Papel de los zopilotes en la religión de los indígenas del Pacífico sur de Costa Rica

Fueron los conquistadores españoles quienes, ante la primera impresión, resolvieron llamar "águilas de oro" a las piezas indígenas figurativas de aves, tan frecuentes en nuestra arqueología.

Henry Pittier con su estudio sobre la lengua bribri, nos dice el "águila de oro" es llamada por tales indios en su lengua, de este modo: TÁU-PIK-TA, lo que traducido al español viene a ser: joya-ala-junto con. Es decir, ala junto con joya o simplemente joya alada. Como se desprende de esta traducción, el mismo indio de hoy no asocia al animal, en este caso el ave, con la figura representada, sino que para él encierra un concepto más general y por ende abstracto.

Creemos, sin embargo, que en algunos casos hubo de representarse un concepto más concreto, el que necesariamente iba acorde con las ideas fundamentales de la propia cultura. Tal el caso —en nuestra opinión— de la representación del gallinazo o zopilote.

Por tales motivos tratamos de presentar en este breve trabajo, lo que podría llamarse constituye un "complejo cultural que gira en torno al zopilote. De este modo, unidos los dispersos elementos informativos dentro de una organicidad en que las partes forman un todo interrelacionado, adquiere nuestro juicio la consistencia que deseamos.

Creemos haber hallado el fundamento realista, que nos lleve a considerar a un grupo de las tradicionales "águilas de oro", dentro de otra determinación más específica. Ello en modo alguno tiene valor general, como para que se pueda afirmar que todas las "águilas" sean zopilotes.

Por otro lado, estimamos finalmente, con la información recolectada se adquiere una más profunda dimensión de cierto campo del pensamiento mítico de los pueblos indígenas que elaboraron tales piezas materiales; concepto éste que, además, no parece haberse extinguido hoy entre los indios, como lo ratifica la persistencia de ciertas tradiciones culturales aquí utilizadas.

Al llegar don Vázquez de Coronado en 1563 al fuerte de Coctú, situado sin duda alguna en el valle superior del río Grande de Térraba, alude entre otras cosas a la belicosidad de los indígenas que allí encontró. Hay en una de sus cartas de relación, un dato bastante curioso, contenido en la frase: "Andan estos naturales con grandes señales de heridas por guerras, que son tantas que las aves llamadas auras, cebadas en cuerpos muertos, en oyendo una grita acuden a ella entendiendo que ay guaçavara (conflicto) y cebo para ellas, y juntanse en tanto número que cubren el sol".

Las llamadas auras por los españoles, son los gallinazos o zopilotes, conocidos por sus características de preferir como alimento la carne, en este caso de los hombres muertos en batalla. La impresión del conquistador, en otra carta suya alusiva al mismo hecho, es de que tales auras eran muy encarnizadas.

Hay en la referencia de Vázquez de Coronado un hecho que debe llamarnos particularmente la atención, y es no sólo la abundancia tan apreciable de zopilotes, tanta como para llegar a oscurecer el cielo, sino la tolerancia de los indígenas en permitir que tales aves se multiplicaran casi hasta lo infinito, y algo más delicado aun, que cayeran voraces sobre las víctimas de los combates.

Pensamos que quizás Vázquez de Coronado no se dio cuenta de los principios fundamentales que guiaron a los indios a tales prácticas y condescendencias con las aves, o que al menos si lo supo, no llegó a dejarnos de ello información alguna.

El hecho real viene a ser el que estas aves ocupaban dentro del culto y la cosmovisión indígena, un papel muy importante en la región del Pacifico Sur costarricense y su prolongación cultural dentro del territorio panameño de Chiriquí. Esta afirmación la hacemos sobre la base de la información que al respecto hemos podido llegar a recoger, que en modo alguno creemos sea suficientemente completa.

Es bien sabido que los pueblos de origen sureño que poblaron en tiempos anteriores a Colón estos territorios, pese a algunas diferencias, tuvieron diversos rasgos en común, tanto en lo material como en lo cultural. Cronistas y religiosos rescataron diversos elementos componentes de las bases espirituales de los propios naturales, y el hecho mismo de la supervivencia de diversos pueblos emparentados directamente con los primitivos hace que, estableciendo diversas correlaciones, pueda llegarse a la integración de los elementos informativos para que, unidos en un solo haz, pueda llegarse a formas bastante coherentes y comprensibles del conocimiento del pasado.

