejos (2).

La caída fue terrible. El cuerpo de Sibö se hizo pedazos como una vasija de barro al romperse contra el suelo. Antes de subir al árbol, Sibö había reunido a varios animales y les había ordenado que, cuando muriera, devoraran su cuerpo. Así, de inmediato llegaron numerosos animales. Un zopilote devoró un ojo y el rey de los zopilotes el otro; el armadillo tsui' se tragó el hígado; el armadillo bLuL se comió el corazón; las querezas o larvas de las heridas absorbieron toda la sangre; las moscas se llevaron las tripas, y otros animales consumieron distintas porciones de su carne (3).

Entonces apareció Sula, el gran ayudante de Sibö, quien también había recibido instrucciones antes de la caída. Primero recogió con paciencia toda la carne que encontró, limpió los huesos y reconstruyó el cuerpo, pero todavía faltaban muchos órganos. Observando hacia qué animal parecía dirigirse el cuerpo inerte de Sibö, descubría quién conservaba cada parte. Obligó al armadillo tsui' a vomitar el hígado; al armadillo bLuL, el corazón; al rey de los zopilotes y al otro zopilote, los ojos; a otro armadillo, la lengua; y a las moscas, las tripas. Cada animal que había devorado una parte del cuerpo tuvo que devolverla. Solo entonces Sula pudo completar la reconstrucción de Sibö. Después lo sopló largamente, lo lavó con el agua de su río y consiguió devolverle la vida.

Una vez que Sibö comprendió que había muerto por culpa de aquellas mujeres, se llenó de ira. Las tomó y las dispersó por el aire, transformándolas en mariposas (4).

El relato concluye explicando que los hombres hacen lo mismo que hizo Sibö en el tiempo primordial: cuando desean observar a las mujeres mientras se bañan, se esconden entre el matorral o se suben a los árboles. Como afirma el narrador, «lo que en este mundo hacemos lo hizo Sibö primero» (Bozzoli de Wille 1977, 87–88). 


Notas

1) En la tradición recopilada en Këköldi, las mujeres ya existen y se bañan en dos ríos celestiales situados junto a la casa de Sibö: Kuà Kuà Di' («río de las mariposas») y Kebëlwak Di' («río de las libélulas») (Palacios P. y Sánchez 1997, 46).

2) Según Bozzoli de Wille (1977, 87), Sibö, desesperado por no poder acercarse a las mujeres, se deja caer deliberadamente desde el árbol. En una versión de Këköldi, una de las mujeres le arroja agua, él intenta esquivarla, resbala y cae al vacío; en otra, simplemente se indica que la rama del árbol se quebró (Palacios P. y Sánchez 1997, 46–47).

3) La versión de Këköldi simplifica este episodio y únicamente menciona que el rey de los zopilotes (Ióblu) devora el corazón de Sibö. Sula lo recupera golpeando al ave hasta obligarla a vomitarlo. Además, explica que Sibö permitió que el zopilote conservara una piedra procedente de su corazón, utilizada posteriormente como remedio contra los parásitos intestinales (Palacios P. y Sánchez 1997, 46).

4) La tradición de Këköldi añade que la mujer que había arrojado agua a Sibö fue transformada en libélula, mientras que las demás se convirtieron en mariposas, explicando así el origen de ambos insectos y el nombre de los dos ríos celestiales (Palacios P. y Sánchez 1997, 46).

5) La importancia de los órganos en este episodio se comprende mejor a la luz de la concepción bribri del alma. Según la explicación del awá Francisco García, cada persona posee ocho almas distribuidas en distintas partes del cuerpo: cuatro residen en los ojos, una junto al lado derecho del estómago (hígado en otras explicaciones), una en el estómago, una en el esófago y una en el corazón (Cervantes Gamboa 1993, 214). Otras tradiciones hablan de dos o tres almas, pero todas coinciden en atribuir una importancia especial a los ojos y al corazón, así como en que una de las almas permanece con los huesos después de la muerte hasta la celebración del sulàr, la ceremonia funeraria que despide definitivamente al difunto (Bozzoli de Wille 1979, 135–136; Cervantes Gamboa 1993, 214–215).

6) Los ojos poseen un significado espiritual particular. En la tradición recopilada por Francisco García, cuatro de las ocho almas residen en ellos, mientras que la creencia más difundida sostiene que existen dos almas, una en cada ojo: una benéfica y otra peligrosa o ambivalente. Una de ellas puede abandonar temporalmente el cuerpo y producir los sueños; otra permanece con los huesos después de la muerte hasta ser despedida mediante los cantos del sulàr (Cervantes Gamboa 1993, 214–215). García y Jaén (1996, 5–6) identifican además al Diö́köl como el alma del ojo derecho, asociada con la percepción de este mundo y del otro.

