La leyenda de la marimba

 

Ilustración por Juan Manuel


La tribu chorotega llegó al valle de Vetka (Nicoya) una mañana clara y tibia de abril. Venía de lejos, del Norte, caminando día y noche obedeciendo la profecía del sacerdote y adivino de la tribu: "Hacia el Sur, les dijo, en un valle risueño, cerca del mar, encontrarán la tierra de prosperidad y grandeza". Y cansados, con la fatiga como estoque en el alma y en el cuerpo, llegaron a la tierra prometida, llena de frutos, de miel y de flores. En playas cercanas el mar dejaba sus pañuelos de espumas para que los recogieran las garzas y las gaviotas.

Al saludo de los pajarillos, la tribu se fue acomodando aquí y allá para luego disponer la construcción del palenque conforme los deseos de Ixalt, la cacica bella y vanidosa que, para corresponder a las lascivias deleitantes de Ixahualt, huyó con éste para ponerse a salvo de las iras del Gran Señor de Chiapas.

Pasaron los días y, una noche, en sueños, Ixalt oyó una música cautivante, una música que salía de un instrumento desconocido, una música que tenía la voz de la selva, el murmullo de las aguas, el susurro de la brisa y la alegría desbordante del "chichiltote" que canta la grandeza de un continente en la majestad de sus ríos, en la hoguera de sus volcanes y en la verde inmensidad de sus llanos.

Y para satisfacer el sueño y los caprichos de la bella chiapaneca, Ixahualt mandó a músicos y constructores que buscaran en la selva la madera para hacer el instrumento que recogiese todos los ruidos del bosque, de la fuente y del viento, pero no pudieron complacer los mandatos del guerrero de Chiapas porque faltaba algo que completara las melodías de la caoba. Y se buscó por todo el valle ese raro complemento sin que lo pudieran encontrar.

Hubo tristeza y desesperación en la tribu, hubo llantos y quejas hasta que Xochihualt, el zahorí (1), les dijo: "Buscad en la abeja, en su música eólica y en la cera que la misma produce, la armonía que os falta: buscad al veguero (2) de Nimboyore para que os dé la nambira (guacal) que imite, en el ruido de su oquedad, el zumbido de la abeja y así tendrán la nota que deseáis."

Días y días fueron pasando hasta que, una noche de primavera, cuando la luna rodaba por los cielos como un disco de cristal llenando de luz toda la tierra que poblaban los chorotegas, una música sensual, una música que se metía en el cuerpo como un escalofrío, una música que salía de un instrumento desconocido semejante a un xilofón, llenó de armonía todo el valle, y a la tribu, de locos entusiasmos.

Ixahualt e Ixalt se llenaron de gozo; mensajeros enviados por ellos llevaron la noticia a tierras y pueblos lejanos; de uno a otro mar y sobre la cordillera andina la nueva corrió como la tolvanera (polvareda) de los llanos, como el viento de la puna. Chichitzel, el músico poeta cantó el poema del amor, del instrumento musical que en sus notas recogía el dolor, la alegría, y la ansiedad de una raza que es cuerpo y alma de un continente lleno de esperanzas y henchido de promisiones.

En las ferias de Diriá (3) hubo algo sorprendente aquel año: ya no fueron los tambores, ni los quijongos, tampoco las chirimías de barro las que amenizaron las ferias: cuando se anunció que LA DANZA DE LA LUNA (4) iba a ser ejecutada por las bailarinas de Acoyapa y Namiapí con el acompañamiento de un instrumento musical extraño, la muchedumbre esperó ansiosa y, cuando las bailarinas empezaron a desfilar, la marimba se dejó oír y poco a poco los corazones se fueron llenando de gozo, de alegría, de una euforia que terminó en delirio.


Desde entonces, desde la tierra de Netzahualcóyotl (México) hasta la de Anayanshi (Darién), la marimba ha recogido, en tablas y jícaras, todo el sentimiento de un pueblo, penas y regocijos, inspiraciones y sufrimientos, para con ellos alentarlo en su destino a cumplir, cual es el de hacer de América el continente de la paz, del trabajo y del amor, trío eterno de la seguridad mundial. (Revista de Agricultura, pp. 54)


​Notas:

​1) Zahorí: Persona que tiene el don de descubrir lo que está oculto, especialmente corrientes de agua bajo tierra y depósitos de minerales.


2) Veguero: Persona que cultiva una vega, terreno bajo, llano, fértil y generalmente a la orilla de un río.


3) Feria de Diriá: Acontecimiento festivo que realizaban los chorotegas, en el plenilunio de abril, para celebrar su llegada a Nicoya. Asistían representantes de los demás grupos aborígenes del país. En dicha feria se bailaba la Danza de la Luna (Diccionario de Guanacastequismos, pp. 146)


4) Danza de la Luna: Danza chorotega que ejecutaban cuarenta bailarinas, en la cual se le pedía a la Diosa Luna. Pintados sus senos y brazos de rojo y negro, bailaban haciendo círculos. En dicha danza se representaba la llegada de los chorotegas a Nicoya, como resultado del sueño de un cacique, donde veía un valle ancho, fértil y tranquilo, con un río grande que se juntaba con el mar, refiriéndose a la Península de Nicoya y al río Tempisque. Esto se hacía en la Feria de Diriá (Diccionario de Guanacastequismos, pp. 115). Según Ramírez, esta danza se hacía en honor al Dios Huitzilopochtli, a quien también se le ofrecían sacrificios humanos. (Ramírez, pp. 98)


Fuentes:

​Benharis, Ruma. (1964). Revista de Agricultura, Vol, 36 (2), febrero 1964.

​Diccionario de Guanacastequismos. En: http://copa.acguanacaste.ac.cr:8080/handle/11606/348 [Consultado el 18 de noviembre de 2022]

​Ramírez-Sáizar, J. (1983). Folclore costarricense. San José, Costa Rica: Editorial Imprenta Nacional.

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