Podemos tomar por caso a los indios Bribris de la región de Talamanca; creen ellos aún en la existencia de un dios principal, Sibú, que en algunos de sus actos parece haber procedido además como deidad civilizadora. Sibú por caso, fue el que enseñó a bailar a los hombres. Incluso tienen una canción que recuerda un episodio de tal hecho:


Sibú vino transformado en un zopilote

vestido como un hombre,

con un collar en su garganta.

El collar reflejaba,

El vino con el collar

Ejené, ekujé (1)

El vino a darnos la danza

EI vino del aire

Ejené, ekujé

Ejené, eanje.


Esta canción sirve para poner en evidencia que uno de los rasgos más salientes de la figura de Sibú en su forma de zopilote, es la de ser portador de un collar sobre su cuello. Existen en efecto numerosos ejemplares, entre las comúnmente llamadas "águilas" indígenas de oro, en que ese detalle viene a ser fácilmente distinguible (ver imágenes 2 y 3).

Esta información que nos suministra la canción bribri recogida por la Doctora Stone, es en cierto modo complementada por la misma autora más adelante al decirnos que "las danzas corrientes entre los Bribris son las del zopilote y la del mono. Cada una tiene su propia explicación. La primera se dice que se originó porque El Rey de los Zopilotes fue donde Sibú para aprender a bailar y a cantar. Aprendió y vino a la tierra trayendo puesto un collar y le enseñó al hombre como cantar y bailar. Algunas versiones sostienen que fue el mismo Sibú transformado en zopilote quien hizo esto, y no el Rey de estas aves. El llevaba un collar y les enseñó a los seres humanos a bailar en un círculo porque los zopilotes, después de comer, vuelan en circulo. Cuando él terminó su tarea, se retiró a donde vive el sol".

El contenido de las informaciones transcritas, nos van llevando en cierto modo a una atrevida interpretación, la de que muchas de las comúnmente llamadas "águilas" entre las piezas de la metalistería indígena precolombina, bien pueden ser, particularmente en los casos aquellos en los que aparecen con collar, las propias representaciones de Sibú cuando adoptó éste la forma de gallinazo.

Mas lo transcrito no es suficiente para explicar por completo los aspectos que Vázquez de Coronado nos dice. Hay que agregar que Fray Adrián de Santo Tomás en su informe sobre los indios de Guaymí y del Darién, en 1640, nos informa entre otros detalles que: "Assimesmo que en la región del ayre ay otra cassa que llaman de los gallinazos, donde van las almas de los que mueren en guerras".

Queda aquí patente la explicación del porqué de la tolerancia de los naturales con los zopilotes, a tal grado que con toda libertad podían lanzarse sobre los cadáveres de los guerreros muertos, o reproducirse extraordinariamente sin ninguna limitación por parte de los hombres. Los zopilotes cargaban las almas de los muertos, para llevarlas a su casa del cielo. Y existen además representaciones en oro de "águilas" que portan en su pico a un ser humano (ver imagen 4).

Pero es el mismo Fray Adrián quien nos destaca en su información la importancia de la danza y del sacrificio u ofrenda de propia sangre, a los dioses. Una vez que los guerreros muertos llegaban a esa especie de cielo para sus almas "los que fueron vaylarines y los que dieron mucha sangre a veber al sol son privilegiados porque descansan en sus aposentos viendo vaylar a los demás"

Los que quedaban vivos debían desarrollar toda una compleja serie de actividades, las más importantes de las cuales giraban en torno a los bailes, algunos de los cuales podían prolongarse hasta por tres dias con noche mediante turnos sucesivos de los danzarines, que se colocaban en hileras, con las manos puestas sobre los hombros de sus compañeros de adelante, descansando sobre un pie, ya andando o corriendo. El hechicero con su lúgubre tambor, evocaba en aquellos momentos el origen de la ceremonia, las dificultades que experimentaban las almas de los muertos, llevadas por los gallinazos hacia el cielo de arriba.

Al concluir esta parte de su informe, Fray Adrián de Santo Tomás nos cuenta el origen de todas estas danzas y ceremonias. Nos dice que los naturales lo "aprendieron de vna yndia que hauiendosele muerto su hijo, un gallinazo la habló y dio noticia de donde estaua, y subiéndola sobre sus alas la mostró la cassa de los gallinazos y las necesidades que allí pasaban sus auitadores".