7) El hígado y el corazón también desempeñan funciones fundamentales. El alma Yàbolo (en lenguaje ritual, Tömala cha röksula cha) reside en el hígado y se relaciona con la comprensión, los deseos, las emociones y la comunicación con el más allá; por ello, en bribri expresiones como «lo entiendo» o «quiero verte» se formulan literalmente como «cayó en mi hígado» y «mi hígado desea verte» (García y Jaén 1996, 7–8). En el corazón reside chkalia cha no̱ksula cha, una de las almas que permanece con el cadáver y luego con los huesos hasta la celebración del sulàr, cuando los cantos funerarios la despiden definitivamente del mundo de los vivos (Cervantes Gamboa 1993, 214–215).


Referencias:

Bozzoli de Wille, María Eugenia. 1977. «Narraciones bribris». Vínculos: Revista de Antropología del Museo Nacional de Costa Rica 2 (2): 165–199.

Bozzoli de Wille, María Eugenia. 1977. «Narraciones bribris». Vínculos: Revista de Antropología del Museo Nacional de Costa Rica 3 (1–2): 67–104.

Bozzoli de Wille, María Eugenia. 1979. El nacimiento y la muerte entre los bribri. 1.ª ed. San José: Editorial de la Universidad de Costa Rica.

Cervantes Gamboa, Laura. 1993. «Origen y destino de las almas después de la muerte en la religión bribri». Káñina. Revista de Artes y Letras de la Universidad de Costa Rica 17 (2): 213–223.

García, Alí, y Alejandro Jaén. 1996. Ìes sa' yilìte / Nuestros orígenes: Historias bribris. 1.ª ed. San José: A. García.

González Chaves, Alfredo, y Fernando González Vásquez. 1989. La casa cósmica talamanqueña y sus simbolismos. San José: Editorial Universidad de Costa Rica / EUNED.

Palacios P., Eustacia, y Mariana Sánchez. 1997. «Historia de la mariposa Kuà Kuà» / «Otra manera de la historia». En Tradición oral indígena costarricense, vol. 4, n.º 1–2, Relatos bribrís de Këköldi, Provincia de Limón, Costa Rica, editado por María Eugenia Bozzoli Vargas, Carmen María Cubero Venegas, Maureen Sánchez Pereira y Ana Lucía Calderón Saravia, 46–47. San José: Universidad de Costa Rica. Recopilado por Juanita Segundo Sánchez.

Stone, Doris. 1993. Las tribus talamanqueñas de Costa Rica. San José: Comisión Costarricense V Centenario del Descubrimiento de América.





