Historia del clan Kätsuibawak
Parte I. Los hermanos y la hermana
Vamos a contar una historia...
Los mayores cuentan, los mayores cuentan que una antepasada del clan TËKÄBÍWÁK convivió con el Tigre de Río. Esa historia la vamos a contar ahora para que la sepamos. Pues, no sin razón, todo lo contado por los mayores desde hace tiempo, ahora se pierde de nuestra memoria. Esa historia la vamos a contar.
Entonces, dicen los mayores que hace mucho tiempo los miembros del clan TËKÄBÍWÁK eran solo hombres, solo muchachos. Además, había una única hermana, solo una única hermana había. Esta era quien los atendía, ella los atendía todos, todos, todos los días, ella los atendía entonces con esmero.
Sus hermanos eran entonces muy trabajadores, iban a tumbar árboles, iban a sembrar maíz, iban a sembrar banano, iban a trabajar. Todos los días iban, todos los días iban, todos los días iban, todos, todos, todos los días... Así pasó, así pasó, así pasó... Así, poco a poco, poco a poco, poco a poco...
Al tiempo, se fueron dando cuenta, poco a poco, que su hermana los alimentaba con pescado cocinado. Cuando volvían a su casa, ellos notaban que la hermana la tenía bien barrida... limpia...
Todo el camino lo mantenía bien barrido... limpio.... Además, ella tenía pescado cocinado muy rico. Con este les daba de comer a sus hermanos. Sus hermanos no sabían de dónde obtenía su hermana el pescado. Entonces, salían todos los días, salían todos los días...
Pasó así cuatro veces. Al cabo de estas cuatro veces, ellos comentaron entre sí si alguno sabia, si alguno no conocía, si alguno lo había visto:
— ¿De dónde nuestra hermana trae el pescado? ¿Dé donde será entonces? Ella no sale. Ella solo está en la casa. Entonces, ¿de dónde ella lo saca?
Su hermana era muy trabajadora. Hacía buen atol de maíz, molía el maíz para hacer atol, cocinaba el elote, hacía de todo, barría la casa, barría toda la casa con dedicación hasta que todo se viera bonito, dentro de la casa mojaba muy bien todo con agua.
Después de esto, hablaron entre ellos, pues eran varios. Entonces, los hermanos mayores le dijeron a su hermano menor:
— Mañana vamos a trabajar, mañana vamos a trabajar, pero usted se queda escondido, escondido para ver qué exactamente hace nuestra hermana.
Entonces el hermano menor dijo: — Está bien.
Los hermanos le hablaron del barár (1), que así le llamaban antes nuestros mayores, ahí dentro habría de esconderse. Entonces amaneció el otro día. Él se escondió ahí dentro. Su hermana no lo vio... su hermana no lo vio. Entonces la hermana se levantó. El hermano se había escondido; por eso, su hermana no lo vio.
Después de esto, ella escuchó que sus hermanos iban haciendo ruido con un caracolito, iban haciendo ruido con un cabo de carrizo: ¡Kjuékjué! ¡Kjuékjué!! ¡Kjuékjué! ¡Kjuékjué! Ellos iban hablando... iban cantando... Iban a tumbar árboles para sembrar maíz, para sembrar de todo... Esas cosas hacían ellos, pues eran muy trabajadores, con el fin de que todo eso creciera bien.
Él los escuchó tamaño rato. El hermano estaba escondido. Ella no lo vio. Estaba dentro del barár. En eso, la hermana, que estaba sentada, los escuchó. Sus hermanos iban leeento, leeento. Iban haciendo bulla, iban haciendo bulla, iban haciendo bulla, iban haciendo bulla... pero dejaron de oírse... Ya no se escucharon otra vez, habían desaparecido a lo lejos, ahí ya no se escuchan entonces. Él vio que su hermana se levantó. Su hermana se levantó, agarró la escoba y barrió dentro de la casa tamaaaaño rato... toda la casa, tooooda... la limpiaba toda, la limpiaba. Se detuvo y comenzó a barrer el camino muuuucho rato... lo barrió todo.