Esta última información no coincide en todos los pueblos indígenas; la prueba de ello la podemos obtener de la siguiente historia que todavía cuentan hoy los indios Cunas de Panamá, recogida por Wassén y publicada con el título de: El viaje de una vieja al poblado de los gallinazos. Dice así


"Vivía una vieja en muy pobres condiciones. con su familia. Ya ni sabía cómo hallar alimentos para sí, y buscaba en cualquier parte, para encontrar algo que comer. Un día apareció un hombre forastero y la llevó a su pueblo, situado allá arriba. Cuando el pueblo tuvo noticias de que la vieja había desaparecido de su poblado, decidieron investigar con la ayuda de un Nele que vivía en el poblado. Este Nele era Wakipel, un gran adivino y curandero. Él contó al pueblo que la vieja había sido llevada lejos por un zopilote, que vino a la tierra en la forma de un hombre.

Después se supo que frecuentemente bajaba la mujer con los otros gallinazos, en busca de alimentos en la tierra. El Nele aconsejó al pueblo diciendo que él, gracias a sus conocimientos sobre los orígenes de los zopilotes, haría que ellos bajaran junto con la vieja. Más tarde ordenó a la gente que estuviera alerta amparada a un gran árbol y que allí el pueblo debía construir un surpa (encierro), y así lo hizo la gente. El Nele también dijo al pueblo que la vieja estaba volando con sus pies colgados, no como los demás gallinazos. Este detalle fue observado cuando las aves empezaron a descender desde su mundo de arriba.

Los del poblado estaban alerta mientras los zopilotes se aproximaban en grandes bandadas. Entre ellos se hallaba la vieja, con sus pies colgados. Cuando los zopilotes habían descendido a tierra, la gente corrió hacia la vieja; la capturaron, la llevaron al poblado y la desplumaron. Aún ella gritaba y comía como un zopilote, pero los indios la convirtieron en humana mediante medicinas. La mujer contó entonces a su pueblo que ella había estado en el mundo de arriba, donde los gallinazos vivían. Narró que los zopilotes viajaban en un gran bote que, cuando llegaba a determinado lugar, empezaba a describir círculos y más círculos y que por ello continuaban los zopilotes volando en círculos en el aire" (2).


Hemos creído necesaria la transcripción total de esta historia, porque consideramos que es fundamental para la comprensión del tema que nos ocupa. Además de ilustrarnos muy particularmente, nos sirve para comprender otro aspecto que la arqueología nos pone en evidencia, y sobre el cual nada se ha dicho hasta el momento.

En efecto, entre las piezas arqueológicas provenientes de la región del Pacífico Sur de Costa Rica, que se extienden consecuentemente también en el área panameña de Chiriquí, se hallan especímenes que representan a unos indios dentro de un bote. Desgraciadamente los pocos ejemplares que conocemos no están enteros, aunque no perdemos las esperanzas de hallar algún día ejemplares completos (ver imágenes 5 y 6).

A primera vista podría uno creer que se trata de una representación naturalista, de una escena de navegación. Pero sin duda, la correlación entre los zopilotes que llevan las almas de los guerreros al mundo de arriba, y la necesidad de las mismas aves de embarcarse en un bote, nos llevan a establecer una conexión que parece sugestiva. Se trataría, en este caso, de los guerreros muertos, llegando a la etapa final de su traslado al mundo de arriba, a su paraíso.


CONCLUSIONES:

Creemos haber podido demostrar, con el presente trabajo, los hechos siguientes:


Que son zopilotes y no "águilas" muchas de las piezas de nuestra orfebrería indígena.

Que algunas de las piezas de oro que representan a los gallinazos con un collar, son probablemente la representación de Sibú, la suprema deidad.

Que los gallinazos eran los portadores de las almas de los guerreros al mundo superior.

Que las representaciones de indios dentro de un bote, son un complemento informativo de este viaje hacia el mundo superior. (Meléndez).


Notas:

1- Las frases en lengua indígena, según indica la autora, no tienen significado, pero se usa sólo para el sonido y para subrayar el compás de la danza.

2- Pueden leer otra leyenda similar de los Cunas en la página 14 del siguiente documento, se titula ‘La guerra de las aves’: https://www.persee.fr/doc/jsa_0037-9174_1934_num_26_1_1905#jsa_0037-9174_1934_num_26_1_T1_0014_0000

3- Las piezas de oro funcionaron como adornos e insignias para personas que ostentaban cargos de importancia religiosa y política dentro de las sociedades indígenas.​... Este uso como indicador de rango social y político se mantuvo hasta principios del siglo XX, hasta la muerte (en 1910) del último rey de Talamanca, Antonio Saldaña (Fernández, pp. 86-87).