sibö̀ hizo las mariposas

Así sibö̀ hizo las mariposas como mujeres. Las hizo en forma de mujer en el lugar que se llamaba iLaLeLae’ iLaëbkeLaë kwa’ tmi’. Allí las hizo en el pozo que había en dköLa köLéLaë. Allí a la poza mandó el espíritu de las mujeres, y allí él vio que eran bonitas. Allí estaba también kebëLákpa kibë̀, el dueño de las libélulas. sibö̀ pensó: Esas mujeres son lindas, ¿cómo podré verlas bañándose? . El pensó mucho mucho para acercarse a la laguna donde las mujeres se bañaban. Pensó y pensó. Él presintió que se iba a matar por causa de esas mujeres; por eso él fue a buscar al zopilote, a la mosca, al armado buLuL al armado tsui’, a todos esos animales. El fue al origen suLe de éstos, los reunió, él les explicó, a suLa también le explicó, que cuando él muriera esos hombres se tenían que comer su carne, sus ojos, su hígado, su lengua, sus tripas, todo, todo se lo comerían, pero cuando yo me muera, usted, suLa, le pregunta a éstos, dónde están mis partes. El hombre llamado sibö̀ se fue hasta donde los dueños de las mariposas y las libélulas, adonde están los asientos de las avispas. Allí vio muchas mujeres en el agua y pensó y pensó cómo acercarse a las mujeres. La laguna era muy grande y ellas estaban en el centro, lavando ropa, bañándose el pelo. El dio vueltas a la laguna una y otra vez, y no podía acercarse. Entonces él se fue hasta el asiento de las avispas, allí bukuubLu’ tenía la casa, en Kamuk, allí estaba la laguna. El pensó que se iría sobre el aire, se subiría a un árbol para lograr verlas. Allá se veían, desde el altísimo árbol donde él se subió. ¡Qué bonitas, qué montón de mujeres! ¡Pero qué lejos estaban de la orilla! De ninguna manera se les podía acercar sibò. Yo voy a matarme por ellas pensó. Entonces él se dejó venir por el aire, la rama del árbol se cayó ù ù ù bùk al suelo llegó, cayó de golpe y él se reventó. Él se desbarató, como cuando se caen los objetos de barro. En ese momento vino suLa a verlo, en ese momento llegó zopilote, la quereza llegó a verlo, el mosquito llegó a verlo, los armadillos bLuL y tswi’, llegaron a verlo, todos los animales, todos. Vino el zopilote y alzó el ojo derecho, el armadillo vino y le comió el hígado, armado rabo de trapo bLuL vino y le comió el corazón, las querezas (larvas de las heridas) se llevaron la sangre. Entonces él pensó que su sangre se había terminado, los animales se habían llevado su sangre. Entonces suLa empezó cuidadosamente a recoger su carne, ya estaba toda recogida. suLa limpió los huesos y los unió, les puso la carne, pero solo alcanzó para la mitad. El resto se la habían comido los zopilotes, el resto lo tenía el armadillo; suLa le preguntó al armadillo, suLa le preguntó al zopilote, —¿y quién tiene el hígado? —. Entonces el cuerpo se movió hacia el armado. suLa entendió ese movimiento. suLa tuvo que sacar a la fuerza el hígado que tenía el armado, lo apretó. El armado tsui’ tuvo que vomitar el hígado para ponérselo a sibö̀. Al armado bLuL suLa lo apretó y le sacó el corazón. Entonces ya sibò iba para arriba, reviviendo lentamente. El zopilote se había comido el ojo izquierdo, y el rey de zopilote se había comido el derecho. Ya tenía puesta la carne, la sangre le llegó a los dedos, aún no tenía puesto el ojo izquierdo, y faltaba el derecho. suLa preguntó quién los tenía y nadie contestó. Entonces el cuerpo se volvió hacia el rey de zopilote, se movió el cuerpo hacia ese buitre, y suLa comprendió. suLa apretó a rey de zopilote, éste vomitó el ojo, suLa lo limpió y lo colocó. Entonces ese ojo se volvió a cierto lado, y suLa pensó que allí estaría el derecho. suLa le preguntó al zopilote, y éste decía no haber visto nada: —Tú lo viste—. —No, no lo ví—. —Tú lo tocaste—. —No, no te lo toqué—. —Tú te lo comiste—. —No, no me lo comí—. —Tú lo tienes—. —No, no lo tengo—. El ojo izquierdo miraba a ése, entonces suLa lo agarró, lo apretó, lo apretó, lo apretó, hasta que el ojo derecho se salió; el zopilote lo vomitó, el ojo se movía, vino donde estaba suLa, quien lo alzó y lo colocó. Aún el cuerpo no podía hablar, su lengua se había perdido; sus ojos estaban mirando el armado. Agarraron al armado, y no quería vomitar la lengua. Lo apretaron tanto que el armado pensó que era imposible aguantar más, y lo vomitó. Las moscas tuvieron que vomitar las tripas y toda su carne, y cada animal que se había comido una pieza tuvo que hacer lo mismo. Como era sibö̀, él tenía papá, y el papá le mandó a suLa que lo meara. suLa lo sopló prolongadamente. sibö̀ se sentó, se sentó. Entonces suLa pensó que así no se podía curar, aún no. suLa se fue a buscar el agua del río de sibö̀suLa. Con eso lo limpió y lo lavó; él se paró, de pie, él supo entonces por qué se había muerto, se enojó por eso con las mujeres, por eso las agarró, las cogió y las regó por el aire, y se fueron por el aire convertidas en mariposas, hasta el lugar de su origen. Allí en esa poza él las dejó. Por eso sibö̀ se disfraza, toma apariencias para venir a hacer las cosas, por eso las Semillas aprendieron también a hacer lo que sibö̀ hizo, ellos quieren a algunas Semillas que se andan bañando, lavando ropa, ellos las quieren ver, y cuando van y no las ven se suben a los árboles. Eso no vino de la cabeza de los de aquí. Eso se inventó en la cabeza de sibö̀.