Después de eso, trajo agua dentro de una jícara. Antes, antes, nosotros los indígenas llevábamos el agua dentro de jícaras, era eso lo que usábamos nosotros los indígenas para traer agua, la jícara era lo que usábamos. Luego trajo el agua dentro de una jícara. Y salpicó: pó, pó, pó, pó. Lo mojó todo bien húmedo, bien húmedo, bien húmedo, lo mojó todo, lo mojó todo, toooodo... Regó todo a lo largo del camino, bien mojado... todo. Se levantó y se puso a moler maíz tamaaño rato, se levantó y se puso a hacer atol tamaaño rato, se levantó y se puso a hacer de todo tamaño rato. ¡Lo hizo de una sola vez!
Después de esto, ahí se puso a pensar: — ¿De verdad, adónde irá mi hermana?
Luego, él vio que su hermana trajo un asiento y lo puso en el centro de la casa. Ahí se sentó a esperar. Él no sabía qué esperaba ella. Ahí ella se sentó y se quedó en silencio. Sin embargo, él la observó un rato.
Una persona venia al final del camino, una persona grande venía mojada por el camino, con todo el cuerpo empapado. Caminaba chorreando agua, venía chorreando agua hasta abajo: wó, wó, wó. Detrás del hombre, él vio que había un rabo, eran dos rabos, dos rabos eran. Vio que entró rápido, entonces se levantó la hermana rápido también. La hermana se levantó quedando ellos frente a frente. Después, la hermana se levantó, entonces la hermana agarró rápidamente a ese hombre que venía, lo abrazó, lo acarició, entonces ellos se abrazaron mucho. Después de esto, él dejó a la hermana. Justo después de esto, él vio que ese semejante a un hombre se volteó bajando hacia el suelo, hacia el suelo se volteó bajando, vio él entonces mucho pescado amontonado en el piso.
En ese momento, vio que en medio de su espalda había un hueco, un hueco con forma de comal. Ahí dentro era donde traía el pescado. Luego de eso, la hermana lo abrazó, lo acarició mucho, lo arropó... se abrazaron entonces mucho, demasiado se abrazaron...
¡Pasó un rato, pasó un rato, pasó un rato, pasó un rato! Después de esto, se fue. Había pasado mucho rato. Se cuenta a la primera vez que él escuchó que los hermanos venían haciendo bulla a lo lejos, se levantó y se fue. Dirigiéndose hacia abajo se fue. ¡Se fue! Dicen que ahí al lado había una laguna, una laguna grande. Ahí dentro se zambulló: ¡téi! Entonces se fue. Ahí se metió una vez más. Llegaron tooodos los hermanos... todos. El [hermano menor) se salió del barár y su hermana no se dio cuenta. Él lo vio todo claramente, vio cómo y qué hacía ella.
En ese momento, él les contó a sus hermanos, los hermanos le preguntaron: — ¿Entonces qué vio usted? ¿Cómo es? ¿Qué es? ¿Qué hace nuestra hermana?
Inmediatamente, él dijo:
— Yo vi con mis ojos lo que pasó. Entonces, la cosa está así: el que trae el pescado es algo así como cuñado, pero este cuñado nuestro es un diablo. No es persona. Este cuñado es un diablo. No es persona. Es un ser maligno. Con él nuestra hermana está ennoviada. Él es quien trae el pescado que ella cocina y con eso ella nos da de comer.
¡Así lo vi! ¡Así lo vi!