Uno de los aspectos más controversiales en torno a Saldaña es su muerte. Se sabe que murió en circunstancias muy poco claras al igual que su sobrino José, hijo de su hermana mayor Margarita, quien le sucedería en el cargo. Según telegrama del gobernador interino de Limón, Federico Golcher al secretario de gobernación, de fecha 21 del mismo mes, ambos murieron envenenados por haberse bebido la tintura del yodo que uno de los misioneros les dio para uso externo.

El viajero francés Maurice de Périgny, quien visitó Talamanca en 1912, tuvo un encuentro con la viuda y una hija de Saldaña en la vivienda donde se custodiaban las insignias: la corona de plumas y el collar con siete águilas de oro.

Posteriormente, según la tradición indígena, el collar fue vendido por una hermana de Antonio, lo cual fue considerado como una trasgresión de las normas establecidas respecto a la custodia de estas insignias, reservada a los clanes destinados a ejercer la dirección política de la comunidad (Rykardho).


Fuentes:

Fernández-Esquivel, Patricia (2005). Oro precolombino de Costa Rica. San José, Costa Rica: Fundación Museos del Banco Central de Costa Rica.

Meléndez-Chaverri, C. (1971). “Papel de los zopilotes en la religión de los indios del Pacífico Sur de Costa Rica”. Revista Anales de la Academia de Geografía e Historia de Costa Rica. 1967-1969, pp. 79-87. San José, Costa Rica. Imprenta Nacional.

Rykardho. (8 de septiembre de 2007). Antonio Saldaña: último “Rey” de Talamanca. Cuasrán blog. En: https://cuasran.blogspot.com/2007/09/antonio-saldaa-ltimo-rey-de-talamanca.html


Por la importancia del informe de Fray Adrián de Santo Tomás, y lo poco asequible de la obra, hemos decidido incluir los párrafos que más nos interesan en el siguiente apéndice:


APENDICE N.º 1

Así mismo que en la región del aire hay otra casa que llaman de los gallinazos, donde van las almas de los que mueren en guerras, y que en una parte de ella están las de los cristianos y demás naciones, y a un cuarto de legua hay un pozo adonde de mañana y tarde van a beber por diferentes sendas y encontrándose las almas pelean, particularmente las de los que en esta vida han sido enemigos, con flechas y macanas; pero no mueren, solo sienten dolor de los golpes, y que todo el día están bailando; las de los que fueron bailarines y los que dieron mucha sangre a beber al sol son privilegiados, porque descansan en sus aposentos viendo bailar a los demás.

Los que acá no fueron danzantes no van ni descansan hasta que los socorren sus amigos o parientes enviándoles cosas u otras alhajas para poder pasar, y para este socorro o sufragio usan esta ceremonia.

Los que tienen honras que hacer de alguno o algunos, se juntan en una casa principal: los barones proveen caza y pesca, y las mujeres mucha chicha; hacen unas celditas curiosas conforme al número de los difuntos, de una vara de largo y alto, y media vara de ancho, donde ponen todos los géneros de cosas que pueden haber, en figura pequeña, y convidada la gente y señalado día, cercado un cuarto de la casa donde se mete el Mohan a hacer sus embustes y conjuros, y quedando los demás fuera, le preguntan por las animas de los difuntos a quien hacen las honras, y responde que allí están esperando el socorro, y que en su acompañamiento vienen otras con necesidad, y las nombran, y sus parientes que allí se hallan las solicitan esta noche con que socorrerlos, con lo cual comienzan a bailar hombres y mujeres por tres dias con sus noches a rremuda; el baile es con un pie, unos en pos de otros, puestas las manos sobre los hombros del delantero, llevando la celditas en hombros o cabeza, y otros alrededor de los corros en que están, anclando corriendo con sus flechas y arcos, asperjándolos con agua dos mujeres; el Mohan, con son triste de a tambor refiere cantando el origen de esta ceremonia; los caminos para la casa de los gallinazos, las jornadas, senos y peligros y enemigos y sus remedios para poder llegar a ella.

Esta ceremonia, dicen, aprendieron de una india que, habiéndosele muerto su hijo, un gallinazo la habló y dio noticia de donde estaba, y subiéndola sobre sus alas la mostró la casa de los gallinazos y las necesidades que allí pasaban sus habitadores".

Comments

Popular posts from this blog

La dama de negro y la dama de blanco del Cementerio Obrero

Los Alàrbulu

La Yarca