Esos fueron pensamientos de sibö̀. Por eso los hombres van a verlas bañarse, se van quietecitos a verlas, se suben a los árboles, se esconden entre el matorral, como sea, porque lo que en este mundo hacemos lo hizo sibö̀ primero  (Bozzoli de Wille 1977, 87-88).

Referencia: Bozzoli de Wille, María Eugenia. 1977. «Narraciones bribris». Vínculos: Revista de Antropología del Museo Nacional de Costa Rica 3 (1–2): 67–104.


HISTORIA DE LA MARIPOSA KUÀ KUÀ

Narradora: Eustacia Palacios P.

CLAN YËYËWAK

Edad: 80 años


La casa de Dios Sibö está arriba; en ese lugar existen dos ríos. Un día Sibö se paseaba en las orillas de la desembocadura de estos dos ríos; un río se llama Kuà kuà di’ y el otro Kebëlwak di’, el primero quiere decir río de mariposas y el segundo, quiere decir río de libélulas. En este río se bañaban muchas mujeres muy hermosas totalmente desnudas. Sibö se detuvo para mirarlas, pero una de ellas no le gustó que Sibö las vea. Por eso cogió agua en sus manos y se la echó encima. Sibö trató de quitarse para que el agua no lo moje, pero no pudo. Porque al quitarse pisó mal y se fue al vacío, pero antes de caer maldijo a estas mujeres, a unas las convirtió en mariposas y a la que le tiró el agua la convirtió en libélula, por eso estos ríos llevan sus nombres.

Cuando Sibö cayó, las nubes querían detenerlo pero no pudieron, había nubes de diferentes colores, verde, rojo, amarillo, negro y blanco. También el murciélago trató de agarrarlo en el aire pero no pudo, Sibö siguió cayendo hasta caer en el lugar donde vive el rey del zopilote, ese lugar está abajo y se llama Sotaba Sokola Ká. Cuando Sibö cayó, su cuerpo se despedazó todo y el rey del zopilote Ióblu rápidamente se tragó el corazón de Sibö. Sibö recuperó su cuerpo, pero no podía hablar, sus ojos no se movían, estaban fijos, algo les faltaba. Por eso, su ayudante Sula vino en su ayuda y con un palo le pegó en la cabeza al zopilote y éste por recibir tremendo golpe, vomitó el corazón de Sibö. Cuando Sibö recuperó su corazón, subió otra vez arriba para su casa. Sibö dejó que el zopilote Ióblu se tragara su corazón para que éste se vuelva impuro y lleve la sombra de su corazón en forma de una piedrita en sus entrañas, para que después los indígenas puedan usar esa piedrita para curar problemas de parásitos intestinales.


OTRA MANERA DE LA HISTORIA

Narradora: Mariana Sánchez

CLAN KOLKIWAK

Edad: 34 años


Sibö se subió a un árbol, desde ahí observa a las mujeres y la rama se quebró y Sibö cayó al vacío (Palacios P. y Sánchez 1997, 46-47).


Referencia: Palacios P., Eustacia, y Mariana Sánchez. 1997. «Historia de la mariposa Kuà Kuà» / «Otra manera de la historia». En Tradición oral indígena costarricense, vol. 4, no. 1-2, Relatos bribrís de Këköldi, Provincia de Limón, Costa Rica, editado por María Eugenia Bozzoli Vargas, Carmen María Cubero Venegas, Maureen Sánchez Pereira y Ana Lucía Calderón Saravia, 46-47. San José: Universidad de Costa Rica. Recopilado por Juanita Segundo Sánchez.



1. El concepto de alma y el propósito de la música funeraria

En mis intentos por descubrir el propósito que tenían los cantos fúnebres en la ceremonia más compleja del proceso funerario tradicional (ver Cervantes 1991b), mi informante principal me sorprendió explicándome la versión más detallada que conozco sobre el concepto de alma. Según el awà Francisco García cada persona tiene ocho almas. Los nombres de estas almas en el habla ritual bribri se presentan a continuación (el habla ritual religiosa diverge totalmente de bribri cotidiano y tampoco representa una versión arcaica del habla cotidiana. Sus rasgos formales más característicos los son el hecho de que sea siempre cantada, que posea un tipo de discurso en verso, y que tenga una estructura formal basada en marcos estróficos que se repiten idénticamente cada vez con uno o varios términos diferentes que aparecen siempre en una posición fija. La variedad lingüística empleada ha sido descrita recientemente por Constenla (1990). Referencias sobre su estructura musical pueden encontrarse en Cervantes (1990, 1991a, 1991b, 1992)).