Luego de eso, se dijeron entre ellos, le dijeron a ese que se había escondido:
— Haga dos lanzas bien hechas, hágalas de buena calidad, después escóndalas, esconda también el arco. Después de eso, siéntese a esperar verlo. Usted espera que él venga, entonces no lo deje ir. Que su brazo caiga encima de él. No lo deje ir. No deje que se vaya. Nuestra hermana se comporta mal al ser amiga de ese diablo. Hay que matar a ese diablo. Él es nuestro enemigo. Él es nuestro enemigo. No debe convertirse en nuestro cuñado. ¿Por qué habría de ser nuestro cuñado?
— ¡Está bien!
En la pura tarde, él se levantó a hacer flechas tamaño rato... Hizo una lanza tipo arpón. Hizo una lanza tipo jabalina. Hizo una lanza tipo pica. Además, en ese momento hizo un arco. ¡Se las llevó! ¡Se las llevó!
Cuando pasaron dos dias, entonces los hermanos le dijeron:
— Ahora usted tiene que esconderse como lo hizo antes en el barár. Desde ahí usted lo va a ver. No lo deje ir. Péguele una flecha con buena puntería, estirando el brazo.
Después de que pasaron dos días, entonces se fue, el hermano este que se había quedado escondido. Ellos [los demás] se alistaban rápido, los otros hermanos se alistaban rápido... los otros hermanos se alistaban rápido...
Él tenía presente lo que los hermanos ya le habían dicho. Por eso, puso de pie el barár. Dentro de él se escondió bien. Adentro todo... guardó todas las cosas necesarias para lanzar flechas.
En eso, él se fue, los hermanos se fueron. Él, saliéndose del grupo, se escondió. La hermana no lo vio. Los hermanos se fueron, los hermanos se fueron haciendo ruido una vez más. Todo el tiempo ellos sonaban el caracolito, todo el tiempo ellos sonaban el cabo de carrizo, todo el tiempo ellos sonaban el caracol de mar, todo el tiempo ellos cantaban. No sin razón, pues ellos iban a tumbar árboles, ellos iban a sembrar maíz, ellos iban a hacer cosas, ellos iban a trabajar. Eso sembraban ellos. Ellos entonces iban caminando... caminando, caminando, caminando, caminando... hasta que dejaron de oírse.
Aquí termina la primera parte de la historia. Hasta ahora se ha venido utilizando un narrador diegético (es decir, uno que habla en tercera persona). A partir de este momento, se va a producir un cambio hacia un narrador intradiegético, pues la narración es contada como si fuera referida por el hermano menor.
Parte II. El Tigre de Río
Entonces, cuando dejaron de escucharse, vi a nuestra hermana. Al igual que antier, nuestra hermana se levantó. Nuestra hermana se estaba levantando. Agarró la escoba para barrer la casa, con ella lo barrió tooodo... lo barrió. Se puso de pie, agarró agua que tenía en un calabazo y lo regó tooodo... pó, pó, pó, pó, tooodo... como lo había visto antes, como lo había visto antes. Ella misma se fue, trajo un asiento y lo puso en medio de la casa. Ahí se sentó, ahí se sentó.
Luego yo vi que al rato ella se quedó en silencio. Yo vi que venía el hombre que había visto, venía subiendo desde abajo otra vez mojado con agua: yolólóló... Yo vi que era él, no era otro. Luego de eso vi que llegó y entonces nuestra hermana se le tiró encima de inmediato. En ese momento, se acariciaron mucho, acarició mucho a nuestra hermana, abrazó mucho a nuestra hermana. Luego se volteó en el suelo. Entonces tiró el pescado que traía. Luego acarició mucho a nuestra hermana, la abrazó mucho, la arropó mucho.
Luego pensé: "Ahora no se me escapa". Dentro del barár hice un hueco con cuidado. Saqué la punta de la lanza por ahí. En ese momento, estiré la flecha tamaño rato.... salió volando directamente. Lo pegó justo en el medio de la cintura.
Entonces se vino desde arriba golpeándose veloz contra el suelo. Entonces yo también me salí del barár en frente de él, entonces me salí del barár en frente de él. Luego de eso, justo cuando iba a punzarlo nuevamente, salió corriendo rápido por el camino donde lo había visto. Se perdió, se fue corriendo a gran velocidad.
