Fragmento del libro de 1977 "Ceniza", ambientado durante la erupción del Irazú:
CAPÍTULO XIII LOS PERROS TRISTES —Amador, ¿me acompaña a ver una propiedad municipal? —¡Cómo no, vamos! El Gobernador con frecuencia llamaba a Amador, "el Corraterráneo", ambos habían pasado parte de la infancia y juventud, en uno de los pueblos más pintorescos y agradables del país, Tres Ríos. Pueblo privilegiado que tenía una hermosísima y verde montaña "La Carpintera", un saltarín y alegre río: "El Tiribí" y un montón de gente buena. —¿Dónde vamos? —Vamos al Cementerio Calvo. Tengo una idea y quiero ver si el terreno puede ser utilizable. En pocos minutos llegaron. La maleza cubría el lugar en forma total, difícilmente se podían distinguir las tumbas y las desvencijadas cruces. Recorrieron el lugar, imagen de la tristeza, del olvido, del abandono. Un cementerio de pobres. —Cuántos años habrán pasado, sin que una piadosa mujer, arrodillándose ante alguna de éstas tumbas, le pidió a Dios por el alma de su pariente desaparecido? —Hace mucho tiempo —repuso ...