Las almas oma̱la̱ cha weksula cha y dëma̱la shëksula cha se encuentran en el ojo derecho, dika wika cha tloksula cha y sibörago saëksula cha en el izquierdo. Tömala cha röksula cha está cerca del lado derecho del estómago, yalaia cha bataksula cha está en el estómago, waglira cha no̱ksula cha en el esófago, y chkalia cha no̱ksula cha en el corazón. Cuando una persona muere, todas las almas, a excepción de sibörago saëksula cha (una de las del ojo izquierdo) y chkalia cha no̱ksula cha (la del corazón), abandonan el cuerpo. Estas dos almas se quedan con el cadaver durante todo el proceso de descomposición, y posteriormente con los huesos, hasta el momento de ejecutar la fiesta sulàr. Es por medio de esta fiesta, y en particular con la ejecución de los cantos fúnebres, que las dos almas mencionadas abandonan este mundo definitivamente y se unen a las otras seis. Específicamente, don Francisco me ha indicado que es justo con la ejecución de un canto en particular (el #7 en Cervantes 1991b). cuando las últimas dos almas abandonan los huesos; lo cual es muy interesante, ya que este canto hace referencia a detalles particulares de la vida del difunto.

Otros cantos también muestran el carácter de despedida que tenía la música funeraria. Por ejemplo, hay un canto que invoca a Su (el constructor de las almas) para avisarle que las almas van de regreso (no hay relación etimológica entre Sulà y sulàr), y un canto para despedir definitivamente al difunto cuando los huesos son depositados en el osario. Incluso existe un canto con el cual se supone que el mismo difunto, por medio de los cantores funerarios, se despedía de sus familiares.

En general, los informantes siempre explican que la fiesta sulàr tenía que ser llevada a cabo para despedir a los muertos. Don Francisco me explicó que era por medio de la celebración del sulàr que las almas sabían que era el momento de abandonar los huesos. En particular, puede decirse que las almas sibörago saëksula cha y chkalia cha no̱ksula cha eran despachadas efectivamente por medio de la ejecución de los cantos fúnebres. Se insiste en el hecho de que estas almas, y en especial sibörago saëksula cha, están a cargo de cuidar los huesos durante el proceso de descomposición del cadáver. Por otro lado, el informante explicó que el alma oma̱la̱ cha weksula cha suele salirse del cuerpo, y con esto produce los sueños (se interpreta que las cosas que ve al salir del cuerpo son las que se ven en los sueños). También mencionó que dika wika cha tloksula cha es una alma buena, mientras que dëma̱la shëksula cha es mala.

Finalmente, debo mencionar el hecho de que en realidad existen diversas versiones acerca de la cantidad de almas que cada persona tiene. La creencia más común es la existencia en dos almas ("winbLu" y "wiköL" en Bozzoli (1979: 135-136) y Perriard (1987: 113-116, 1990: 53-59), e incluso mis otros dos informantes respaldan esta versión) siendo el reporte más antiguo el del misionero Francisco de San José (1886[1697]: 372), aunque también se ha reportado la versión de una sola alma ("wigbru" en Gabb (1883: 355), y "uig-bru" en Pittier (1938: 16)). Además, Guevara (1986: 164-6) presenta una versión de tres almas. En la versión de dos almas, siempre se reporta que una reside en el ojo derecho y la otra en el izquierdo, y que una es buena y la otra mala, pero también varía el precisar cuál es cuál, aunque las funciones y localización sí se distinguen. Lo más importante en toda esta variedad, es que siempre se conserva el hecho de que una alma se queda con los huesos y que se va después al ejecutarse la fiesta funeraria sulàr (a excepción de uno de mis informantes que insiste que esta alma se queda siempre con los huesos), manteniéndose entonces la importancia que se le da a la música funeraria en su función de despachar efectivamente a esta alma. Es muy probable que la variación existente se deba a diferencias regionales o bien a diferentes tradiciones de enseñanza (Cervantes Gamboa 1993, 214-215).



Notas:

Wíköl: Alma exterior del cuerpo, también llamada escudo protector. Es visto como un ser independiente, pero que a la vez envuelve totalmente a la persona en una especie de capullo invisible. Cuando el escudo está sano, es invisible a las enfermedades y, por lo tanto, la persona lo es también. 