Luego de esto, nuestra hermana se enojó mucho conmigo. Nuestra hermana me regañó mucho. Nuestra hermana me decía:
— ¿Qué está haciendo con su cuñado? Él es su pobrecito cuñado. Él es su cuñado, no es demonio, no es un extraño. ¿Por qué está peleando con su cuñado? ¡Pobrecito él! Usted no tiene que pelear. Usted pelea con su cuñado. Me voy a ir con él, ahora mismo me voy.
En ese momento, salió nuestra hermana corriendo rápido detrás de él. Entonces traté de agarrarla, pero no se pudo agarrar. Traté de agarrarla, pero no se pudo agarrar. Salió corriendo rápido... hasta perderse de vista.
Entonces logré escuchar a ese cuñado nuestro. Ese TIGRE DE RÍO se zambulló en la poza haciendo ruido: ¡téi! Se zambulló en la poza haciendo ruido: ¡téi! Se zambulló en aquella poza haciendo ruido: ¡téi!
En ese momento, comencé a agarrar a nuestra hermana, pero no se pudo agarrar, se fue a la fuerza. La perseguí bastante, Con esmero, bastante. Perseguí a nuestra hermana con ganas, con ganas. Pero no se pudo agarrar. Ella también cayó en la poza, se metió dentro de la poza. Ella se consumió dentro de la poza. Se consumió dentro de la poza. Nuestra hermana corrió tamaño rato cuando yo iba a agarrarla.
Vi dentro de la poza. Nuestra hermana corrió hacia ahí también. Yo no miré mucho rato. Corrí también atrás de ella, atrás de nuestra hermana. Me metí dentro de la poza, entonces veía que era una poza. Pero al caer dentro de la poza, noté entonces que no era poza. Era como llegar a la puerta de una casa, como llegar a la puerta de una casa. Yo lo vi, yo vi que no era una laguna, sino que había una casa grande.
Entré por la puerta de esa casa, yo estaba ahí dentro. Luego vi que dentro de la casa estaba barrido, estaba liiimpio... Cuando entré, vi dentro de la casa, vi que nuestro cuñado estaba dentro de la hamaca, ese cuñado nuestro, que yo había punzado y ahuyentado, estaba dentro de la hamaca. Ese era el que estaba en la hamaca. Nuestra hermana había llegado y estaba a la par de él, sentada junto a él. Yo dije, yo le dije a mi cuñado:
— Vine a llevar a mi hermana. Usted tiene que mandarme a mi hermana. Ella es la única que nos cuida. Ella es la única que nos cocina. Ella es la única que hace todo el oficio. Ahora quedamos solo hombres y no tenemos alguien que nos atienda, vamos a tener que hacer las cosas solos. Definitivamente, vamos a quedar en el abandono.
Entonces nuestro cuñado me regañó mucho, él se levantó y me regañó mucho:
— Su hermana no va con usted. Usted jugó sucio conmigo, me flechó. Véalo: usted me hirió mucho. Yo soy su cuñado, yo no soy un extraño. Ahora su hermana no va, yo me la dejo. No va, se queda conmigo.
Entonces, se puso necio, necio el hermano. Se puso necio, necio y dijo: — ¡No! Es mi hermana y me la voy a llevar.
Entonces nuestra hermana dijo:
— Yo no voy con ustedes. Yo no voy con ustedes. Ustedes jugaron sucio con su cuñado. Por eso, yo no voy con ustedes. Eso es asunto suyo, es cosa de ustedes, hagan ustedes mismos el oficio, pero yo no voy con ustedes.
Entonces, le hablé mucho al TIGRE DE RÍO:
— Mi hermana es la única que nos hace cosas, es la que nos cocina, es la que hace el oficio, no hay ninguna otra. Vamos a quedar en el abandono. Por eso, tiene que mandárnosla, tiene que dármela. Vine a llevarla.
Entonces, de una vez, esta hermana nuestra no quiso irse. Entonces, como no se quería ir, este diablo, el TIGRE DE RÍO, no la mandó. ¡Los dos parejos!
Después de eso, el TIGRE DE RÍO, que estaba sentado en la hamaca, dijo:
— Te lo voy a decir, te lo voy a decir, lo voy a ayudar, pero usted tiene que hacer como voy a explicarle.
Entonces vi que sobre el patio había una mata de chile en cuya rama estaba un perico chucuyo... El legítimo perico chucuyo... En eso, el TIGRE DE RÍO dijo entonces:
— Su hermana no va con ustedes, le voy a dar solo el pájaro, aquel que está ahí, pero se lo voy a dar a ustedes. No lo maltrate, no juegue sucio con él, cuídelo. Ahora que llegue al mundo donde está su casa, arriba en el mundo de ustedes, manténgalo en una rama de chile. No lo mantenga en cualquier sitio... en cualquier rama de árbol, solamente en la mata de chile. Solo eso le voy a dar en lugar de su hermana.
Me aconsejó mucho. Entonces me entristecí por nuestra hermana. Pero ella no quería venir, no podía hacer nada. Entonces solo eso nos dio. Solo eso mandó en lugar de nuestra hermana. Entonces ella no quería venir con nosotros, no pude hacer nada.
— ¡Está bien! Entonces está bien. Deme solo eso entonces.
Entonces solo eso traje. Luego, el TIGRE DE RÍO me dijo:
— Solo hoy llegó. No vuelva a venir otra vez. Se lo digo. Por eso le doy este pájaro. No vuelva.
— ¡Está bien entonces!
Entonces regresé, me vine tamaño rato hasta llegar a este mundo. Al llegar, miré para atrás y había solo una poza grande... azul... Luego de que volví, traía ese perico chucuyo nuestro, traía al pobre periquito en la mano. Después, convenientemente tenemos una mata de chile a la par de la casa. Entonces puse al perico en la rama, en la rama de chile. Así lo puse. Me entristecí por nuestra pobre hermana que ya no está con nosotros. Íbamos a quedar en el abandono.
Al rato, en la pura tarde regresaron mis hermanos. Todos los hermanos llegaron juntos. Ellos me preguntaron entonces: — ¿Qué pasó? ¿Cómo estamos?
— Vamos mal. A partir de ahora, nuestra hermana no vela por nosotros. A partir de ahora, nuestra hermana no está haciendo oficio. El diablo se la llevó.
Yo lo conté toooodo... todo, la manera como fui. Todo eso lo conté, tooodo...
— El TIGRE DE RÍO me dio solo un pichón de perico chucuyo. Me dijo que solo eso me iba a dar. Solo eso puse ahí en la rama de chile. Me ordenó que únicamente lo mantuviera en la rama de chile. Ahí lo puse.
— ¡Ah! No podemos hacer nada. Entonces tenemos que aguantar así. No podemos hacer nada con eso. ¿Cómo lo punzaste?
— Así lo puncé, así lo puncé todo. Cuando llegué, vi que se arrancó la flecha y así está hablando echado en la hamaca.
Todo lo conté.
— ¡Está bien!
Aquí termina la segunda parte de la historia. La narración del hermano menor finaliza y se regresa al narrador heterodiegético, quien contará en tercera persona el resto del relato.
Parte III. El Chucuyo
Después de eso, al día... al día siguiente... los hermanos se levantaron a hacer las cosas y se fueron a trabajar. De forma parecida, hacían mucha bulla, tenían que trabajar fuerte, se iban a trabajar. Regresaron en la tarde. Ellos mismos hacían las cosas rápido. El chucuyo los estaba viendo. Ellos mismos hacían las cosas, ellos mismos hacían las cosas.