Cuando el escudo se resquebraja, la persona queda a merced de las enfermedades. Estas, por lo general se presentan como si fueran animales, por ejemplo, cuando la enfermedad del reumatismo (áli̱m) ataca al escudo protector, se presenta como una ardilla que viene a comer cacao (el cacao representa la sangre de los Bribris). Los factores que pueden causar la ruptura del escudo protector son diversos: tensión emocional, frustración, incumplimiento de normas sociales, delitos contra la naturaleza o violación de algún tabú. Cuando esto sucede, wíköl nos avisa por medio de los sueños para que acudamos al médico (awá) y este restaure las fisuras que sufre el escudo al ser atacado por alguna enfermedad. (García y Jaén 1996, 3-4)


Diö́köl: Su nombre significa imagen, reflejo o sombra, es más fuerte que las almas del ojo izquierdo, por lo que puede ver este mundo (el mundo/tiempo de la luz) y el otro (el mundo/tiempo de la oscuridad). Esta alma fue obligada por Sibú a estar en este mundo hasta que la persona muera, no le gusta lo que ve porque cree que todo es falso, así que insta a los espíritus de las enfermedades a que maten a la persona para volver lo más pronto posible. 

Pero hay algo de divino en ella, en lengua sagrada el término que se usa para referirse a ella es Yöbicha, que puede traducirse como "lo que le pertenece a Él", a Sibú. No es del todo mala, ya que nos permite admirar este mundo y discernir entre el bien y el mal, lo feo y lo hermoso, lo grande y lo pequeño, etc. Se dice que es la primera en enamorarse (García y Jaén 1996, 5-6), y también la primera en regresar al mundo de SuLà después de que la persona muere (González Chaves y González Vásquez 1989, 164).


Wímbulu: Alma que forma parte del cuerpo, a diferencia de wíköl, que reside fuera de él; al morir la persona, wímbulu permanece en el mundo, por lo que también se le conoce como Dichèkala ("el ser del hueso"). Después de la muerte visita el lugar donde la persona murió, y durante los nueve días siguientes visita todos los lugares en los que esta estuvo en vida, luego va hacia arriba y después hacia abajo. Para que no se pierda se ponen ramas o palos en las intersecciones de los caminos y se amarran hilos de un lado a otro de los arroyos. 

De no realizarse la ceremonia fúnebre se queda en la tierra para atormentar a los vivos y/o vengarse (García y Jaén 1996, 9-10; Bozzoli de Wille 1977, 172; Bozzoli de Wille 1979, 124), hace lo mismo que al difunto le gustaba hacer y regresa para darse a conocer a la persona que más le interesaba en vida, se le aparece, hace ruido y molesta a su víctima en sueños. Se necesita de un curandero para librarse del wímbulu, de lo contrario la persona muere. (Stone 1993, 115). 


Yàbolo: 

Conocida como Tömala cha röksula cha en lenguaje ritual, término que además se emplea para referirse a las piedritas curativas (sia̱'). Se encuentra en el hígado y tiene la función de recibir los mensajes del más allá, por lo que se relaciona con la capacidad de hablar, la comprensión global de las cosas, las emociones y los deseos; para decir "lo entiendo" se dice literalmente Ye' é̱n a̱ i ò̱ne̱ (cayó en mi hígado), para decir "deseo verte" literalmente se dice " ye’ é̱n a̱ be' su̱wà̱k (mi hígado desea verte). (García y Jaén 1996, 7-8)


Referencias:

Bozzoli de Wille, María Eugenia. 1977. «Narraciones bribris». Vínculos: Revista de Antropología del Museo Nacional de Costa Rica 2 (2): 165–199.

Bozzoli de Wille, María Eugenia. 1979. El nacimiento y la muerte entre los bribri. 1.ª ed. San José: Editorial de la Universidad de Costa Rica.

Cervantes Gamboa, Laura. 1993. «Origen y destino de las almas después de la muerte en la religión bribri». Káñina. Revista de Artes y Letras de la Universidad de Costa Rica 17 (2): 213–223.

García, Alí, y Alejandro Jaén. 1996. Ìes sa' yilìte / Nuestros orígenes: Historias bribris. 1.ª ed. San José: A. García.

González Chaves, Alfredo, y Fernando González Vásquez. 1989. La casa cósmica talamanqueña y sus simbolismos. San José: Editorial Universidad de Costa Rica / EUNED.

Stone, Doris. 1993. Las tribus talamanqueñas de Costa Rica. San José: Comisión Costarricense V Centenario del Descubrimiento de América.


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