Al otro día, se fueron a trabajar, volvieron en la tarde otra vez. Entonces ellos mismos hicieron las cosas... Al pasar tres días, al pasar tres días, a los tres días se fueron, a los tres días ellos se fueron, se fueron a trabajar lejos, iban haciendo ruido: olóóó... Sonaban el caracolito, sonaban el cabo de carrizo, sonaban el caracol de mar. Iban cantando: olóóó... hasta que dejaron de oírse... ellos se dejaron de oír. Luego de eso, en ese momento, se fueron a trabajar, todos se fueron.
Al regresar de nuevo en la tarde, lo vieron. ¡Aaah! ¡Qué limpia está la casa! Hay masa de maíz lista. Hay atol de maíz. Hay chicha. Toooda la casa por dentro está barrida. ¡Aaah! No se ve nadie, no se ven mujeres, no se ven muchachas. Está solo el chucuyo, está solo el chucuyo. Llegaron, tomaron atol de elote, bebieron chicha, comieron maíz, se lo comieron todo, todo. ¿Entonces qué será esto? Ellos lo pensaron: ¿qué será esto?
Al otro día se fueron de forma parecida. Los mayores cuentan que a los tres días es que ocurren las cosas. A los tres días al hermano menor que había ido a traer al chucuyo, a ese los hermanos le dijeron:
— Escóndase. [Averigüe] qué exactamente nos está pasando. ¿Qué es de esta manera? ¿Qué cosa es lo que está ayudándonos? ¿Qué es la cosa?
— ¡Está bien!
— Escóndase en el barár... muy bien...
— ¡Está bien!
En ese momento, él se quedó escondido en el barár, se escondió en el barár. Los demás hermanos se fueron. ¡Ey! ¡Ey! ¡Ey! ¡Ey! Iban haciendo ruido con el caracol de mar. Iban haciendo ruido con el caracolito, Iban haciendo ruido con el cabo de carrizo. Iban haciendo ruido. ¡Ey! ¡Ey! ¡Ey! ¡Ey! Iban cantando, iban cantando.
Luego, cuando eso dejó de oírse, él lo vio. El chucuyo que estaba escondido en la rama de chile se apeó... ¡zas...! hasta el suelo, se acomodó las plumas: chas, chas, chas, se puso de pie, con la pata se quitó el pellejo... ¡zas...! En ese momento, él vio donde se apeó. En ese momento, él vio que iba quitándose el pellejo... ¡zas...! En ese momento, él vio que era una muchacha... una muchacha indígena. [Entonces) él pensó... qué hermosa...
Él lo vio, vio que se transformó en una muchacha indígena, se levantó y molió maíz, molió maíz... muy bien..., lo puso al fuego para hacer atol en la olla... lo apeó. Se levantó y puso maíz a cocinar en la olla… cuando se cocinó, lo apeó. Entonces se levantó y puso la chicha, puso el banano maduro para hacer chicha, todo, todo. Se levantó y limpió la casa tamaaaaaño rato... todo, todo bien hecho. Él estaba viendo que era una muchacha.
Luego, cuando lo hizo todo, todo, se sentía el regreso de los hermanos, se percibía el regreso de los hermanos. Entonces en ese momento se fue. Ella misma se puso la piel de nuevo. Entonces volvió a ser un chucuyo y se sentó en la rama de chile, en la rama de chile se sentó... quedándose ahí...
Los hermanos volvieron todos, todos. En ese momento, él se salió del barár. Todo pasó bien. Al haber visto él todo, se lo contó a sus hermanos:
— ¡Así lo vi! ¡Así lo vi!
A ese hermano menor, a ese que siempre veía todo, a ese le dijeron: — Escóndase. Luego la agarra… mañana...
— ¡Está bien!
Al día siguiente, los hermanos se fueron de forma parecida, se fueron sonando el caracolito, se fueron sonando el caracol de mar, se fueron sonando el cabo de carrizo. Iban cantando. Iban conversando. Estaban preparando el terreno para sembrar maíz. Una mitad alistaba el terreno para sembrar maíz, la otra mitad iba tumbando los árboles.
Entonces, el menor se quedó escondido en el barár una vez más. Luego vio de la misma forma que iban haciendo ruido hasta perderse, entonces el chucuyo se apeó... ¡zas... ! se rascó, se rascó, se rascó... se quitó el pellejo... ¡zas...! Era una muchacha... una muchacha hermosa que se levantó a cocinar. Se sentó a moler maíz. Iba a moler maíz, entonces se salió del barár quedito, se vino por atrás y la agarró por sorpresa a la altura del pecho.
— ¡Ay! ¡Entonces qué es esto! ¡Entonces qué es esto!
Él no la soltó. La agarró por la cintura.
Ahí quedó convertida en una muchacha indígena. Ese era el chucuyo que habia mandado el TIGRE DE RÍO para que los cuidara. Ahí él la agarró y se juntó con ella. Ahí él se juntó con ella y vieron muchos hijos. La cuñada cuidó a todos los demás hermanos. Ahí vieron vaaarios hijos... Eso se cuenta... eso se cuenta...
Entonces no salieron más como clan de TËKÄBÍWÁK, salieron como clan de KÄTSÚIBAWÁK.Y no sin razón, pues su madre era un chucuyo y sus hijos salieron como KÄTSÚIBAWÁK.
Entonces, [el tiempo) pasó poco a poco, poco a poco. Siempre la muchacha era muy valiente, valiente... Molía maíz, hacía chicha, barría la casa, cocinaba. Ella lo hacía todo. Valiente era esa muchacha. Iba a traer la carga, iba a traer cosas. Así se fue poco a poco, poco a poco hasta el final. Varios hijos llegaron. Entonces eran solo hombres, solo muchachos. Los hijos crecieron, pero solo varones, todos varones... por montón...
Luego de eso, la mamá les dijo: — Búsquenme mi piojo.
Ella tenía un motivo para esto, pues iba a esconderse de sus hijos. Luego le dijo a un hijo:
— Saque la banca afuera, ahí vamos a ver mi piojo.
Entonces uno de los hijos trajo la banca, la puso afuera. Entonces la mamá se fue a sentar en esta banca. Ahí le dijo a su hijo:
— Búsqueme mi piojo, pero si ve algo en mi cabeza, en la coronilla, entonces no diga nada de ningún modo, de manera que, si ve algo en la cabeza, no diga nada... [estese] quedito.
— ¡Está bien!
Los niños se levantaron a buscar el piojo. Buscaron todos los piojos. No se veían, no se veían, no se veían. Al final, entonces lograron ver algo. Los niños vieron que justo en medio de la coronilla había como un pico de perico. En ese momento, los chiquillos le dijeron:
— Mamá.
— ¿Qué es? Si vio algo, no me diga nada.
— No, mamá. ¿Qué hay en su coronilla que es como un pico de perico?
Se levantó de inmediato y les dijo a los niños:
— Yo les dije que, si veían algo, no me dijeran nada. Yo les dije que si veían algo en la cabeza entonces no dijeran nada. Como se comportaron de esa manera, entonces se van a mantener solos. Ustedes mismos van a hacer las cosas, pues ya yo no voy a vivir con ustedes. Por eso mismo, yo les dije que, si veían algo en la cabeza, entonces no me dijeran nada. Por eso mismo, ustedes debían buscarme el piojo en silencio. Por haber dicho ustedes eso, ustedes mismos tendrán que hacer las cosas, hacerlo todo. Ya no voy a cuidarlos.
— ¡Aaah! ¡Así es!
Todos los hijos estaban asustados. En ese momento, vieron que su mamá se transformó en un perico que gritaba kuiö́, kuiö́, kuiö́. De ahí salió volando por el aire hasta ya no oírse. Ellos escucharon entonces que se zambulló en la poza: ¡téi! En ese momento, su madre los abandonó.
El padre se había ido a trabajar y regresó en la tarde. [Entonces) preguntó:
— ¿Dónde está su mamá? ¿Dónde está su mamá?
— No, nuestra madre ya no está, nos abandonó.
— Ustedes seguramente le estaban diciendo algo malo a ella, le estaban haciendo alguna cosa mala. Ustedes seguramente le estaban diciendo algo malo a ella. Por ese motivo, ella se fue.
Entonces al padre se le salieron las lágrimas chórrórrórró... La partida de la madre le dolió tanto, que el padre se moría. Le llegó el dolor hasta el hígado (2) rápido, rápido. Casi se muere.
En ese momento, así es como cuentan los mayores, ese momento, fue cuando nacieron los clanes llamados KÄTSÚIBAWÁK y TËKÄBÍWÁK, [historia] que hace tiempo se escuchaba muy bien, se escuchaba muy bien. Ahora los jóvenes que no saben la tienen como basura.
Por eso KÄTSÚIBAWÁK es uno de nuestros clanes y es el clan de TËKÄBÍWÁK. TËKÄBÍWÁK fue el primer clan. En ese momento, se mezclaron con KÄTSÚIBAWÁK. Se dice que TËKÄBÍWÁK se juntó con el TIGRE DE RÍO. Por ese motivo, el TIGRE DE RÍO no come a los miembros del clan de TËKÄBÍWÁK (3). Por eso, el clan es KÄTSÚIBAWÁK, pero el clan verdadero es TËKÄBÍWÁK, el cual cuentan los mayores que Sibú había traído del otro mundo en forma de Usécar para cuidar su último trabajo (4).
¡Así cuentan los mayores de hace tiempo!
Notas:
1] El barár era el antiguo colchón de los Cabécares. Se hacía de hojas de banano seco trenzadas. Se ponía sobre la cama y se cubría con mastate.
2] La cosmovisión tradicional dice que cada persona tiene ocho almas, una de ellas, Wímbulu, está localizada en el hígado y se relaciona con la comprensión global de las cosas, las emociones y los deseos; por eso la palabra hígado se usa de la misma manera que la palabra corazón en español. (Jara, p. 251)
3] Según la tradición oral, después de esto el espíritu tigre se convirtió en el primer Dinama (tigre de río), un tipo de espíritu que de vez en cuando se escapa del inframundo y causa tsunamis y cabezas de agua para ahogar a los indígenas y beber su sangre, ya que la ve como chocolate. Hablaré más a fondo sobre él en otra publicación.
4] Esta frase se refiere al hecho de que, según la historia tradicional, los miembros del clan TËKÄBÍWÁK no fueron traídos en forma de semilla como los otros clanes indígenas, sino que fueron traídos, ya con forma humana, desde el inframundo junto con los miembros del clan KÓKTÚWÁK para que ejercieran el cargo de usécares (sacerdotes). A KÓKTÚWÁK lo pusieron al inicio de la milpa y a TÉKABIWÁK lo pusieron al final, para que cuidaran la cosecha. Debido a esto, lo ideal es que estos clanes solo se casen entre sí.
5] Si tienen dudas la primera parte del libro explica todo. Está disponible aquí: https://www.academia.edu/42952401/Evocaciones_para_una_mujer_ave_y_su_tribu_de_pericos_estudio_introductorio
Fuentes:
- Jara-Murillo, C.V. (2018). Diccionario de Mitología Bribri (1 edición). En: https://drive.google.com/file/d/1ZrG4v0JfCOxHXOfWANoStOeJQRtu2sMu/view
- Obando-Martínez, F., González-Campos, G. (2015). La historia del clan Kätsuibawak, 1 ed., pp. 65-123. Turrialba, Universidad de Costa Rica, Sede del Atlántico; EUCR.
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